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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2011.

contra las nubes y las golondrinas

He paseado por la ciudad y resultó que la gente también paseaba. Me resulta extraño ver que esta ciudad también tiene vida. Un tipo de vida en el que no me interesa mucho adentrarme. Porque en demasiadas ocasiones siento que esta ciudad es un lugar de escombros y los que pasean son zombis que visten y calzan sus miserias, tan lejanas y cercanas a uno. Zombis que me acompañan mientras anhelo el contacto con semejantes.

Visité a mi amigo A., ajeno al mundo pues sigue sobreviviendo en el submundo de la despedida. La oscuridad se llena de besos y el corazón del padre moribundo, palpita como una barcaza extraviada que se resiste a hundirse en medio del mar.

Ya en el pueblo mi tío despotricaba contra la fatalidad. Son pocas las ilusiones, los trabajos que se hacen con pasión y los sueños que le consiguen a uno mantener a flote. Desde hacía años tenía dos perdices. Una de ellas entraba y salía de casa. Había conseguido algo increíble, su domesticación. Desde el año pasado la buscó un macho y el corral de casa parecía un edén de cánticos y corridos. Pero el otro día aparecieron muertas y desplumadas. El asesino anda suelto y, aunque algunos señalan con el dedo en la dirección equivocada, mi tío sabe quien es el culpable, el gato de una vecina que, desde este momento, tienes los días contados. Otro tío ha dado la explicación. Se trata de una gata que ha parido cuatro gatitos. La vecina compra comida en grano pero no basta para la madre que debe ayudar a sus crías. Ella tiene que llevarles comida, del tipo que sea y no especialmente en grano. Por eso saltó el otro día el corral y, se supone que ante la imposibilidad de saltar la tapia nuevamente con las víctimas entre los dientes, tuvo que dar cuenta de los plumíferos allí mismo. Mardita sea mi suerte y otras maldiciones salían de la boca de mi tío. La esperanza e ilusión ha caído nuevamente en saco roto. Esto le ha hecho recordar otra escena pastoril. En su juventud tenía especial cariño a una cordera. Un buen día arrojó una piedra a un perro que se le acercaba para asustarla con tan mala suerte que equivocó el disparó y golpeó en el cuello de la cordera muriendo en el acto.

Las escenas se suceden y los recuerdos, aunque parecen enterrados, resucitan cuando el mismo espíritu de la desgracia aparece cuando menos se lo espera. Así los hechos, la memoria y el sentido de la vida que proviene de conocer la suerte que nos espera.

 

Baudouin Mouanda

05/06/2011 21:51 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

la sombra es deslumbrante

Sigo con el libro debajo del brazo pero a la sombra. En el pueblo escucho a gallinas, gatos, perros y ovejas tanto como a personas. Ya no me hago preguntas sobre la inteligencia de unos y otros pues ya sé lo que entra y sale por sus cabezas. Los instintos animales en el hombre se visten de materia. Una de las primas aseguraba y perseveraba en que ella quiere progresar, comprar y tener. Esta evidencia la acompañaba con un rostro y unas expresiones de ese animal que conoce la claridad del camino en la lucha por la vida. Y todo aquel que niegue que en vez de cinco quiere diez es un hipócrita, continuaba, porque con cinco millones no se amuebla un comedor y etc. Sé que en ella no caben las metáforas ni otros sueños que los concebidos en un documental de National Geographic. Sé que mi opinión sólo serviría para que descubriesen en mí a un ser puede que tonto o a lo sumo tenebroso. Tenebroso porque colocaría mil y un ejemplos desmoralizadores, ridículos o espeluznantes. Así lo entenderían. El tiempo pasa y en aquel rincón nada ha cambiado. El progreso o progresar sigue siendo lo mismo que siempre ha sido para los más fuertes. En ellos no cabe otro mundo ni otro tiempo. En ellos el otro sigue siendo el enemigo. Su viaje hacia el otro sirve siempre para volver a sí mismo con la reflexión de la que ya se partía, porque además, nunca puede ser de otra manera.

 

baudouin mouanda

05/06/2011 21:55 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

al azote del viento

Dos días sin escribir una sóla línea. Algo raro. El conocimiento depende de la clase de experiencias que tenemos gracias a un cuerpo dotado de capacidades sensoriomotrices involucradas en un contexto biológico, psicológico y cultural (Francisco Varela). Mi conocimiento, además, depende de la escritura. La realidad se comprende al compararla con otras realidades, experiencias, percepciones y juicios. Mi realidad consta de lectura y escritura.

