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la eternidad del tiempo allá en el fondo
Los gatos pequeños saltan como canguros delante de mis narices. Escucho Cyminologi de música muy de fondo. Los gatos están entretenidos con otras cosas. Me gustaría encerrarme en este paraíso durante unos meses. Otro sueño. Antes de acostarme terminaré la novela de Buzzati.
“En aquel momento Drogo vio la imagen dentro del catalejo ponerse a girar como un remolino, hacerse cada vez más oscura, precipitarse en la sombra. Desmayado, se desplomó sobre el pretil como un monigote…”
“El desierto de los tártaros”
Mi tío cuenta que la otra noche estuvo de cena. Queriendo sin querer deja caer un precio que se supone por cabeza. Mi tío cuenta que el hijo sustituyó al padre. El padre falleció no hace un año y el hijo, en un limbo sin pena ni gloria, va asumiendo la vida que le ha tocado en suerte vivir. Antes el agricultor era su padre, no él. Él no tenía oficio ni beneficio. De repente, el mundo encima y las cenas con los más viejos, sobrios y ebrios, las confidencias en mayúsculas, los chistes y el mando de una vida que, en unos pocos meses se ajustará a su tamaño. De todos ellos me alejo y todos ellos se alejan de mí.
Vuelvo a acompañar a padre en la pesca de cangrejos. Ésta tiene poco de paciencia y apenas da tiempo a guardar silencio. Visito el río, saludo a los árboles mientras el sol penetra entre las hojas y los reteles (seis por cupo) suben y bajan a una velocidad que me apelmaza.

mientras imaginamos un paisaje
Cada cangrejo que se pesque de más = 250 euros de multa. Esa es la sentencia que se aplica en el acto, en el mismo río. Los rumores se extienden como la pólvora. ¿Hay alguien que dé más por un alce? Todo el mundo sabe que la avaricia rompe el saco y los únicos que pregonan el temor son precisamente aquellos que han sufrido el castigo en sus propias carnes. De momento, los rumores vienen de lejos y mi estómago, en estos precisos momentos, está agradecido. Mi cupo no tiene límites ni multas o análisis a corto plazo.
Me entero de que mi amigo X está de vacaciones en la playa. Él y su familia disfrutan del mar y el ocio que ofrece el verano. Me da por imaginarle feliz como una lombriz, sin discusiones, leyendo, paseándose tiernamente sobre la arena, acercándose y aunando la familia que forma. En definitiva, de una manera idílica y envidiable a pesar del sol y la playa. Raramente se cumplen estas premisas de vida feliz y por lo que dicen, es en estos días cuando las discusiones y desencuentros se multiplican peligrosamente. Pero mi cabeza no lo ve así, ni se lo plantea. Las familias son felices, juegan en la playa, beben cerveza y comen paella. Todo el mundo es feliz. Y mi vida piensa en una pequeña isla con apenas habitantes, con un aire de derrota y declive postcolonial donde las horas de electricidad están racionadas. Un lugar donde el tiempo sea otro, y las disquisiciones, entendimientos y comportamientos. Un lugar también con playa, por qué no, con otra vida y otras creencias, con peces voladores y pájaros nadadores. Un lugar para encontrarse.
“Pero no pasa nada, Emy. Veo que así tiene que ser. Eres muy buena al interesarte por mi dolor. Quédate tranquila. Además, para sufrir sería menester que tuviese orgullo, ser capaz de tener ilusiones y de amarte. Pero eso ya no es posible, aunque espío tu puerta y tus gestos, aunque te espero y organizo esta vida mía con arreglo a ti. Emy, lo que yo siento por ti no es ni amor ni odio. Es lo que siente el sonámbulo por la luna.
Fuera de eso, nada…”
“El lecho de Procusto” Camil Petrescu

Miroslav Tichý
trivial y desganado
Sigo a lo mío mientras el mundo está al otro lado. Leo: El ser humano no existe aislado de la propia experiencia vivida de su actividad, estando ésta significada social y colectivamente por el conjunto. La experiencia no se agota en la acción propia, sino que incorpora la de los demás. Sólo una parte de la información a elaborar proviene del exterior del cuerpo. Al otro lado hay partido de tenis, crisis, hambre, explosicones nucleares, premios, muertes, traiciones… y pienso. Pensar una relación entre un organismo y su entorno. Las cosas no se ajustan a la experiencia sino que son vividas a través de la experiencia. Saber es el entrelazado entre conocimiento, memoria, emoción, acción y experiencia en relación a un entorno ecosocial y cultural. Conocer, saber, es interpretar, comparar, decidir, recordar, olvidar. Creo que mi fatiga no tiene sentido. Intento comprender los puzzles que sólo la experiencia pone a nuestra alcance. Dentro de mi experiencia cuenta la imaginación, los sueños e ideas que nunca saco a pasear. Los estímulos sólo son percibidos por el sujeto cuando tienen para él algún significado. El conocimiento también sirve para eso, para adquirir significados que darán en estímulos sólo por mí y los míos percibidos. Escucho el Home is where the hatred is, de Esther Philips: "Hogar es donde vivo dentro de mis sueños de polvo blanco/Hogar fue alguna vez un vacío que llené con mis gritos silenciosos/Hogar es donde la aguja marca/ trata de sanar mi corazón roto…

Francesco Giusti
a la orilla de un mundo coagulado
Vivo encerrado en una celda poco monástica. Después de la misa he salido como un caracol al sol. Había gente pasando el tiempo, charlando en el nuevo encuentro. ¿Qué soy para ellos? Soy el hijo de… He tenido la sensación de alejarme de padres en su ambiente, proyectarme como una sombra ajena. De ser algo o alguien que, además, era el hijo de… Pero no, fue una falsa ilusión. Vivo en una celda poco monástica y para ellos soy el hijo de… e intentaba unir todos los fragmentos con los que nací… (Copio de la introdución de P.N. Furbank a “Maurice”, de E.M. Forster).
Tambien he comprado “Vox”, de Nicholson Baker, “La mujer zurda”, de Peter Handke y “El veneno de la fatiga”, de Juan Herrezuelo.
El mundo es mi celda. Me faltan las fuerzas, me releo el título de la primera novela de Juan Herrezuelo. Tal vez nunca lea más de este escritor palentino afincado en Almería. Tal vez, tal vez el lechazo de la comida aún no ha sido digerido del todo.

Hector Mediavilla
ni me saques las mantecas
Son fiestas en este rincón del mundo. Varias son las familias que por su extensión y compromiso, hacen posible el jolgorio. El año pasado una estuvo de luto y en esta ocasión toca a la otra. Fueron muertes frustrantes por lo inesperado y la juventud de los finados, sangre joven para los dioses. Las familias se turnan en el luto y en la alegría pero uno siempre piensa que algún día llegará el final y que sólo los cardos y las piedras acudirán a la pancetaza y chorizada que nadie organizará. No es mi mundo pero es mi mundo. Estoy aquí pero no estoy. Voy por ir. Cuando padres se marchen, si un día falto a la fiesta nadie preguntará por mí. Mi luto es mío. El jolgorio, las familias extensas y los abrazos, de ellos.

Hector Mediavilla
el fulgor acosado
“Se ha comprobado que en humanos las áreas involucradas en la observación de una acción son las mismas que cuando la persona investigada la ejecuta”.
Madre habla de matar un gato porque se tumba sobre las plantas de pepinos y el semillero de berzas. Es un gatazo enorme que salta y vuela por los tejados. Si ella tuviera una escopeta ejecutaría su pensamiento. Tal vez si lo viese en directo se activarían las mismas áreas del cerebro que las suyas en el momento del disparo. Es difícil que mi alma se expanda ligera y cómoda entre estos pensamientos. Es complicado como lo es dejarla libre en una mesa con amigos porque nadie escucharía. Parpadearían, bostezarían y pensarían en gatos corriendo por los tejados mientras madre, cambiando de parecer, llena una bolsa de guisantes pelados. Oigo una conversación pegada a la tapia del corral... Lo normal es que si un pastor pasa la tierra te ofrezca un lechazo. Hubo una vez un pastor que recorría todas las tierras posibles para que el resto de pastores viesen cómo no tenían nada que hacer allá y de esta manera optasen por cambiar la ruta hacia otros terrenos aún sin comer. Luego, tranquilamente, se dejaba estar sin que nadie le molestase. “Parece que hay una habilidad para conectar un hecho observado, traducirlo a un mapa neurológico y conectarlo con una respuesta motora”.
No muy lejos de donde está madre, su hermano ha plantado los puerros. “Se ha comprobado que en humanos las áreas involucradas en la observación de una acción son las mismas que cuando la persona investigada la ejecuta”.

Hector Mediavilla
el espacio inundado
Según Ian Tatersall las transformaciones encefálicas son anteriores a esa productividad humana de la que se deduce la evolución cognitiva. Según los teóricos sociales es al revés. La capacidad cognitiva evoucionó para manejar una cada vez más complicada vida social. Con esto cubrimos todas las posibilidades y suponemos evitar el error de equivocarnos.
En la vida de cada cual no se admiten todas las posibilidades. O se inicia el camino del sur o el del norte. Es imposible hacer los dos caminos, al menos simultáneamente. Se puede deambular por los dos camimos pero el momento y lugar nunca será el mismo. La heterocronía explica los distintos momentos de procesos que interactúan juntos pero en distintos momentos y a distintos ritmos, pudiendo producirse resultados muy desiguales (Teoría de la complejidad, criticalidad y el caos. Del libro de Eugenia Ramírez). No hay una sola y única causa medioambiental que pueda explicar los resultados ya que no están en función de la adaptación a esos cambios sino de la actividad reactiva del sistema a sí mismo en dichas condiciones. Sigo leyendo y explicándolo todo.
Hace frío. Los paseos son desapacibles. El huerto parece ajeno al tiempo fresco. Los guisantes y las lechugas viven en su esplendor, verde que te quiero verde. Las patatas da gusto verlas, las cebollas, los tomates, el semillero de berzas, los pimientos, las plantas de calabacín y de pepinos se desarrollan ajenos a noticias radiactivas.
Si el otro día una prima exclamaba en el café al caer la tarde que ella quería prosperar y tener más, un piso más grande, un coche o… prosperar, hoy me entero de que un primo ha comprado un piso. Me entero a escondidas. No sé realmente quien lo sabe y quien no en la familia. Hace frío y miro el huerto al caer la noche. Todos son pardos, los gatos y los guisantes. Esta tarde he leído que el cerebro humano pesa al nacer el 25% de lo que lo hará cuando termine su crecimiento. El del chimpancé el 45%. Ese peso que nos falta es adquirido en el exterior, socializándonos, entre la familia y el grupo.

Hector Mediavilla
al azote del viento
Dos días sin escribir una sóla línea. Algo raro. El conocimiento depende de la clase de experiencias que tenemos gracias a un cuerpo dotado de capacidades sensoriomotrices involucradas en un contexto biológico, psicológico y cultural (Francisco Varela). Mi conocimiento, además, depende de la escritura. La realidad se comprende al compararla con otras realidades, experiencias, percepciones y juicios. Mi realidad consta de lectura y escritura.
No he escrito pero he asistido al entierro. Por fin el padre de mi amigo abandonó el barco. Un barco parecido al que nos muestra Godard en su última película “Film Socialism”. Si un día construyo una biblioteca en el pueblo parecerá una fortaleza aislada entre la barbarie. Alguno podrá ver en ella un barco en mitad del mar. La muerte, de igual manera, va cercando la fortaleza de cada uno de nosotros, el barco fantasma al que nos vamos pareciendo. Conocer, saber, es interpretar, comparar, decidir, recordar, olvidar. No se trata de traducir ni procesar información. El contenido del saber no es la información sino el significado. Leo a Maturana y Varela. No sólo tengo conocimiento del sitío al que me somete la muerte. Sus andanadas y sacudidas llegan a mi fortaleza en forma de sensaciones. El hipotálamo y el sistema límbico están relacionados con las emociones. Todo fluye, nada permanece. Los amigos del amigo llenaron el banco de la misa. El cura dijo algo de un montañero al que en la ascensión le sobraba lastre. La madre de mi amigo, enferma y débil, de luto riguroso, fue resguardada de los besos y pésames por los hijos. Se supone que la multitud molesta además de acompañar. No sé cual será mi papel llegado el caso y si esa supuesta multitud me agobiará hasta asfixiarme. Creo que será así. Dependiendo de la situación y llegado el caso me imagino en otro lugar dejando al público su protagonismo. Esta huida sera bastante improbable, físicamente al menos. Conozco a gente que determinados saludos o miradas en el momento de la misa y del entierro les ha reconfortado. Ver a algún amigo o familiar cercano entre el grupo sin rostro les hizo sentir menos sólos. Estoy acostumbrado a ver entierros en el cine con muy pocos allegados despidiendo al difunto. Llueve, hace viento y tras las palabras del párroco alguien arroja una rosa roja al agujero. Los amigos no arrojamos sino miradas relajadas en la misa (Todos menos uno que no fui yo). Sobrevivir consiste en esto. En asumir el ritmo que marcan los hechos desde la fortaleza individual. Pensar es actuar dentro de una cadena de pensamientos y actos. Pensar, clasificar, decidir, planear y recordar son acciones. (Del libro “Evolución, cultura y complejidad. La humanidad que se hace a sí misma”, de Eugenia Ramírez Goicoechea)

