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Control
Es lunes.
Joy division fue la primera banda post-punk. Atrás quedaba el vómito, la rabia y el sin Dios. La transmisión de sentimientos, la melancolía y la poesía entraba en escena. Un mucho de epilepsia, su frustrado papel de padre y la típica depresión le llevaron, según dicen, a despedirse dejando un bonito cadáver. U2, The Cure, y muchos otros bebieron de sus fuentes.
El 18 de Mayo de 1980, fecha del luctuoso trance, también era lunes.
Ella ha perdido el Control
La confusión en sus ojos lo dice todo
Ella ha perdido el control
Y se agarra al transeúnte más cercano
Ella ha perdido el control
Y contó los secretos de su pasado
Y dijo “Nuevamente he perdido el control”…
Joy Division

El poema también es un lagarto
Esta mañana, desde el monte, pude oír los aullidos de una manada de lobas. Tarareaban “Morir al lado de mi amor”, una vieja y emotiva canción con la que Demis Rusos rompió las arterias y corazones en sus tiempos mozos. No está mal empezar con estos augurios el día aunque no siempre puedo dejarme libre y trotar siguiendo el rastro de una de las escasas liebres que se han podido ver por los campos últimamente. Con el espíritu ligeramente tonto y alegre por esta circunstancia no me tocó más que, al poco, volver a la realidad empanada con sus logros y lamentos, extraños para mí y sin embargo tan cansinos. Para el regreso a un estado más habitual quiso el azar disponer antes mis sentidos una fina rebanada de luz y voz. Eran los hermanos Carpenters. Qué impertinencia me dije, Richard vivía pasado de rosca por sus adicciones y Karen se abandonaría a la anorexia sin sobrepasar los 32 años. Un final más para la historia que me es completamente ajena, más que esas cadenas de olas gigantes desgajando la isla de Juan Fernández, la isla de Robinson Crusoe. Aunque no tanto como esas otras holas con que esta Castilla en escombros se levanta a dos patas para relinchar a base de órganos y consultorios. Si hace unos días era el banco de pensadores lo que se anunciaba con ánimo palpitante ahora se trata de la creación de un observatorio cultural. Propuesta parida en el primer encuentro de escritores y artistas de esta comunidad celebrado en Zamora. Dejo estas minucias en Tayikistán, el país más pobre de mi imaginación.

Hoy he vuelto a ver en su regreso la alegría de una vieja compañera maltratada por la enfermedad. Estrictamente nunca he tenido mucha relación con ella, aunque ver su cuerpo nuevamente paseando por los pasillos ha hecho que el tiempo empantanado en mi memoria reconvierta los años transcurridos entre cuatro paredes, en las semanas que digiere un recién llegado cuando aún no entiende nada. Es como si algo milagrosamente permaneciese en su sitio junto al que no se mueve y escribe, ahora, mientras para algunos la correspondencia epistolar ya no es un género literario sino un arte desligado del tiempo.
Esto, lejos de aullidos y lobas, tampoco ha estado mal.

Malick Sidibé
Noches y días, días y noches
Me he podido alterar con un racimo de cuestiones puñeteras, granadas de mano y bombas de palabras y antipersonas. Pero no lo he hecho. No sé muy bien por qué. Tal vez porque tocaba a otros y mi papel en el escenario era el opuesto. Ese que adoptamos cuando los que tenemos al lado se nos adelantan con cierta desesperación. Todo es increíble y el rizo que un día nos pareció insuperable se convierte en una caricatura de lo que pensábamos.
Además el pico Espigüete se está convirtiendo en un auténtico sarcófago a nivel mundial. Dos nuevos montañeros han perdido sus vidas. Paradojas del destino el único cuerpo que se ha conseguido recuperar con éxito en este Espigüete últimamente ha sido el de un perro llamado Kopi. Un solo montañero se bastó y sobró.
Jóvenes cadáveres que no hace mucho caminaban como si esto no fuera a pasar nunca. Por lo que parece, cuando poco, todo el mundo conoce a alguien que les conocía. Cosas de las ciudades pequeñas.
Un sello negro ha sido colocado sobre el tejado de sus hogares. Excepcionales son las familias que no conocen su estampado en algún momento.

Queridos compañeros, carpinteros y ebanistas
Ayer fui a la facultad de Filosofía y Letras de Valladolid como quien participa en un viaje del IMSERSO pero sin la contribución del erario público. Llené las aulas de exclamaciones, interjecciones y miradas que se posaban entre los carteles y pasos de una juventud irredenta. ¡Oh qué bonito!
Inspirado por el mejor Diógenes recogí algunos folletos, publicaciones y hojitas informativas que muy bien podrían servir como billetes en Cavalo Morto, ese lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Por azar y sin demasiado interés ojeé uno de ellos. Invitaban al boicot contra Israel de la manera típica y tópica. En este caso evitando el consumo de productos no sólo materiales sino espirituales. El próximo 16 de Mayo habría que dar la espalda al Jerusalem String Quarter en el Centro Cultural Miguel Delibes. Es como si el tiempo no hubiera pasado y aquellos que en una juventud lejana pregonaban los mismos misterios estuviesen proyectados nuevamente frente a mí, con nuevos bríos ¿De qué ha valido ese proyecto llevado a cabo por el maestro argentino-israelí Barenboim y el escritor de origen palestino Edward Said cuando en 1999 fundaron la orquesta Diván Este-Oeste entre músicos israelíes y árabes? Panfletos zombis a fin de cuentas que me muestran otro mundo más allá de internet. La ciclogénesis imperfecta siempre ha nacido dentro de este tipo de edificios transgénicos.
De momento no importa que ustedes no sepan quien soy. En un país donde la mitad se llama Pero Ese y la otra mitad se apellida Quién Es, la ignorancia es lo último que se pierde…”
“Amarillos rosas, blancos naranjas” –La casa roja - J. C. Mestre

J. C. Mestre
esculpamos, pues, la niebla
¿Semana rastrera? Sólo los pensamientos y ese travestirse en Judas sin monedas a cambio. Al final resulta que Jesús era Lucifer y viceversa, depende del historiador, la corriente del momento o el mecenas de turno. Todo es cuestión de repensar el caso, sea el que sea, y esa dificultad de decir a la cara lo que para otros no supone nada, como pedir la hora a un transeúnte o una limosna a las puertas de la desesperación.
Nada es evidente y lo que para unos está claro para otros oscuro y decir lo que se piensa dentro de un campo de concentración puede ser contraproducente. Me pasa con lo que digo y dejo de decir, que encarno muchas las lecturas antropológicas porque no entiendo sus retóricas sin fronteras y esos laberintos construidos con la palabra para perder el hilo de la historia.
Si alguien quiere poner sobre la mesa alguna cuestión deberá hacerlo cuando la catástrofe haya hecho su aparición. Esa es una razón convincente. El diluvio, una bomba atómica, una cadena de accidentes, un avión contra un rascacielos, terremotos, tormentas, lo que sea. Antes de que esto ocurra es imposible hacer nada puesto que nos ciega la sinrazón y, además, creemos que podemos seguir adelante un poquito más.
Las imágenes con las que cierro el día son las de un borrico rebuznando frente a un mostrador y las de un funcionario bregador y anárquico, incapaz de levantar la mirada para ver más allá de sus propias narices. Un caso atípico que termina en el mismo abrevadero de todos.
De la película, “Fish Tank”, de Andrea Arnold, prefiero no hablar. No quiero hundirme en un pozo sin ambición.

Todo es bar y delicia oscura
Un pequeño montón de neumáticos arden en el centro de una plaza. A su lado tres señores con jersey y americana, ligeramente encorvados, apagan las llamas arrojando el contenido blanco de dos garrafas de leche. Es una manera de verter sus realidades y protestas. Ellos, huyen de la metáfora y hacen lo mismo que denuncian. Tirarlo todo por la borda. Algunas empresas, nos dicen, son más perversas. Les pagan a 0,20 euros el litro de leche. La convierten en polvo y luego la licuan dentro del brick. Un producto económico que llega al consumidor. Y si usted encuentra algo peor acuda al servicio de urgencias más próximo. Magia Potagia. Alrededor del espectáculo se congrega el resto de manifestantes. Unos aplauden, otros taconean y los más sonríen. Es un espectáculo a la altura de “Esencias”, lo último de Sara Baras. Los focos son blancos, las camisas, lo que se presenta y el corazón de cada uno. El contraste lo ponen algunas boinas negras y la esperanza de todos ellos. Pero no nos engañemos, nada es completamente blanco o negro. El corazón será el último producto transgénico que mejorará la producción y los resultados. Su futuro estará en tuenti o en ninguna parte. Allí siempre parecerá que todo es blanco o negro. Eso simplifica las cosas. La segunda viñeta del primer volumen de la obra “Una vida errante”, de Yoshihiro Tatsumi, abarca la mitad de la hoja (16 x 24,5 cm.). Un grupo de mujeres, hombres y niños, cabizbajos, están escuchando la radio, colocada sobre una mesa. El contenido de unos globos inexistentes, o sea, sin esa frontera gráfica de la línea que recoge las palabras dentro de lo que también se ha venido en denominar bocadillos, es el siguiente: “Mediodía del 15 de Agosto de 1945. La emisión radiofónica especial del emperador Hirohito anuncia el final de la guerra. El pueblo japonés se libró así del sufrimiento que vivía a diario”. 