No he escrito pero he asistido al entierro. Por fin el padre de mi amigo abandonó el barco. Un barco parecido al que nos muestra Godard en su última película “Film Socialism”. Si un día construyo una biblioteca en el pueblo parecerá una fortaleza aislada entre la barbarie. Alguno podrá ver en ella un barco en mitad del mar. La muerte, de igual manera, va cercando la fortaleza de cada uno de nosotros, el barco fantasma al que nos vamos pareciendo. Conocer, saber, es interpretar, comparar, decidir, recordar, olvidar. No se trata de traducir ni procesar información. El contenido del saber no es la información sino el significado. Leo a Maturana y Varela. No sólo tengo conocimiento del sitío al que me somete la muerte. Sus andanadas y sacudidas llegan a mi fortaleza en forma de sensaciones. El hipotálamo y el sistema límbico están relacionados con las emociones. Todo fluye, nada permanece. Los amigos del amigo llenaron el banco de la misa. El cura dijo algo de un montañero al que en la ascensión le sobraba lastre. La madre de mi amigo, enferma y débil, de luto riguroso, fue resguardada de los besos y pésames por los hijos. Se supone que la multitud molesta además de acompañar. No sé cual será mi papel llegado el caso y si esa supuesta multitud me agobiará hasta asfixiarme. Creo que será así. Dependiendo de la situación y llegado el caso me imagino en otro lugar dejando al público su protagonismo. Esta huida sera bastante improbable, físicamente al menos. Conozco a gente que determinados saludos o miradas en el momento de la misa y del entierro les ha reconfortado. Ver a algún amigo o familiar cercano entre el grupo sin rostro les hizo sentir menos sólos. Estoy acostumbrado a ver entierros en el cine con muy pocos allegados despidiendo al difunto. Llueve, hace viento y tras las palabras del párroco alguien arroja una rosa roja al agujero. Los amigos no arrojamos sino miradas relajadas en la misa (Todos menos uno que no fui yo). Sobrevivir consiste en esto. En asumir el ritmo que marcan los hechos desde la fortaleza individual. Pensar es actuar dentro de una cadena de pensamientos y actos. Pensar, clasificar, decidir, planear y recordar son acciones. (Del libro “Evolución, cultura y complejidad. La humanidad que se hace a sí misma”, de Eugenia Ramírez Goicoechea)

 

Baudouin Mouanda

05/06/2011 21:58 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

el espacio inundado

Según Ian Tatersall las transformaciones encefálicas son anteriores a esa productividad humana de la que se deduce la evolución cognitiva. Según los teóricos sociales es al revés. La capacidad cognitiva evoucionó para manejar una cada vez más complicada vida social. Con esto cubrimos todas las posibilidades y suponemos evitar el error de equivocarnos.

En la vida de cada cual no se admiten todas las posibilidades. O se inicia el camino del sur o el del norte. Es imposible hacer los dos caminos, al menos simultáneamente. Se puede deambular por los dos camimos pero el momento y lugar nunca será el mismo. La heterocronía explica los distintos momentos de procesos que interactúan juntos pero en distintos momentos y a distintos ritmos, pudiendo producirse resultados muy desiguales (Teoría de la complejidad, criticalidad y el caos. Del libro de Eugenia Ramírez). No hay una sola y única causa medioambiental que pueda explicar los resultados ya que no están en función de la adaptación a esos cambios sino de la actividad reactiva del sistema a sí mismo en dichas condiciones. Sigo leyendo y explicándolo todo.

Hace frío. Los paseos son desapacibles. El huerto parece ajeno al tiempo fresco. Los guisantes y las lechugas viven en su esplendor, verde que te quiero verde. Las patatas da gusto verlas, las cebollas, los tomates, el semillero de berzas, los pimientos, las plantas de calabacín y de pepinos se desarrollan ajenos a noticias radiactivas.

Si el otro día una prima exclamaba en el café al caer la tarde que ella quería prosperar y tener más, un piso más grande, un coche o… prosperar, hoy me entero de que un primo ha comprado un piso. Me entero a escondidas. No sé realmente quien lo sabe y quien no en la familia. Hace frío y miro el huerto al caer la noche. Todos son pardos, los gatos y los guisantes. Esta tarde he leído que el cerebro humano pesa al nacer el 25% de lo que lo hará cuando termine su crecimiento. El del chimpancé el 45%. Ese peso que nos falta es adquirido en el exterior, socializándonos, entre la familia y el grupo.

 

Hector Mediavilla

05/06/2011 22:02 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

el fulgor acosado

“Se ha comprobado que en humanos las áreas involucradas en la observación de una acción son las mismas que cuando la persona investigada la ejecuta”.

Madre habla de matar un gato porque se tumba sobre las plantas de pepinos y el semillero de berzas. Es un gatazo enorme que salta y vuela por los tejados. Si ella tuviera una escopeta ejecutaría su pensamiento. Tal vez si lo viese en directo se activarían las mismas áreas del cerebro que las suyas en el momento del disparo. Es difícil que mi alma se expanda ligera y cómoda entre estos pensamientos. Es complicado como lo es dejarla libre en una mesa con amigos porque nadie escucharía. Parpadearían, bostezarían y pensarían en gatos corriendo por los tejados mientras madre, cambiando de parecer, llena una bolsa de guisantes pelados. Oigo una conversación pegada a la tapia del corral... Lo normal es que si un pastor pasa la tierra te ofrezca un lechazo. Hubo una vez un pastor que recorría todas las tierras posibles para que el resto de pastores viesen cómo no tenían nada que hacer allá y de esta manera optasen por cambiar la ruta hacia otros terrenos aún sin comer. Luego, tranquilamente, se dejaba estar sin que nadie le molestase. “Parece que hay una habilidad para conectar un hecho observado, traducirlo a un mapa neurológico y conectarlo con una respuesta motora”.