Baudouin Mouanda
la sombra es deslumbrante
Sigo con el libro debajo del brazo pero a la sombra. En el pueblo escucho a gallinas, gatos, perros y ovejas tanto como a personas. Ya no me hago preguntas sobre la inteligencia de unos y otros pues ya sé lo que entra y sale por sus cabezas. Los instintos animales en el hombre se visten de materia. Una de las primas aseguraba y perseveraba en que ella quiere progresar, comprar y tener. Esta evidencia la acompañaba con un rostro y unas expresiones de ese animal que conoce la claridad del camino en la lucha por la vida. Y todo aquel que niegue que en vez de cinco quiere diez es un hipócrita, continuaba, porque con cinco millones no se amuebla un comedor y etc. Sé que en ella no caben las metáforas ni otros sueños que los concebidos en un documental de National Geographic. Sé que mi opinión sólo serviría para que descubriesen en mí a un ser puede que tonto o a lo sumo tenebroso. Tenebroso porque colocaría mil y un ejemplos desmoralizadores, ridículos o espeluznantes. Así lo entenderían. El tiempo pasa y en aquel rincón nada ha cambiado. El progreso o progresar sigue siendo lo mismo que siempre ha sido para los más fuertes. En ellos no cabe otro mundo ni otro tiempo. En ellos el otro sigue siendo el enemigo. Su viaje hacia el otro sirve siempre para volver a sí mismo con la reflexión de la que ya se partía, porque además, nunca puede ser de otra manera.

baudouin mouanda
contra las nubes y las golondrinas
He paseado por la ciudad y resultó que la gente también paseaba. Me resulta extraño ver que esta ciudad también tiene vida. Un tipo de vida en el que no me interesa mucho adentrarme. Porque en demasiadas ocasiones siento que esta ciudad es un lugar de escombros y los que pasean son zombis que visten y calzan sus miserias, tan lejanas y cercanas a uno. Zombis que me acompañan mientras anhelo el contacto con semejantes.
Visité a mi amigo A., ajeno al mundo pues sigue sobreviviendo en el submundo de la despedida. La oscuridad se llena de besos y el corazón del padre moribundo, palpita como una barcaza extraviada que se resiste a hundirse en medio del mar.
Ya en el pueblo mi tío despotricaba contra la fatalidad. Son pocas las ilusiones, los trabajos que se hacen con pasión y los sueños que le consiguen a uno mantener a flote. Desde hacía años tenía dos perdices. Una de ellas entraba y salía de casa. Había conseguido algo increíble, su domesticación. Desde el año pasado la buscó un macho y el corral de casa parecía un edén de cánticos y corridos. Pero el otro día aparecieron muertas y desplumadas. El asesino anda suelto y, aunque algunos señalan con el dedo en la dirección equivocada, mi tío sabe quien es el culpable, el gato de una vecina que, desde este momento, tienes los días contados. Otro tío ha dado la explicación. Se trata de una gata que ha parido cuatro gatitos. La vecina compra comida en grano pero no basta para la madre que debe ayudar a sus crías. Ella tiene que llevarles comida, del tipo que sea y no especialmente en grano. Por eso saltó el otro día el corral y, se supone que ante la imposibilidad de saltar la tapia nuevamente con las víctimas entre los dientes, tuvo que dar cuenta de los plumíferos allí mismo. Mardita sea mi suerte y otras maldiciones salían de la boca de mi tío. La esperanza e ilusión ha caído nuevamente en saco roto. Esto le ha hecho recordar otra escena pastoril. En su juventud tenía especial cariño a una cordera. Un buen día arrojó una piedra a un perro que se le acercaba para asustarla con tan mala suerte que equivocó el disparó y golpeó en el cuello de la cordera muriendo en el acto.
Las escenas se suceden y los recuerdos, aunque parecen enterrados, resucitan cuando el mismo espíritu de la desgracia aparece cuando menos se lo espera. Así los hechos, la memoria y el sentido de la vida que proviene de conocer la suerte que nos espera.

Baudouin Mouanda
la luz que haga visible tu palabra
“La incapacidad de evocación discursiva de la experiencia que generó el rastro, el acceso no transparente al pasado y a la situación en que se creó la huella en la memoria, el proceso del olvido, es tan importante para fijar ciertas categorizaciones –como los hábitus- como pueda ser para otras su recuerdo o reactualización.”
Estoy hablando de la socialización humana, siguiendo el libro últimamente citado de Eugenia Ramírez Goicoechea. Me interesa la idea del olvido, los silencios y vacíos como fórmula magistral para escribir una obra literaria. La primera hoja, lógicamente, estaría en blanco.
Cuando la crisis ahogue de verdad se puede comprar una ternera. Por cincuenta euros la venden, los ganaderos están que lo tiran. En unos tres meses la sacas con ciento cincuenta kilos a base de harina y grano. Lo malo es que muge y se oye, lo malo es que hay que declararla o ponerla un chip o firmar papeles para que no se olviden de su existencia y control.
-Chupones, ladrones…

Rivane Neuenschwander
de su astral parpadeo
Seguidores de las teorías sociales de la inteligencia explican que la capacidad cognitiva evolucionó para poder manejar una cada vez más complicada vida social. Para S. Mithen habría un salto evolucional cuando se conectaron las habilidades cognitivas en el ámbito social con el dominio técnico e instrumental. Resumiendo, el entorno exigiría nuevas adaptaciones comportamentales. Para otros esto es una chorrada puesto que lo primordial es el cambio en la estructura cerebral. Para Ian Tatersall las transformaciones encefálicas son anteriores a la productividad humana. El hiato entre la aparición africana de Sapiens sapiens y el registro de prácticas tecnológicas y simbólicas consideradas modernas podría establecerse en 125.000 años (entre 200.000 y 75.000 años, Edad de Piedra) por este motivo. (Del libro “Evolución, cultura y complejidad, la humanidad que se hace a sí misma”, Eugenia Ramírez Goicoechea).
Aquí, en este lugar perdido del globo, no hace tanto tiempo ésta era la situación: Una casa grande y húmeda, no me paro en su descripción ni en la de las cuadras, gallineros, marraneras, pajares y tenadas. En la gloria cuatro personas fumaban caldos, hierbas o lo que fuera en papel de liar. El abuelo abuelo, su hermano, el hijo mayor y un vecino, boinas y fajas incluidas. La abuela tossía mientras entraba y salía menesterosa y de negro riguroso. El hijo pequeño, tumbado sobre las baldosas del suelo caliente, a la espera de atravesar tuberculosis y fiebres maltas, se mojaba los labios con alcohol porque le producía la grata sensación de respirar mejor. Afuera, en la calle, niebla cerrada. Las dos tendencias teóricas explican cosas pero no nos meten en la cabeza ni en el corazón de aquellos seres habilis, ergaster o neandertales. Casi, si me apuran, ni en la de esta familia que vivió así hace cuatro días. No pido, claro está, que me aclaren el tema de la conversación de ese momento que retrato.

Wangechi Mutu
cuenta de coteo
¿Cuarenta, cincuenta litros? ¿Cuánto llovió? Dormía.
La realidad sólo se comprende cuando somos capaces de comparar otras clases de experiencia, percepción y juicio. El saber se construye a través de diversos tipos de experiencia y estados sensoriales y mentales humanos. Para el hinduismo Mayahavadi la única realidad es la transcendencia, no la vida cotidiana. Para los Azande los sueños, aunque correspondan a un orden experiencial diferente, son tan reales como la vida cotidiana. En nuestra vida diaria existen tránsitos hacia otros modos de estar y experimentar como lo que llamamos soñar despiertos o esas reflexiones íntimas y trascendentales con las que tomamos grandes y pequeñas decisiones. Esos ensimismamientos en los que la vida se interrumpe como ya cité el otro día a propósito de Ortega y Gasset.
Mi semana santa tiene también algo de penitencia, de realidad cercana a la de un beato que vive en silencio ininterrumpido sus procesiones particulares. El problema es que esto no puede durar. El problema, de durar, sería otro. Para Tim Ingold no toda acción se reduce a hacer algo físico. Pensar es acción dirigida hacia dentro y hacer es acción dirigida hacia fuera. Para algunos, la contemplación y la autoreflexividad, son experiencias sin acción lo que no quita a que distintos niveles de conciencia y grados de reflexividad impongan experiencias diferentes. Nuestro interior se configura en un entorno para nosotros mismos. La percepción no es una sensibilización a estímulos presentados sino una interacción iniciada en el cerebro. Además los estímulos son percibidos sólo cuando tienen algún significado para el sujeto. Los objetos, en cualquier caso, no son independientes de los esquemas conceptuales que utilizamos. El conocimiento se desenvuelve entre lo que es posible desde el punto de vista anatómico, sensorioperceptual y neurológico, los contextos culturales y políticos en los que dichas acciones se gestan y por los que se hacen inteligibles, y las constricciones propias de la tarea. Conocer, saber es interpretar, comparar, decidir, recordar, olvidar; es un acto de alumbrar un mundo (Maturana y Varela).
Ideas y frases literales de “Evolución, cultura y complejidad. La humanidad que se hace a sí misma” Eugenia Ramírez Goicoecha.

Marina Abramovic
Alegre perro de esa trayectoria
Bruno Latour nos dice que todas las relaciones sociales están de una u otra manera tecnológicamente mediadas con los objetos, diseños, procedimientos y arquitecturas intrumentales.
Padre abrió una botella de orujo que fue embotellado en 1975. En la etiqueta figuraban algunas explicaciones a bolígrafo. El corcho estaba lacrado. El día que así quedó la botella no ocurrió nada especial o al menos no tiene conciencia de ello. Hoy tampoco había ningún motivo especial para abrirla. Todo coincidía para celebrar su apertura. Dos parroquianos narraban pequeñas historias. Mi sindicato soy yo, dijo uno. En los bares consiguió la información y con las mismas cogió del gaznate al sindicalista que le había puesto un cartel sonrojante en los lavabos de la fábrica. Y ahora quitas eso con la lengua, amenazó. Para desarrollar esta escena se levantó e interpretó la obra cogido a una columna. Y con las mismas quince puntos en la frente. El respeto se gana así, concluyó con sus posaderas de nuevo en la silla. Luego se cambió de época y narró otra borrachera. Y antes de cerrar el sargento mandó preparar doscientas codornices para el día siguiente y a la mañana de aquel día allí estaba la mujer pelando plumíferos con lo que su pregunta ¿lo de ayer no sería una broma? Quedó respondida por sí sóla. No sé si antes o después hicimos una visita al cuartel donde cumplió el servicio militar, no sé si antes de ser joven o depués. Sus dos correligionarios ya no están, se les llevó un cáncer a cada uno en mitad de la vida y sin venir a cuento. Eso lo sé yo. Los que sí están son dos beldadoras de las de antes, armatrostes que decoran unas eras sin muchos movimientos. Oxidadas estatuas que apenas tienen ya nada que recordar a nadie salvo a los muertos. Esas son sus flores, las que crecen en las tumbas de otros tiempos. Y a uno le quedaba la cosa de no haber mirado en el traje del muerto porque ya se sabe con cuántas costumbres y vicios escondidos se despiden los vivos en los malos momentos. Guardar objetos en los bolsillos de los trajes son manías que vienen de familia, atropar, puede que beber, cuidarse y descuidarse, contar historias desde el principio de los tiempos, lacrar tantos secretos consigo mismo y las demencias prematuras. Las beldadoras dan la razón a Bruno Latour.