Junto las dos imágenes en mi cerebro. La de los ganaderos, bien alimentados y festivos, con la de ese pueblo japonés, triste y agotado. Caminamos en círculos, haciendo corro y dentro de poco volveremos a escuchar, desangelados, la misma noticia nipona. De hecho ya lo estamos haciendo con cada rendimiento individual, con cada suicidio. En este país no existen factores determinantes que separen las causas por autonomías o ideologías. En total sumamos nueve al día con la misma explicación… se libró así del sufrimiento que vivía a diario…

… pero antes somos capaces de emplear nuestro tiempo dilucidando en los diferentes parlamentos la cuestión taurina: toros sí, toros no. Tatsumi Yoshihiro 
Live aid
La música etíope me atrapó hace ya un tiempo. Ahora salta una noticia que no debería sorprendernos (Tampoco quiere decir que sea verdad). El dinero sacado de los dos macroconciertos organizados en 1985 contra el hambre en Etiopía sirvió para comprar armas. La noticia en el diario “La Razón” de ayer día 5 de Marzo dice:
Corría el año 1985. Más de 78.000 personas esperaban en el estadio JFK de Filadelfia la actuación de sus cantes favoritos. La misma expectación se vivía en el estadio londinense Wembley. Detrás de todo, Bob Geldof. El irlandés había reunido a los más grandes para ayudar a las víctimas de la hambruna que vivía Etiopía. El mundo entero vió en directo el nacimiento de “Live Aid”, los dos primeros macroconciertos humanitarios. La recaudación superó los 250 millones de dólares…

En el programa Gebremedhin Araya, uno de los insurgentes, dice que apñroximadamente 95 millones de dólares de los 100 que llegaron a manos de los rebeldes se destinaron a armamento. “Me dieron ropa para que pareciese muslmán y engañar a las ONGs –dice-. Pensaban que vendía cereales, pero los sacos estaban llenos de arena…

Mi alegría es mirarte cuando escuchas
La especialidad de la casa: arroz con cangrejos. Sofreír el pimiento, añadir los trocitos de chorizo, un par de cucharadas de tomate. Echar el arroz y al poco, el caldo que previamente se ha calentado en otra cazuela. Dejar quince minutos y colocar encima los cangrejos ya hechos (ver receta de la abuela). Esperar cinco minutos y decorar con los huevos cocidos y troceados. Servir y brindar por algo o alguien que no sea el profesor Talc:
“Su total ignorancia de lo que profesa enseñar merece pena de muerte. Dudo que sepa usted que a San Casiano de Imola le mataron sus propios alumnos atravesándole con sus estilos. Su muerte, un martirio perfectamente honorables, le convirtió en santo patrón de los profesores.
Encomiéndese a él, tonto extraviado, pseudopedante que se dedica a decir “Alguien para el tenis?” y a jugar al golf y a trasegar bebidas alcohólicas, pues necesita usted realmente un santo patrón. Aunque sus días están contados, no morirá usted como un mártir (pues no defiende usted ninguna causa santa), sino como el perfecto imbécil que en realidad es.”
EL ZORRO

J. K. Toole
Este profesor de “La conjura de los necios” descansa en la estantería de mi casa junto a “El profesor del deseo”, de Philip Roth, en una ordenada clasificación que sólo mira la profesión de algún protagonista extraviado entre las páginas o los títulos de determinadas novelas.
Pero la comida y el vino pronto nos llevaron a otras disquisiciones propias de un imperio no siempre en decadencia. Es poco habitual que una sobremesa se prolongue hasta la hora en que las carrozas se transforman en calabazas y mucho menos que el camino seguido para ello sea el dejado por una lectura en el corazón. Pero exageraría si dijera que fueron más de cuatro o cinco páginas las causantes de esa epopeya con la que disfrutamos tres personas, dos de las cuales se acababan de conocer. Mi posición de árbitro quitaba y ponía cada razón sobre un púlpito de licor. Dejemos hablar a las pasiones, me decía, y sobretodo oigamos las palabras intentando cazarlas al vuelo en un salón de pasos encontrados y no perdidos, donde ellas, las palabras, fueran los animalillos tantas veces perseguidos por mi imaginación.

Adriano
“… Pero ninguno de nosotros osaba recordar al emperador que la sucesión seguía pendiente. Quizá, como Alejandro, había decidido no nombrar en persona a su heredero; quizá tenía con el partido de Quieto compromisos que sólo él conocía. O, más sencillamente, se negaba a admitir su propio fin; así es como en tantas familias se ve morir intestados a tercos ancianos. Para ellos no se trata tanto de guardar hasta el fin su tesoro o su imperio, que sus dedos entumecidos ya han soltado a medias, como de no ingresar prematuramente en el estado póstumo de un hombre que ya no tiene decisiones que adoptar, sorpresas que dar, amenazas o promesas que hacer a los vivientes…”
Y con estas palabras escritas quién no es capaz de traer hasta su pensamiento el momento pasado, presente o futuro al que nos habremos de enfrentar en ese difícil trance, si aún no le hemos hecho ya. Para Adriano el imperio estaba en juego pero para nosotros no lo estará menos. Nuestros padres aún viven, pero ya se atisba el filo de la navaja con el que el tiempo nos muestra la realidad. ¿Y nosotros? ¿haremos lo mismo? ¿pensaremos así? ¿Solos? ¿Sin nadie a quien poder agarrar la mano en el postrero instante…? ¿Qué imperio es el nuestro? Podría, para entenderme mejor, escribir una novela al estilo de Dickens, otro “David Copperfield” copiando su inicio: “Escribo para saber si he sido yo el protagonista de mi vida. De no ser así: ¿quién es el propietario?”
La tarde de ayer daría para una novela. Sólo diré que cuando se fueron y se abandonaron a la noche, cada uno a la suya, en la televisión echaban “Jeremias Johson”. Una película con la que millones de personas, románticas, indómitas y aturdidas nos hemos identificado, incorporando pasajes y escenas a ese imaginario de cabañas, nieves, indios y tramperos que habitarán siempre dentro de nuestros sueños.

La sal que dejaron las olas de los días al derrumbarse
Mi rostro nunca alcanzará el tacto de la piedra. Aunque así me lo pareciera, en ocasiones, cabizbajo, jugando a ser un discípulo torpe de Lucifer, Byron o un profesor desafortunado que huye a otro lugar tras la condena unánime del claustro y la comunidad. ¿Cómo cambiaría mi tacto si el barco donde viajo estuviera atrapado, sin víveres, calefacción ni electricidad, en el hielo, junto a las islas Aland?¿Asumiría el destino y encontraría un lugar en la bodega donde relatar mis últimas horas? ¿O tal vez aspirara a componer una ópera, zarzuela o sainete con la que trasvasar el espíritu al folio tan blanco como el universo alrededor? No voy en ningún barco ni tengo otro motor que unas piernas poco entrenadas en el movimiento. Sin embargo, me alejo. Y me acerco con el depósito tantas veces vacío, mirándome a los ojos el rompehielos con el que un día atravesaba las distancias sin pararme a pensar. Porque nunca fui así y, sin embargo, este que soy es más yo que nunca.
«Cuando medito a solas en el hombre, William Wordsworth
en la naturaleza, en esta vida,
veo alzarse ante mí series de imágenes
que acompaña un resquicio de delicia
pura, sin mezcla de tristeza. Y soy
consciente de afectuosos pensamientos
y de gratos recuerdos que sosiegan
el alma que desea sopesar
el bien y el mal en nuestra condición...
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Mark Linkous, vocalista de Sparkelhorse se suicidió el pasado sábado. Su primer disco llevaba por título: “Vivadixisubmarinetransmissionplot”.