No muy lejos de donde está madre, su hermano ha plantado los puerros. “Se ha comprobado que en humanos las áreas involucradas en la observación de una acción son las mismas que cuando la persona investigada la ejecuta”.

 

Hector Mediavilla

05/06/2011 22:05 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

ni me saques las mantecas

Son fiestas en este rincón del mundo. Varias son las familias que por su extensión y compromiso, hacen posible el jolgorio. El año pasado una estuvo de luto y en esta ocasión toca a la otra. Fueron muertes frustrantes por lo inesperado y la juventud de los finados, sangre joven para los dioses.  Las familias se turnan en el luto y en la alegría pero uno siempre piensa que algún día llegará el final y que sólo los cardos y las piedras acudirán a la pancetaza y chorizada que nadie organizará. No es mi mundo pero es mi mundo. Estoy aquí pero no estoy. Voy por ir. Cuando padres se marchen, si un día falto a la fiesta nadie preguntará por mí.  Mi luto es mío. El jolgorio, las familias extensas y los abrazos, de ellos.

 

Hector Mediavilla

05/06/2011 22:08 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

a la orilla de un mundo coagulado

Vivo encerrado en una celda poco monástica. Después de la misa he salido como un caracol al sol. Había gente pasando el tiempo, charlando en el nuevo encuentro. ¿Qué soy para ellos? Soy el hijo de… He tenido la sensación de alejarme de padres en su ambiente, proyectarme como una sombra ajena. De ser algo o alguien que, además, era el hijo de… Pero no, fue una falsa ilusión. Vivo en una celda poco monástica y para ellos soy el hijo de… e intentaba unir todos los fragmentos con los que nací… (Copio de la introdución de P.N. Furbank a “Maurice”, de E.M. Forster).

Tambien he comprado “Vox”, de Nicholson Baker, “La mujer zurda”, de Peter Handke y “El veneno de la fatiga”, de Juan Herrezuelo.

El mundo es mi celda. Me faltan las fuerzas, me releo el título de la primera novela de Juan Herrezuelo. Tal vez nunca lea más de este escritor palentino afincado en Almería. Tal vez, tal vez el lechazo de la comida aún no ha sido digerido del todo.

 

Hector Mediavilla

05/06/2011 22:11 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

trivial y desganado

Sigo a lo mío mientras el mundo está al otro lado. Leo: El ser humano no existe aislado de la propia experiencia vivida de su actividad, estando ésta significada social y colectivamente por el conjunto. La experiencia no se agota en la acción propia, sino que incorpora la de los demás. Sólo una parte de la información a elaborar proviene del exterior del cuerpo. Al otro lado hay partido de tenis, crisis, hambre, explosicones nucleares, premios, muertes, traiciones… y pienso. Pensar una relación entre un organismo y su entorno. Las cosas no se ajustan a la experiencia sino que son vividas a través de la experiencia. Saber es el entrelazado entre conocimiento, memoria, emoción, acción y experiencia en relación a un entorno ecosocial y cultural. Conocer, saber, es interpretar, comparar, decidir, recordar, olvidar. Creo que mi fatiga no tiene sentido. Intento comprender los puzzles que sólo la experiencia pone a nuestra alcance. Dentro de mi experiencia cuenta la imaginación, los sueños e ideas que nunca saco a pasear. Los estímulos sólo son percibidos por el sujeto cuando tienen para él algún significado. El conocimiento también sirve para eso, para adquirir significados que darán en estímulos sólo por mí y los míos percibidos. Escucho el Home is where the hatred is, de Esther Philips: "Hogar es donde vivo dentro de mis sueños de polvo blanco/Hogar fue alguna vez un vacío que llené con mis gritos silenciosos/Hogar es donde la aguja marca/ trata de sanar mi corazón roto…

 

Francesco Giusti

05/06/2011 22:16 prision Enlace permanente. Pueblo No hay comentarios. Comentar.

el mundo es todo cauce

Quedan dos días para el exámen y he ido al cine. Tengo que colocar algunos temas y he optado por lo de siempre, el cine. “La cinta blanca”, de Haneke. Esto lo justifica todo. Prefiero no pensar en que este exámen podría ser el último. Antes visité a mi amigo A. Vive el luto en el hogar de siempre. Falta alguien. Lo malo de estas situaciones es que pronto a uno le tocarán vivirlas y dará comienzo ese mundo de sombras con el que sé que un día me tocará vivir entre extraños. Mi mundo, el mundo de cada cual, nace y comienza su fin desde el mismo momento en que nacemos. Pienso en el pueblo, en familiares con los que he compartido horas y minutos. No sé qué se esconde bajo su piel. Esa piel que un día dará de comer a los gusanos.