Robert Gober
bello rey áspero
Los sistemas vivos se caracerizan por su ecoorganización constructiva y no por su ajuste a un entorno exterior que le impone ciertas condiciones y ante el cual éste ha de reaccionar (Castro et al., 2003).
Sigo en el pueblo. Affordance. Este concepto refleja las relaciones posibles entre actores, sus disponibilidades perceptivas, sensoriales y motrices y los objetos y sus propiedades. El entorno no es una constante, el organismo, el que sea, construye activamente su entorno mediante acciones y relaciones (Tim Ingold).
Ha sido un día de caracoles (otro) aunque la temperatura no ha sido todo lo agradable para realizar este menester. No pasa nada. Los cielos no han interrumpido ni suspendido mi procesión, esa que va por dentro, siguiendo el ritmo del reloj molecular y un metabolismo acorde a mi tamaño y temperatura. Los caracoles se camuflan en el medio. No se trata de una adaptación óptima sino de una viabilidad posible.
En ciertos pueblos que aún se niegan a sucumbir por ser cabecera de comarca o similar el ayuntamiento paga a varios músicos para que amenicen las procesiones de semana santa. Los cofrades llevan el paso por la face y los músicos tocan música celestial. Pero nada es gratis. Puede que alguno de esos Cristos encarnados y sufrientes que salen por televisión aprovechando estas fechas también cobren a tanto el moratón y a cuanto el goterón de sangre entre las cejas. Nuestro hipersistema es voraz y único. El organismo no es un ser pasivo sino que construye activamente el entorno. El sistema existe sólo en virtud de un entorno. Las acciones del sistema están siempre dirigidas hacia situaciones que todavía no son de hecho, pero que podrían serlo, incluyendo las condiciones de dicha posibilidad (“Evolución, cultura y complejidad” Eugenia Ramírez Goicoechea”). La gallina ha sacado siete pollitos que pían en el enroje de la casa. No abultan todos ellos más que mis dos puños juntos. Affordance. Así referimos también a las oportunidades ofrecidas al organismo y que éste puede aprovechar porque está constituido de una determinada manera (Por ejemplo algunas águilas por su especial constitución aerodinámica pueden elevarse más que ningún otro ave aprovechando las corrientes térmicas).

Kiki Smith
como inventa sus flores el estío
Dice Ortega, a propósito de reflexiones en la intimidad que “ocurren en los momentos de ensimismamiento en los que la vida está interrumpida y reflexionamos sobre nosotros mismos”. Es evidente que estos pensamientos que brotan así necesitan un orden y para ello podemos utilizar la escritura, un método como otro cualquiera.
Ahora sé que la filosofía es el reino de valores objetivos en sí mismos y que toda creación de este tipo de valores aumenta el valor del hombre que los crea. El valor, además, es siempre común, como el valor de la ciencia, puesto que lo que realmente se aumenta con la creatividad es el valor de la propia sociedad. Ahora sé que otro mundo es posible y que los únicos funcionarios que faltan en la nómina de los estados son los filósofos. Éstos son los representantes vocacionales del espíritu de la razón, el órgano espiritual en el que la comunidad llega originaria y continuamente a la conciencia de su verdadera determinación y el órgano vocacional para la propagación de esta conciencia en el círculo de los laicos. Estoy copiando a Husserl. La filosofía aporta claridad y evidencia. Los gatos poco han añadido. Ha sido un día de caracoles. Ellos han aguantado la perorata mientras agonizaban en el agua. Esos animalillos no son conscientes de la muerte, en cambio, el ser humano, desde que lo conoce puede amar la vida como tal e incluso conocer la verdad, libre de muerte.

Paul McCarthy
sin escupir a la delicia de los frutos
El tiempo parece cambiar. Antes de llegar al pueblo hay una tierra de nogales. Los que están desprotegidos, aquellos que hacen frontera y sirven de refugio al resto, se han helado. Las madres arropan a sus hijos de la misma manera. En el avión que se estrella, en el tren o barco que se hunde no sé cuales son los mejores sitios para salvar el pellejo. Supongo que dependerá de las circunstancias. A la intemperie, está claro qué es lo que hay que hacer.
Los tomates nacen en los molederos, con eso está dicho todo. Lo que piden y lo que dan. Piden proteínas, abonos y dan un buen sabor. No todo lo que nace en la mierda acaba oliendo mal. El momento de elegir una profesión supone una gran preocupación en el adolescente. De repente surge la gran pregunta de lo que queremos ser. Pero lo que uno va a ser de alguna manera ya está decidido por la sociedad según sus propios criterios y valoraciones, según sus ideales.
Me mancho las manos con el abono y la tierra. Después de hacer un agujero en la tierra coloco la planta de tomate, echo tierra, abono y agua. Ortega decía que la farsa es “una de las vísceras de que vive nuestra vida” Quiero frases grandielocuentes, de encantadores de serpientes (no siento la rima). Quiero dejar a mis oyentes absortos en un pensamiento: El sentido de la vida proviene del hecho esencial de saberse mortal.
Ha pasado un gato cuyo nombre es Hegel. Ese nombre para un gato tiene un sentido y es signo de otra realidad. El lenguaje introduce delimitaciones que dan lugar a las clasificaciones y la cultura es ante todo lenguaje. Hegel. El gato está jugando y se revuelca en un surco de patatas recién plantadas. El juego es un trato con lo posible, gracias a él nos liberamos de la constricción del presente. Liberación fantasiosa del presente, goce estético, composición musical, flores en los árboles y lluvia para mañana.

Mathew Barney
en una playa tísica con un clavo oxidado
Habían precintado una finca ganadera de una manera un tanto extraña. Al parecer habían dejado alguna puerta sin la correspondiente cinta para que los dueños alimentaran al ganado. Los motivos, como en las cosas de la justicia, se remontan a unos cuantos años. Alguien dijo algo de olores, malos, y boñigas que quieren ser abono de un campo triste y castellano. La idea que me hice cuando ojeé la noticia en el periódico era, como suele pasar, equivocada. Ponía al ganadero de malo, alguien que hacía lo que le venía en gana y se saltaba las leyes a la torera. Luego he oído otra cosa. Como tantas veces sucede, la existencia de la granja se remonta a cuando casi no había casas en le pueblo. Pero en este caso los que han denunciado ni siquiera son vecinos pues tampoco están tan cerca de la explotación. En realidad quien denunció el incumplimiento de no sé que normativa es el dueño de una tierra colindante. En realidad quería vender esa tierra para construir edificios pero, según decía, no lo conseguía por los malos olores. Ahora el tiempo del ladrillo pasó, los ganaderos adecentaron las cuadras y la justicia terminó por llegar a la cita. Esto me contaron mientras miraba unos ajos enormes y bendecidos por el nitrato. Uno hubiera preferido no tirarles nada pero tampoco es dueño de muchos actos, ni de los suyos ni por supuesto, los de otros que dicen saber más y mejor.
Hay tres casos en los que una tarea falla. La aparición de un obstáculo, que se estropee o sea imposible seguir con la tarea. Cuando falla se ilumina el sentido del objeto o tarea. Los mismo pasa cuando algo falta, de repente se ilumina el contorno. Si se rompen las tijeras, por ejemplo, se interrumpe la acción que pensaba desarrollar con ellas y con ello, surge su sentido. Con el fallo, nos dice Heidegger, aparece el contorno, los cursos de acción, el contexto de remisiones, pero para hacerse explícitos, porque debían estar ya abiertos, sabidos de antemano. Ese estar en las tareas cotidianas, en un entorno sabido en una visión cautelosa, que cuenta con las cosas, eso es estar en el mundo, en un contexto de familiaridad. Heidegger, está intentando explicar el mundo y en esas estamos. No soy el único. Pienso en los errores, tan humanos siempre, y las ausencias, en los vacíos y en todo aquello que me hace ser un ser, reconocer el sentido de lo que un día dí por hecho con su propia teología interna. La vida humana no se desarrolla de una manera autónoma, está dentro de una historia cultural llena de sentidos en una vida con sentido. Los ajos son la envida de los alrededores, de aquellos que aún miran los ajos en la huerta. Les miro con Heidegger en la cabeza. Ellos, dentro de poco, tendrán las suyas enterradas bajo tierra. La mía, quién sabe. Las explicaciones, ayudan y entretienen, más no cambiarán el curso de los acontecimientos.

Wangechi Mutu
no labran formas
Dice Lévi-Strauss que la mitología de la mayoría d elos pueblos establece la misma oposición entre Naturaleza y Cultura. Y aquí está uno, oyendo los pájaros, frente a la huerta, intentando disolver esta dicotomía entre una cultura animi y una cultura agri de lechugas, patatas, tomates y guisantes. Cultura viene de colere, labrar el campo. Esta división ya se contempla en el Génesis. La oposición es radical, vida feliz y natural, la del Paraíso y vida no natural e infeliz, ya lejos y sin posibilidad de vuelta. Eso es también la cultura y las lecturas, un acercamiento pero también un alejamiento con el resto de seres que se niegan a mantener parlamentos de ese palaje, más o menos lector.
Conozco un matrimonio que, sin irnos a los extremos, conjuntan perfectamente esta dicotomia de naturaleza y cultura. El acuerdo y entendimiento pasa porque esa cultura reporte beneficios económicos. De esta manera será muy llevadera y ella/el, podrá seguir con su cultura molestando entre comidas o malgastando el tiempo y un dinero que entonces se verá como una inversión. El artista, como la filosofía, debe ser radical y autónomo. ¿Es ello posible? Felix Francisco Casanova, Eduardo Hervás, Carlos Oroza, Leopoldo María Panero, Antonio Maenza, Eduardo Haro Ibars, Pedro Casariego, Aníbal Nuñez, Rafael Feo y Aliocha Coll podrían dar un determinado tipo de respuesta novelísticamente hablando. Todos ellos son nuestros malditos oficiales. Se ha hecho de noche y la luna parece más llena que nunca. Siempre igual de llena sin embargo, se repite ajena a nuestras mareas. Un tío paterno no quiere poner nada en el huerto hasta que el médico no le diga lo que tiene. Otro tío hace cábalas sobre los que ya no están y apenas dá importancia a su huerto, cuatro patatas, dos lechugas y tres pepinos. Cultura animi, cultura agri. “El mito de la cultura”, buen título para un libro de Gustavo Bueno. Mañana la misa es a las 12:45 horas.
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la aceptación del retorno monótono del estío
He visto a J. Acababa de incluirse en una de esas listas de espera para operar. Estaba tan como siempre, en la flor de la vida y con ganas de invitarme a un café. Enseguida le pregunté por sus padres, enfermos de tiempo, con la sangre seca y problemas de memoria. Enseguida le conté lo que hacía y le hablé de R. que acababa de ganar un concurso literario. Mira, le mostré la fotografía de los ganadores. Allí estaba R y otros cuantos. Cuando nos despedimos supe de inmediato que no le había dado pie a la confesión o al susurro sobre aquello que le iban a hacer. ¿Tenía miedo? ¿Qué le habían dicho? No quise mirar en el interior de sus ojos. No quise mirar nada porque era viernes y quería marchar lejos con mis cosas y mis lecturas. Más tarde le envié un mensaje al móvil disculpándome por mi mala compañía y ofreciéndome en caso de poder hacer algo por él. Quiero ser santo y sabio y resulta que me comporto de una manera trivial y hasta obscena. Me escudo en el mundo que me rodea, en sus aristas para comportarme en ocasiones como un oraguntán o no darme cuenta de lo evidente. Veo a ese santo muy lejos de mí, leyendo en el horizonte los versos que un día leeré. Veo cada vez menos de noche y de día ya lo he dicho, me desentiendo de aquel que no quiere hablarme de los padres, de otros tiempos u otras miserias que las propias de cada uno.
Escrito desde el campo. Cultura agri significa cultura del campo. Cultura es el abstracto de colere, labrar el campo, cultivarlo para que sea fértil, como si se estuviera hablando del ser.