En casa la palabra chiborra y chiborro nunca ha sido extraña. Eres un chiborro o estás hecha una chiborra fueron epítetos y flores con las que podíamos impartir, en cualquier momento, una peculiar simpatía. Ahora sé que junto a ocho danzantes vestidos de blanco este personaje extravagante, salta, baila, asalta corrales y recita versos mientras dura la fiesta en la localidad de Cisneros. Yo también soy él. En su trasero se puede leer la palabra “BESA”.
Mar alentado como un brazo que anhela
Todo el mundo ha estado alguna vez invadido por un espíritu maligno, exaltado, loco, por un chiborro al cuadrado. Un algo o alguien que, sabiendo o sin saber, se nos introdujo como los dedos en el interior de un guante. Este es un proceso consecuencia de una fragmentación espiritual, una violencia extraviada que se nos quedó dentro, en un callejón sin salida. La manera en que se presenta y saluda el espíritu, monstruo o vikingo enajenado siempre es la misma. Aullidos, heridas, frases incoherentes o demasiado lúcidas que saltan al espacio tras una agitación gaseosa y nerviosa. Puede que en realidad aquello no sea sino una alternativa, una cultura de la resistencia que segrega mala uva y caos, quema neumáticos, pincha ruedas y esgrime un as de bastos como si fuera una antena que nos conecta con un tiempo ya lejano en la historia. Los riesgos que conlleva el no poder hacer nada ante una situación así nos siembra de dudas y misterios. ¿Volverá a ocurrir? ¿Qué pensarán si en realidad no fui yo sino ese demonio que cambió la hibernación por una adicción de vísceras y neuronas que sólo palpitan dentro de mí?
Esta actitud tiene mucho de supervivencia pero también de retroceso (¿para coger impulso?). Un pasito adelante dos para atrás. Y en ese baile, mal que nos pese, andamos todos, mirándonos la ficha de pre delincuentes que nos hemos fabricado tras el estallido, siempre con el deseo de haber querido controlar el cuerpo en tiempos de crisis, cohibiéndonos. El cuerpo, lugar de indisciplina y disidencia, de historia, botella con un mensaje dentro: siento.

Oscar T. Pérez
De la Wiki: Christopher George Letore Wallace (21 de mayo de 1972 - 9 de marzo de 1997), también conocido como Biggie Smalls (alias que tomó de un elegante gángster de la película Let's Do It Again de 1975), Big Poppa (su apodo en sus canciones) y Frank White (de la película King of New York), aunque mucho más reconocido como The Notorious B.I.G. (Business Instead of Game) era un rapero estadounidense. Nacido en Brooklyn, New York, de joven traficaba con drogas en Bedford-Stuyvesant. Tras dejar su vida de criminal, decidió hacerse rapero. Lanzó el criticalmente aclamado álbum Ready To Die en 1994 y se convirtió en la figura central del rap de la Costa Este que tanto rivalizaba con la Costa Oeste, liderada en este caso por Tupac Shakur. Su carrera estuvo marcada por las continuas disputas entre Bad Boy Records y Death Row Records, y sin embargo, hasta su muerte en 1997, The Notorious B.I.G. ha sido celebrado como una leyenda del hip hop. Su doble disco Life After Death, lanzado poco después de su muerte, es el álbum de hip hop que, hasta la fecha, más ha vendido en todos los tiempos, con 28 millones de copias. Biggie es recordado por sus raps y su freestyling, y sobre todo por su flow que le hacía único. También fue pionero del método cada vez más popular de no escribir las líricas sobre el papel.

las pestañas despeluznan la luz
Ellos permanecían unidos. Estaban locos y hacían de su opinión un ariete con el que golpear las puertas de cualquier razón. Los trabajadores del sistema intentaban razonar, explicar que lo mejor sería un internamiento en una residencia. Uno de ellos había sido operado recientemente y apenas podía moverse. El otro, imbuido del baile de San Vito, parecía un payaso con su máscara de desecho, sin afeitar, sucio, un recortable pisoteado en el suelo por todos los niños del colegio. Los dos habían salido del interior de una lámpara mágica gracias a las caricias que en sueños ofreció un gigante huérfano y esquizofrénico durante su reclusión en una mazmorra de cartón. En el interior de la lamparilla, no se vayan a pensar, quedaba otro hermano, retrasado, esposo de una mujer alcohólica, sin rehabilitación posible y con una casa de campo construida dentro de un botellín de cerveza.
Pero ocurrió algo imprevisto. El único pensamiento con el que luchaban contra los operarios se fracturó cuando el hermano, teóricamente cuidador, contrarió ligeramente al enfermo. No, no podía ir a dónde quería porque no había plazas, le comentó. Y los operarios a una, viendo la vía de agua que se abría de repente asintieron, mediaron y tiernamente volvieron a explicar las conveniencias de un cambio de vida.
Ese momento fue clave. La locura que compartían como si fueran una hidra de dos cabezas dejó de compartir el mismo cuerpo. Todos se dieron cuenta de que incluso dentro de la locura los roles estaban demasiado claros y que la lucha, por tanto, habría que concentrarla sólo sobre la voz cantante. En el peor de los casos se podría utilizar el forceps de la mentira con nuevas promesas o ambigüedades.
Sólo fue un instante. Suficiente.

"Sátira del suicidio romántico" Leonardo Alenza"
Vodoo Vodoo
Las administraciones, las familias, este país entero no es sino lo que se cuenta en el video Vodoo Vodoo, de Lavern Baker, una de las famosas cantantes de rhythm and blues durante los años cincuenta. Fue a Manila con su espectáculo y allí fue abandonada por su manager mientras que el esposo se divorció de ella. Por un amigo pasó a regentar un Club de los Marine Corps, en la base naval de Subic Bay. Esto duró 20 años. A finales de los 80 volvió a actuar en los EEUU. Por su diabetes la tuvieron que amputar las dos piernas. Aún así subiría a los escenarios en silla de ruedas. Murió en 1997.

En el silencio hay vértigos de abismo
Napalm. Uno no sabe muy bien por qué se acostumbra al NAPALM. Mejor diría que al cuerpo le da por ahí aunque muy bien podría ser al contrario y sentirse gusano horadando un agujero bajo tierra. Vivimos en un mundo complejo, con dimensiones, prácticas y diferencias que nos confunden hasta no saber en qué bando le incluyen a uno o si el destino de la guerra quiere que mi papel sea el de un espíritu paseándose bajo las balas de fogueo. He leído por algún sitio que en la batalla de las islas Midway, en la segunda Guerra Mundial, la flota japonesa luchaba contra la norteamericana a una distancia considerable. Los aviones y submarinos intercambiaban regalitos con acuse de recibo de tal manera que nadie tenía una visión global de lo que ocurría. De repente los japoneses se batieron en retirada y los norteamericanos, al verlo, dedujeron su victoria. En mi caso he visto el espectáculo desde un flotador, sabiendo que siempre, ganase quien ganase, la batalla estaba perdida. Napalm. La diferencia entre una máquina trivial y una no trivial estriba en que de la primera, una vez conocidos los inputs, se pueden deducir los outputs. En cambio, en la segunda y aquí meto al ser humano, esto es imposible puesto que nuestro organismo admite un grado de desorden bastante considerable. Y aquí cabría hablar de la creación y la invención.

A veces tengo la sensación no de estar sobre un flotador sino sobre un pequeño pesquero que pudiera ser muy similar al “Sakoba”. Este barco acaba de tomar el relevo del Alacrana en los medios de comunicación. Se encontraba a unas pocas millas de territorio tanzano, con pabellón keniata. Su capitán, nacionalizado español, reside en Vigo y es de origen portugués. El barco es propiedad de la East Africa Deep Fishing, de Kenia y sus capturas van a parar a la empresa viguesa Sakald Pesca. El resto de su tripulación la componen diez kenianos, dos senegaleses, un polaco, un caboverdiano y un namibio.
El senador republicano de California, Roy Ashburn, prototipo de político homófobo, ha reconocido que es gay. Hace unos días fue detenido por conducir beodo al poco de salir de un club un tanto sospechoso. Napalm. Creo que cada uno de nosotros, de vez en cuando, amañamos elecciones para que nuestra mente se tranquilice y piense en una democracia extendida a todas y cada una de las células. El dibujante sueco que caricaturizó a Mahoma, Lars Vilks, lleva más peligro que, en su día, el mismísimo Salman Rushdie con su “Versos satánicos”. Me desconcierta. Lo mismo o más que algunos de los motivos de la sentencia con que condenan al dueño de la famosa librería Europa, de ideología xenófoba y nazi. En la sentencia explican que Pedro Varela –ex presidente de los ultraderechistas Cedade-, edita libros que responsabilizan de los males de este mundo a los ya clásicos en esto, judíos y negros. Pero lo que se recoge en prensa dice exactamente lo siguiente: A pesar de que durante el juicio el dueño de la Librería Europa llegó a alegar que no ha leído todas las obras que publica, la togada considera en su resolución que tal argumento “no es creíble”, ya que Varela demostró tener unos conocimientos propios de una persona con mucha cultura, por lo que, siempre según la togada “debía conocer el contenido de dichos volúmenes” Napalm. Napalm para el que tenga unos conocimientos propios de una persona con mucha cultura.![]()


El paisaje es un silencio
La realidad produce no sólo desgracias sino chistes. O lo que es mejor, las dos cosas juntas. El otro día, como consecuencia del impacto de un coche contra el escaparate de un comercio, el cristo del Descendimiento hizo lo propio de su nombre y se rompió las piernas. Vivía, el Cristo, en la sede de la cofradía del Santo Sepulcro que por fatalidad linda con el comercio del accidente.