 

luz celeste vuela sin trasponer umbrales

Escucho la radio. Hablan de los mejores discos de músicos ciegos.  Los sistemas vivos se caracterizan por su ecoorganización constructiva y no por su ajuste al entorno. El organismo no es un ser pasivo sino que construye activamente su entorno. El acoplamiento estructural del organismo con su entorno busca viabilidad, no adaptación óptima. ¿Eso es también para mí?

Me hablan de un gran libro,”Disturbios”, de J. G. Farrell, recientemente reeditado por Acantilado. Estoy completamente descolgado en lo referente a lecturas y desventuras que me abran al mundo. Por otro lado alguien dijo un día que mi cabeza, mentalmente hablando, está jibarizándose a pasos increíbles. Varios estudios sobre la actividad visual y la actividad motriz neonatal han mostrado una estrecha relación neurológica y sensoriocorporal. Pero el cerebro humano  está siempre en desarrollo, siempre crea nuevas conexiones y patrones neuronales. El dinamismo cerebral  y la plasticidad relativa no son signos de inmadurez neuronal permanente. Su maduración es esculpida desde la relación con un entorno sociocultural. ¿Cuál es mi entorno micro y macro? ¿Mi cerebro es cada vez más mío? ¿Cuál es mi canción favorita de un cantante ciego?

 

J. G. Farrell

que llena un cielo

Me hablan de parar la vida. La cosa consiste en conocer personas. Se trata de imponerse un número mínimo de personas nuevas para conocer al año. De entre ellas hay que buscar el diamante. Es la manera de que el otro se acerque a ti, a ese tú que los demás, los de siempre no ven porque no pueden o no quieren.

Me concentro en la epigenética y en el programa EVO-DEVO, biología evolutiva del desarrollo. Me concentro en el paisaje epigenético, la canalización y las teorías de sistemas. Estoy de exámen. He sustuituido el conocimiento o acercamiento de personas por el de ideas. Sé que no es lo mismo ni se trata de cosas incompatibles. Paso a paso. Esta noche será larga.

 

el espacio viudo

Es hora de pasar página. Creo que he finalizado con este ritmo. El paisaje epigenético me conducirá por valles y colinas hasta el destino. Soy una canica en el borde de la cordillera. Las lecturas me conducirán a buen puerto. Hoy he comprado la prosa y poesía completa de Gil de Biedma para celebrarlo. Los vinos completaron la jornada. El tiempo favorecía la pausa y la demora. Es momento de iniciar un nuevo camino.

 

Genbaku bungaku:  “literatura de la bomba”, subgénero literario japonés que recoge testimonios, más o menos novelados, de supervivientes de la catástrofe causada por el lanzamiento de la bomba H sobre la ciudad de Hiroshima.

 

Tamiki Hara

la cara de la hiena es fea pero todos la miran

He estado fuera durante unos días. En un lugar donde no había conexión. No la había para mí porque mi mundo no la precisa con la misma inmediatez. Sucedían las escenas, veía películas y mi cuerpo se paseaba entre surferos y vientos de levante y de poniente. Son vientos que a uno le pueden volver más loco de lo que está o decir como la máxima sensatez, que quien suscribe se ha ido a tomar viento. He visto cine y directores engatusadores, musinas, embaucadores y cobras que miraban fijamente a su pareja mientras ésta seguía el guión. Me quedan dos películas pendientes, “Sacrificio”, de Moussa Sene Absa y “Venus negra”, de Abdellatif Kechiche. Me gusta pensar que un día viajaré como viaja un escritor, sin prisa, escuchando y robando las conversaciones ajenas. Queriendo pasar desapercibido y buscando allá donde sólo existe el peligro de vivir de nuevo. Me gusta pensar que una señora ha marchado desde Huesca a Tarifa con un libro bajo el brazo, sin prisa y sin ánimo de compañía. Sin tener que resolver cuestiones pragmáticas, sin desear mal a nadie. Pongamos que el libro pudiera ser “La máscara de África”, de Naipaul.

 

 

Mack Magagane

desolación de la quimera

No he dicho nada pero todo el mundo ya sabe que Semprún ha muerto. Los medios recogieron la noticia. ¿Qué quedará de él en la historia de la literatura? Y qué más da. Qué más dá esa trascendencia que siempre buscan los que se visten de ego y pasean por los sueños como si fueran fantasmas venidos del más allá. Tal vez ahora el tiempo sea otro para leer las hojas de los periódicos que me interesan, esas que hablan de hecatombes literarias, aniversarios voluptuosos o tonterías varias. Poca cosa en cualquier caso y muy aburridas. Debo volcarme en la literatura. Debo escribir y leer sólo mis noticias, aquellas que nunca publico. Esas líneas que voy haciendo con mi vida o esa vida que voy haciendo entre líneas. En Fortunata y Jacienta está eso de “Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela”.

