Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2011.
Todo hombre sin mujer es un Crusoe
Una temperatura primaveral tras los largos días de invierno hace que, en muchos casos, el ánimo se camufle del color de lo cielos. Incluso puede ocurrir que hasta el más misántropo de los seres decida estrenar una camiseta que pudiera resultar a la moda porque ya sabe, todo lo que un día así fue vuelve a estarlo de alguna manera. Así, un color determinado, los cuadros de la camisa, las mil rayas (Stewart and Cohen nos recuerdan que los gatos no pueden ver líneas horizontales si no han sido expuestos a ellas tempranamente) del pantalón o cualquier dibujo absurdo de igual manera que un día se fueron sin despedirse, pueden volver y saludar como si nunca se hubieran alejado del cuerpo de uno. De repente el antiguo es moderno y viceversa. Pero no debemos engañarnos, la tristeza, el malestar y la pereza andan al acecho, a cuatro patas, susurrando al oído sentencias más o menos filósoficas o científicas y oliendo a fractura de cadera. Eh, eh, las mentes sin emociones no son realmente mentes (Adophs et al., 2004). Me gustaría ser un gran filósofo y tener frases grandielocuentes en la chistera. Esperar, tener asentados el hipotálamo y el sistema límpico frente a un vino y de repente, ofrecer mi anillo de obispo a alguien que desea un pequeño artículo para su revista provinciana sobre cualquier cosa peregrina, literaria, paleontológica, cinematográfica o simbólica. Al decir simbólica no sé lo que digo exactamente, pues ahí dentro meto todo, mi biopoder y mis estigmas. Creo que en la atmósfera se respira perfectamente la disolución de todas esas divisiones duales que racionalizaron el planeta y tranquilizaron a los pensadores durante siglos. Mente/cuerpo, por ejemplo, dentro/fuero, sentidos/razón, etc. Esto, aunque no se reconoce conscientemente sí se hace de una manera inconsciente. El dilema que se nos presenta al palpar un mundo sin formas ni fronteras se transforma en inquietud y malestar. Y esto, un día primaveral, por más que lo intente con sus biopoderes atmosféricos, no se puede ocultar.
“De todo hay, pues, en esta enciclopédica calle: lujo e indigencia, clásico y romántico, virtudes y hierro, oro y estiércol, y todo en cuatro pasos, como quien dice, y en estos cuatro pasos, que dan ustedes todos los días, señores lectores, distraidos e indiferentes, no habrán hecho alto en el bullicio de las tabernas, ni en el silencio del convento, ni en la esentonada vihuela y la seguidilla del entresuelo, ni en el armónico piano a la preghiera del principal, ni en la carretela parada y una puerta, ni en la sabatina que sale por otra, ni en los cabritillos que triscn, ni en los muchachos que retozan, ni en las casas al estilo de Londres, ni en las otras al estilo de Leganés, ni en los empleados que entran ni en los que salen, ni en los huéspedes forasteros, ni en los habitantes indígenas, ni en la elegante romántica de la edad media, ni en la compaseada manola de la mantilla de terciopelo, ni en los dichosos del día, ni en los desdichados de la noche ni en nada, en nada, en fin, de todo lo que constituye este variado espectáculo, este cuadro de fantasía que llamamos… ¿Su calle de usted? Sí, señores lectores; la de ustedes, la mía, cualquiera de las calles de Madris; se entiende, del Madrid de 1837.
“Escenas matritenses” Pg. 211 –Mi calle- Mesonero Romanos (Editorial Castro, 1971)

Julie Doucet (Canada, 1965)
sólo de las palabras para acá disiento
No toda acción se reduce a hacer algo. La contemplación, la reflexividad también son acciones. Un bebé siente, se mueve y come desde antes de salir a la luz. La experiencia implica modos de involucramiento corporal, sensorial, emocional, de atención y sus respectivos correlatos neurológicos y neurofisiológicos. Los potenciales eléctricos evocados del cerebro aparecen independientemente de la estimulación externa y pueden representar indicios de procesos coginitivos complejos como toma de decisiones u otro tipo de pensamientos. Nuestro interior es un microsistema, un microentorno. Sólo los estímulos que tienen algún significado son percibidos. (Conceptos, palabras e ideas del libro “Evolución, cultura y complejidad. La humanidad que se hace a sí misma”, de Eugenia Ramírez Goicoechea).
Tengo sobre mi cabeza un candil. Con él me viajo dentro. Las evidencias son como la cera que arde, pronto desaparecen. Ahí dentro hay bastante oscuridad. Sun Ra lo tuvo claro. Él venía de Saturno. Leo en el ABC cultural de hoy que se ha editado un libro donde se recogen escritos, ensayos y conversaciones con él: “... En 1942 fue convocado para realizar el servicio militar. Se declaró objetor de conciencia y acusó al comité de tendencias hitlerianas. Fue recolocado en el servicio civil. Sun Ra manifestó, con numerosos argumentos legales y religiosos, que eso también le resultaba inaceptable. El juez, entonces, le amenazó con hacerlo entrar en el ejército por la fuerza. La dura y regocijante respuesta de Blount debería figurarar en cualquier antología de antimilitarismo: dijo (queremos creer que con impenetrabla aplomo) que utilizaría su entrenamiento y sus armas para matar al primer oficial de alto rango que tuviera cerca… Los psiquiatras de la cárcel lo decribieron como un educado intelectual de color pero con tendencias psicopáticas y sexualmente pervertido…” Su disco, nos sigue diciendo la crónica de Eduaro Hojman, “Jazz in Silhouette”, de 1958, es considerado uno de los más importantes en la historia del jazz.
Publicidad. Nueva apertura Show FAME. YA TIENES EN PALENCIA LO QUE BUSCABAS. Abrimos el viernes 1 a las 0:00 horas. Dos salas dos ambientes. SALA INFIERNO: House, tecno house, dance, electrónica. SALA CIELO: Tu música de siempre de los años 70 y 80. Actuaciones en directo, rubas, salsa, bailes de salón. (Jueves, 31 de Marzo de 2011, en “Diario Palentino”. Pienso en los bailes de los derviches, en otro estado de conciencia. Para muchas culturas los sueños son toda una experiencia, fuente de conocimiento. También tenemos otros estados que no son ni lo uno ni lo otro, ni sueños ni realidad. El soñar despiertos, divagar y ensimismarnos, quedarnos absortos contemplando algo o a alguien. Las ausencias son importantes. Muchas definiciones se basan en lo que hacen o son los otros pero también en lo que no son o no hacen y nosotros sí.
Bauman ha dicho que la actual crisis de la modernidad se expresa de dos maneras: problemas de contaminación (y especialmente, por su simbolismo, el problema que representan los residuos de origen nuclear) han alcanzado un punto de inflexión porque se ha descubierto que el planeta estaba lleno y por otra parte el tema emigración constituida por una población residual que ahora ya no tiene su lugar porque el mundo está ocupado. De repente estas ideas que recoge José Luis Puerto en “Nunca fue tan hermosa la basura” (2006) se han quedado obsoletas. El mundo está cambiando. Las cuestiones árabes y medioambientales con el ejemplo de Japón a la cabeza hace que el pensamiento entre en una nueva dinámica. La crisis nunca fue tan real. Así está el mundo. Esto poco importará a un motorista que de camino a Jérez (mañana tiene lugar una nueva carrera del campeonato de motociclismo) se da un batacazo y acaba con la moto último modelo que está pagando a plazos. Bienvenidos a la SALA INFIERNO. El consuelo será el de siempre: siempre puede ser peor o vivir para contarlo.

Kristoffer Ardeña
como una estrella sin párpados
No entiendo muchas cosas.
La reciprocidad generalizada consiste en unas transacciones altruistas. Se presta una asistencia y si es posible y necesario es devuelta. El lado social de la relación supera al material y la obligación de reciprocidad es difusa. El pago puede hacerse pronto o nunca. Normalmente tiene lugar con los parientes próximos y en las esferas más estrechas. (en algunos casos los lazos de parentesco y las operaciones de compraventa son incompatibles, siendo las mercancías dones gratuitos ofrecidos por motivos sentimentales).
Cuando la reciprocidad es inmediata y equivale en valor a las mercancias recibidas se habla de reciprocidad equilibrada. Es menos personal que la generalizada y más económica.
Existe un tercer tipo de reciprocidad, la negativa, en la que se intenta obtener algo por la jeta.
Las amistades deberían estar en el primer grupo de reciprocidad pero sólo lo están en casos muy contados. Llegaríamos a la fácil conclusión, entonces, de que no son amistades o sólo lo son quienes realmente están ahí cuando hay que estar (Léase protocolo del buen ciudadano y del amigo verdadero). No nos vale con que aparezcan sólo en casos fáciles, cómodos o de petición de ayuda, enseres o ideas. No entiendo la falta de respuestas o las ausencias ante una llamada de generosidad. A veces pienso que piensan que van a vivir eternamente y que entonces siempre habrá tiempo para celebrar lo que sea. ¿Cuánto hay de reciprocidad inmediata o negativa? En cualquier caso nada de reciprocidad generalizada.