Esta noticia ha dado el chupinazo a la inminente Semana Santa ¿se logrará restaurar la talla a tiempo para la procesión? Mientras tanto, dejando aparte un varal de longanizas curándose en el pueblo, se ha enterrado a un familiar, allegado por parte de padre. La familia de su mujer, antaño, tenía dos tierras y la de él, ninguna o viceversa. Nunca fueron bien vistos por la familia pudiente y aquella impertinente relación provocaría un alejamiento y la idea en sus hijos de que allá, un día hubo un pueblo del que apenas quedan algunas cosas. Para los descendientes, esos que dicen no tuvieron oportunidades en su tierra, el pueblo se viste de envidias. Se trataría, dentro de su imaginación, de un nuevo Kidal, esa zona desértica entre las fronteras de Argelia y Níger donde los gobiernos no tienen ningún poder y las franquicias terroristas toman el sol y rehenes. Estas herencias, tan del terruño, contribuyen un poquito más a que el silencio y el olvido llenen la memoria de los que, de alguna manera, también podrían considerarse desaparecidos en aquellos lugares.

La hoja roja
La muerte de Delibes ocupa buena parte de las noticias del día. Los últimos homenajes sobre papel se llenan con hermosos titulares que compiten en una poética o expresión con la que intentan compendiar su vida y obra. “Un hombre, un paisaje, una pasión”, “El alma de Castilla se apaga”, “Humanísimo Delibes”, “Gran señor de la novela”, “Delibes, Vergés y Pla entre cipreses” y un largo etcétera. Cada uno, político, filósofo, torero, escolar, lector o lo que se tercie explican en sus artículos lo que fueron y significaron para ellos o el mundo, fundamentalmente, sus palabras.
Rescato unas líneas del artículo con que se abre el diario ABC de hoy, firmado por César Alonso de los Ríos: “Si no hay personajes y no hay paisaje y no hay pasión puede haber literatura o ensayo pero no novela”, les decía a Paco (Umbral) y a Pepe (Jiménez Lozano). La editorial del mismo periódico titula: “Delibes o la libertad” Hombre íntegro, recto, indomable, con la fortaleza de sus creencias, con la libertad como bandera y sin claudicaciones. Quita el hipo la pureza y mirada del ángulo con el que se le admira y despide. Ya me estoy imaginando, dentro de poco, una biografía o noticia sacando a la luz alguna escena escabrosa, residuos o estupideces que pondrán los pelos de punta. Gunter Grass, Milan Kundera y otros conocen algo de esto. Naipaul ya ha contrarrestado esa posibilidad publicando su propia mierda hasta un punto inusual, dejando claro que los emolumentos que se pueden sacar con ello también son suyos.

Yo también podría escribir mi propia historia con Delibes. Lo que supusieron algunos libros de lectura obligada en el colegio, sus personajes y vivencias todas ellas de grato recuerdo. Ya hace unos años que escribí un libro de cuentos al que titulé “Unos cuentos del copón”. En ellos esculpí sudorosa y placenteramente la palabra perdida, el absurdo y la hipérbole en una tierra de pan llevar. Aún no había leído “Viejas historias de Castilla la Vieja”, libro con el que enlazaría de una manera muy directa sin yo saberlo en el momento del parto. El libro de Delibes está narrado por un emigrante de los años cincuenta que ha regresado a su pueblo tras haberse marchado en los cuarenta. Apenas encuentra cambios. Las Viejas historias de Delibes, aunque se publicaron en 1964 (siendo director de “El Norte de Castilla”) con el subtítulo de “Estampas en prosa” y conteniendo 25 fotografías de Ramón Masats, cuentan con una tirada para bibliófilos de 150 ejemplares publicada cuatro años antes.

Como la hierba somos
Atom Egoyan está en Las Palmas. Allí, dentro del festival, a la vez que se proyecta una retrospectiva completa de su obra, tendrá lugar la presentación de un nuevo libro “El teorema de Atom según Egoyan”, escrito por Antonio Weinrichter, a la postre coordinador general de dicho festival.
A propósito de este acercamiento, un pensamiento del director, trazado bajo el título “La sonrisa de Arshile”, incluido dentro del dossier que le dedica la revista Cahiers, me ha acercado a algunas ideas que de vez en cuando se levantan, como si fueran polvo, de entre los muebles desgastados que visten los cuartos de mi cabeza. Atom medita entre la tensión de grabar y no grabar imágenes íntimas, pertenecientes a la familia. Se pregunta por las razones que le llevan a filmar el nacimiento del hijo, la primera sonrisa, palabras y aquellos momentos más significativos de la vida. ¿Cómo se analizará su mirada? Se pregunta, si puso la cámara a una distancia concreta, sin recurrió al autofoco… Compara a los niños que sí tienen esas imágenes compitiendo en un futuro con los que no las tienen porque sus padres no quisieron o pudieron tomarlas, huérfanos en definitiva, desheredados que sólo contarán con sus recuerdos. Nos dice que el fenómeno de los archivos de vídeo privados parece tener más significación por su propia existencia que por su función de catálogo de informaciones. Saber que algo ha sido conservado en una cinta de vídeo puede tranquilizar. Uno se siente aliviado de la tensión que experimenta al confiar un acontecimiento a su memoria. Antes también nos ha confirmado lo que todos sabíamos, que muy raramente nadie visiona su material, ese cementerio de imágenes que duermen en un cajón o, en los tiempos actuales, en algún ordenador, cd o soporte de alta definición. Nos recuerda que, en los tiempos actuales, la separación entre la realidad y la representación apenas existe. Nos habla de la experiencia del poder que se delata con las imágenes de la pornografía casera, tal vez similar al que resulta de filmar las imágenes familiares ¿acaso un video casero nos ofrece el fantasma de controlar nuestro propio desarrollo? Se filma para dialogar con el fantasma de la vida en familia. ¿Por qué y para quién filmamos?

El cine utiliza “la fuerza eyaculatoria del ojo”
Robert Bresson
Voy de mi corazón a mis asuntos
Natalia Rodríguez alcanzó la medalla de plata en los 1.500 del Mundial Indoor en lo que ha sido su reaparición tras la descalificación del pasado Mundial al aire libre por haber empujado a la etíope Gelete Burka. El titular dice “Al correr pienso en mi hija”. Esta semana pasada, no muy lejos de mí, oí algo similar. Ante una supuesta injusticia laboral, una mujer exclamó en alto: “lo juro por mis hijos”. A partir de ese momento y siempre que fuera menester, se agarraría a sus derechos sin ceder un ápice y sin importarle lo que nadie pudiera pensar. Con este juramento en voz alta quedaba afirmada su sentencia y desechado un posible olvido. No sé si estas expresiones reproducen también las estructuras de dominación de género, la violencia simbólica que trasciende a través de ella y que se manifiesta en un encarcelamiento mediante el cuerpo, siguiendo a Bourdieu. No es la necesidad de aferrarse al último reducto de verdad, a ese por el que dieron y dan la vida, sino a la exclamación en alto, un repique de campanas alertando de la noticia-peligro con rotundidad. Eso, de paso, las afirma como mujeres, madres y fieras reconstruyendo la resistencia de una dominación bastante asumida. No sé. 
Si ves un monte de espumas
El día ha sido como pasear por un desierto de cartón piedra. Mi alma era la que se arrastraba y prescindiendo de espejismos, secaba el sudor con un pañuelo de tela, de los que aún siguen habitando mis bolsillos. Ahí siempre hay palabras y sentimientos contrariados que parecen satélites viejos atraídos por esa tela que ya nadie usa. No sé por qué pero al sacudirlo, sin que nadie me viese para no dar pistas sobre el tiempo lejano en que vive mi conciencia, comenzaron a volar moscas y culpas. Una de ellas no era mía sino del cantante Simon Laks, usuario de Auschwitz. Harto de tener que justificar su supervivencia un día, sonrojado, contestó a una dama que le había repetido la misma pregunta de siempre ¿cómo lo ha hecho para sobrevivir? “Le presento mis excusas… no lo hice a propósito…” Es fácil llenarse de culpas o infligirse golpes sin ánimo de ninguna redención, así que me dejé llevar por el vuelo de una de las moscas. ¿A dónde me llevaría? ¿Hasta el politólogo W. James Booth? ¿Hasta la importancia del concepto de justicia que vive anclada en el deber de recordar el pasado? Pero esto puede ser muy peligroso.
Para acabar la tarde he cambiado el desierto por un parque, Paranoid Park. He metido la cabeza dentro de una gorra y me he disuelto en la ausencia. Todo transcurre a mi alrededor y sin embargo, estoy sentado sobre un monopatín, sin moverme, observando, dibujando las culpas en los rostros que me miran.