El paciente que vive dentro permanece estable dentro de… de… No he dicho nada pero todo el mundo ya sabe que Semprún… también murió el pasado día 15 de Junio, Roberto González, cantante de Tabletom.

 

Vivimos y concebimos la vida en una cama; pero morir, se muere siempre en un lecho

He compado una colección de libros a un amigo. Cien libros cien de pensamiento universal, según ponía en el catálogo y encabezaba cada libro. El amigo leyó una buena parte de ellos, aunque parezca increíble, a la edad de veintitantos. Leía y leía, compraba y compraba pues su madre velaba por ello con ideas y sueños. Un hijo leyendo. Según me les iba acercando a la mano me contaba la historia de cada uno. Con este me dije, no volveré a aburrirme en la vida. Y así fui, desde entonces, desde aquel libro de Erich From, no me he vuelto a aburrir. Éste le leí pegado al radiador del comedor de mis padres. Este otro, de Marcuse, me inició en lo que soy. Este de Unamuno y este de Ortega, fueron interpretados a mi manera, pajísticamente. Y así hasta cien. Leo en “Apenas sensitivo”, de Trapiello, lo siguiente:

“DEMASIADOS libros para un solo hombre”, le dijeron los milicianos que entraron a registrar la casa de López-Picó durante la guerra. Se esquivocaban; nunca son demasiados los libros de un hombre solo.

 

Página 154. Editorial Pre-textos.

 

Eso y más. Una prima, la misma del otro día, recita durante el café: nadie hace nada por nada. Siempre existe un interés. Me hierve la sangre y le digo que ella tiene un hijo de casi dos años. Porque me interesa, porque me da algo, responde. Pues prostitúyele exclamo, saca más y no seas tan mediocre. Y entonces me muerdo la lengua. Y entonces me doy cuenta de que no vale la pena hablar. Que el silencio es el único que me tranquiliza.

 

Para asegurar mi ardua existencia no ingresaré muchas letras de cambio en el Banco del futuro

Uno sabe que no es poeta y por eso mismo escribe versos. Para exorcizar el puchero con forma de cabeza que descansa sobre los hombros mientras las certezas huyeron a lomos de insectos nuevos para mí. Se trataba de una migración de bichos.

El dolor no huele y el alcohol no sabe sino a patada de vigilante a la puerta del bar. Pero he comprado un regalo para un amigo. Algo tonto para ahogar las penas, un álbum de cromos. Nada que ver con las cosas del fallecido José María del Arco. José María coleccionaba orinales. Tenía más de 1.300. Y no me imagino a la mujer que le ha podido acompañar en ese trayecto tan particular o tener que planear las vacaciones en función de los orinales que se podían encontrar por el mundo. Pero ahora, mientras escribo, me da por pensarlo al revés. Me paro y vuelvo a plantearme la cuestión. Aunque seguramente la vuelta al mundo alrededor de un orinal sólo podría ser cuenta suya y de nadie más. Los azares le sitúan a uno coleccionando momentos, libros u orinales. Y qué bonito sería para un coleccionista de orinales encontrar a alguien que coleccionara orinales. Un amor a primera vista no puede ser de otra manera.

Soy un soldado harapiento que prescinde de cualquier munición que no sean los versos de costumbre o alguno nuevo, pisado, sin rima. Es domingo. Tengo las labores por hacer y la vida medio hecha. Vuelvo de un viaje antropológico hecho un Ulises cualquiera. No tengo un perro que me lama las heridas para cuando llegue a tierra pero sí una Ítaca imaginaria en esta cabeza de orinal. Tan bella como triste.

 

y melancólicamente salí al balcón

Hace mucho que no hablo de mí. No tiene sentido.

Escribo poemas y les lanzo al aire. Luego me pego un tiro de gracia y sonrío.

He vuelto a pasear por los mismos lugares de siempre, como hacía tiempo. Pero el tiempo es otro y mis paseos me expulsan del lugar porque ya estuve allí y ahora, mi tiempo por aquellos lugares, repito, ya pasó. Esa es la sensación.

Recuerdo que hace ya mucho tiempo hice lo mismo. Entonces volví no sobre un camino sino sobre una cancha de baloncesto para tirar unos tiros, sólo, driblando como siempre, sólo, pero con unos años más. Y tuve la misma sensación. La de un tiempo pasado y una sombra que busca a su dueño en el lugar equivocado.

 

Iban Barrenetxea

crece la sangre

Hoy dentista. Para el dolor un pinchazo de anestesia. Y a tapar el agujero. Hacía más de dos años que no le hacía una visita. ¿Qué ha pasado desde entonces? Él fue el único que apreció un agujero. Cada profesional a lo suyo. Al oftalmólogo sólo le interesó el precio del empaste. Lo demás, ya sabes, el cristalino tampoco es lo que era.