Con esto que acabo de escribir podría inventarme cualquier cosa menos una historia de “Claro de Luna”. Claro de Luna era un tebeo que se publicó entre 1959 y 1971. La temática era romántica y estaba inspirada en una canción popular del momento. En la portada aparecía, además del dibujo en sí una fotografía del cantante o grupo musical. He comprado dos ejemplares, “Una rotonda sul mare” (Fred Bongusto) y “Cuando, cuando y…¡Quando!” (Los Quando´s).

Añado el libro “Superralismo poético y simbolización” de Carlos Bousoño. En la primera página hay un sello de la biblioteca pública de Palencia: SALA. NO SE PRESTA. Sin embargo hay un trozo de ficha de préstamos con una fecha, FEB 1985. No se prestaba por lo que fuese y ahora ha terminado en mis manos. ¿Dónde estaba yo en 1985? ¿Quién era? En mi interior probablemente existía un sello similar. NO SE PRESTA, ni se vende añadiría. Todo fluye, nada permanece.
Otro, “Tom Sawyer detective”, de la editorial Bruguera. El lomo es bello. Figuran los rastros de varios personajes, uno debajo del otro. Un libro sin importancia, perfecto para la decoración y el ensueño.
“El cuerpo humano. Teoría actual”, de Pedro Laín Entralgo. Cada época tiene sus pensadores, novelistas y artistas. Todavía hoy es muy posible hablar con alguien que se ha formado bajo las lecturas de Pedro Laín. Me ha llamado poderosamente la atención este desembarco del autor en un tema tan de actualidad en el mundo antropológico. La nota dedicatoria con la que se abre el libro dice así: A los jóvenes españoles que en el laboratorio, la clínica y la biblioteca trabajan y trabajan a pesar de todo.

Termino con “Afrodita A capturada”. El tercer número de la colección Mazinger Z, del año 1979. Pasta dura. Antes de empezar la historia, en el interior de un recuadro, nos explican la historia de Mazinger Z.
“Como consecuencia de una investigación arqueológica en la isla de Rhodas fue descubierta la existencia de unos robots milenarios de los que el Doctor Infierno se apropió, con la intención de dominar el mundo.
Exterminó a todos los miembros de la expedición menos al profesor Kabuto, que logró huir refugiándose en el Japón.
El profesor Kabuto sirviéndose de sus dos grandes descubrimientos, el “JAPANIUM” y la energía “FOTO-ATÓMICA”, construyó a su vez a MAZINGER Z, el invencible robot que opondría a los maquiavélicos brutos mecánicos del Doctor Infierno.”
O sea, las historias se desarrollan en el Japón de Fukushima. ¿Dónde está ahora Mazinger Z? El siguiente número “La apurada victoria de Mazinger Z. La realidad, de vez en cuando, emerge diabólicamente para espantar nuestros sueños.

A espaldas de las marchas
He visto “La vida sublime”, película de Daniel V. Villamediana. Nos plantea muchas cosas, demasiadas para tan corto metraje. Se podría empezar hablando de la verdad y la mentira. Del pasado, su reconstrucción e invención. De los tipos de documentales a lo largo de la historia del cine. Desde aquellos en los que “la voz de Dios” explicaba lo que estaba pasando con absoluta credibilidad (una voz en off nos descubría con sus juicios bien fundados lo que nuestros ojos veían), al direct cinema y y el cinéma vérité, el docuficción, el fake, etc. De la idiosincrasia de los pueblos, los paisajes carnales y geográficos…
Esta mañana sentía los tambores africanos retumbando en mi interior. Estaba donde no debía estar. A un lado ardía una olla con un misionero dentro. A mí me daba igual, Bahamas, Barbados, Belice, Brunei, islas Caimán, Cook, isla de Man, Nauru, Anguilla, Maldivas, Macao, Granada (no de España), Islas Vírgenes de EEUU, Antillas holandesas, Montserrat, Guernsey, Ture e islas Caicos, Vanuatu, Antigua y Barbuda. ¿Qué tienen en común estos lugares pintorescos y de apariencia exótica? Todos ellos son paraísos fiscales. Hay muchos más, Bermudas, Gibraltar, Liberia, islas Marshall, Letonia, Chipre…
No busco paraísos de ningún tipo puesto que sé que estos ya se perdieron en la infancia. Conforme avanzaba la tarde mi carne iba ahogando los redobles. Nada es lo que parece. Ayer fuimos citados para un encuentro que no fue tal. En realidad hubo un desencuentro involuntario. Nadie tiene la culpa. Las crías de cocodrilos del Nilo (Crocodylus niloticus) sincronizan sus llamadas entre sí para salir del cascarón todos a la vez y asegurar la presencia de la madre (Vergne y Mathevon, 2008). Nosotros no somos cocodrilos del Nilo ni nuestras vidas son sublimes.

el salvaje lamento de sus fragmentadas bocas
Tras los tambores del día anterior estalló la tormenta. No hace falta mucho para que la cosa sea como fue. Mis granos están ahí. Las cosas que me irriten y, poniendo alas al pensamiento, el mundo donde muevo la colita. Mis vínculos prácticamente los mismos desde hace siglos. El vínculo es una forma de acoplamiento estructural que algunos consideran el origen de la socialidad. Por la tarde he hablado de Kant sin saber lo que decía, saliendo al paso con alguna ocurrencia. De todo lo hablado sólo recuerdo esta fórmula del imperativo categórico: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”. Hoy, entonces, no he obrado siguiendo está máxima. No tiene más importancia si consigo aplicarla durante una buena tarde del día y de la noche.
El espacio por donde me muevo es el mismo de siempre desde que prácticamente nací. Aún así, como se puede preveer, nada es igual, ni el lugar ni el que esto escribe. Mis amistades, la gente a la que saludo, los personajes que conozco o los que nunca se fijarán en mí, están en otra categoría diferente. Ahora casi todos ellos se han enquistado dentro de estructuras con órdenes cuasi biológicos y juicios poco morales. Cada uno hemos ido a parar a una extraña y sin embargo familiar clase de seres en movimiento, unos encima de otros, oliéndonos los curriculums y la química que destila nuestros ojos. En ocasiones me veo como un chimpancé que frente a un espejo descubre un punto rojo en la frente y desea quitárselo aparatosamente. Otras veces soy un pulpo con una larga historia de contactos con buzos. Todos son iguales, unos un poco más anchos que otros, a todos les intento robar de sus bolsillos algunas piezas sin importancia, recuerdos, historias de Guinea en una época difícil como la de ahora. He visto cómo se cerraba una escuela en mitad de la selva y no precisamente por falta de niños. No muy lejos alguien me dice que ayer pasó un mal día, quieta en el espesor de los sauces, temió con volver a aparecer perdida en el País de las Sombras. Le contesté con palabras vanas, triviales y envueltas en papel celofán. Dudo mucho que el imperativo categórico hubiera podido hacer en ese momento algo más: Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”.
Grodeck
Hacia la noche, los bosques otoñales resuenan
con armas mortales
Sobre las doradas llanuras, los azules lagos
el más obscuro sol, gira.
La noche envuelve guerreros moribundos y
al salvaje lamento de sus fragmentadas bocas.
Quieta en el espesor de los sauces
–Nube roja habitada por un dios iracundo–
la sangre es vertida en el frío de la luna.
Todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Sobre las ramas de oro de la noche y las estrellas
ondea la sombra de la hermana por el mudo bosque.
Para saludar los espíritus de los héroes, las cabezas de sangre.
Y suavemente entre los rojos otoñales suenan oscuras flautas.
¡Oh, más soberbio duelo! Tus altares de bronce
la llama ardiente del espíritu nutre ahora un tremendo dolor:
...los nietos nonatos.
Georg Trakl
![]()
Eddie Campbell
en las hojas se exhala
La calma y el sol llenaron mi cuerpo de agujeros para que salga el aire que me llena por dentro en los grandes momentos. Existen citobacterias que permanecen con vida en las fumarolas de los océanos a una temperatura de 120ºC. En las minas de Río Tinto (Huelva) viven bacterias en condiciones extremas de toxicidad. Esto, me vienen a decir, explica que si un organismo estira la pata antes de tiempo no será sino debido a su propia inadaptación. A la vista está.
Hegel explicó la Dialéctica del Amo y del Esclavo. La dependencia del Amo hacia el esclavo hace que este se convierta en Amo y el Amo en Esclavo. Me lo quedo.
Las imágenes y representaciones que creamos son construcciones creativas internas que forman el paisaje de nuestras relaciones con el mundo. Una evidencia que gusta leer. De cualquier modo, sigo leyendo, existe una irreversibilidad en la vida que no la hay en el juego, el ritual, la poesía, la literatura. Leo, pienso, tomo café y ritualizo los tragos siempre que puedo y me dejan. El tiempo pasa, vuela, se cuela a través de mis agujeros y no me entero. Celestí Barallat i Falguera fue, entre otras cosas, un escritor fúnebre del siglo XIX. Algunas de sus obras son:
“Principios de Botánica funeraria”, “Memoria sobre derecho funerario”, “Las plantas no comestibles de los cementerios”, “Poemas fúnebres en la lontananza” y “La belleza mortuoria”.
De todo estoy doy cuenta antes de acostarme, de las citobacterias y del paradigma autopoiético en el que me muevo yo y mis sueños, aún vivos como esas citobacterias que viven a la vera de un volcán.
De la Wiki: Una fumarola es una mezcla de gases y vapores que surgen por las grietas exteriores de un volcán (o sea fuera de su cráter) a temperaturas altas. También se desprenden de las coladas de lava