Biblioteca del Trinity College de Dublín
me derramo en un golfo que sucumbe
“No es en el espacio donde debo buscar mi dignidad, sino en la ordenación de mi pensamiento. No tendría más poseyendo tierras. Por el espacio, el universo me abarca y me engulle como un punto; por el pensamiento, yo lo abarco.”
“Pensamientos” B. Pascal
Vengo del pueblo ¿a dónde voy? El campo sonríe. Vivimos unos días de verano precoz. Los árboles muestran su preñez, los postros dan sus primeros paseos, los gatitos miau miau y las gallinas kikirikí, en francés, kokorokó. Perdón, ese era el gallo.
Hace unos días falleció una tía. En el tanatorio donde se velaba el cadáver había una puerta interior que daba a un patio. En el dintel un cartel aclaraba: para uso exclusivo de la Residencia. Al lado hay una residencia de ancianos y monjas. Éstas últimas son las que cuidan de los primeros. Ahora mi tío, viudo, hizo el camino que marcaba esa puerta del tanatorio. Vive entre las monjas, a unos pasos de donde hasta hace nada estaba su hogar. En un chasquido de dedos (uno, dos, cinco, diez años tal vez) volverá a hacer el camino contrario, de la residencia al tanatorio (en su interior seguirá diciendo para siempre eso de uso exclusivo. Nunca mejor dicho). Así son las leyes de la naturaleza y así consta en los carteles que han colocado sobre las puertas. Siga la línea. Por más que sea el organismo quien va construyendo de una manera activa su entorno (no de manera pasiva sometido a su dotación genética y al medio ambiente, como muchos creen, neodarwinistas o no), el viaje nunca pudo estar tan marcado y subrayado. Quiero dejar claro lo que pienso. El organismo, por medio de sus acciones y comportamientos, pone en marcha la posibilidad de importantes cambios evolutivos (Odling-Smee, Laland et al. 2003, Bateson 1988). Esto también valdría para los animales no humanos. Yo soy lo que quiero y siento que puedo ser. El lastre me impide en ocasiones hasta dar un trago, ralentiza mi reloj molecular y le impone un ritmo que no es el mío sino el de los carocales que asoman sus cuernos estos días al sol. Mi evolución tiene distintos ritmos, mis sentidos y sentimientos me construyen. Para otros simplemente es cuestión de adaptación a un entorno. Son sujetos pasivos.
Paso la hoja. El pasado jueves tuvieron lugar una serie de movilizaciones de ganaderos. Reivindican un trabajo digno y un precio para leche en consonancia a su verdadero valor. El nuevo real decreto sobre los contratos en el sector de la leche no parece que vaya a mejorar las cosas. Los actos de movilización incluyen manifestaciones, ataúdes de cartón piedra, quema controlada de neumáticos y el volcado de garrafas de leche ante el público, fotógrafos y periodistas.
Soy un caracol alimentado con pienso (luego…). El pienso contiene cereales con calcio con el fin de que la cáscara siga soportando golpes y contrariedades. Cuando me riegan con nebulizadores me activo y sigo leyendo a Pascal:
“La grandeza del hombre es grande en que se sabe miserable; un árbol no se sabe miserable.” Por tanto es ser miserable conocer(se) miserable, pero es ser grande saber que uno es miserable.”
Ah, un libro. Otro libro por favor: “El ciclista de Chernóbil”, de Javier Sebastián.
Y unas palabras:
Susana González Marín, en su precioso libro ¿Existía Caperucita Roja antes de Perrault? (Salamanca 2006), nos habla de que el cuento de Caperucita se remonta a los albores de la humanidad, cuando Maricastaña aún no había tenido su primera regla…
“En las fauces del lobo”, artículo publicado hoy en el ABC de las letras por Luis Alberto de Cuenca.

Roland Fischer
concubina de cristal
Mis brazos no tienen demasiada fuerza porque uno no entrena. A pesar de ello quizá nunca aguanten tanto como lo pueden hacer ahora.
He cultivado la huerta y con ello, he dado gusto a la familia. Debo comportarme como un robot ya que mi mente no tiene el programa suficientemente desarrollado para obrar con autonomía a la sombra de la llamada familia. Hoy, en la misa de familia, el cura ha hablado precisamente de eso, de la familia. Ha citado el cuarto mandamiento, honrarás a tu padre y a tu madre, y a continuación ha añadido, y por extensión a toda tu familia… porque los muertos vivirán en los vivos con sus enseñanzas, comportamientos y pequeñas anécdotas. Esto no ha sido literal pero puede valer. Éramos 32 en la pequeña iglesia, todos sentados excepto el que esto escribe. No estaba muy cambiada desde la última vez, allá por el año pum porque normalmente en los entierros a los que uno acude termina por quedarse fuera ya que nunca hay sitio para todos. La mayoría de jóvenes y vecinos de otros lugares se quedan fuera. Dentro están principalmente los deudos y más viejos del lugar. Según nos vamos acercando hacia el final del recorrido vamos penetrando en el templo dejando que sean otros los jóvenes a nuestras espaldas. Eso mientras haya quien dé un relevo.
Mis brazos, cerca del final, apenas podían mentir pero a pesar de todo nadie se dio cuenta de la flojeza. Los ojos de algunos tíos y padres sólo se fijaban en la tierra trituradísima, ávida de cebollas y lechugas. Luego vinieron los ajos, bien cavaditos, y la poda de alguna rama seca. La vida continúa y, tal como ha muerto mi tía, me imagino que lo harán el resto. En el escenario de sus vidas. Pero esto sólo es un feliz deseo pues ya se sabe que esto de la vida no hay por donde cogerlo, si por la porreta o las raíces.
Mientras comíamos en amor y compañía, a la vieja usanza, un cocido bruto y gordo pero sin tocino ni relleno, los perros insistían afuera. No hace mucho han robado arados y maquinaria vieja aparcada en las eras entre los cardos secos. Los del cuartelillo están al tanto.
Para este año las tierras se llenarán de pipas, oigo. Mis brazos no pueden izar ninguna bandera, ni el trapo de la derrota.

Jean Léon Gérone
No existe el espacio o el tiempo. Sólo intensidad
Día de pueblo y gallinas. Nuevamente la frase ingeniosa de Samuel Butler en la cabeza, la gallina es el método que utiliza un huevo para conseguir otro huevo. Los gatos a lo suyo, los pájaros y el huerto que pide tarea. Aún quedan puerros, reinan enterrados en el terreno valdío. La temperatura dio una tregua. Angor pectoris. También se vive de treguas. La tregua es el método que utiliza una guerra para producir otra. ¿A dónde están los amigos? En el pueblo algunos tíos revoloteaban como estorninos adormilados. Los robos se multiplican, piezas de motores, en los pivots de riego y en lo más importante, en el tiempo. Llevo dos días alejado un poco de mi esencia. En poco menos de un mes han fallecido dos personas en el interior de dos bares, clientes asiduos por lo que han dicho. El más reciente tenía 83 años y estaba en la calle de la Mejillonera. Qué bonito es morir haciendo lo que a uno le gusta, morir en su escenario como se suele decir. Esto es un decir porque nadie se quiere morir y de hacer en un bar, al menos que sea antes de pedir la cuenta.

Jasper Johns
El camino del secreto baila en el calor
Nadie busca remanso en el pueblo pero cuando se encuentra, al sol, uno se deja estar pensando en las lagartijas domidas o en las sombras que ya no nos acompañan. No hay tiempo para contemplaciones porque cuando uno se acerca a las gallinas éstas reclaman su parte de grano, ese tan caro por el que protestan en ciertos países del Magreb. Mi tio se acerca para preguntar por el hombre y ya todos sabemos quién es el hombre. Ayer tuvo algo de fiebre, parece que está mejor, le informé. Él tampoco anda muy bien porque a sus ochenta y un años se cansa como nunca mientras poda y hace labor. Mal de viejo, dice. Es época de poda, pienso, con la espalda apoyada a una pared, dejando al viento frotarme la piel de lija. Dentro de poco cosecharán la maíz, dentro de poco se pudrirán las berzas, las escarolas y las cenizas que han traido sin decir nada a nadie. Tampoco nos interesa, oí que decían. Ahora, las llaves del cementerio las tiene cualquiera. Y mientras se dejaban decir me agaché para recoger los huevos de una pata. Estaban calientes y mis manos lo agradecieron. Un día también lo estuvieron esas cenizas de las que hablaban y el cuerpo del que salieron. Fue cosa de un segundo lo del calor, como lo fue el paso de mi mirada, ya a la tarde, sobre los ojos de Sabino Ojero Romarate, retratado por Asterio Mañanós. Hace ya un buen rato que me alejé de ese frío invernal a la intemperie y la siesta apenas me sirvió para soñar con un galgo llamado Judas. Se trataba de una noticia que había leido en prensa el día antes. El galgo palentino, llamado Judas, ha alcanzado la final del campeonato de galgos en campo a nivel nacional. A pesar del frío, llegada la noche, siento como aún conservo parte del calor de aquel de huevo de pata entre mis manos.

Asterio Mañanós "El salón de conferencias del senado" (1904)
la alta metralla de la noche en fuga
Es fácil adivinar a quien se entierra por el trajín de coches y personas que van y vienen. No estoy hablando de celebridades, sino de gente normal. Así, cuando el pueblo se transforma en una extensa nube de carne con patas que apenas habla, que susurra, se entiende que el muerto es una persona joven. Una persona de, digamos, 49 años o lo que para los alumnos más perdidos se denominaría fósil. Porque una persona de cuarenta años para un muchacho de quince es un fósil. Pero estos muchachos no saben que ellos mismos son otro fósil, parco en ideas y más muerto que vivo a no ser que se les implante el deseo consciente de saber y aprender.
Hoy he ojeado las esquelas como hago días sueltos, días con niebla o sol, es indistinto, porque la niebla y el sol que marcan mis días están dentro y resultan difíciles de contemplar para un extraño. Digo que he consultado las esquelas en el ABC como otros hacen con los oráculos y los horóscopos. Aquí siempre aparecen esquelas de relumbrón difíciles de entender, por ejemplo: Don Ignacio Ramírez de Haro y Pérez de Guzmán Álvarez de Toledo y San Juan. Luego, debajo, la profesión y méritos del finado:: Conde de Bornos, Grande de España, Marqués de Casa Valdés, General de Ingineros, Diplomado del Estado Mayor, Alférez Provisional, Trece y Comendador de Montalbán de la Orden de Santiago, Caballero Maestrante de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Caballero del Estamento Militar del Principado de Gerona, Vicepresidente de la Santa Pontificia y Real Hermandad del Refugio, Presidente de la Conferencia de San Vicente de Paul de P.C.M. Patrono del Monasterio de la Concepción Francisca Latina, Voluntario Guipuzcoano Alistado en el Tercio de Oriamendi, Numerosas Condecoraciones naciones y extranjeras. Falleció en Madríd y tal y cual. Siento la extensión. Edad, 92 años..
Evidentemente no era al que despedí. En las cosas de los muertos con el tiempo uno va cambiando de opinión. Si en un principio desistía y renunciaba a cualquier posible acompañamiento por considerar que nadie podía acompañar al desolado, en estos días ya no me atrevo a pensar que siempre sea así. El muerto, en este caso, era todo en el pueblo y cada vecino así lo entendía y explicaba con los ojos llorosos mientras le cantaban la misa. Un gran gemido se extendía por los alrededores, susurros y rostros cabizbajos poblaban los alrededores de la iglesia, más pequeña que nunca. Vecinos de los pueblos de alrededor aparcaron los tractores por un instante, se olvidaron de arar y limpiaron los zapatos que guardaban en una bolsa para despedirse de aquel que fue. Y en este que fue estábamos un poco todos, con una sentida sensación de estar de paso. Ha sido como un rayo, un relámpago que nos habló de las fuerzas misteriosas, del azar y la pequeñez.
Hacía mucho tiempo que no veía a un muerto esperar en casa el día del entierro. Sé que las visitas y pésames se sucedieron desde que le trajeron. Algunos tíos y amigos vinieron de lejos para dar el pésame y excusarse por no poder acompañarles al día siguiente, el del entierro. Tras el dar el pésame y agachar la cerviz, partieron a sus ciudades lejanas. Fue cuestión de un rato, suficiente no sólo para cumplir sino para mostrar la pena y el dolor, en sus distintos grados, que la pérdida suponía. Cada pérdida produce su dolor en las personas y el grado de éste es consustancial al amor que se le haya profesado. Antes pensaba que esto no era así y que ante una pérdida sensible sólo debían mostrarse cercanos los que verdaderamente sufrían y quedaban heridos de por vida. Ahora sé que entre los que sólo vienen a cumplir, también les hay que vienen a sentir de alguna manera aquella pérdida. Siempre se me pasó por la cabeza no acudir al entierro de mis padres. Dejar allí a un monigote que aparentara dolor, con sus gafas oscuras y su traje oscuro y los labios moviéndose , diciendo gracias, su tabaco gracias. Son momentos en que uno querrá estar sólo pues sólo está en el dolor por mucha gente que oculte el sol a su alrededor. Uno no sabe ya, pues también piensa que lo mejor sería poner al muerto en su casa del pueblo y abrir la cocina con pastas y orujos para aquellos que vienen y van. Uno bien sabe que vive como sueña, sólo y que la muchedumbre produce aislamiento y otras cosas más que no da el luto. Y el sol, la niebla y el luto, siempre irán por dentro
Y el abuelo, ya viudo, decía, sed fuertes, sed fuertes. Hay que ser fuertes. Y el nieto no decía, lloraba.
"...
Se encumbrará la púrpura
de tu jardín recóndito
al son de una violenta primavera.
Abrirá un cauce por tu cuerpo, en pos
de su cuenca escogida.
Y al llegar a la bóveda del ojo,
con la presión de un pétalo encendido,
levantará su párpado esa rosa
hambrienta de la luz. Y estarás ciego."
"La rosa secreta"
El cáncer es una fiesta de las células"
Miguel Ángel Velasco ("La miel salvaje")

Obra de Santiago Sierra, quien ha rechazado el Premio Nacional de Artes Plásticas. Carta enviada a la miniestra por el autor:
eso otro que nunca escribiré
No muy lejos, sobre la mesa, está la película que compré sin el ABC el otro sábado, “Amanece, que no es poco”, de José Luis Cuerda. Empiezo el día:
Mermelada de moras y ciruelas. Orujo de moras, manzanas reinetas asadas, un racimo de uvas, bizcocho, un caldo de escaramujos, café. Me estiro y espanto a los gatos que pasan por debajo de la silla.