 

Las ciudades en las que se oyen mucho las campanas de la catedral acaban volviendo tarumba a la gente...

Padre alcanzó los 15 por hora y un peatón tuvo que pararle en seco a falta de frenos. Rápidamente se puso en contacto con su mecánico particular. Se supone que la avería tiene arreglo, con más o menos líquido de frenos o con otro pedal de freno.

Los amigos no sé donde están. Cada uno hace su vida y cada uno baja o sube, con o sin freno. Cada cual debe ser mecánico de sus propias averias. Sigo con Trapiello. Hoy me ha desmontado a Gamoneda.

 

“QUIEN hablando de libros viejos quiere dárselas de entendido y saca a colación el olor y mete sus narices entre las páginas como un fetichista de ropa interior, malo. Lo probable es que en su vida diaria los libros viejos ni los huela”.

 

         “Apenas sensitivo”, Andrés Trapiello

 

El pastor luterano Kevin Fast, de Cobourg, bate records de forzudos

batir de alas

Sigo con el dentista. Tiene el disco rallado y me sigue mostrando los troquelados de muelas y dientes dañados. Así, me señala una y otra vez, así es tu caries. El martes continuaremos.

Mis visitas, bajo la anestesia, han hecho que esta tarde de San Juán pasara sin pena ni gloria. Hice una visita a J. Está bien parece. Luego a A. dentro de su propia bucle, como todos. Dentro de nuestra descomposición del lugar.

 

“… París parecía la ciudad alegre y confiada, la ciudad del amor, acaso porque sea Francia el lugar de la tierra en el que más vueltas se da a ese asunto. Se hubiese creído que impartieran en los liceos una asignatura sobre el Amor. Aunque las ciudades grandes no favorecen los enamoramientos. A las ciudades grandes es mejor llegar enamorado…”

 

         “Apenas sensitivo” A. Trapiello

 

Hasta el 18 de Septiembre, en el Museo de la Ciencia de Valladolid se puede ver la exposición ‘La magia tiene mucha ciencia’, compuesta por objetos de la colección de Carlos Serrate y Ana Mayoral.

23/06/2011 21:52 prision Enlace permanente. Amigos No hay comentarios. Comentar.

y dices que envejezco

El otro día dieron de alta a J. y como agradecimiento a mis simpatías, me regaló unas novelillas de aventuras que en su día repartió el colegio antes de cerrarse. Las novelillas son de 1957 más o menos y sus títulos son gloriosos, “Sidya o le dechado de amor filiar”, “Los hermanos Yang y los bóxers”, “Los pequeños estancieros”… El de Sidya es un título que me parece sublime por lo anacrónico y las resonancias que producen al leerlo en voz alta. Todas las portadas están en color y su interior merecen un poco más de toqueteo que aquellas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía o de guerra que todavía se encuentran fácilmente en algunos puestos del rastro o incluso quioscos. Está bien que alguien se acuerde de alguien a la hora de deshacerse de objetos sin otro valor que el sentimental. Está bien que alguien sepa de su amor por esos objetos y que, por tanto, se les entregue en mano sin ninguna remuneración porque entonces, quedaría todo muy sucio.

Hace mucho que este blog no tiene sentido. Ni hablo de mi ni hablo prácticamente de nada de lo que me rodea. Está el blog como estoy yo, medio perdido y dando vueltas a las cosas para al final, ver cómo han crecido las cebollas de mi tío o los tomates de padre. Pero el huerto también hay que cuidarle y regarle y quererle como a uno mismo en ocasiones no se quiere.

Escribe Trapiello en su “Apenas sensitivo” que acabo de terminar, la anécdota que un amigo fotógrafo le contó, entre “un deje de fatalidad y humor”. Al estudio del fotógrafo llegó una modelo para hacerse unos retratos. La modelo, nos cuenta, le llegó a pedir unos hielos cuando sus pezones comenzaron a flojear por la dura jornada, al terminar le pagó y así quedó la cosa hasta que unos meses más tarde comenzó a revelar las fotos:

“…se encontró con una que le dejó asombrado, perplejo. Frente a él, la modelo, de pie, desnuda, apoyada en el quicio de la puerta como una diosa, sin arredrarse, con un brazo por encima de la cabeza y el otro a lo largo de un cuerpo que parecía estar ofreciéndose tal cual era, lo miraba fijamente, los labios entreabiertos y húmedos, la mirada llena de deseo, parecía estar esperándole. La mirada le decía que se acostara con ella, pero él, fotógrafo, no lo vio sino cuando positivó esa foto. Trató de recordar cómo había sido hecha aquella instantánea especial que se parecía muy poco a todas las demás. Recordó que, en efecto, la joven se había quedado junto a la puerta. El fotógrafo la seguía de cerca haciéndole fotos por la casa, mientras ella caminaba, o se sentaba, o se quedaba de pie, y buscando un nuevo ángulo para aquella toma concreta el fotógrafo precisó cruzar la puerta. En ese momento, ella le cerró el paso. Ese es el momento que captó la instantánea. Y recordó que le había pedido incluso excusas por haberla rozado, al pasar a su lado. La modelo se apartó, y siguió la sesión. Sólo unos meses después advirtió el fotógrafo que en aquel momento la muchacha estaba esperando que la tomara en sus brazos, que la besara, que se rindiera a su belleza, a su juventud, a su deseo. Cuando lo advirtió, ya era tarde, ya había sucedido todo.