no entro en su estepa para borrar nada
Me han hablado muy bien de “Verano”, última novela de Coetzee. La obra estuvo en librerías el año pasado durante un buen montón de tiempo, algo extraño a tenor de los empujones con que las continuas novedades echan a las que se les acabó su minuto de gloria en el escaparate. Este momento clave para la inútil existencia, el de creerse protagonista de algo que es una vida a la que otros prestan atención, es probablemente lo más pegajoso que a uno le puede suceder. Tanto o más como esos 53.500 chicles que se han tirado el año pasado al suelo en mi ciudad, según cuentan y despegan los operarios de la empresa de limpieza (Hablan de records puesto que las cifras anteriores estaban en 28.000 y 35.000). Este número equivale a 53,5 kilos de peso con lo que es fácil hacer cálculos sobre el peso de la goma y ¿por qué no? el sexo de los ángeles. Los datos y las fotografías con los tres bolsones enormes de basura que posan en la fotografía aparecen en el “Diario Palentino” del día 6 de Abril. Con esto desean hacer una llamada a la urbanidad, eso que denominan con una palabra tan de otra época y otros hábitos. La historia del chicle tal vez esté por escribir y siempre habrá algún novelista con ínfulas de originalidad que un día recoja el testigo y llene tantas páginas con anécdotas de chicles bajo la mesa o pompas estalladas sobre un mostrador que llenará fácilmente 53.500 páginas de un e-book.
Los personajes de Hoo sangsoo beben mucho y hablan y muestran su descomposición. Son reales y no entienden del orden de la semana, sólo de cine y amor, aunque no se enteren de nada.
Esta mañana parecía que la semana claudicaba y enterraba sus fauces. Los pensamientos, las palpitaciones y los absurdos nos han llevado a amamantar nuestros desvelos con la idea de que durante el fin de semana se podría vivir en una tregua con ciertas dosis de misantropía, nunca las suficientes. Esta mañana oí decir a una señora que era viuda por dos veces y que de esos entierros no heredó dineros ni otras pensiones que la que recoge en nombre de su hijo, retrasado mental. Para ella también se acerca el fin de semana y, para gusto de los operarios limpiadores, no tiene ni para chicle. Con esto no digo que ellos se alegren, tan sólo que de su boca no saldrá ninguna goma de mascar de aquí a fin de mes.
Miro al fin de semana. El huerto ya tiene sus patatas enterradas, los ajos apuntan firme, las cebollas, verdean algunas lechugas y sonríen las flores de unos árboles que, ojalá me equivoque, pronto se helarán.

trayectorias
La historia no se repite a sí misma pero rima (¿Mark Twain?)
Los sistemas complejos evolucionan hacia estados críticos aparentemente caóticos en donde la capacidad de computación/interpretación es máxima. El caos no es la ausencia de orden… Los sistemas caóticos se muestran extraordinariamente sensibles a cualquier perturbación local en una parte del sistema, afectando a otras muchas.
De ahí viene el llamado efecto mariposa (un aleteo de mariposa en Brasil puede desencadenar un temporal en Texas)
La psicología ha estudiado desequilibrios que provienen de omentos de máxima sensibilidad hacia las relaciones emocionales y cognitivas. Son ventanas cognitivas.
También podríamos entender de esta manera determinados sucesos de la Historia.

José de Ribera
me derramo en un golfo que sucumbe
“No es en el espacio donde debo buscar mi dignidad, sino en la ordenación de mi pensamiento. No tendría más poseyendo tierras. Por el espacio, el universo me abarca y me engulle como un punto; por el pensamiento, yo lo abarco.”
“Pensamientos” B. Pascal
Vengo del pueblo ¿a dónde voy? El campo sonríe. Vivimos unos días de verano precoz. Los árboles muestran su preñez, los postros dan sus primeros paseos, los gatitos miau miau y las gallinas kikirikí, en francés, kokorokó. Perdón, ese era el gallo.
Hace unos días falleció una tía. En el tanatorio donde se velaba el cadáver había una puerta interior que daba a un patio. En el dintel un cartel aclaraba: para uso exclusivo de la Residencia. Al lado hay una residencia de ancianos y monjas. Éstas últimas son las que cuidan de los primeros. Ahora mi tío, viudo, hizo el camino que marcaba esa puerta del tanatorio. Vive entre las monjas, a unos pasos de donde hasta hace nada estaba su hogar. En un chasquido de dedos (uno, dos, cinco, diez años tal vez) volverá a hacer el camino contrario, de la residencia al tanatorio (en su interior seguirá diciendo para siempre eso de uso exclusivo. Nunca mejor dicho). Así son las leyes de la naturaleza y así consta en los carteles que han colocado sobre las puertas. Siga la línea. Por más que sea el organismo quien va construyendo de una manera activa su entorno (no de manera pasiva sometido a su dotación genética y al medio ambiente, como muchos creen, neodarwinistas o no), el viaje nunca pudo estar tan marcado y subrayado. Quiero dejar claro lo que pienso. El organismo, por medio de sus acciones y comportamientos, pone en marcha la posibilidad de importantes cambios evolutivos (Odling-Smee, Laland et al. 2003, Bateson 1988). Esto también valdría para los animales no humanos. Yo soy lo que quiero y siento que puedo ser. El lastre me impide en ocasiones hasta dar un trago, ralentiza mi reloj molecular y le impone un ritmo que no es el mío sino el de los carocales que asoman sus cuernos estos días al sol. Mi evolución tiene distintos ritmos, mis sentidos y sentimientos me construyen. Para otros simplemente es cuestión de adaptación a un entorno. Son sujetos pasivos.
Paso la hoja. El pasado jueves tuvieron lugar una serie de movilizaciones de ganaderos. Reivindican un trabajo digno y un precio para leche en consonancia a su verdadero valor. El nuevo real decreto sobre los contratos en el sector de la leche no parece que vaya a mejorar las cosas. Los actos de movilización incluyen manifestaciones, ataúdes de cartón piedra, quema controlada de neumáticos y el volcado de garrafas de leche ante el público, fotógrafos y periodistas.
Soy un caracol alimentado con pienso (luego…). El pienso contiene cereales con calcio con el fin de que la cáscara siga soportando golpes y contrariedades. Cuando me riegan con nebulizadores me activo y sigo leyendo a Pascal:
“La grandeza del hombre es grande en que se sabe miserable; un árbol no se sabe miserable.” Por tanto es ser miserable conocer(se) miserable, pero es ser grande saber que uno es miserable.”
Ah, un libro. Otro libro por favor: “El ciclista de Chernóbil”, de Javier Sebastián.
Y unas palabras:
Susana González Marín, en su precioso libro ¿Existía Caperucita Roja antes de Perrault? (Salamanca 2006), nos habla de que el cuento de Caperucita se remonta a los albores de la humanidad, cuando Maricastaña aún no había tenido su primera regla…
“En las fauces del lobo”, artículo publicado hoy en el ABC de las letras por Luis Alberto de Cuenca.