Delhy Tejero
entre la mayestática cochambre
El fresco de la mañana no fue obstáculo para que padre, a primera hora de la manaña, saliese a buscar caracoles. No es época de caracoles, todo el mundo lo dice y coja lo que coja el menú para la comida será, en compañía de la familia, el ya planeado, codornices muy bien cazadas por el tío y ensalada de tomate, lechuga y cebolla.
La comida: un enorme cazolón a rebosar de codornices estofadas hechas a la manera de la abuela, a fuego lento, suaves y deliciosas, crujientes. El tintorro, la ensalada, las verduras al horno, algunas patatas asadas, el bizcocho como las codornices y las manos de cada uno a lo de todos, ayudando a chupar las patitas, subiendo y bajando sin que las bocas perdiesen bocado.
Las conversaciones también, a la manera de la abuela, pese a los tiempos y la zozobra, recordando cómo el collerero de Calzada iba de pueblo en pueblo. Nunca le daba el viento de cara pues cuando así sucedía se daba media vuelta sobre la silla y el caballo, sin otra guía que su instinto, continuaba por el camino, de la misma manera que la abuela, el abuelo, los que allí estábamos.

Delhy Tejero
Biblia pauperum
Mi tío cogió tres luciérnagas y las metió en el corral para sus nietas. A la mañana siguiente regó la hierba del corral y nunca más se supo de aquellos gusanitos de luz. Las nietas dieron con el problema. Las luciérnagas se mojaron y costiparon por lo que no podían dar más luz.
Ayer, durante la noche, volvimos a ver algunas de ellas. Uno no las veía desde hacía siglos y ya pensaba que, como con tantos otros bichos, habían dejado de existir y pertenecían al mundo lejano de la infancia. Eran tres las nietas, trillizas, y tres las luciérnagas.

Emil Filla "Un lector de Dostoievski"
Hoy he comido otra pancetaza veraniega. Podría enumerarlas fácilmente y desconfiar de la báscula y el calendario para iniciar un periodo de desintoxicación. Hay poca voluntad pero yo digo que lo puedo dejar cuando quiera igual que otros, cuando vienen al campo, se visten de soldados con sus chaquetas, pantalones, gorras, emblemas y cinturones perfectamente encajados sobre su cintura. El barrio está mal, la calle y el mundo. Puestos a considerarlo esos atuendos informan de lo que tenemos en frente. Una guerra consigo mismo y contra el mundo. La panceta, el chorizo y la morcilla entre las brasas nos retrotraen a una campaña bélica. Al descanso tras el ataque, en el momento en que los soldados reponen fuerzas. Para seguir el juego habría que nombrar a un jefe que se parecería a Brad Pitt. En esto estaríamos de acuerdo todos los amigos, incluidos los que visten así cuando vienen al campo. Nada que ver con los domingueros en chandal o en bermudas que rezan alrededor de las paellas y otros aquelarres permitidos en domingo.
Me digo que es bonito vivir plácidamente momentos de paz como el del otro día aunque yo eché de menos a alguien vestido de capellán, tal vez otro soldado, alguien que nos hubiera leído unos versículos que empezaran diciendo: hermanos, estamos aquí reunidos… y que hubiera consagrado la panceta en el hombre de Cristo o de Petrarca y que nos la hubiese ofrecido de su mano mientras esperábamos dispuestos en fila india. Luego nos habríamos sentado alrededor de una mesa sin tener en cuenta el resto de batallas o gigantes contra los que a no tardar nos enfrentaremos, tal como hicimos, alzando las copas, menstruales y de bohemia, a la luz de la luna.

“Codex Seraphinianus“, de Luigi Serafini
Uno saluda a otro
EN un programa televisivo sobre libros se hablaba de poesía y de ciertos encuentros que se vienen haciendo en Murcia desde hace años en el mes de abril.
El amigo X, director del programa, conversaba con el poeta que allí oficia en su papel de animador. Aquel le preguntó de sopetón: “¿Qué es poesía? ¿Poesía es como dijo Bécquer? ¿Poesía eres tú?”. Esas son preguntas para las que uno no está nunca preparado, excepto si se es de Cartagena. “No”, respondió con pronta seguridad el interpelado. Es un hombre con unas bonitas guedejas y las barbas a tono, recortadas y bien peinadas, como un profeta de cámara. “No”, repitió, “poesía es una boca puesta en un coño”. Esto se emitió en horario de máxima audiencia, aunque el programa la tenga escasa, y el escándalo no procedía, por supuesto, de la palabra coño, sino de la palabra poesía. Va a ser difícil que nadie supere esa definición. Las probabilidades de que algo así trascienda a épocas futuras serán bien escasas, pero mereceríamos que ese poeta alcanzara la inmortalidad que busca con tanto ahínco desde hace treinta años, con el fin de que la posteridad se compadeciera de nosotros, comprendiendo en qué condiciones ha tenido uno que escribir sus libros, y en qué medio. O sea, el paisaje y el paisanaje. Lo decía el siempre exquisito JRJ: ¡Qué melonar!
“Troppo vero”, Andrés Trapiello (Pg. 274-275)

Ramón Gaya "El sueño de Jacob"
Los padres de la novia y sus tíos se encargan de preparar el rancho del domingo. Dos calderetas de corzo y ciervo hasta reventar. No se espera un regimiento pero ayer estuvieron sentadas muchas personas en las mesas del convite y el cálculo, evidentemente estratosférico, sobredimensiona la cantidad y el avituallamiento. Tenía muy claro que para mí esta parte sobraba y por eso acabé pelando cebollas, pimientos, ajos y zanahorias. Una vez hecho el sofrito vi cómo volcaban los kilos de carne ya troceada previamente por las mujeres a espaldas de los gatos. La decisión de quedarme estaba tomada. El maestro de ceremonias es el hermano mayor de la madre de la novia, patriarca sucesor y cabeza de familia, muertos ya el padre y la madre, o sea, los abuelos.
La familia del novio no existe y cuando paseaba por el banquete lo hacía con sigilo o eso me pareció. La familia del novio no quiere saber nada del ciervo troceado como tampoco lo quiso saber de la enramada. Los padres del novio finalmente acudirán a morder al corzo ya reducido y en su jugo, y lo harán también con un sigilo gris desde el que se me alcanza una fina película de desconfianza que les ha hecho estar donde están (ellos sabrán dónde). Sus figuras tienen más de sombras que de cuerpos pero esto sólo son apreciaciones de uno que también tiene mucho de sombra por cuanto tan pronto dice que se marcha como todo lo contrario. Y me pregunto, el día de mañana, ellos, los novios, hermanos y primos, ¿harán lo mismo con sus hijos? ¿Guisarán, concentrarán y hermanarán a la familia? ¿Prepararán las cazuelas, cortarán la cebolla y echarán el laurel para que venga quien quiera venir?
Mientras tanto el río se ha llenado de ansiosos pescadores de cangrejos en busca de tojos y escondrijos a la sombra. Hoy se abría la veda y no muy lejos estaba parado un coche de la guardia civil. Mi tío lo explica, te paran con el habitual alto (la cabeza de cada uno se encarga de completar la frase habitual con el alto… a la guardia civil). Seguidamente hacen algunas preguntas del tipo de dónde viene o a dónde va y, dando igual la respuesta, que si voy a casa de mi abuelita o huyendo del lobo, te mandan parar el motor y abrir el maletero. Es infalible el sistema pues los cangrejos se mueven, hacen ruido, roncan y te delatan. Si no tienen las medidas o has superado el cupo te empluman y además de ir a pescar podrás contar que hiciste el fin de semana. Y entonces el interlocutor sedentario que se ha pasado el fin de semana haciendo crucigramas en el bar o rezongando con la parienta dará por bien empleado el tiempo que hasta no hace tanto creía haber perdido.

Ramón Gaya "Cerezos en flor"
El cuerpo tiembla como temblaba
Ayer transcurrió el evento de la enramada, amenizada con una cena de confraternidad. La mayoría de los presentes eran viejunos y descastados, ovejas extraviadas y algunas emparejadas. Los altavoces expulsaban una música del demonio que se supone era para entretener o incluso bailar aunque más bien pienso que era para dar sensación de jovialidad y lejanía. Si la mayor parte de los presentes pasaban los sesenta bueno es que se hubiera pensado más en su época de baile y no en la de ahora imposible de tararear salvo para la novia, tal vez el novio y pocos más. La sensación de vivir en tres dimensiones una fiesta dentro de una residencia de ancianos pudo conmigo. La novia y su hermana comenzaron a colocar sombrillas minúsculas de papel en las cabezas de cada uno y collares de infinitos y chispeantes colores también de papel alrededor del cuello. Ya hacía un tiempo que la música había cambiado a una sintonía que se supone nos hacía recordar las playas y palmeras que aparecen en las postales que nadie nos manda desde Hawai. Dudo mucho que mis padres, sus hermanos y muchos de los que allí estaban entendieran algo de esa extraña ceremonia pero como es de suponer que poco entienden ya del mundo que nos rodea, dieron por buena la propuesta y siguieron el protocolo hablando de berzas, escarolas y patatas. Esta situación con un bastante de ultratumba culminó mi deseo de transportarme hasta la cama y así fui dando pasitos en la oscuridad, sorteando trastos y palabras como si estuviera bailando con el hulahop en la cintura.
Antes cuatro gatos habían marchado a preparar la enramada saltándose todas las formas y borracheras con que se debe preparar la misma. Mi primo lo dijo claro, la enramada se prepara a las dos de la mañana o a las tres o cuando el vino que se lleva dentro dé la orden y no antes. Así recordó la última de hace unos meses cuando los mozos marcharon hacia el río, entre los árboles y bajo la luz de la luna. Qué fiesta, cuánto deleite y zozobra y cómo vibraban las motosierras en la noche, cortando troncos y tronquitos mientras hacían chistes, que me supongo gruesos, y gracias que retumbarían muchos días después en los bares y encuentros que tuvieran con los mozos de los pueblos cercanos.

Ramón Gaya "El bautizo"
Como ellos en su Olimpo
Los huertos están locos. Se contagian con la enajenación de los hortelanos, con la tierra que ocupan y estercolan. Uno de mis tíos pensaba en plantar algo, un pequeño surco que no le diera mucho trabajo. Se dio la vuelta para meditar sobre la hortaliza a elegir y cuando se quiso dar cuenta alguien le había plantado doscientos puerros, otras tantas lechugas, perejil, berzas, cebollas... De repente se vio sudando, cavando y regando tamaña superficie, con cientos de surcos semejando barrotes en la prisión. Sus hermanos le tranquilizaron, esto no es nada le dijeron, se hace con la chorra. Cebollas, tomates, patatas, guisantes, acelgas y un largo etcétera le esperan para el próximo año, reivindican su derecho a ser plantadas. No más barbecho, sí a la vida. Lumbago, artritis y muchas otras cosas que terminan en itis asoman a través de esos barrotes y hacen sombras bajo un sol de justicia. El rostro, que estaba encendido por el calor, palpita entre las manos. Algunos improperios compiten con las chicharras y entre sus pupilas, si las manos nos dejasen, leeríamos fácilmente el comienzo de la elegía: Yo quiero ser llorando el hortelano

Caravaggio "Resurrección de Lázaro"
De acuerdo con lo irreal
Hemos descubierto por qué los geranios se secaban misteriosamente. ¿El asesino de geranios estaba emparentado con el asesino de perros en el parque del Sotillo? No ha hecho falta acudir a las autoridades para aclarar el caso. Los gatos mean dentro de los tiestos y los geranios mueren paulatinamente. Es una muerte lenta y silenciosa. De momento no ha muerto ningún gato pero algunos se han llevado buenos palos y, mientras se lamen las heridas, maúllan rancheras y corridos.