Mi amigo recordaba aquel día con un deje de fatalidad y de humor, como si por ser fotógrafo, por estar presente como fotógrafo en el instante decisivo, llegara como ser humano mucho tiempo después, cuando todo habái sucedido de modo irrmediable. Como si el sujeto de Cartier-Bresson, ese que siempre está en el lugar adecuado y en el momento decisivo, fuese incompatible con el fláneur de Benjamin, que llega tarde o se va demasiado pronto del lugar de los hechos. Fue el precio del arte, dejar de vivir para sacrificarse, como un zarramplín que no sabe nunca estar a la altura de las circunstancias…”

 

Y en eso pienso ahora, en el precio del arte y ese dejar de vivir que podría ser lo que me espera (perdón por la grandiosidad de la frase) para… perderme definitivamente en el fondo de vaya usted a saber qué pozo. Me gusta pensar en que voy a hacer un máster de misantropía.

 

Hannsjörg Voth

fugaz como un reflejo

Llama M. está de visita camino a Asturias. Nos ponemos al día. Yo la ofrezco el mundo a través de un embudo y ella a través de un telescopio anárquico y lejano. En realidad cada uno tiene bastante con ponerse al día de sí mismo. En la vida se trata de eso, actualizarse no con respecto al mundo, sino a uno mismo, al proyecto que se desea de uno mismo y, esto, no tiene por qué seguir el mismo ritmo que ofrece el mundo. Por ejemplo, Sor María Leticia de Cristo Crucificado, nacida en 1977, es maestra de novicias en el convento dominico de Lerma. Antes de eso fue campeona de esgrima de España en tres ocasiones. El periodista Jesús García ha escrito un libro al respecto ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? El título nos trae a la mente la canción de los Burning y la película de Fernando Colomo. Es conveniente, cambiando el sexo si fuera menester, aplicarse el título a cada uno. ¿Qué hace un chico como yo en un sitio como éste? La filosofía me ha de servir como andamio para algo práctico ¿tomar los hábitos? Por ejemplo.

Ayer madre se enteró de la muerte de Peter Falk, “Colombo”, el de la gabardina, y así lo transmitió a padre. La información no le distrajo de su quehacer en el huerto. Colombo era un filósofo práctico, como mi padre.

 

El destino está en la esfinge de una moneda

He visto al marido de una conocida, alguien del barrio al que, más o menos, perdía la pista en la juventud. Sabía que estaba casado con esta conocida, tenía dos niños y eran felices, comían perdices, segunda vivienda, pelas y tal. Hoy me le señalaron con el dedo. Ese es, añadieron. Nada que ver con nuestro último encuentro, echando barriguilla incluso. Ahora su rostro era la muerte, alguien completamente desconocido, imposible de reconocer por la calle, esquelético y mortal de necesidad. En lo que va de año he tenido dos visiones, contando esta, similares, la del padre de un amigo y él. No sé cuánto tiempo tardaré en volver a mirarme en el espejo.

También he visto a un viejo camarada del colegio. Me ha recordado mis pasos atinados por la vida. Cuando él inició su carrera de historia uno divagó con estudios fáciles y tontos que le acabaron llevando, me recordó, a donde estoy, vía INEM. Su camino profesional es una incertidumbre constante, con saltos y vacíos y no tiene nada a qué agarrarse. Eso sí, su mujer labora y las dos niñas sonríen. Pero eso es otra historia. Puede que tenga razón y un azar melancólico me haya llevado a donde sigo estando, mal que me pese en tantas ocasiones.

 

“Varias veces me hablaron del hombre que en una casa del barrio de Flores esconde la réplica de una ciudad en la que trabaja desde hace años. La ha construido con materiales mínimos y en una escala tan reducida que podemos verla de una sola vez, próxima y múltiple y como distante en la suave claridad del alba…

No es un mapa, ni una maqueta, es una máquina sinóptica; toda la ciudad está ahí, concentrada en sí misma, reducida a su esencia…

El hombre dice llamarse Russell y es fotógrafo, o se gana la vida como fotógrafo…

Russell cree que la ciudad real depende su réplica y por eso está loco. Mejor dicho, por eso no es un simple fotógrafo. Ha alterado las relaciones de representación, de modo que la ciudad real es la que esconde en su casa y la otra es sólo un espejismo o un recuerdo…

El hombre ha imaginado una ciudad perdida en la memoria y la ha repetido tal como la recuerda. Lo real no es el objeto de la representación sino el espacio donde un mundo fantástico tiene lugar.