Roland Fischer
divago mientras marcho en la columna
La teoría del caos explica muchas cosas. Se trata de un estado de ciertos sistemas en los que aparecen un buen número de trayectorias, eventos, sucesos y dinámicas impredecibles en su evolución. Esas trayectorias pueden llevar a una bifurcación donde no se reconocerá ninguna huella dinámica del anterior sistema desde el que se generó el nuevo estado. Esto que sirve para explicar una mínima porción de la teoría del caos, también vale para aplicárselo uno mismo, a sus condiciones, granos, antenas, fisuras y proyectos gravitacionales. No existe una única causa que explica el resultado, ni un conjunto de ellas que, a priori, nos pudiera explicar nada. Además, los mismos objetivos y motivos se podían haber alcanzado de distintas maneras.
Fernando Colina nos introduce por las calles del laberinto del amor en crónica del manicomio publicada en “El norte de Castilla” del sábado 9 de Abril “Cuando dos se quieren”. La teoría del caos tendría mucho que decir al respecto. La capacidad de atracción es una propiedad del sistema o de sus partes que puede orientar las trayectorias y las dinámicas. El artículo de Colina comienza diciendo: “En la economía de los amantes las cuentas nunca cuadran”. El resto de la crónica no tiene desperdicio.

Está a punto de publicarse en la editorial Menoscuarto la antología de cuentos norteamericanos del siglo XIX “Pioneros”. Para eso también sirve el tiempo, para hacer biografías, memorias y antologías que se pescan dentro del caos y sus complejas ecuaciones. Pensar en lo complejo puede que complique las cosas pero también nos ofrece alguna que otra aclaración. Veo arañas y fotografias de extraños atractores. Estoy en Paquistán. Allí se ha hecho la foto del mes, en la provincia de Sindh. Se trata de un árbol extraño, su copa está oculta por un enorme gorro de telarañas que hasta allí subieron para evitar la inundación del río Indo. De esta manera se han reducido los casos de malaria y enfermedades gastrointestinales, nos cuentan.

En la radio suena No Time for Dreaming, el álbum testimonial de Charles Bradley. A la vez que su voz nos venden su vida, con un pasado “durísimo” marcado por el asesinato del hermano a manos de un sobrino. "Todo lo que hago es cantar sobre mi pasado, las cosas que he vivido y las dificultades que he pasado”, cuenta en las entrevistas. Nació en Florida, vivió su infancia en las calles de Nueva York y se buscó las habichuelas en Alaska y California. Durante cuarenta años imitó a James Brown. Ahora, con 62 años, le ha llegado el éxito de la mano de su primer disco grabado. La teoría del caos también puede explicar casos como el de Charles Bradley.

Feliu Elias
Esta heredad no es tuya
De repente a alguien le da un medio ataque de ansiedad. Le falta el aire y suspira. La causa pudiera estar en la muerte cercana de un familiar político. El lazo que les unía parece ser que era más fuerte de lo que habitualmente suelen ser. Lazos y nudos de navegantes por mares difíciles. Las piezas no encajan. Da igual, son historias que no me interesan. Tanto como que un padre enfermo no reciba apenas visitas en un hospital a pesar de tener mujer e hijos.
Durante el Renacimiento se buscó al otro en los clásicos. Hoy en día pocas son las posibilidades que nos dejan los árboles en el bosque de los días. El otro sería una meta o un valor para el buscador. En “Lourdes”, la película de la austríaca Jessica Hausner, hay muchos buscadores de milagros. La mayor parte de ellos no tienen fe. Es una película de miserias humanas y no precisamente por los tullidos y tetraplejias que por allí desfilan.
Vivo entre salvajes, bárbaros y civilizados. Ésos últimos sobrepasan a los bárbaros en todo género de barbarie que diría Montaigne. Cada día, no hace falta ir muy lejos para descubrirlo, es un milagro. Y uno se calza, se lava los dientes y esas cosas, va y viene pensando en que apenas ha leído alguna novela este año. “Blanco nocturno”, la novela por la que Ricardo Piglia ha sido galardonado con el premio de la Crítica ha sido una de ellas. Poco más.

peregrino inaccesible
La crisis se acerca. Está ahí, al acecho. Hace unos días parecía un poco más lejos pero ahora, ahora no hay como escuchar tanto a los que tienen algo que contar como a los que no. Todos, en su medida, sacarán la palabra de la manga aun teniendo la casa pagada y los hijos colgados de los pinos, lejos, muy lejos de sus vidas. Y mientras uno agacha las orejas se sienta frente a un amigo al que hace tiempo no ve. Él es un Quijote y trata sus causas como si fueran las únicas por las que merece luchar. Muchos de los cursos que organizan los ministerios y academias entraron en una bucle infernal con el fin de conseguir el dinero pactado. Los unos les formaban alumnos sobre un papel y a cambio recibían el dinero de las ayudas. Los horarios y las materias siempre fueron un tanto dejados y estuvieron revertidos de brillantina estomagante. Si nunca nada es lo que parece en esto se cumple perfectamente el dicho. Pero ¿y si alguien sí que lo toma en serio todo, desde el horario, hasta la materia y el profesorado que supuestamente está formado para el menester? Una cruzada ha comenzado, ¿merecerá la pena? Probablemente si todos hiciéramos algo así esto cambiaría un poco más pero también, en cualquier caso ¿sería posible que el engranaje funcionara mínimamente?
Leo “Antropología filosófica”, de Javier San Martín: Nuestro mundo, por el contrario, el que nosotros hacemos en la vida colectiva, es un mundo cuajado de significados que no podemos deducir a priori, sino conocer en una investigación o exploración progresiva, que se aprende en la experiencia. Tener experiencia es haber aprendido viajando por la vida. Exactamente eso significa la palabra alemana Erfahrung, de fahren, viajar y el prefijo Er, que es sacar. Por eso la experiencia es tener mucho mundo. Esto está dentro de la pregunta titulada Kant y sus tres antropologías. Lo malo de viajar así por la vida es que se pasa el tiempo. Recojo ahora unas líneas de “El arte de la fuga”, de Sergio Pitol: “… En el momento en que escribo estas páginas puedo dividir mi vida en una fase larga, gustosa y gegaria, y otra, la más reciente, en que la soledad me parece un regalo de los dioses. Ir a fiestas, comidas, tertulias, cafés, bares, restaurantes fuerante largos años un goce cotidiano. El paso al otro extremo se produjo de modo tan gradual que no logro aclarar los distintos movimientos del proceso…” Esto no es lo más bello ni importante del capítulo pero lo recojo porque lo anhelo y espero. Tal vez guarde alguna relación con lo otro, con la crisis que ha venido o vendrá, sea ésta general o individual de cada uno. “Aquello que de importancia nos ocurre en la vida es obra del instinto, afirma Julien Green”. Sigo con Pitol y cambio de pareja, vuelvo a San Martín para cerrar el día. Tres son las preguntas fundamentales que enunció Kant ¿Qué puedo saber, qué debo hacer y qué me cabe esperar? Estas tres se resúmen en una ¿qué es el ser humano?

Zadie Smith
nunca dejé de erguir la oreja
He visto a C. Hace cuatro años que terminó Antropología y dos que inició los curos del doctorado, una de las pocas maneras de coger fuelle y tener mimbres para realizar trabajo de campo. Pasar a la acción. Lo importante son las pequeñas metas a paso de esquimal, sherpa o tortuga reumática. El tiempo hará el resto, o sea, volar y arrastrarnos hacia nadie sabe donde, tal vez, con la constancia, hacia la meta propuesta.
Para Bertrand Russell el giro kantiano sería una contrarrevolución ptolomeica ya que vuvleve a colocar al ser humano en el centro de todo el pensamiento. Copérnico acabó con el pensamiento de Ptolomeo pasando de ser la Tierra el centro del Universo a serlo el sol. La idea de Kant, sin embargo, es un avance en el pensamiento, aunque equivaldría a la concepción Ptolemaica del universo. ¿Me ha quedado claro? C. no dice nada, asume sencillamente que nuestro tiempo nos desplaza y que detrás son ya los astros que giran alrededor de otras ideas novedosas.
Hablo del siglo XIX. Feuerbach desenmascara el propósito de la religión ya que ésta en realidad traslada idealmente a otro mundo las aspiraciones irrealizadas e irrealizables de la sociedad. Marx analiza la noción de alienación y estudia al hombre cosificado. Freud es el complemento psicológico de la crítica social marciana. La alienación social va de la mano de una alienación familiar a los niños. Nietzsche proclama de la muerte de Dios y la venida del superhombre. El superhombre según Landsberg es una humanidad entendida como pura creatividad, puro juego y como un niño.
Será muy difícil que uno haga ningún doctorado o que en su cabeza nazca ninguna idea filósofica medianamente interesante. Gonzalo Calcedo ha publicado un libro de cuentos con motivo de su estancia en Nueva York durante una semana. Esos días le dieron para escribir “El prisionero de la avenida Lexintong”. Nada que ver con el tiempo de un doctorado. Son cosas diferentes y uno se inclina más por el cuento por diversas razones. El periodista que entrevista a Gonzalo Calcedo termina con una pregunta bastante impertinente ¿Para cuando una novela? Esta pregunta delata a un periodista ramplón y mísero que coloca sus piezas en la cabeza de una manera evolucionista darwinista. Existe una valoración moral pues considera al cuento paso previo de la novela, australopithecus o algo así hasta llegar al sapiens sapiens.
Desde hace tiempo llevo viendo a un guardia de seguridad, que viste canas y barriguilla, hacer su trabajo. Serio y de pocas palabras mi mente le construia un papel de rudo, cumplidor y vaquero solitario ante el peligro. Hoy me entero de que es el único con turno fijo y zona delimitadísima en comparación con el resto de la plantilla a la que no quiere ni oler en la distancia. Además, cumple malamente con su trabajo a tenor de la gente que entra y sale y la cantidad de vehículos mal aparcados que interrumpen y dificultan el tráfico delante de sus narices. Antes me daba incluso algo de pena, ahora un pensamiento copernicano o ptolemaico ha cambiado mi percepción. Mi cabeza acabará por acertar un día pero será demasiado tarde. Me pregunto ¿y para cuando una novela?