Todavía no era un príncipe vencido
A los libreros les entra la risa tonta porque ya no les es posible ofrecer las mismas provisiones a un regimiento de lectores. Uno tras otro entran y preguntan por “El hereje”, de Delibes. Ese es el postrer homenaje con el que millones de autómatas ensanchan un pecho que nunca estuvo de luto. ¿Quedará eso del maestro? ¿Eso y una ligera idea de lo que fue Castilla bajo una boina llena de palabras y perdices?
Sé de alguien que se acaba de morir con 99 años. Apenas conocía al médico y uno de sus inmensos placeres siempre fue echar un pitillo tras la comida. Como en los cuentos, rodeado de su familia, exhaló la última bocanada y partió. Él podía ser perfectamente un personaje de Delibes, de esos a los que ya nadie quiere encontrar en una novela. El caso es que con un final así, sin tristezas ni lamentos, tan de repente, parece que el pésame, de darle, no debería resultar tan triste. Como si a la pérdida le faltara algo, una parte del duelo que, por arte de birle birloque, nos ha dejado con cara de póker.

Archie Shepp
Mientras pensaba así escuchaba a Archie Shepp y Roswell Rudd en su concierto de Nueva York del año 2000. Oía “We are the blues Amiri Baraka”. De repente ese nombre, Amiri Baraka, me llevó hasta un poema que oí recitar no hace mucho a Juan Carlos Mestre. Amiri Baraka se llamaba en realidad Everett LeRoi Jones. Se convirtió al Islam cuando murió Malcom X. Amiri Baraka, poeta, político, dramaturgo, activista, músico y no sé cuantas cosas más. Aquel día, el del recital, algo quedó en mi cabeza.
Amiri Baraka canta como quien tira pájaros a las piedras
Amiri Baraka escribe como quien desayuna
Amiri Baraka saluda como quien tiene un orgasmo
Amiri Baraka escribió un prefacio para una nota suicida en veinte
Volúmenes
Amiri Baraka lloró en el entierro de Martin
Amiri Baraka fue amigo de Malcom
“Príncipe bendecido” J.C. Mestre (La casa roja)

Amiri Baraka
pero nada es lo que parece tras la república de las estrellas
Hoy me he tropezado con dos malos actores. Uno era abogado y el otro su cliente. Ahora, pasadas unas horas, creo que no hacían tan mala pareja. El cliente tenía los ojos y la piel hecha de resortes con lo que no era muy difícil sacarle de quicio. El abogado, joven e inexperto, lidiaba de una manera tebeística con la situación, tomaba notas como si fuera un antropólogo recién llegado a la Polinesia y se mostraba gentil. Me les imaginaba comprando en un zoco árabe, cazando búfalos o en una caravana rumbo a Samarkanda. Nunca pasarían inadvertidos. ¿Por qué no se dedicaban a la cría y engorde de moluscos gasterópodos, o sea, caracoles? Seguro que les iría mejor.
Miento, puesto que los de ANCEC, Asociación Nacional de Cría y Engorde de Caracol, se les han adelantado. Ellos y los reclusos de tercer grado que duermen entre los barrotes de la cercana prisión “La Moraleja”, de Dueñas. Ha nacido un nuevo proyecto de reinserción.
Yo en cambio, con esta idea sólo veo imágenes, metáforas y símbolos entre los unos y los otros, presos y caracoles. Babas, arrastrarse, lentitud, horas muertas, lágrimas, casas y cargas a cuestas, moralejas, etc. Y donde veo espuma, amontonamiento y en el mejor de los casos la necesidad de un poco de chorizo, jamón y huevo, otros ven pastoreo intensivo, cabezas de ganado cruzando el río Pecos, suavidad, contacto con la naturaleza y tratamientos para la piel.
En cualquier caso todos tenemos un mucho o un poco de caracol y preso. Doble verdad o falsedad “Double Falshood”, obra que los especialistas han asignado definitivamente en el haber de Shakespeare.

Bisagras de lluvia
Han llovido planchas de hierro. Ningún paraguas, por mucha poesía que tenga, puede enfrentarse a la verdad pero mi estómago, a prueba de cocidos, tampoco. “Los peces ibéricos” fue el título de una conferencia, “Dos rayos que no cesan” de otra. Hay demasiada gente hablando de los demás, poetas, artistas o personajes importantes para la historia. Voy dando patadas a las piedras sin mirar a nadie. Sé que en el bar de al lado unas mujeres luchan sobre un tablero de parchís. Oigo el cubilete y las voces. Sin ninguna duda se trata de un deporte más seguro que el footing y sino que se lo pregunten a ese tipo de Carolina del Norte al que se le cayó una avioneta encima mientras corría feliz como una lombriz. Tal vez la culpa fuera de su iPod o, en mi caso, de ese dado que retumba sobre el tablero. Me sumerjo bajo las corrientes. Un par de buzos están sacando el cadáver del desaparecido en Torre de los Molinos. Los cangrejos están tristes, la familia, las aguas, la poesía, mi estómago a prueba de cocidos.
Que en el pecho de los desafinados Joao Gilberto “Desafinado”
También late un corazón

Raúl Allén
tantos afanes en vela
El día del padre ha sido elegido por el azar para enterrar al desaparecido. Ayer, cansado ya de su escondite, asomó la cabeza sobre las aguas. El cuerpo, dadas las temperaturas del invierno, era perfectamente reconocible. Volver a escribir sobre lo mismo responde a la metáfora que veo en él. Él es Castilla y todos los que de alguna manera, vamos o venimos atravesando estos páramos. Un día también dejaremos que brote nuestra cabeza sobre lo baldío para que nos dejen en paz.
De la cámara funeraria de Djehuty
Las lecciones importantes de la vida, esas que nos ayudan a respirar y a encontrar algún sentido entre las piedras que son las malas formas, absurdos, gestos y lamentos, se aprenden y enseñan con pasión o, de lo contrario, ni se aprenden ni se enseñan. Por eso un alpinista cuando se encuentra con el cadáver de un discípulo, al que instruyó en el amor por la montaña, sepultado por un alud, es propio que se interrogue sobre el sentido de sus clases y pasiones. De esa pequeña gran culpa que su amor transmite a los afines, para más INRI. Del sentido de la nada y ese cuenco vacío que se descubre cuando se vuelca la verdad sobre unos corazones vestidos de luto.
Todo el mundo se interroga, los familiares del desaparecido, amigos, compañeros y maestros de los montañeros, filósofos, aldeanos, ebanistas… como si así se pudiera hallar la cámara secreta donde se columpian, que no calman, las respuestas. Tal vez exista algo así, una tumba mental como la de Djehuty, escriba real (para algunos secretario) y supervisor del tesoro de Hasthepsut (Año 1.480 antes de Cristo). En ella no existe un milímetro sin pintar. Dibujos, jeroglíficos y capítulos del Libro de los Muertos muestran una biblioteca sin libros, un paraíso sin respuestas.