La construcción sólo puede ser visitada por un espectador por vez. Esa actitud incomprensible para todos es, sin embargo, clara para mí: el fotógrafo reproduce, en la contemplación de la ciudad, el acto de leer. El que la contempla es un lector y por lo tanto debe estar solo. Esa aspiración a la intimidad y al aislamiento explica el secreto que ha rodeado su proyecto hasta hoy…

La lectura, decía Ezra Pound, es un arte de la réplica. A veces los lectores viven en un mundo paralelo y a veces imaginan que ese mundo entra en la realidad…

 

         “El último lector” Ricardo Piglia

 

Antonio López

el fluir de los versos constantes

Debería contabilizar las semanas en las que no recibo alguna mala noticia. Aquellas en las que alguien no me dice alguien que sufre, enferma o padece una enfermedad física. Me limitaré a lo físico pues de lo contrario la cuestión podría ser eterna. Esto lo digo porque hoy un conocido me ha contado que su madre tiene un tumor. Y me doy cuenta de que mi vida transcurre entre noticias de este calibre con más asiduidad de lo que la sana razón debería permitir. La enfermedad vive continua y constantemente a mi alrededor. Es imposible desprenderme de ella por estas razones. Las palabras se repiten, los ánimos, esperanzas y nerviosismos. Somos autómatas que se miran el ombligo a cada momento y que se desviven como pueden o saben.

Hoy he recurrido al título de un libro de Ciorán para buscar un verso, “En las cimas de la desesperación”. Qué tiempos aquellos en los que compraba como podía y leía a salto de mata este tipo de escritura amarga, fatal y bella.

Ayer me hablaron de la última subasta de armas que se ha celebrado hace poco. Había escopetas por seis euros. Podría juntar todo lo que he puesto en este post. La enfermedad, el título del libro y la escopeta por seis euros.

En realidad estas y otras mil cosas han llegado a mí de diferentes maneras y por distintas causas. Luego, mi cabeza las ha seleccionado y archivado en el mismo cajón a la hora de escribir. Curioso.

 

José Maria Moro

Somos destinados al olvido

Las calles huelen a saxofón. Dos caballeros fotocopian las partituras y las monedas caen por su propio peso. Una a la alcantarilla.

Sigo con el dentista, diente a diente me voy dejando los cuartos. Lo que parecía un solo agujero se ha multiplicado por cinco. Las revisiones anuales nunca son anuales. Mi dentadura es una alcantarilla.

Sigo con la poesía. Sigo a cuatro patas maúllo. Guillermo de Miguel Amieva escribe su periplo cerrateño. No me gusta cómo escribe pero leo y anoto, mesón Los Torreros, en Cevico Navero, parada y fonda.

 

Demasiadas cosas

                   Para Christian

 

El asceta es consciente de demasiadas cosas.

Un exceso de amor lo amarra al mundo.

Cada casualidad se convierte en un vínculo.

Siente cada palabra, cada letra.

Se puede enamorar de una definición

encontrada al azar en cualquier diccionario.

A veces tiene miedo de que su corazón alcance el tamaño

                                                                  (del cosmos.

Por eso con paciencia va deshaciendo nudos.

Corta ataduras. Se le va la vida

en desentenderse.

 

          “Eros es mas” Juan Antonio González-Iglesias

 

Gabriel Pacheco

tentando las palabras

Se acerca el final de la semana y mi cuerpo, vuelve a estar plof como lo estuvo al final de la mañana. Leo a dos carrillos. Mi avaricia no tiene límites, “El desierto de los Tártaros”, de Buzzati y “El lecho de Procusto”, de Camil Petrescu. Pero no son las únicas piezas.

De entre todas las cosas que buyen y fluyen alrededor de mi cabeza podría elegir cualquiera pero no lo voy a hacer. De repente he recordado el viaje que me mostró una compañera. La semana que viene se marcha a Nueva York hasta casi un mes. El viaje hace tiempo que lo inició con los planes y proyectos. El mapa lo tiene muy claro, alquilarán un coche y visitarán a los Amish, les darán la brasa puesto que parece típico y así hasta cerrar un rectángulo geográfico lleno de estímulos y enigmas. Sentir, viajar y conocer. Tal vez habría que decir más bien engullir, pues como suele suceder, son demasiadas cosas para tan poco tiempo. Demasiadas cosas para una sóla vida me aplico y pienso en verso. Sé que otros ven capítulos de Poirot y seguramente habrá quienes hagan lo propio con las películas del oeste.

Copio del blog de Jorge Ordat:

 

"En estas tieras un hombre es una de estas tres cosas: rápido, duro o cadáver."

(George Montgomery en Masterson de Kansas, de William Castle, 1954. Guión de Douglas Heyes)

 



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