Gonzalo Calcedo
llevo ya varias vidas obstinándome
Conozco a unos cuantos que se abren de piernas y bocas para graznar a la intemperie eso de que son las cosas pequeñas por las que merece la pena vivir y disfrutar. Ahí, colocando la lupa en gestos y palabras sin importancia, conocemos a los que nos rodean. Es una manera sencilla de comprobar los gramos de amor que se mueven alrededor. Luego, a la hora de la verdad, en el día a día, esos mismos aulladores de poemas y detalles nimios que delatarían lo que digo, hacen justo lo contrario. En el mejor de los casos cumplen y guardan la mano dentro del bolsillo para ovillar sus migajas. Cumplen y no ofrecen nada más que lo mínimo, no traspasan la raya porque sufren y mientras sufren te recuerdan que en las pequeñas cosas encontramos la belleza del mundo.
También nos hacen creer que otra manera de encontrar la belleza está en el antiarte. Se dan premios al antiarte que es correcto, grajeas de lo que llaman cultura con un soporte digital, en lienzo o papel. La Agrupación Cultural Muriel estrenó los nuevos locales para la prensa. Sus proyectos reflejan eso mismo, el antiarte más correcto, pueril, oficial y revenido discurso que se puede dan en estos lugares de pan llevar. Sus exposiciones tienen tanto de performance como el robo de cuarenta tapas de hierro en la comunidad de regantes de Villaviudas. Aquí al menos hubo riesgo y emoción, caminos que nunca podrían compartir esos ladrones con los falsarios del arte. El antiarte también podría sacar al ex presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, en camiseta de tirantes. Además, nos cuentan, este dictador en su juventud fue apodado Cicerón porque le gustaba el latín. Para mí todo está relacionado, aquellas gentes que ocultan su mano a las pequeñas cosas aunque proclamen lo contrario, los del antiarte, los ladrones de hierro, el tirano y una vida ramplona con la que nos quieren dar gato por liebre en cada momento.




![]()
la luz que haga visible tu palabra
“La incapacidad de evocación discursiva de la experiencia que generó el rastro, el acceso no transparente al pasado y a la situación en que se creó la huella en la memoria, el proceso del olvido, es tan importante para fijar ciertas categorizaciones –como los hábitus- como pueda ser para otras su recuerdo o reactualización.”
Estoy hablando de la socialización humana, siguiendo el libro últimamente citado de Eugenia Ramírez Goicoechea. Me interesa la idea del olvido, los silencios y vacíos como fórmula magistral para escribir una obra literaria. La primera hoja, lógicamente, estaría en blanco.
Cuando la crisis ahogue de verdad se puede comprar una ternera. Por cincuenta euros la venden, los ganaderos están que lo tiran. En unos tres meses la sacas con ciento cincuenta kilos a base de harina y grano. Lo malo es que muge y se oye, lo malo es que hay que declararla o ponerla un chip o firmar papeles para que no se olviden de su existencia y control.
-Chupones, ladrones…

Rivane Neuenschwander
la aceptación del retorno monótono del estío
He visto a J. Acababa de incluirse en una de esas listas de espera para operar. Estaba tan como siempre, en la flor de la vida y con ganas de invitarme a un café. Enseguida le pregunté por sus padres, enfermos de tiempo, con la sangre seca y problemas de memoria. Enseguida le conté lo que hacía y le hablé de R. que acababa de ganar un concurso literario. Mira, le mostré la fotografía de los ganadores. Allí estaba R y otros cuantos. Cuando nos despedimos supe de inmediato que no le había dado pie a la confesión o al susurro sobre aquello que le iban a hacer. ¿Tenía miedo? ¿Qué le habían dicho? No quise mirar en el interior de sus ojos. No quise mirar nada porque era viernes y quería marchar lejos con mis cosas y mis lecturas. Más tarde le envié un mensaje al móvil disculpándome por mi mala compañía y ofreciéndome en caso de poder hacer algo por él. Quiero ser santo y sabio y resulta que me comporto de una manera trivial y hasta obscena. Me escudo en el mundo que me rodea, en sus aristas para comportarme en ocasiones como un oraguntán o no darme cuenta de lo evidente. Veo a ese santo muy lejos de mí, leyendo en el horizonte los versos que un día leeré. Veo cada vez menos de noche y de día ya lo he dicho, me desentiendo de aquel que no quiere hablarme de los padres, de otros tiempos u otras miserias que las propias de cada uno.
Escrito desde el campo. Cultura agri significa cultura del campo. Cultura es el abstracto de colere, labrar el campo, cultivarlo para que sea fértil, como si se estuviera hablando del ser.

Biblioteca del Trinity College de Dublín
no labran formas
Dice Lévi-Strauss que la mitología de la mayoría d elos pueblos establece la misma oposición entre Naturaleza y Cultura. Y aquí está uno, oyendo los pájaros, frente a la huerta, intentando disolver esta dicotomía entre una cultura animi y una cultura agri de lechugas, patatas, tomates y guisantes. Cultura viene de colere, labrar el campo. Esta división ya se contempla en el Génesis. La oposición es radical, vida feliz y natural, la del Paraíso y vida no natural e infeliz, ya lejos y sin posibilidad de vuelta. Eso es también la cultura y las lecturas, un acercamiento pero también un alejamiento con el resto de seres que se niegan a mantener parlamentos de ese palaje, más o menos lector.
Conozco un matrimonio que, sin irnos a los extremos, conjuntan perfectamente esta dicotomia de naturaleza y cultura. El acuerdo y entendimiento pasa porque esa cultura reporte beneficios económicos. De esta manera será muy llevadera y ella/el, podrá seguir con su cultura molestando entre comidas o malgastando el tiempo y un dinero que entonces se verá como una inversión. El artista, como la filosofía, debe ser radical y autónomo. ¿Es ello posible? Felix Francisco Casanova, Eduardo Hervás, Carlos Oroza, Leopoldo María Panero, Antonio Maenza, Eduardo Haro Ibars, Pedro Casariego, Aníbal Nuñez, Rafael Feo y Aliocha Coll podrían dar un determinado tipo de respuesta novelísticamente hablando. Todos ellos son nuestros malditos oficiales. Se ha hecho de noche y la luna parece más llena que nunca. Siempre igual de llena sin embargo, se repite ajena a nuestras mareas. Un tío paterno no quiere poner nada en el huerto hasta que el médico no le diga lo que tiene. Otro tío hace cábalas sobre los que ya no están y apenas dá importancia a su huerto, cuatro patatas, dos lechugas y tres pepinos. Cultura animi, cultura agri. “El mito de la cultura”, buen título para un libro de Gustavo Bueno. Mañana la misa es a las 12:45 horas.
![]()
en una playa tísica con un clavo oxidado
Habían precintado una finca ganadera de una manera un tanto extraña. Al parecer habían dejado alguna puerta sin la correspondiente cinta para que los dueños alimentaran al ganado. Los motivos, como en las cosas de la justicia, se remontan a unos cuantos años. Alguien dijo algo de olores, malos, y boñigas que quieren ser abono de un campo triste y castellano. La idea que me hice cuando ojeé la noticia en el periódico era, como suele pasar, equivocada. Ponía al ganadero de malo, alguien que hacía lo que le venía en gana y se saltaba las leyes a la torera. Luego he oído otra cosa. Como tantas veces sucede, la existencia de la granja se remonta a cuando casi no había casas en le pueblo. Pero en este caso los que han denunciado ni siquiera son vecinos pues tampoco están tan cerca de la explotación. En realidad quien denunció el incumplimiento de no sé que normativa es el dueño de una tierra colindante. En realidad quería vender esa tierra para construir edificios pero, según decía, no lo conseguía por los malos olores. Ahora el tiempo del ladrillo pasó, los ganaderos adecentaron las cuadras y la justicia terminó por llegar a la cita. Esto me contaron mientras miraba unos ajos enormes y bendecidos por el nitrato. Uno hubiera preferido no tirarles nada pero tampoco es dueño de muchos actos, ni de los suyos ni por supuesto, los de otros que dicen saber más y mejor.
Hay tres casos en los que una tarea falla. La aparición de un obstáculo, que se estropee o sea imposible seguir con la tarea. Cuando falla se ilumina el sentido del objeto o tarea. Los mismo pasa cuando algo falta, de repente se ilumina el contorno. Si se rompen las tijeras, por ejemplo, se interrumpe la acción que pensaba desarrollar con ellas y con ello, surge su sentido. Con el fallo, nos dice Heidegger, aparece el contorno, los cursos de acción, el contexto de remisiones, pero para hacerse explícitos, porque debían estar ya abiertos, sabidos de antemano. Ese estar en las tareas cotidianas, en un entorno sabido en una visión cautelosa, que cuenta con las cosas, eso es estar en el mundo, en un contexto de familiaridad. Heidegger, está intentando explicar el mundo y en esas estamos. No soy el único. Pienso en los errores, tan humanos siempre, y las ausencias, en los vacíos y en todo aquello que me hace ser un ser, reconocer el sentido de lo que un día dí por hecho con su propia teología interna. La vida humana no se desarrolla de una manera autónoma, está dentro de una historia cultural llena de sentidos en una vida con sentido. Los ajos son la envida de los alrededores, de aquellos que aún miran los ajos en la huerta. Les miro con Heidegger en la cabeza. Ellos, dentro de poco, tendrán las suyas enterradas bajo tierra. La mía, quién sabe. Las explicaciones, ayudan y entretienen, más no cambiarán el curso de los acontecimientos.