La lana de la luna la cieluna
En la huerta. Un día cualquiera de la semana pasada. Un peregrino astral, indudablemente perdido, pasaba por esos caminos alejados de todo ritmo y turismo. Era de fuera y no hablaba castellano. Tenía sed y pidió agua. Le ofrecieron una botella y a continuación señaló las porretas de las cebollas. Le dieron una cebolla y a continuación un poco de conejo con setas que había sobrado de la comida. También había cerezas, fresas, nueces y avellanas. Finalmente dijo que ya no podía más. En la mano sostenía las pepitas y rabos de las cerezas. A su lado estaban las cáscaras de las nueces y avellanas. Le acercaron una bolsa y arrojó los desperdicios a su interior. Dio las gracias y se fue con ritmo cansino. Tenía las manos desolladas de llevar bolsas o pesos probablemente. Ellos se echaron a llorar. Había sido una visión bíblica. La encarnación de sus pesadillas y un mundo a la deriva. Es imposible no hacerse preguntas sobre el futuro aunque no exista. Es como la pregunta Pessoana ¿Dónde está Dios aunque no exista?

Turner
Seré mi isla propia un vestigio
En el pueblo la televisión apenas existe. Las imágenes son puestas por la naturaleza para que disfrutamos sin pantallas de por medio. Aún así no se me quita de la cabeza la frase de Quentin Crisp:
“La vida es un ensayo para la televisión”
Todo nos es expuesto a través de la gran pantalla. Ahora es Jesús G. Requena:
“Imbert percibe nítidamente cómo los nuevos formatos televisivos se focalizan cada vez más intensamente sobre la mostración de la intimidad en un régimen de hipervisibilidad en el que desaparece todo límite para la mirada –y habla entonces muy expresivamente de una suerte de pornografía del sentimiento. No termina de darse cuenta, en cambio, de que ese proceso de espectacularización de la intimidad, por la contradicción misma que lo constituye, sólo puede saldarse con su destrucción. Pues lo íntimo, después de todo, es lo que se veda a la mirada pública. De manera que su exhibición ante ésta equivale, de manera inmediata, a su aniquilación”.
Reseña del libro “El zoo visual”, de Gérard Imbert. En Blanco y Negro Cultural, 13 de diciembre de 2003
Pg. 66, “El cine de no ficción. Desvíos de lo real”, Antonio Weinrichter
Levanto la mirada y a menos de un metro encuentro a un gato que me está dando la espalda. Vuelvo la mirada al libro y tras una página de lectura regreso al gato pero no está. Se me ocurre una frase, no puedo engañar a la realidad de mis sentimientos. Bajo la testuz en busca de nuevas frases, ésta vez no mías. No encuentro nada interesante. El hueco que ha dejado el gato frente a mí está lleno de metáforas.
Te ame con cualidad y con hojas mis manos
A ti que no eres lluvia y te arañó mi tigre
Envuelto en mi vestido de besos te grité
mi cara que camina por sendas de terror
“Los amantes dolientes” Carlos Edmundo de Ory
Turner
Todo empieza a moverse
Los planes son para planearles. Incluso puede que se cumplan. Pero mientras cogía impulso con la pelota no pensaba en mucho más. La caseta de feria, abierta momentos antes, aguantaba firme los pelotazos que huían de los muñecos pese a tenerles en el punto de mira telescópica. Era de noche. Alguien me había dicho que su regalo original y fantástico se había convertido en un timo. Por ciento cincuenta euros compró una estrella con el nombre deseado, en este caso el de su novio. Éste, el novio, sin necesidad de mucha preparación, tiraba uno a uno todos los muñecos que yo había dejado indemnes. Para reclamar el título de la estrella que nunca llegó, según se había informado, había que hacerlo ante el mismísimo maestro armero. También, era un decir, se podía apadrinar un lechazo, un cerdo o una gallina, oí que alguien decía a mi lado. Una sombra en la noche. ¿A dónde fueron a parar las hormigas? Por el día andaban revueltas subiendo y bajando por las paredes, dentro y fuera de la casa. Eso quiere decir que se barrunta tormenta. Después llegó el momento de elegir peluche entre los cientos que colgaban en la caseta. Primero un perro boxeador y después un pingüino simpático muerto de sueño. Ya sé quien dijo lo de apadrinar un lechazo, el pingüino que pedía tomar whiskys genéricos. Tras las conversaciones, algunas palabras, no se sabe por qué, se quedan impresas en el cuerpo y saltan como si fueran ranas en la charca de la mañana siguiente. El contenido de lo hablado no parece haber tenido mucha importancia pero sí ciertas frases arrancadas del pecho profundo a las que doy una importancia capital. Esto suele pasar generalmente con las cosas que sibilinamente nos hieren. Por ejemplo cuando vas a ver a la suegra y ésta hace un comentario supuestamente sin malicia pero que sobrevuela la fatalidad del dolor con el que se convive, familiar, laboral, social... Por ejemplo cuando un joven matrimonio muestra el nuevo hogar a unos amigos y éstos corresponden informando de las fantásticas reformas que harían de inmediato tirando tabiques y poniendo ventanas si la casa fuera de ellos. En otras ocasiones no son necesarias heridas o palabras maltrechas las que resucitan dentro sino la necesidad de ubicar en algún plano conocido al extraño que nos habló de lo divino y de lo humano en una agradable noche de verano.

Sol LeWitt
Oscila el incensario antiguo
Puedo escribir de manera optimista o apesadumbrada y eso no tiene por qué responder a la realidad que reviste mi estado de ánimo. Pienso que esto puede ser así aunque lo normal es que en esta especie de diario las gotas de las sensaciones se dejen caer conforme son sentidas dentro. Palabras. Hormigas. Mosquitos.
Esta mañana nos visitaron unos primos de madre. Contaban sus cuitas. Señores que visten su cuerpo pesado, lento y achacoso con las arrugas de los años. El tiempo está con ellos, son su propio calendario lleno de recuerdos, infamias y esperanzas crepusculares. Ella hablaba para el campo y la cigüeña que se oía en la torre de la iglesia, a voz en grito. Él, acababa de salir de un achaque, uno de tantos. El medicamento genérico no le había hecho mucho efecto. La diferencia, le llegó a decir el médico, entre un genérico y otro que no lo es está clara. No es lo mismo un whisky J.B. que uno de garrafón. A él, sólo le curaba el J.B. Y los tomates…, continuaba, los tomates parecen que están reviviendo tras las heladas.

Tulio Crali
allá en la popa muriendo
Hubo una vez un convento en Tablares. ¿Dónde está Tablares? Cuando la concentración de IRYDA salieron a la superficie sillares, piedras labradas, tejas de cuatro centímetros de ancho y otros objetos. Nadie dio cuenta a nadie de lo que allí surgió. La desaparición consiste en eso. El agricultor vive de las tierras no de las apariciones o los tesoros que algún licenciado vidriera pueda reconstruir para la historia. Otro día, ofreciendo el lomo al sol, no fueron malas hierbas ni margaritas sino un candelabro enorme quien se abrió de brazos a aquel hombre.
Hubo un tiempo en que ese lugar estuvo habitado por unos frailes. Y además, la abuela de la abuela tenía un libro manuscrito de lo menos 400 páginas donde se contaban todas las historias del lugar. También desapareció. Lo mismo que otros libros en las manos de los chiquillos mientras cernían la harina con que después harían el buen pan. Deshojándoles, triturando las letras góticas con sus puños se tranquilizaban de la tarea pesada y lenta.
El mismo agricultor, ahora reconvertido en hortelano pleno, espera pacientemente. Continua pisando la tierra mientras sus ojos se llenan de páginas escritas en sangre. Él es su propio libro. Sabe que un semillero de berzas se debe poner en viernes y con la luna menguante a poder ser. Mañana podría ser un buen día.
Luis Gordillo
Una danza agita a la tierra entera
El único homenaje en el día del libro es la lectura solitaria. Sólo los que así hayan cumplido verán a Dios. Las ramblas, calles y librerías se adornan con disfraces y ventas de libros. Cada vez, literariamente hablando, sabemos menos sobre lo que realmente se escribe en este país. Los mismos mercaderes de siempre llenan el templo cada año y no existe un látigo lo suficientemente pertinaz que les haga cambiar de opinión.
Hay, sin embargo, quienes prefieren leer en la naturaleza las líneas de la vida. Mi tío, viejo agricultor de ochenta años, ve con sus ojos lo que yo nunca seré capaz de ver en mitad del campo. La distancia que nos separa es insalvable.
Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de ir por los caminos
mirando a la derecha y a la izquierda,
y de vez en cuando mirando para atrás…
Y lo que veo a cada instante
es lo que nunca había visto antes,
y me doy cuenta muy bien de ello…
Sé sentir el pasmo esencial
que siente un niño si, al nacer,
de veras reparase en que nacía…
Me siento nacido a cada instante
a la eterna novedad del Mundo…
Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo. Pero no pienso en él
porque pensar es no comprender…
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
Sino para que lo miremos y estemos de acuerdo…
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la naturaleza, no es porque sepa lo que es,
sino porue la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar…
Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar.
“El guardador de rebaños” Alberto Caeiro

Ricky Dávila
Mis pensamientos se incrustan en la mollera igual que plantas de chopos en la tierra. Hoy he visto cómo se hace. Las plantas, de unos veinte centímetros, están atadas en rollos. Parecen regaliz de palo inmaculado, limpio y recto. Hasta el momento de la plantación se conservan y alimentan en cámaras frigoríficas. Luego, se colocan en una especie de oruga agujereada que arrastra el tractor y se van introduciendo manualmente en los orificios. No recuerdo si la yema tiene que colocarse hacia arriba o hacia abajo. Evidentemente eso es importante. Como en todo en la vida, existen rangos y calidades de planta perfectamente catalogadas, erre uno, dos... Tampoco estoy seguro de que sea como lo escribo. No importa.
¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen aquellos árboles?
La de ser verdes y copudos y tener ramas
y la de dar fruto a su tiempo, lo que no nos hace pensar,
a nosotros, que no sabemos tomarlos en cuenta.
Pero ¿qué mejor metafísica que la suya,
que es la de no saber para qué viven
ni saber que no lo saben?
“El guardador de rebaños” Alberto Caeiro

Ricky Dávila
También he visto una trucha de dos kilos. El viejo que la pescó no se cansaba de repetir la lección. Es importante no mover la caña, decía, mantenerte sereno y, poco a poco, recortar hilo, dejar que se canse la pieza.
De mi estúpida cabeza salen frases que un día alguien plantó como si fueran chopos. Tengo sueño y la fotografía de la trucha de dos kilos dentro del móvil. Los nativos, aquella noche, estaban inquietos.
Seamos sencillos y pacíficos,
como los regatos y los árboles,
y Dios nos amará haciéndonos bellos como los árboles y
los regatos,
y nos dará verdor en su primavera,
¡y un río donde estar cuando acabemos!...
“El guardador de rebaños” Alberto Caeiro

Ricky Dávila
He ojeado los manuales de guerrilla del Che Guevara, Mao y Ho Chi Ming. He vaciado la rabia que había dentro pensando en que un espíritu se abría paso y llegaba tirando de navaja. Mientras esto hacía bajo un cerezo en flor la música elaborada por miles de abejas e insectos en plena y hacendosa labor de polinización cayó de plano sobre mi cabeza. Alguien habló: Toda invención y creación se presenta como una desviación y todo conocimiento, de alguna manera, no es sino una traducción para nosotros mismos.
Hacía un día primaveral. El mismo viejo de ayer seguía rejuveneciendo en la mirada. Tenía la culpa un barbo de dos kilos, nueva pieza cobrada bajo sus brazos. Estaba lleno de fuerza y sus más de ochenta primaveras se mostraban exultantes bajo la boina. El viejo y el pez pertenecen al mismo universo, son partes y son todos. Mi mirada era simple. El pensamiento, en cambio, se llenaba de incertidumbre y formaba, por tanto, un pensamiento pensante, complejo. Jules Michelet imaginó el apareamiento de las ballenas en un instante de verticalidad exacto por parte del macho y de la hembra, tras muchos intentos fallidos. Mis pensamientos procrean de la misma manera. Algunas flores del cerezo, entre el bullicio de los insectos, caen suavemente y me acarician el rostro.
Desde mi aldea veo cuanto del Universo se puede
contemplar desde la tierra…
Por eso es mi aldea tan grande como cualquier otra
tierra
porque yo soy del tamaño de lo que veo
y no del tamaño de mi estatura…
“El guardador de rebaños” Alberto Caeiro