De la cámara funeraria de Djehuty
las entrañas de las formas pasajeras
Me muevo bajo un cielo grisáceo, cruzo las mismas calles y veo en las personas, tigres mansos, leones, serpientes, insectos y bichos en general. Mi safari matutino destila cierta monotonía aunque ésta vez, al pasar por la carnicería, me sorprenda un letrero con la palabra “abogado” escrito en sangre. No vuelvo atrás la cabeza porque sé que soy yo quien así ha traducido la oferta del adobado, cerca, muy cerca de una nueva amenaza para la pequeña tienda. Alguien ha puesto un cartel, ésta vez sí, mayúsculo y en color, donde se puede leer sin ningún error “GADIS”, próxima apertura.
Cada individuo con el que me cruzo lleva una lámpara de minero colgada bajo su pecho, sicilianas, de acetileno y hasta candiles de sapo sin su aceite de ballena. Yo, en cambio, camino con una jaula de jilguero vacía tiritando con la cadencia de mis pasos. Juntos esquivamos sonrisas y saludos como si fueran bolas de cera roja disparadas por el cañón de Anish Kapoor. El artista angloindio explicaba que esas bolas son en realidad la sangre del nacimiento, de la violencia y de la muerte. Sus palabras dan un toque de humo; muy bien podrían haberse extraído de una iniciativa planteada por cualquier comisión de la Diputación. Aún así no estoy de mal humor y de un salto me subo a la última de esas bolas, abrazos y chascarrillos que van y vienen. En esta postura y para no imitar al barón de Münchhausen me digo que cabalgo sobre una de tantas estatuas ecuestres con la imagen del Caudillo. Vamos ocultos bajo la misma lona con la mirada puesta en Santiago. Si tuviera que regalar una guía a un peregrino sería el Códex Calixtino del siglo XII. De momento me conformaré con este caballo al que he transformado en pollino y ese jinete al que nadie se atreve a fundir para hacer, por ejemplo, una placa con el nombre de la nueva calle que se va a dedicar a Delibes. Seguimos con el muerto a hombros, trotando sobre el obituario que le dedicó The New York Times, tratándole de “escritor comprometido con el medio rural”. Seguimos bajo un cielo que amenaza lluvia.

The New York Times, 18-3-2010: Miguel Delibes, a prolific and much-honored Spanish novelist who explored human nature through the lives of common folk living in the rich Castilian countryside, died on Friday in his home in Valladolid, Spain. He was 89. He had been treated for colon cancer for 12 years, his granddaughter Elisa Silió said in confirming his death. His funeral over the weekend drew 15,000 people to Valladolid, his home city in Castile…
http://www.nytimes.com/2010/03/18/arts/18delibes.html

en alas de los vientos te paseas
Se mueven en la cabeza ideas sobre proyectos de antropología. Son troncos, mástiles y tablas que flotan en un océano donde no se divisan ni barcos, ni islas, ni seres. Como digo, son ideas, sobre músicos, montañeros o el consumo del vino de Ribera. Cualquiera de estas cosas podría valer para desarrollar un trabajo. Y mientras digiero la conversación tenida en el café observo una de las fotografías aparecidas en el Diario Palentino el pasado miércoles 17 de Marzo. El pie de foto reza lo siguiente: La inauguración de San Juanillo (izquierda/ y Carrechiquilla (centrales) dejó ayer imágenes como las que acompañan estas líneas./ Fotos: Óscar Navarro.
En la foto que digo se puede ver al presidente de la Junta de Castilla y León ocupando el lugar central, sitiado por un grupo de periodistas. Frente a él y para dejar espacio a las cámaras y al que ha realizado esta foto se arrodillan tres personas, mujeres por casualidad. Sólo una se ha resistido a la genuflexión junto al resto de hombres periodistas. Las domesticadas jovencitas ofrecen sus micrófonos al presidente.

Raúl Allen
miro a través de los visillos rotos
Se ha terminado el invierno aunque las lluvias se resisten a desaparecer. Es hora de colgar los abrigos y de que los pobres vuelvan del revés sus pellejos. Los parques comienzan a sonreír y a saltar a la comba. Al fondo de mi armario están escritas algunas historias sobre el tráfico de pieles: Los hurones (del francés derivado de hure, que significa jabalí, rufián, salvaje), celebraban la llamada fiesta de los Muertos aproximadamente cada diez años. Por aquel entonces la horticultura todavía era su principal recurso. Se enterraban los restos de quienes habían muerto después de la última fiesta y se transferían los nuevos cargos a los sucesores de los jefes muertos de los que, además, tomaban sus nombres. Gracias a este ritual se fortalecía la identidad y el carácter de los grupos que mostraban incluso diferencias lingüísticas y políticas. Los regalos que se intercambiaban encarnaban vínculos y alianzas además de reconocer las condiciones de mando. Esa horticultura y ese ritual irían dejando paso a unas relaciones comerciales con cazadores y recolectores. Cambiaban maíz, tabaco y cáñamo por pieles, ropas, peces, cobre y artículos de caza y viaje. Ellos fueron hasta su destrucción por los iroqueses en 1648 los principales agentes y beneficiarios del comercio francés en el interior. 
Hay estrellas lejanas
Es muy habitual que ante la pregunta consabida de hola qué tal, uno responda ya ves, sobreviviendo, porque lo dijo un poeta, en la infancia se vive, luego se sobrevive.
Pero esta tarde Canetti y Bauman me aclaran que eso precisamente, sobrevivir, tiene el matiz de querer vivir más que los que me rodean, o sea, que se mueran los otros antes que uno mismo. Y en ese otros se incluye un claro componente social. Porque la inmortalidad es imposible, sobrevivir es el único remedio contra la nada (la muerte). Partimos, no hace falta decirlo, de la imposibilidad de una inmortalidad y este deseo de sobrevivir origina una estratificación propia.
No sé si es la mente quien arrastra mis ideas o, al contrario, son ellas las que tiran de mi, como esos perros capaces de mover un trineo sin otra mercancía que la pesadumbre del último habitante que abandona un nuevo Iditarod.
Iditarod, ciudad de Alaska, alcanzó los 10.000 habitantes en 1909. Hoy en día es un pueblo fantasma.

El cielo permanecía a su nivel
La temperatura que hacía fuera se transmitía al interior. La pesadez y esos gatos que a veces llevo dentro me arañaban las tripas. Aún así esto es un paraíso, decadente, pero un paraíso muy lejos de turbadores y obscenos lugares donde los corazones nunca alcanzan la mayoría de edad. Para entretenerme por las tardes continúo con la lectura etnográfica de los campos de Auschwitz, “En el corazón de la zona gris”, de Paz Moreno Feliu. A través de ella estoy ajustando los tentáculos y cristales de mi pensamiento en lo que viene a denominarse la reciprocidad negativa, es decir, la manera más impersonal de intercambio posible. Se trata de buscar una ganancia a toda costa. Los otros dos tipos de reciprocidad son la generalizada, (altruista y difusa, se da principalmente entre las familias) y la equilibrada, conde la retribución es inmediata y equivale en valor a las mercancías recibidas. Este tipo de inmediatez es muy económica y, lamentablemente, abunda a nuestro alrededor. Nunca me acostumbraré a ella. ¿Explicarán esto en el musical de Hello Kitty y Bob Esponja? No sé quienes son estos personajes pero, han aparecido bajo mi suela, “Trotamúsicos”, el Musical de l@s Niñ@s. Así, con arrobas, canciones de ayer de hoy y de siempre en el Cine Teatro Ortega, presentados por el payaso Pulín. Significa eso igualdad, reciprocidad, qué tipo de reciprocidad. Tal día como hoy hace cien años nació Akira Kurosawa. Esto no ha influido para que mi película haya sido “La clave del enigma”, de Joseph Losey. En ella un detective fornido y responsable (Stanley Baker) bebe leche e interroga al presunto. El cuarto donde tuvo lugar la tragedia es pisoteado y manoseado por un sinfín de policías que están tras la pista del crimen. Al presunto (Hardy Kruger) le ofrecen un brandy para que se aclare y confiese. El detective “no entiende las ramificaciones más amplias que conlleva un servicio público, como es el de policía”. Hoy en día esas ramificaciones en cualquier servicio público están más podridas que nunca. Aún así esto es un paraíso. 
serena piel anclada en las alturas
“El criminal”, de Joseph Losey, película programada para el día de hoy ha sido sustituida por una grata conversación. Rogamos sepan disculpar esta circunstancia, ajena completamente a nuestra intención. Y es que he tocado el codo a alguien al que Miguel Delibes cogió en su coche alquilado cuando, el del codo, hacía dedo. Éste era un chaval y por entonces el escritor ya había cosechado el Nadal, un premio hace a un escritor, me dijo. Delibes, te contaré, era muy castellano, no sé cómo decirte, parco en palabras y entonces, con las ventanillas bajadas, movió el volante como si fuera un timón y el capitán hubiera gritado ¡todo a babor! y sin respirar ¡todo a estribor! y entonces dijo, ha sido una bolsa de aire, tranquilo. El caso es que entonces, por 1.500 pesetas te podías recorrer la península y llevar regalos a casa. Eso y confundir “La hoja roja” con “La hoja seca”, una obra de Pío Baroja. Esa no es obra mía chaval, respondió. Pero el caso es que bien pudiera ser la sombra de un árbol de la ciencia o, ajustando más el catalejo, la “Mala hierba” o “Aurora roja” que sí son obras del autor. De repente dejé en otra órbita a una loca que se pasó la mañana gritando porque el mundo, al otro lado de la esquina, iba tras ella. ¿No sería el teniente Jaritos quien husmeaba dentro de su cerebro? Tras Jaritos, de Petros Markaris, apareció Kurt Wallander, el personaje de Henning Makell. La conversación se llenó de inspectores, casos rutinarios y muy mala leche con un ritmo embriagador. Otras historias. Eso es lo que todos necesitamos en nuestras vidas. Otras historias, otras vidas que nos quiten el deseo de vivir algún día por fin la nuestra. Deseando vivirnos, me dijeron que muy bien pudiera ser la traducción perfecta de la película “Deseando amar” (“In the mood for love”)