Wangechi Mutu
sin escupir a la delicia de los frutos
El tiempo parece cambiar. Antes de llegar al pueblo hay una tierra de nogales. Los que están desprotegidos, aquellos que hacen frontera y sirven de refugio al resto, se han helado. Las madres arropan a sus hijos de la misma manera. En el avión que se estrella, en el tren o barco que se hunde no sé cuales son los mejores sitios para salvar el pellejo. Supongo que dependerá de las circunstancias. A la intemperie, está claro qué es lo que hay que hacer.
Los tomates nacen en los molederos, con eso está dicho todo. Lo que piden y lo que dan. Piden proteínas, abonos y dan un buen sabor. No todo lo que nace en la mierda acaba oliendo mal. El momento de elegir una profesión supone una gran preocupación en el adolescente. De repente surge la gran pregunta de lo que queremos ser. Pero lo que uno va a ser de alguna manera ya está decidido por la sociedad según sus propios criterios y valoraciones, según sus ideales.
Me mancho las manos con el abono y la tierra. Después de hacer un agujero en la tierra coloco la planta de tomate, echo tierra, abono y agua. Ortega decía que la farsa es “una de las vísceras de que vive nuestra vida” Quiero frases grandielocuentes, de encantadores de serpientes (no siento la rima). Quiero dejar a mis oyentes absortos en un pensamiento: El sentido de la vida proviene del hecho esencial de saberse mortal.
Ha pasado un gato cuyo nombre es Hegel. Ese nombre para un gato tiene un sentido y es signo de otra realidad. El lenguaje introduce delimitaciones que dan lugar a las clasificaciones y la cultura es ante todo lenguaje. Hegel. El gato está jugando y se revuelca en un surco de patatas recién plantadas. El juego es un trato con lo posible, gracias a él nos liberamos de la constricción del presente. Liberación fantasiosa del presente, goce estético, composición musical, flores en los árboles y lluvia para mañana.

Mathew Barney
como inventa sus flores el estío
Dice Ortega, a propósito de reflexiones en la intimidad que “ocurren en los momentos de ensimismamiento en los que la vida está interrumpida y reflexionamos sobre nosotros mismos”. Es evidente que estos pensamientos que brotan así necesitan un orden y para ello podemos utilizar la escritura, un método como otro cualquiera.
Ahora sé que la filosofía es el reino de valores objetivos en sí mismos y que toda creación de este tipo de valores aumenta el valor del hombre que los crea. El valor, además, es siempre común, como el valor de la ciencia, puesto que lo que realmente se aumenta con la creatividad es el valor de la propia sociedad. Ahora sé que otro mundo es posible y que los únicos funcionarios que faltan en la nómina de los estados son los filósofos. Éstos son los representantes vocacionales del espíritu de la razón, el órgano espiritual en el que la comunidad llega originaria y continuamente a la conciencia de su verdadera determinación y el órgano vocacional para la propagación de esta conciencia en el círculo de los laicos. Estoy copiando a Husserl. La filosofía aporta claridad y evidencia. Los gatos poco han añadido. Ha sido un día de caracoles. Ellos han aguantado la perorata mientras agonizaban en el agua. Esos animalillos no son conscientes de la muerte, en cambio, el ser humano, desde que lo conoce puede amar la vida como tal e incluso conocer la verdad, libre de muerte.

Paul McCarthy
bello rey áspero
Los sistemas vivos se caracerizan por su ecoorganización constructiva y no por su ajuste a un entorno exterior que le impone ciertas condiciones y ante el cual éste ha de reaccionar (Castro et al., 2003).
Sigo en el pueblo. Affordance. Este concepto refleja las relaciones posibles entre actores, sus disponibilidades perceptivas, sensoriales y motrices y los objetos y sus propiedades. El entorno no es una constante, el organismo, el que sea, construye activamente su entorno mediante acciones y relaciones (Tim Ingold).
Ha sido un día de caracoles (otro) aunque la temperatura no ha sido todo lo agradable para realizar este menester. No pasa nada. Los cielos no han interrumpido ni suspendido mi procesión, esa que va por dentro, siguiendo el ritmo del reloj molecular y un metabolismo acorde a mi tamaño y temperatura. Los caracoles se camuflan en el medio. No se trata de una adaptación óptima sino de una viabilidad posible.
En ciertos pueblos que aún se niegan a sucumbir por ser cabecera de comarca o similar el ayuntamiento paga a varios músicos para que amenicen las procesiones de semana santa. Los cofrades llevan el paso por la face y los músicos tocan música celestial. Pero nada es gratis. Puede que alguno de esos Cristos encarnados y sufrientes que salen por televisión aprovechando estas fechas también cobren a tanto el moratón y a cuanto el goterón de sangre entre las cejas. Nuestro hipersistema es voraz y único. El organismo no es un ser pasivo sino que construye activamente el entorno. El sistema existe sólo en virtud de un entorno. Las acciones del sistema están siempre dirigidas hacia situaciones que todavía no son de hecho, pero que podrían serlo, incluyendo las condiciones de dicha posibilidad (“Evolución, cultura y complejidad” Eugenia Ramírez Goicoechea”). La gallina ha sacado siete pollitos que pían en el enroje de la casa. No abultan todos ellos más que mis dos puños juntos. Affordance. Así referimos también a las oportunidades ofrecidas al organismo y que éste puede aprovechar porque está constituido de una determinada manera (Por ejemplo algunas águilas por su especial constitución aerodinámica pueden elevarse más que ningún otro ave aprovechando las corrientes térmicas).