Ricky Dávila
Mi tío ha dicho: voy a coger cagurrias, allá, contra el cuérnago por donde pescó el barbo.
Nadie come barbo en casa del pescador y por ello lo congela. Servirá de cebo cuando se abra la veda del cangrejo. Inmejorable.
Si quieren que yo tenga un misticismo, está bien, lo
tengo
Soy mistico, mas sólo con el cuerpo.
Mi alma es pura y no piensa.
Mi misticismo es no querer saber.
Es vivir y no pensarlo.
No sé lo que es la naturaleza: la canto.
Vivo en lo alto de un otero
en una casa enjalbegada y solitaria,
y ésta es mi definición.
“El guardador de rebaños” Alberto Caeiro

Ricky Dávila
y el juguete difícil es ya insoluble enigma
Lee Moqueen, modista conocido con el sobrenombre del “hoolingang británico”, apareció colgado en su domicilio no hace mucho. De inmediato sus prendas volaron de las tiendas en un postrero y enfermizo homenaje al difunto. Uno de los artículos más vendidos fue un pañuelo de cuello con dibujos de calaveras. Es fácil unir estos datos, el ahorcamiento, el pañuelo, las calaveras y un montón de personas a la última salvando el pescuezo del frío.
Otro que nos dejó ayer fue el georgiano Nodar Kumaritashvili. Unas horas antes de inaugurarse los juegos olímpicos de invierno en Vancouver, mientras entrenaba para la prueba de luge masculino, se topó con un pilar. Segundos antes se había salido de la pista con su trineo cuando iba a 145 kilómetros por hora. No obstante el espectáculo, como la vida, continuó su curso y los jefes de las cuatro naciones indias que habitaron Vancouver y Whistler saludaron a los presentes, según informan los diferentes periódicos. No hace mucho supe que Iroqués es el nombre dado a la Confederación India de Norteamérica, integrada por cinco naciones: Mohawks, Oneidas, Onondagas, Cayugas y Sénecas, a las que más tarde se uniría los Tuscaroras. Los nombres y agrupaciones me resultan demasiado similares entre sí y esto, de alguna manera me tranquiliza puesto que ahora puedo justificar cierta sensación de olvido y confusión permanente en mi sesera.

En el pueblo, para continuar con este obituario universal y ajeno, habían encontrado muerta una gallina. Esta defunción me resulta más cercana que las de esas dos grandes personas porque y, aunque esté mal decirlo, me afecta más. Ahora sólo me quedan tres plumíferos, mosqueteras de los huevos y, por lo que me dieron a entender ellas mismas, un tanto hambrientas y juguetonas. Sin pararme a pensar mucho en lo que mi tío había dicho sobre la gallina volatilizada puse manos a la obra. Dentro de un pequeño cubo que se encontraba en una conejera vacía, hallé flotando el cuerpo de un ratón. Recogí aquel mar de donde no supo salir el roedor y, sin poder impedirlo, una de las gallinas supervivientes me arrebató el cuerpo del delito. Intenté quitársele del pico pero, como si estuvieran jugando al rugby entre ellas, fueron pasándosele una a otra, dándose pìquitos y adelantándose a mis manos, lo que me dejó exhausto y atónito. Finalmente pude rescatar dos patas y un nervio (o algo parecido) del bichito. A 145 kilómetros hora pocas piezas podrían conservarse unidas, me dije y lancé lejos, como si fuera una paloma en el día de todas las inauguraciones, los restos del ratón al aire.

Claudio Bravo
En el pajar sin paja ni animales de carga volvió la muerte a sorprenderme. Se trataba de un gato agostizo. Sin duda se confirma así la voz de la experiencia que un día escuché porque aquellos gatos que nacen en Agosto siempre tendrán mala vida y mucho frío. Cogí por el cuello al felino y me imaginé el tipo de prendas creadas por el hooligang británico, de suave tacto y estampados felinos.
Éstas y aquellas no son visiones pesimistas ni imágenes que hayan dejado alguna sensación triste en mi alma. Al contrario, mis ojos, desde esta mañana, retienen la estampa de cientos de longanizas colgadas en sus varas, aireándose, reteniendo en su interior los escasos rayos de sol que surgían de entre el frío polar.

y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la muerte
Todo ha sido un simulacro de emergencias. Los candidatos para albergar el oro nuclear fueron rechazados por defecto de forma (Congosto) y estar fuera de plazo (Lomas).El alcalde de Lomas ha dicho que no reclamará el dictamen, todo lo contrario que el de Congosto.
Querer algo de verdad, con el conocimiento o el corazón, supone luchar con todas las fuerzas y morir con las botas puestas. Así en todo, empezando por el amor y terminando por el más grande y pleno de los bostezos. La precipitación parece que en este caso fue un factor de riesgo que no se supo medir. A falta de estos proyectos imaginados otra localidad, Husillos, acogerá una planta para gestionar escombros procedentes de obras y demoliciones. Castilla, proyecto de parque temático para caminantes solitarios o turistas amantes del arte medieval, también sirve para un descosido respondiendo con el dicho aquel de tírame pan y llámame perro. “Castilla en escombros” ya fue escrito en 1915 por Julio Senador “Hoy decir Castilla no es más que articular un vocablo vacío de sentido, porque ya no queda aquí ninguna Castilla de existencia real". Tal vez todo sea la continuación de una desaparición a la que sólo unos pocos abrazan en cuerpo y alma como ese vecino de Torre de los Molinos, hecho de barro y vuelto al barro del olvido en pocos días, al silencio que le va convirtiendo poco a poco en una escena fuera de todo campo.

Henri Cartier-Bresson, ’Rue Mouffetard, Paris’ (1954).
El día que murió la música
La historia de los cementerios sigue embadurnando de terror faraónico mis mejores pesadillas. Ahora se ha unido al ofrecimiento palentino de Congosto de Valdavia el de Lomas de Campos. Y cuando digo Lomas digo sus tres archipámpanos mosqueteros, alcalde y dos ediles del PP. El pueblo no opina porque apenas queda pueblo y porque ya opinó cuando dio su voto. Derrocar al pequeño tirano que ha sido abducido por una iniciativa ajena con piel de cordero supondría un acto de libertad.
En los periódicos está saliendo continuamente el número de habitantes que forman estos pueblos, candidatos para albergar cementerios o desaparecer tragados por la tierra. Los vecinos en esas páginas de papel se multiplican al menos por cinco con respecto a los que realmente lo habitan. Si paseamos por sus calles comprobaremos que no son sino almas muertas en el duro invierno. Esos que no están son los que viven bajo las lápidas del censo, unos por cariño, otros por interés. Voces representadas en Comala por ecos imaginarios. Esas sombras perfectamente enumeradas forman parte del ejército comprado por Chíchikov, el protagonista de la novela de Gogol. Almas muertas que podrían levantar sin quererlo un final sorprendente y apocalíptico para su tierra.
Mientras tanto los más viejos del lugar hacen cuentas con la piel del oso antes de matarle.

Olafur Eliasson
De la Wikipedia: El día que murió la música se refiere al día 3 de Febrero de 1959, día en que los famosísimos compositores y músicos de rock and roll. Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper murieron en un accidente de aviación durante la gira que estaban llevando a cabo. Su avión de cuatro plazas se estrelló en un campo de máiz en el estado de Iowa.
Soy un recado de mediana voluntad
He acudido a mi cita semanal. El pueblo seguía allí y sus escasos habitantes, salvo quien está ingresado por problemas de salud, también. Algunos, los que aún pueden, habían acudido a la batida convocada en el pueblo de al lado. La desaparición del vecino me sabe a versos de Gamoneda, es irremediable, a manchas de óxido y tantos silencios como distancias. Habían repartido carteles para organizar este sábado un gran despliegue con todos los que se quisieran apuntar. En total más de trescientos vecinos, amigos y familiares, distribuidos en grupos de quince y bajo el mando de un agente, han peinado la zona. Algunos jirones de un buzo azul cerca del canal han iluminado la posibilidad de una pista. Los interrogantes nadan como peces en las imaginaciones. Si la cosa viene o no de antes, si fue un accidente o si alguien ha matado a alguien tal vez nunca se sepa y el misterio se quede para siempre bajo la costra de unas sopas de ajo que no se prueban. El mundo es un mondongo. Sal, pimentón, morcillas, chorizos, torreznos y costillas. Es época de matanza. Y de otras muchas cosas, por ejemplo se puede podar la viña, sulfatar los nogales, discrepar a voz en grito o enrojecer de ira porque en el mundo corren las injusticias igual que topillos por el campo. Y la cabeza de uno es la olla donde todo da vueltas con la manteca que dejan las noches de insomnio o los problemas que nacen como las malas hierbas. Por eso hay que ponerse manos a la obra e insuflarse de ánimos nada renovados y cavar, roturar y arar para sembrar de nuevo un pequeño semillero. Hoy ha sido de puerros pero mañana será de otra cosa a pesar de que mi tía haya pagado treinta céntimos por tres cebollas. Muy pocas cosas merecen la pena si las medimos en óbolos o dracmas, pero el mundo cada vez deja menos espacio a otras opciones más humanas o espirituales, hasta el punto que, en ocasiones, las alternativas desaparecen de nuestro alrededor cubiertas por la niebla, sacrificadas ante el olvido.

Charles Thévenin
Hueles su orina silenciosa, sientes
En el pueblo no quise hablar de Eva Gabrielsson, la viuda de Stieg Larsson que brega con la familia política por diversas cuestiones, la económica incluida. Si hubiera cambiado el nombre de la esposa, que en realidad nunca estuvo casada oficialmente con el escritor, y la pelea en los despachos por otros más apropiados, léase, Cipriana y los Churros u otro linaje de renombre se están degollando o abriéndose en canal, la luz habría entrado por el entendimiento del común, tal que se estuviera disputando el lote en la casa de al lado, justamente como no podía ser de otra manera. No sólo penetraría la luz sino el puñal que todo lo abre y cierra para no dar tanto que decir.
Hoy el termómetro de mis sensaciones ha subido un grado. Soy consciente de que el caos que rodea lo que veo, pasillos, habitaciones, talleres, mostradores y escaparates ha reducido su distancia con el límite llamado Apocalipsis. Lo simple entraña un montón de interpretaciones, legajos y sensaciones que son imposibles de soportar dentro de un juicio medio sano. Es como si todos hubiésemos sido compañeros sentimentales de Stieg Larsson y ahora lucháramos sin piedad por conseguir nuestra pequeña porción de miseria, la suficiente para vivir un poco más ligeros de ropa y cascos. Mis esfuerzos para sonreír visten los años que me faltan. Se trata de una batalla de vivos, la otra cara de un ejército de calaveras que surge cuando el agricultor, tras la última concentración parcelaria, ara o nivela la tierra que siempre estuvo de barbecho.
Para intentar explicarme o desahogarme una vez más he subido a una acequia. Desde allí he jugado a ser el último profeta durante unos segundos, antes de que las noticias sellasen mi boca para el resto de la tarde. En Haiti, actual capital del caos, organizaciones y oscuros intereses están robando niños, niñas y órganos para traficar con ellos en partes o grupos dependiendo del precio, el sexo y el mercado. ¿Por qué me llegaba desde tan lejos una noticia tan deprimente? El tonto del pueblo rehuía del contacto con la gente porque le preguntan cuánto gana. No quiere decirlo y para evitar el mal trago vaga por el campo sólo, transistor en mano, escuchando crónicas y musicales, pisando restos de calaveras desechas, trigos que ya han nacido y caminos que se alejan de Roma.
A la pregunta de ¿no parece que tengas mala cara? Crestenciano respondió, sí pero no es la cara lo que me duele.