Reinado de la razón
Lo que caracteriza a la globalización actual es que se basa en el intento de convertir la lógica del Mercado “libre”, no sujeto a regulación alguna, en la única lógica cultural que gobierne la vida social (no económica) a lo largo y ancho del mundo. Esta lógica es presentada, a la vez, como la única “razonable”, es decir, ajustada a la Razón, y como lógica sacralizada, o sea, no susceptible de ser discutida ni cuestionada porque se autolegitima a sí misma. Por ello, el Mercado constituye hoy el referente central para la inclusión/exclusión de territorios, países, colectivos sociales y personas. Aquellos de estos y aquellos ámbitos de la realidad que no tengan un lugar en él están desvalorizados, no reconocidos, criminalizados o, simplemente, negada su existencia.
“Globalización, mercado, cultura e identidad” Isidoro Moreno

José Manuel Ciria
del muelle al que llegué
No hace falta ser un gran observador para intuir el carácter trágico, preocupante o feliz de alguien que está al otro lado del teléfono. Es cierto que cada vez somos mejores actores pero, en el día a día, los que respiran junto a nosotros las horas alrededor con cierta normalidad suelen ser medianamente transparentes. Pudiera llamar a esta percepción el síndrome de Sherlock Holmes o el de cualquier detective metido en las calles de esto que llaman vida. Y por ello sé que una vez más, de repente, la carretera por la que se viajaba ha desaparecido para alguien. Ahora, durante unas horas, al asfalto se le llamará incertidumbre y pesadez.
Antes de que un enfermo sepa de su situación, los íntimos y cercanos suelen adelantarse en la carrera del sufrimiento. Esta ventaja que puede ser de días, semanas, meses o años, quedará en nada frente al dolor y la miseria de quien realmente ha de correr la prueba. El enfermo es el único competidor y la meta un destino al que se ha de enfrentar consigo mismo.
No hace mucho oí sirenas sobre un Ícaro que se lanzó al vacío para aliviar las penas de quienes tenía a su alrededor. Él estaba enfermo y nadie supo de su decisión hasta el mismo día de los hechos. El diálogo que pudo tener, por lo que dicen, lo tuvo consigo mismo. No hubo persona de confianza, ni entre los cercanos, a los que no quería hacer sufrir, ni, evidentemente, entre los lejanos que le preguntaron el día antes eso de y bueno, ¿cómo te va la vida? La respuesta, todos la sabemos.
Ahora, el siguiente atleta se prepara para una prueba clasificatoria entre sonrisas, ánimos y desesperación porque en su carrera/carretera se acaban de anunciar obras, peligro, precaución.

José Manuel Ciria
bajo cardos y abrojos y bardanas
Supe demasiado tarde que ayer era viernes de dolor. Como mandan las antiguas tradiciones, esas que se recuperan para que nos sintamos pertenecer a algo o alguien, no guardé ayuno alguno aunque sí dejé la carne sin probar. En todo caso, la sangrecilla ¿es acaso carne? Es cierto que hubiera preferido la sangrecilla de cordero lechal, ese que aún no ha sido destetado, tierno y máximo en su sabor, pero las puertas de mi estómago, abiertas de par en par, no restringieron de ninguna manera el ansia y malestar con el que caían los alimentos.
También hubo vino y una procesión bajo el viento y la lluvia por tierras de Antigüedad, provincia de Palencia. Por esas tierras se erige un auténtico cazabombardero supersónico F4 Phantom de igual manera que en otros lugares son cristos o vírgenes quienes miran desde lo alto de un cerro a sus fieles, devotos y proscritos. La historia empieza porque un día hubo dos hermanos originarios del pueblo y pilotos de avión, que lucharon enfrentados en cada bando durante la Guerra Incivil. Los dos murieron y ahora un libro recoge la metáfora de esta Hispania convertida en Dr. Jekyll y Mr. Hyde, “Los hermanos Martín Campo. Aviadores en la Guerra Civil Española”, escrito por Jorge Clavero Mañueco.

El símbolo de los Phantom es un fantasmita conocido como The Spook (El espectro), una figura diminuta y misteriosa que al poco de su creación pasó a popularizarse en forma de parche sobre los hombros de chaquetas y abrigos. El espectro, en ese momento, era yo o cualquiera que llevase un peso en el estómago. En ese lugar nadie relaciona este monumento con la guerra y la muerte, con el tipo de operaciones en que pudo participar o el sentido de la vida. Convertido en símbolo donde apenas se ven aviones yo era su espectro desubicado junto a sus alas o mejor aún, el piloto que acababa de bajarse, joven, sano, fuerte, voluntario en su destino y de gran acometividad. Este es el carácter de un aviador según Joaquín García Morato, as de la aviación nacional. De cualquier civil puede hacerse un buen soldado, pero nunca un piloto de caza si no tiene la condición básica de serlo: decisión, agresividad y dominio del aire, decía Andrés García Lacalle, el as de la aviación republicana. Es una pena que en la guerra de la vida las características para continuar luchando sean las mismas, independientemente de que se sea un as o el último palo de la baraja, decisión, agresividad y dominio del aire.

noches y días, días y noches
Mi tesis, que he desarrollado en otro lugar, es que el modo en que uno se gana la vida y -tan importante como lo primero- la disposición, positiva o negativa, de conformidad, rebeldía o resentimiento respecto al deber de ganársela y el medio elegido por cada uno para hacerlo, dentro de las limitadas posibilidades que la sociedad le ofrece, determina esencialmente en el hombre la constitución de su personalidad y de su mundo interior…
… Yo leería con avidez -y creo que proyectaría nueva luz sobre el fenómeno creativo- una historia de la cultura desde la perspectiva de cómo se ganaron la vida poetas, novelistas, dramaturgos, pintores, filósofos y músicos, y de su propia disposición íntima de identificación o rechazo hacia el modo elegido o impuesto de hacerlo, que incluyera extensas y minuciosas precisiones sobre cómo ambos aspectos -modo y disposición interior- determinaron el tipo de hombre que el artista en último término es, y cómo contribuyeron decisivamente a conformar su mentalidad, su sentimentalidad y, en suma, su mundo personal. La usual exposición de un resumen de sus obras, su contexto y la cadena de influencias entre creadores sería aquí secundaria. -
JAVIER GOMÁ LANZÓN - Babelia 20/03/2010
http://www.elpais.com/articulo/portada/Ganarse/vida/elpepuculbab/20100320elpbabpor_14/Tes

quien seca el mar y hace habitar el polo
Ginebra, tónica, lima natural, menta fresca y azúcar para desayunar. El nombre del cocktail, Dizzi Jazz Mint. Podría haberme ayudado de una jeringuilla y así me lo habría metido en vena mientras miraba por la ventana las sombras de los niños, rosas, verdes y amarillas. “Siento que en las palabras se ha escondido el rostro de la niebla…” dicen los versos de Muñoz Quirós. Su libro, recién presentado es ese, “El rostro de la niebla” y mis palabras me suenan a longanizas de acero, sables de fákir y bostezos que huyen del último aullido nocturno. De una cosa todo el mundo está seguro, hay que cortar por lo sano, sea cual sea el problema. El caso es que cortando así al planeta nos quedaríamos sin mundo, gajo a gajo acabaríamos encontrándonos a nosotros mismos frente al vacío. En China no son de la misma opinión. Liu Shubiao se encargaba de las ayudas y subsidios para la vivienda en Chenzhou pero sus manos en aquel país no estaban muy limpias. ¿Poncio Pilato, prefecto de Judea, sigues opinando lo mismo? Ciento veinte millones de yuanes (Trece millones de euros) fueron desviados bajo su atenta mirada hacia los casinos de Macao. Por aquí son otras las tradiciones y así, un año más, indultamos a un preso que curiosamente en estos momentos tiene la edad de Cristo. D.N.M será sustituido por el atracador de las farmacias palentinas recientemente detenido, un sujeto de bufanda y sombrero que muy bien pudiera haberme suministrado algunas jeringuillas más.
Liu Shubiao ya no está entre nosotros ¿a quién le importa? ginebra, tónica, lima natural, menta fresca y azúcar para continuar.