Kiki Smith
Alegre perro de esa trayectoria
Bruno Latour nos dice que todas las relaciones sociales están de una u otra manera tecnológicamente mediadas con los objetos, diseños, procedimientos y arquitecturas intrumentales.
Padre abrió una botella de orujo que fue embotellado en 1975. En la etiqueta figuraban algunas explicaciones a bolígrafo. El corcho estaba lacrado. El día que así quedó la botella no ocurrió nada especial o al menos no tiene conciencia de ello. Hoy tampoco había ningún motivo especial para abrirla. Todo coincidía para celebrar su apertura. Dos parroquianos narraban pequeñas historias. Mi sindicato soy yo, dijo uno. En los bares consiguió la información y con las mismas cogió del gaznate al sindicalista que le había puesto un cartel sonrojante en los lavabos de la fábrica. Y ahora quitas eso con la lengua, amenazó. Para desarrollar esta escena se levantó e interpretó la obra cogido a una columna. Y con las mismas quince puntos en la frente. El respeto se gana así, concluyó con sus posaderas de nuevo en la silla. Luego se cambió de época y narró otra borrachera. Y antes de cerrar el sargento mandó preparar doscientas codornices para el día siguiente y a la mañana de aquel día allí estaba la mujer pelando plumíferos con lo que su pregunta ¿lo de ayer no sería una broma? Quedó respondida por sí sóla. No sé si antes o después hicimos una visita al cuartel donde cumplió el servicio militar, no sé si antes de ser joven o depués. Sus dos correligionarios ya no están, se les llevó un cáncer a cada uno en mitad de la vida y sin venir a cuento. Eso lo sé yo. Los que sí están son dos beldadoras de las de antes, armatrostes que decoran unas eras sin muchos movimientos. Oxidadas estatuas que apenas tienen ya nada que recordar a nadie salvo a los muertos. Esas son sus flores, las que crecen en las tumbas de otros tiempos. Y a uno le quedaba la cosa de no haber mirado en el traje del muerto porque ya se sabe con cuántas costumbres y vicios escondidos se despiden los vivos en los malos momentos. Guardar objetos en los bolsillos de los trajes son manías que vienen de familia, atropar, puede que beber, cuidarse y descuidarse, contar historias desde el principio de los tiempos, lacrar tantos secretos consigo mismo y las demencias prematuras. Las beldadoras dan la razón a Bruno Latour.

Robert Gober
cuenta de coteo
¿Cuarenta, cincuenta litros? ¿Cuánto llovió? Dormía.
La realidad sólo se comprende cuando somos capaces de comparar otras clases de experiencia, percepción y juicio. El saber se construye a través de diversos tipos de experiencia y estados sensoriales y mentales humanos. Para el hinduismo Mayahavadi la única realidad es la transcendencia, no la vida cotidiana. Para los Azande los sueños, aunque correspondan a un orden experiencial diferente, son tan reales como la vida cotidiana. En nuestra vida diaria existen tránsitos hacia otros modos de estar y experimentar como lo que llamamos soñar despiertos o esas reflexiones íntimas y trascendentales con las que tomamos grandes y pequeñas decisiones. Esos ensimismamientos en los que la vida se interrumpe como ya cité el otro día a propósito de Ortega y Gasset.
Mi semana santa tiene también algo de penitencia, de realidad cercana a la de un beato que vive en silencio ininterrumpido sus procesiones particulares. El problema es que esto no puede durar. El problema, de durar, sería otro. Para Tim Ingold no toda acción se reduce a hacer algo físico. Pensar es acción dirigida hacia dentro y hacer es acción dirigida hacia fuera. Para algunos, la contemplación y la autoreflexividad, son experiencias sin acción lo que no quita a que distintos niveles de conciencia y grados de reflexividad impongan experiencias diferentes. Nuestro interior se configura en un entorno para nosotros mismos. La percepción no es una sensibilización a estímulos presentados sino una interacción iniciada en el cerebro. Además los estímulos son percibidos sólo cuando tienen algún significado para el sujeto. Los objetos, en cualquier caso, no son independientes de los esquemas conceptuales que utilizamos. El conocimiento se desenvuelve entre lo que es posible desde el punto de vista anatómico, sensorioperceptual y neurológico, los contextos culturales y políticos en los que dichas acciones se gestan y por los que se hacen inteligibles, y las constricciones propias de la tarea. Conocer, saber es interpretar, comparar, decidir, recordar, olvidar; es un acto de alumbrar un mundo (Maturana y Varela).
Ideas y frases literales de “Evolución, cultura y complejidad. La humanidad que se hace a sí misma” Eugenia Ramírez Goicoecha.

Marina Abramovic
de su astral parpadeo
Seguidores de las teorías sociales de la inteligencia explican que la capacidad cognitiva evolucionó para poder manejar una cada vez más complicada vida social. Para S. Mithen habría un salto evolucional cuando se conectaron las habilidades cognitivas en el ámbito social con el dominio técnico e instrumental. Resumiendo, el entorno exigiría nuevas adaptaciones comportamentales. Para otros esto es una chorrada puesto que lo primordial es el cambio en la estructura cerebral. Para Ian Tatersall las transformaciones encefálicas son anteriores a la productividad humana. El hiato entre la aparición africana de Sapiens sapiens y el registro de prácticas tecnológicas y simbólicas consideradas modernas podría establecerse en 125.000 años (entre 200.000 y 75.000 años, Edad de Piedra) por este motivo. (Del libro “Evolución, cultura y complejidad, la humanidad que se hace a sí misma”, Eugenia Ramírez Goicoechea).
Aquí, en este lugar perdido del globo, no hace tanto tiempo ésta era la situación: Una casa grande y húmeda, no me paro en su descripción ni en la de las cuadras, gallineros, marraneras, pajares y tenadas. En la gloria cuatro personas fumaban caldos, hierbas o lo que fuera en papel de liar. El abuelo abuelo, su hermano, el hijo mayor y un vecino, boinas y fajas incluidas. La abuela tossía mientras entraba y salía menesterosa y de negro riguroso. El hijo pequeño, tumbado sobre las baldosas del suelo caliente, a la espera de atravesar tuberculosis y fiebres maltas, se mojaba los labios con alcohol porque le producía la grata sensación de respirar mejor. Afuera, en la calle, niebla cerrada. Las dos tendencias teóricas explican cosas pero no nos meten en la cabeza ni en el corazón de aquellos seres habilis, ergaster o neandertales. Casi, si me apuran, ni en la de esta familia que vivió así hace cuatro días. No pido, claro está, que me aclaren el tema de la conversación de ese momento que retrato.

Wangechi Mutu
y es tan difícil este resuello
La idea falsa de que todo el mundo ha hecho algo interesante estos días ha acabado por cerrar un poco más esa especie de ataúd donde he pasado estos últimos días. Mi vida en el pueblo se mueve entre un paisaje semejante al Edén y una geografía infernal. Estoy a gusto viendo cómo el tiempo permanece detenido. Prácticamente veo a las mismas personas que veía cuando era pequeño, más viejas eso sí. Pero esto también es falso porque faltan muchas figuras, demasiadas. El tablero de ajedrez apenas sostiene algunas para componer una triste partida.
Y hoy he regresado para contemplar cómo la gente se lo ha pasado bien, han comprado la última novela de Ferrer Lerín “Familias como la mía” en el día del libro con el consiguiente descuento del diez por cien o han paseado por playas o callejuelas portuguesas, angostas y seductoras. Y sin embargo uno ha cumplido con lo propuesto, con las preparaciones eternas y una idea abstracta de lo que ha podido ser la I feria del ajete del Boedo y la Ojeda. Ah, si al menos hubiera compuesto algún mal ripio para poder competir en el I Certamen de Poesía de Exaltación del Ajete del Boedo y La Ojeda. Ah, si uno se llamara Josefina Castrillo Sánchez (vecina de Collazos de Boedo), ganadora de tan peculiar concurso…

la muerte de Gonzalo Rojas ha coincidido con la celebración del día del libro
absorto de sus jugos
He escuchado los aullidos de un head hounter sobrevolando mis entendederas. Cómo no será mi falta de mundo que hasta hoy no he conocido de su existencia. Los headhunter son cazadores de talentos ejecutivos para empresas fundamentalmente. Un buen curriculum y éxito en el trabajo, grandes objetivos, contactos también puede valer, hacerse un nombre... Los grandes y no tan grandes se mueven en esas coordenadas. Uno se dá cuenta de que no sabe nada y con esto nada descubre. Tampoco conocía de la novela “Las puertas del paraíso”, del polaco Jerzy Andrezejewski. Me la apunto y con ella “El arte de la fuga” de Sergio Pitol y “Bélgica” de Chantall Mayllard y el último diario de Trapiello. Apunto y no leo y así aumento mi lago de nada. “Las cosas no son más reales porque se ajusten a nuestras representaciones mentales sino porque son vividas a través de nuestra experiencia, siempre de algún modo cualitativo y coloreado. Sigo con “Evolución…”, sigo.