Puvis de Chavannes
El tiempo, en sombra, es insondable
Cuando mi amigo está infeliz, voy a su encuentro; cuando está feliz, espero que me encuentre
H. F. Amiel
Un día de frío como el de hoy no impide que la mente esté caliente, cerca o lejos de un café o una pipa de fumar. Podría haber añadido un cucurucho de caricias en vez de la pipa por ejemplo, o unos copos cayendo al otro lado de la ventana, con los troncos de la chimenea ardiendo, pero la musa vestida con su burka de las mil y una noches no lo ha querido así.
Al entrar en el desvío que me ha llevado al pueblo he visto a dos solitarios e intrépidos personajes desafiar a la intemperie con cierta calma y tranquilidad. Uno de ellos caminaba completamente envuelto en ropas y atropos, dejando tan sólo sus ojos lucir a modo de faros ante la ventisca. El otro, unos metros atrás, iba de igual manera, con una chinchonera sobre el verdugo y pedaleando con aparente ligereza. El primero era uno de los pocos abuelos que vive y se siente contenido en el entorno. Pertenece a él como uno de esos restos patrimoniales que siembran la provincia con siglos de identidad fugaz, llenos de niebla, bellos y evocadores a pesar del deterioro evidente. Sus arrugas marcan la condena vivida, surcos de la tierra trasladados a la frente, jardín bello, ahora ya en barbecho. El segundo era mi tío disfrazado de yihadista, zapador entre lo que el pueblo fue y es en la actualidad. Me he dado cuenta de que en su carpe diem particular, lleno de copas, puros, abrazos, salidas y entradas, siempre lleva con él la pasmosa y evidente sensación de vivir siendo una visita en un lugar de tránsito continuo. Es imposible que ese pensamiento se le vaya de la cabeza y, lejos de amargarse como un filósofo pesaroso en su rincón, se dedica a brindar cada vez más cerca del abismo donde las dos caras viven atrapadas y eternamente jóvenes, burlándose de todo.
Esas dos figuras paseando en el frío eran tan reales como imaginarias. Fantasmas muy conocidos que me siguen arropando en un crepúsculo de cristal donde ha quedado atrapado buena parte de mí, tanto ética como estéticamente.

Jan Van Eyck
“… Me gustaría hacer un film sobre los last speakers of languages…
La opinión pública se inquieta constantemente ante la desaparición o la disminución del número de ballenas o leopardos de las nieves, pero nunca escucho a nadie hablar públicamente de la desaparición de las culturas y de las lenguas humanas, y sin embargo esa desaparición acontece a un ritmo más vertiginoso que cualquier otra en la naturaleza.
Cuando rodé Donde sueñan las verdes hormigas (1984), encontré a un aborigen en un asilo de Port Augusta, al sur de Australia. Debía tener unos ochenta años. Era el último habitante de su lengua. El equipo lo apodaba “The Mute” porque no decía nada. Sencillamente, no tenía a quién hablarle; era el único y el último ser vivo en hablar su lengua. Entonaba una incesante canción para sí mismo (…) Fue a principios de los años ochenta, seguramente hoy estará ya muerto. No sabemos cuál era su lengua,. Nadie lo documentó. Y nadie podía hablar con él porque sólo él sabía hablar su lengua. La lengua no es sólo una herramienta de comunicación. Es una forma de ver el mundo, de comprenderlo y de atribuirle un sentido. Es un mundo en sí misma. Una manera de organizarse como ser humano en el interior de ese mundo. Toda esa riqueza, todas esas culturas están a punto de desaparecer. En cuanto mi proyecto, no se trataría, evidentemente, de filmar todas esas lenguas. Quizá otros cineastas vendrán a echarme una mano…”
Werner Herzog, de su entrevista con Hervé Aubron y Emmanuel Burdeau para la revista Cahiers du Cinema, Enero 2010.

El lobo está en el bosque
Un pastor de Fuentes de Nava aseguró recientemente que setenta y siete ovejas de su rebaño murieron asfixiadas y mordidas como consecuencia de un ataque de lobos. Mientras tanto el museo de Historia Natural de Londres investiga si la fotografía ganadora de su prestigoso premio es una manipulación hecha por su autor, el abulense José Luis Rodríguez. Para muchos expertos lo normal hubiese sido que el lobo atravesase la valla en vez de saltarla tal como aparece en la fotografía. El pastor de Fuentes de Nava será llevado a declarar.

Descender por el tacto a la raíz de ti
El campo está helado. Las berzas yacen peladas, coritas, al descubierto sobre la tierra fría. Las escarolas rizan el suelo mientras terminan de pudrirse. La nieve cubrió la tierra haciendo de ella una desaparición. Algunos están contentos porque la cosecha de remolacha resultó excelente. La clave y diferencia estuvo en la semilla que les recomendaron. Leo en sus ojos: la mejor lotería, el trabajo y la economía.

Miguel Calatayud
Cada distancia tiene su silencio
Santa Lucía, hoy comienzan las cabañuelas. Labriegos que ya predijeron el futuro con las de Agosto viven atentos el clima y la soledad de los caminos. En sus casas siempre hay recintos helados donde no llega el calor del enroje. Coincidiendo con estas fechas distintos expertos aconsejan medios naturales, por ejemplo cernícalos, para acabar con las plagas de topillos. A estas conclusiones llegaron hace lustros en mi casa cuando adivinaron que un gato Silvestre era el mejor depredador para un ratón. Desde entonces se abandonaron venenos y otros sistemas autorizados de lucha contra el mal.

Agustí Centelles
Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible
Un aguilucho o algo que se le parecía estaba posado sobre la señal que anuncia el nombre del pueblo. No hacía viento y los coches, a los que miraba con condescendencia, ni le inquietaban ni le estorbaban. Tampoco los tiros de los escasos cazadores que patean el campo, escopeta al hombro, como si fueran últimos bandoleros reñidos con su propia caza. Ya no hay diligencias y dentro de poco no habrá perdices ¿quién ha visto una? ¿dónde se encuentran? Aún así se pertrechan de técnicas y estrategias pareciendo en la cercanía uno de esos cromos con los que se nos presentaban a los aborígenes de tierras lejanas en la colección “Vida y color”.
Uno de ellos llevaba un pato perfectamente oculto entre los riñones, gracias al traje de camuflaje que presentaba un bolso adecuado para tal menester en esa parte trasera. Única pieza, el pato, que cayéndose en el río, tras rebuscar y darle por perdido, consiguió atrapar gracias a su perro. Un chucho que lleva diríamos un par de años en la facultad, o sea, sin diplomar ni licenciar aún, pero que acababa de hacer un buen exámen cuando ya el amo ni se lo esperaba ni imaginaba puesto que había iniciado el camino de regreso con las manos vacías. Pocas veces nos sorprende así la vida, tan de repente, nada más dejarlo todo por imposible y sin necesidad de aburrirnos con el tiempo sazonador y sanador colgado aún del calendario, que se nos alcanza la bendición, un mediano reconocimiento o el perdón por no haber cumplido como se esperaba.
Pero la conversación no radicaba en esta lección eterna que ha hecho del perro, para su pesar las más de las veces, el mejor amigo del hombre. La primera historia de amor que se contaba nos llevaba a otro desamparo y desengaño amoroso, uno más entre un millón. Ella, pérfida Dulcinea, había dejado al marido, labrador honrado y cuanto menos, trabajador. Tanto debía ser su trabajo que, no dando abasto, contrató a un moro, negro o globalizado ser que acabó enamorando a su manceba. Mientras el marido sembraba, hablaba, despotricaba o se manifestaba en Madrid contra el gobierno el criado cumplía y hacía de su vida un cuento de las mil y una noches. ¿No se oye entre los disparos de los cazadores sus suspiros? No creo, más bien entre los vasos del teleclub, en una convención organizada por los perdedores, cansados como perros, mientras las beatas comulgan en misa de doce.
La segunda historia, también de amor, tiene su causa en los galgos, corredores y de competición. Un jubilado daba así con su tiempo, entrenando y saliendo al campo, que mal no hacía. Pero su hija, una inquieta, amancebada y virginal aunque licenciosa hembra, comenzó a gustar del ocio de su padre. De esta manera conoció a un cazador que nada sabía del anterior labriego abandonado y así, pudo abandonarse a un nuevo amor. Tras numerosas carreras dejó tras de sí una vida tranquila a la luz de sus retoños, sin más traumas ni problemas que los ocasionados por el descontrol de los galgos. Ellos, en este caso, pasaron el testigo de las circunstancias y fueron, en el nombre del padre, poco a poco olvidados por unos y otros. No es de extrañar que en breve y siguiendo una bestial costumbre, aparezcan ahorcados en la rama de un árbol.

Georges de la Tour
Todo es visión, todo está libre de sentido
Ha llegado el frío y los gatos agostizos mueren en los caminos. En mi casa ya no se ordeñan vacas ni ovejas, a lo sumo sueños pero éstos no dan el calor de esos animales. Por ello, los gatos que nacieron en el verano mueren soñando establos calientes o corrales de vecinos donde los perros no afilen los colmillos con sus bigotes.

Morandi
No hay peor lujuria que pensar
Iba yo pensando en la iglesia y los artistas, dos puntos, una sola alma, título dado al artículo que abre boca en el abc de hoy. En él nos hablan de amores y desamores, encuentros y desencuentros eternos entre espíritus vehementes que responden a dos partes verdaderas, iglesia y artistas, cada cual más celosa de lo suyo. Un encuentro propiciado por el papa en la Capilla Sextina que no es sino una continuación de otro anterior promovido por Pablo VI en mayo de 1964. Una cuestión que no hace sino valorar las alturas por las que se mueve el arte y no ese sucedáneo pervertido con el que se entretienen escandalosos entrometidos, funcionarios en sus ratos libres o jóvenes que sólo aspiran a la fama de lo inmediato.
Decía que iba o venía, dejando las hojas del periódico olvidadas en alguna mesa de mármol, conciliando este invierno primaveral con una cabeza poco asentada, soñando despierto, observando cómo las hojas de los árboles aún estaban aferradas a sus ramas. Filosofías aparte dos vecinos del pueblo se entretenían haciendo astillas del árbol caído frente a su casa. Aquel lugar estaba siendo despejado oficialmente puesto que había sido el sitio elegido para instalar una báscula donde pesar cargas y cargamentos sin tener que desplazarse al pueblo cercano. Al principio pensé que bien pudiera tratarse de otra performance reivindicativa ante una agricultura en crisis que suda y lamenta su suerte con tractoradas, protestas y calentones locales. Los vecinos afilaban el pico y mientras apilaban los restos del árbol, disparaban contra las tazas de café que no tomarían siendo su precio en el teleclub el de al menos cinco veces un litro de leche. Por no hablar de los 0,06 euros del kilo de cebollas o los 0,05 del kilo de patatas. Precios y resultas que no empañaban el cielo claro o mi paseo con las manos en los bolsillos fingiendo cierta preocupación por no se sabe qué, con el alma soñando estornudar bajo la cúpula vaticana, rodeada de congéneres disolutos.
Sé que continué el paseo imbuido en mi aislamiento hasta cobijarme en el huerto una vez más. Allí me esperaban gatos, ramas y unas magníficas berzas castellanas, espléndidas bajo su canon de belleza tan básico como universal. Pronto arranqué una enorme para la semana y ensimismado estuve meditando un rato bajo el sol. Comencé a acariciar sus hojas gigantescas acogidas en mi seno, el cogollo blanco y sus cinco kilos sobre mis piernas, epicentro de un mundo en peligro de extinción.

Nan Goldin
La cabeza del perro
Estoy arrellanado en el sillón junto a la chimenea en que crepita el fuego. Tengo la copa de coñac en la mano derecha. Con la mano izquierda, caída descuidadamente, acaricio la cabeza de mi perro... hasta que descubro que no tengo perro
Arthur Conan Doyle

La hierba seguirá creciendo sobre la hierba
El matacuras mató a un cura y así quedó, haciendo bueno el dicho pero cambiando al perro por un cuervo de teja y sotana tirado en la cuneta junto a la serré. Eran otros tiempos y el hecho aquel quedó para siempre apoyado en la costumbre y la gracia del sobrenombre con el que empezó a conocer al conductor del tílburi de uno a otro confín. Ahora no ha sido un cura sino el triunvirato de una familia el que descerrajó con unas pocas setas la puerta del infierno. Pero la suerte quiso que no se adentrasen ni un milímetro más allá y por eso, el cartel con el que anunciaban el cierre del taller por cuestiones personales, sugería una pronta vuelta. Pero para muchos otros estas cuestiones indicadas en el cartelito, por todos sabidas, dejaban la duda de una posible defunción, también personal, y, de regalo, el nuevo apodo con el que caracterizarían al envenenador de la familia entera, apellidada Guerra.

Soy las semillas del pasado mañana
En el huerto he arrancado las berzas castellanas como si fueran cabezas locas que protestan porque todo está mal, la educación, justicia, sanidad y el mundo en general. He seguido con los puerros, tirando de sus porretas para sacar finos hilos blancos, muchos de ellos podridos. Esta peste se ha extendido a algunas escarolas de buen ver y mejor parecido. Las causas, han dicho los grajos, pueden derivarse del calor o de unos mantras desacertados cantados por el hortelano. Éste señor, que ahora anda cojo, ama la vida con la misma razón blanquecina que enterró sus puerros y ocultó del sol algunas de esas escarolas.

Darío Urzay