Alberto Reguera
cuerpo interrogante
Cuando las autoridades deciden asumir la palabra austeridad dentro de sus dispendios morales y mentales empiezan por lo único y simple, echar buena parte de la culpa a quien comparezca en el banquillo de sus acusados. Estos no son sino aquellos que sufren el deterioro de sus políticas, los que están abajo y cumplen porque en el hecho de cumplir está también el de constar en alguna lista, estadística o manía persecutoria en estos tiempos de crisis. Uno piensa que para alejarme de estos vientos pesados bien podría escalar otro tipo de montañas y así podría superar cuando poco los 71 años de Carlos Soria, montañero longevo y adicto a las alturas que, por de pronto, intentará el asalto a los 8.156 metros del Manaslu nepalí. Pero en las alturas no se ven capirotes ni procesiones de esas que van por dentro. A lo sumo preguntas sin respuesta, silencio, fatigas y la sensación de que todo en la naturaleza, menos el hombre, es austero en sus costumbres.

Pat Andrea
ni envidiado ni envidioso
La sensación de aquel que guarda un as en la manga sin él saberlo y descubrirlo. Saber que la veteranía más que un grado es una cuestión de medallas invisibles, impuestas en el día a día. Chatarra y metales que se mueven con vida propia y rigen en el submundo interior. Ver el rostro de aquel cínico que cree mover perfectamente sus fichas desde una atalaya asocial coronada por las canas. Pero en cada nuevo hábitat se debe rendir pleitesía a las normas que rigen lo incomprensible y sobre todo no obviar ningún saludo. Sonreír con normal e hipócrita simpatía, como si se pisara una vieja corte de otra época donde cualquiera, un gusano, un gato o un ratón, te pueden ayudar a saltar al otro lado del espejo o, sencillamente, atravesar puertas y ventanas que muestran un pequeño ángulo del cielo o del infierno.
Que nadie cante victoria.

Claes Oldenburg
Ahora que en las cadenas públicas se ha suprimido la publicidad incorporo una propia a mi emisión escrita. Ojo: La CEE (Comunidad Económica Europea de antaño) también puede ser la Conferencia Episcopal Española Claes Oldenburg
Ligero, el mundo amanece
Tarde libresca y verosímil. Mis andanzas, de caseta en caseta, han aportado lo consabido. Uno puede ser feliz sin ver el tiempo pasar. Son las emociones de un escalador a ras de suelo, alguien que es seducido por la rutina planetaria para creer en algo.
Fueron cinco piezas, libros y estocadas aunque otras muchas fueron las que dejé pasar. Comenzaré con “El mundo de los toros en 103 crónicas”, de Javier Villán. El autor nació en el mismo lugar donde no hace mucho tiempo tuvo lugar una desaparición. Ya hablé de ello. Sus crónicas taurinas en el diario “El Mundo” fueron recogidas por Endymion en 1992. Su narrativa para este menester, independientemente de que guste o no la feria, es inconmensurable. Sus innumerables ejemplos pueden comenzar así: “La más furibunda diatriba contra la fiesta la acabo de escuchar de una exquisita amiga francesa, mientras, con unos modales impecables, saboreaba perdiz escabechada y un guiso de rabo de toro, por este orden...” o de esta otra manera: “Lunes de resaca y, para resaca la de los “guardiolos” de doña María Luisa. Esos sí que traían resaca de vino malo, del que deja el cuerpo hecho unos zorros y el alma a las puertas de la muerte. Los expertos en resacas saben que las peores son las morales, las que ponen al espíritu temeroso de cuáles habrán sido los hierros y desventuras de la loca noche pasada. Los de doña María Luisa Domínguez tenían resaca de cabeza tarumba y de espíritu atormentado…
El único libro que no dudé un segundo en tomar prisionero fue “Bodas en casa “, de Bohumil Hrabal. Su autor es el Autor. Placer, vida y literatura. He leído unas cuantas obras de Hrabal y nuestros espíritus respiran juntos. Un muerto que vive dentro de mí.
“Cuentos inverosímiles”, de José López Rubio, en la editorial de Palencia, Menoscuarto. Con eso está todo dicho.
Una antología de Góngora que recoge parte del “Polifemo y Galatea” con el que un buen día me embriagué:
“Pastor soy, más tan rico de ganados,
que los valles impido más vacíos,
los cerros desparezco levantados
y los caudales seco de los ríos;
no los que, de sus ubres desatados,
o derivados de los ojos míos,
leche corren y lágrimas; que iguales
en número a mis bienes son mis males”.
Y para terminar “Suchai” El pequeño limpiabotas en "La gruta del mago". Un pequeño tebeo en donde antes de comenzar la aventura invitan al humo del cigarro. Dentro del apartado denominado “Variedades, curiosidades y anécdotas”, para abrir página y obra, el título llama poderosamente la atención: La edad del cigarro. Al final del artículo se puede leer: Fuman los hombres, fuman los niños, en Holanda; éstos, a los diez años, llevan ya el cigarro entre los labios; aquéllos no se separan nunca, durante el día, de la pipa…”
la ondosa rienda al cristalino fresno/ con que gobiernas tu veloz corriente
Semana Santa, para quien la sea. Yo sé de algunos a los que se les ha amputado, en vísperas, un trozo irreparable de esperanza.
Dentro de mi cuerpo ha sido apresado un nuevo navío con bandera panameña, el “Iceberg I”. Sus tripulantes son de Yemen, India, Ghana, Sudán, Pakistán y Filipinas. Juntos expanden la metástasis de una globalización que no desea saber nada del pensamiento local. Muy lejos de estos avatares y desde el pasado sábado un galgo lame las llagas de Lázaro de Betania. Se trata de una escultura en bronce realizada por Sergio García (autor enraizado, becado repetidamente y presente en las expos aires de la ciudad. Ejemplo de sus obras son esos ancianos en bronce que esperan a Godot en el parque del Salón, monumento a los mayores, el busto y estatua de Javier Cortés en la Villa romana de La Olmeda, etc.), junto a la iglesia de San Lázaro (La idea nació del párroco y la subvención de la Diputación, en total 36.000 euros). Con esto se conmemoran los quinientos años de la construcción ¿Cuánto costó en su día? Me gusta imaginar que se trata de la misma cantidad, incluidos los sueldos de canteros, ebanistas, herreros, vidrieros, etc. “Los verdaderos presentimientos se forman en unas profundidades que nuestro espíritu no suele frecuentar, y por eso a veces nos obligan a efectuar unos actos que nosotros interpretamos al revés”, escribió un precoz Raymond Radiguet.
Tengo la certeza de que si citase a este autor frente al llamado Banco de pensadores todos los presentes comenzaríamos a levitar y, justo antes de tocar el techo, bostezaríamos al unísono. Debemos estar tranquilos, el citado Banco se ha puesto a reflexionar sobre la población y su evolución en la comunidad dentro de un seminario que se ha desarrollado en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid. El acto fue inaugurado por el consejero de la presidencia, posteriormente tomó la palabra, bla, bla, bla, mmm. Sus conclusiones nacen muertas y con pérdidas de memoria. Dentro de un tiempo, las conclusiones, se podrán encontrar, sin signos de violencia, en algún parque natural reconvertido en tanatorio para turistas intrépidos y aburridos. En realidad se necesita otro paradigma pero a falta de éste Eduardo Jordá se entretiene sacudiendo el polvo de la discordia con un artículo sobre Delibes y Valladolid que publicó en el Diario de Mallorca el sábado 13 de Marzo de 2010. En él habla de un escritor muerto en una ciudad muerta con unos personajes muertos y unas novelas muertas. De repente es como si hubieran doblado las campanas en 3D y nadie tuviera las gafas puestas, incluido el autor del artículo bomba que ha explosionado entre los ancestrales habitantes del lugar. Son ganas de decir, mmmm, y chorradas varias, mmm.