Andrezejewski
para vencer el tiempo
A. está a mi lado y se oye el aire que se le escape mientras habla. Le han sacado dos dientes, incisivos como su mirada. Pero su mirada está un poco arrugada. Son los años, nada más. Los años y los dientes que marcan su particular manera en el calendario del tiempo.
Afuera han preparado una mesa para la venta de libros. Se trataba del día del libro, decían, y por eso había un diez por ciento de descuento en el producto. Porque era eso, un producto rebajado sin mayor importancia. Hoy fueron libros, mañana también y pasado serán geranios. Y pese a la crisis que dicen, las ventas fueron buenas. No todo el mundo tiene unas monedas a fin de mes pero quien más quien menos se acuerda de algún familiar o el huerto donde acaban de plantar los tomates. También hacían un diez por ciento en las novelas de Marcial Lafuente Estefanía y eso uno lo había visto nunca y menos que allí tuvieran aún su sitio entre las novedades y best Sellers del momento, historias, códigos, autoyudas y otros que no recuerdo. Así es el mundo y así es el mundo de los libros. Luego vi a un melenudo completamente tatuado mientras hablaba con su amigo. Abandonaba el local donde tenía su negocio para trasladarlo a su piso. Las cosas están mal y el mes de marzo ha rematado a más de un autónomo que se movía entre penumbras. Ahora se trata de resistir. Dentro de unos años ya se verá. Los caracoles acaban volviendo a salir a la luz, lo importante es estar ahí cuando vuelva a llover y el sol ilumine el horizonte.
Sigo, pese a todo y copio el post que Trapiello colgó en su blog el día 18 de Abril
http://www.andrestrapiello.com/index.php?/mechinal/hemeroflexia-blog/
Tanto frío
Ve venir hacia él un mendigo que hunde su cabeza en el pecho, envuelto en dos o tres viejos gabanes, uno encima de otro. Arrastra unos bultos informes amarrados con cuerdas elásticas a dos ruedas y un asa de procedencia incierta. Camina encogido por el frío. El vapor que sale de su boca se le queda pegado a la cara como niebla. También lleva empañada la mirada, como si se hubiera traído consigo el vaho de los cristales de la cantina. Al pasar a tu lado sientes, no obstante, no tener derecho a comparar tu frío con el suyo. Para ti sólo durará unos metros, unos minutos, antes de entrar en casa. El frío de ese vagabundo debiera ser declarado de interés histórico, porque viene con él desde el medievo, intacto, como un castillo, como un burgo, como sílabas escuetas de un romance perdido. Recorre Europa al margen de los informativos y telediarios que se dedican cada media hora a hablar del tiempo. No está en los mapas. Sólo le queda eso, vagar libre al margen de la historia, como memoria suya, recordarnos de qué está hecha su infelicidad, la nuestra. Por eso es indecente que nadie se compare con él, y menos un alcalde, con el solo propósito de borrarlo del mundo para borrar el origen de tanto frío.

John sloan - McSorley's Bar (1912)
el pulmón bebe aire
Empezó el día con un par de frases mayúsculas de Arreola que dicen así:
No olvide usted, señora, la noche en que nuestras almas lucharon cuerpo a cuerpo.
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.
Ya con esto la mañana podía ser digerida mejor. Dos frases como dos aspirinas para soportar los vaivenes y arrebatos. Somos muñecos, nosotros y nuestras elaboraciones, las percepciones, sensaciones y sentimientos que nos embargan. Somos juncos, es cierto, y estamos a merced de las circunstancias. Me encuentro con M. y me dice que ha hecho algunas fotografías preciosas junto al río. Algunas ranas y unos ánsares rodeados de niños y flores. Le pregunto si son para el concurso que organiza la Diputación sobre la fauna acuática de la provincia y asiente con la cabeza. Le cuento que con la excusa de la declaración de especies protegidas a las marsopas y los cachalotes por parte de la Consejería de Agricultura de Castilla y León hace unos meses había pensado realizar un montaje en un arroyuelo cercano. Colocaría un flotador cachalote entre los juncos y las ranas. Esa fotografía imaginaria le dio pie para explicarme que desde Santurce se flotaba un ferry para ver precisamente eso, ballenas, cachalotes, orcas, marsopas y delfines. No hay como lanzar un globo sonda, una puntada sin hilo para descubrir viajes cercanos y sorprendentes.
He buscado más frases que me sirvieran de tratamiento pero mi espíritu avanzaba al ritmo de una máquina cansada y vieja. En el suelo encontré una noticia: El pasado martes cerró en Bombay la última fabrica de máquinas de escribir, “Godrej and Boyce Standard”. Ahora recuerdo como fue el inicio de mi mañana, nada más salir de casa. Sobre una pared un empleado de la limpieza arrancaba varios carteles con la mano. Su boca apretaba la boquilla de una faria. Eran las siete y media de la mañana.

Juan José Arreola
punzar una raíz neurálgica
Gran celebración. Cada traje cubre su cuerpo correspondiente. Dentro están los cuerpos siendo alimentados. Llega el momento del postre y aquel que está de vuelta invita y empuja al último brindis. Una vez que están todos de pie exclama: Digan lo que digan los pelos del culo abrigan.
Los viernes tienen otro ritmo. Muchas de las personas que me rodean miran el mundo con otros ojos. De repente pueden incluso hacer un favor o, en cualquier caso, elevar las cejas en un gesto de acercamiento. De todas las maneras decidí guardarme en casa. Al pronto recibí una llamada. Un comercial del círculo quería hacerme una encuesta. Sería cosa de diez minutos. Al cabo de más de media hora se marchó un tanto cabizbajo. No había conseguido venderme ninguna enciclopedia con sus correspondientes deuvedés. Parece mentira, alguien vendiendo enciclopedias llenas de ventajas visuales y económicas. Al final podía hacerme con una de historia por sólo 25 euros al mes. Él me hizo perder el tiempo y yo le hice perder el tiempo. Estuve por pedirle disculpas e inventarme una historia, decirle que un día fui vendedor de ajos y que por eso sé lo que significa el oficio. Estuve por darle ánimos y no tan sólo desearle un buen fin de semana. Finalmente le recomendé un director de cine, Hoo Sangsoo. Ese fue mi regalo. Me supe mayor que él y entendí cómo los años también dan poder. Los años y las palabras. Él, tras la encuesta, un viaje a Turquia y una serie de ventajas que podía tener al ser socio del Círculo, sacó el arma de su abultado maletín. Allí estaba el contrato y los folletos de las enciclopedias que había que firmar con premura al tratarse de una edición limitada de algo que saldrá al mercado en el próximo mes de Junio. Cómo explicarle que apenas me interesa lo que vende el Círculo y Planeta si en realidad llevo tantos años con la inercia de hacer unos pedidos bimensuales un tanto absurdos. Cómo decirle que siempre pienso en borrarme y que con este pensamiento han pasado diez años. Una idea he sacado clara, que cuantas menos tarjetas de socio de lo que sea tenga mejor. Hace unos días me llemaron del Corte Inglés. Habían comprobado que compraba cosas allí. Esas cosas no son sino deuvedés en época de rebajas y muy de vez en cuando. Me querían hacer completamente gratis una tarjeta y les dije que no. En seguida vi una de esas carteras llena de tarjetitas desplegada sobre un mostrador. Todas esas tarjetas molestan puesto que también sirven para recibir llamadas y felicitaciones absurdas. Todas esas suscripciones o pertenencias tienen menos sentido que aquel brindis: Digan lo que digan los pelos del culo abrigan.

toda la noche fuimos eremitas fanáticos
Apenas ha empezado el día y un tono triste invade las calzadas. Compro el periódico, tomo café y continuo con la rutina de cualquier sábado. En el quiosco compró los dos libritos que salen con el Mundo en la colección “Los clásicos del pensamiento libre”. ¿Qué es eso de libre? Me parece de mal gusto añadir esa palabra, esa estupidez que quita más que pone. Abro uno de ellos, “El discurso del método” de Descartes. Tercera parte:
“Y, en fin, como para empezar a reconstruir la casa en que se vive no basta haberla derribado y haber hecho acopio de materiales y arquitectos, o haberse ejercitado uno mismo en la arquitectura y haber trazado cuidadosamente el plano, sino que también hay que proveerse de alguna otra habitación en donde pasar cómodamente el tiempo que dura el trabajo, de igual modo, con el fin de no permanecer irresuelto en todas mis acciones mientras la razón me obligase a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir desde luego lo más felizmente que pudiese, me formé una moral provisional que consistía solamente en tres o cuatro máximas que voy a exponer…”
Cierro el libro. Me levanto del café y camino con la mirada puesta en las baldosas. Compró dentífrico y un acondicionador para el pelo. Copio y pego el inicio del artículo escrito por Rodrigo Fresán en el ABC cultural de hoy. Se titula Jean Rhys, divino infierno:
“Al final de su autobiografía inconclusa leemos: El infierno de los que buscan, luchan, se rebelan. El cielo de los que no pueden pensar o evitar el pensamiento, de los que carecen de imaginación… Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa”. Ojeo más adelante las páginas donde publicitan la última novela de Naipaul “La máscara de África” que Mondadori va a publicar en castellano el próximo 6 de Mayo. Es un corta y pega de la novela. Cierro la puerta y retumban las palabras… moral provisional... tres o cuatro máximas… las máscaras de… África.




