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El cuerpo tiembla como temblaba
Ayer transcurrió el evento de la enramada, amenizada con una cena de confraternidad. La mayoría de los presentes eran viejunos y descastados, ovejas extraviadas y algunas emparejadas. Los altavoces expulsaban una música del demonio que se supone era para entretener o incluso bailar aunque más bien pienso que era para dar sensación de jovialidad y lejanía. Si la mayor parte de los presentes pasaban los sesenta bueno es que se hubiera pensado más en su época de baile y no en la de ahora imposible de tararear salvo para la novia, tal vez el novio y pocos más. La sensación de vivir en tres dimensiones una fiesta dentro de una residencia de ancianos pudo conmigo. La novia y su hermana comenzaron a colocar sombrillas minúsculas de papel en las cabezas de cada uno y collares de infinitos y chispeantes colores también de papel alrededor del cuello. Ya hacía un tiempo que la música había cambiado a una sintonía que se supone nos hacía recordar las playas y palmeras que aparecen en las postales que nadie nos manda desde Hawai. Dudo mucho que mis padres, sus hermanos y muchos de los que allí estaban entendieran algo de esa extraña ceremonia pero como es de suponer que poco entienden ya del mundo que nos rodea, dieron por buena la propuesta y siguieron el protocolo hablando de berzas, escarolas y patatas. Esta situación con un bastante de ultratumba culminó mi deseo de transportarme hasta la cama y así fui dando pasitos en la oscuridad, sorteando trastos y palabras como si estuviera bailando con el hulahop en la cintura.
Antes cuatro gatos habían marchado a preparar la enramada saltándose todas las formas y borracheras con que se debe preparar la misma. Mi primo lo dijo claro, la enramada se prepara a las dos de la mañana o a las tres o cuando el vino que se lleva dentro dé la orden y no antes. Así recordó la última de hace unos meses cuando los mozos marcharon hacia el río, entre los árboles y bajo la luz de la luna. Qué fiesta, cuánto deleite y zozobra y cómo vibraban las motosierras en la noche, cortando troncos y tronquitos mientras hacían chistes, que me supongo gruesos, y gracias que retumbarían muchos días después en los bares y encuentros que tuvieran con los mozos de los pueblos cercanos.

Ramón Gaya "El bautizo"
Uno saluda a otro
EN un programa televisivo sobre libros se hablaba de poesía y de ciertos encuentros que se vienen haciendo en Murcia desde hace años en el mes de abril.
El amigo X, director del programa, conversaba con el poeta que allí oficia en su papel de animador. Aquel le preguntó de sopetón: “¿Qué es poesía? ¿Poesía es como dijo Bécquer? ¿Poesía eres tú?”. Esas son preguntas para las que uno no está nunca preparado, excepto si se es de Cartagena. “No”, respondió con pronta seguridad el interpelado. Es un hombre con unas bonitas guedejas y las barbas a tono, recortadas y bien peinadas, como un profeta de cámara. “No”, repitió, “poesía es una boca puesta en un coño”. Esto se emitió en horario de máxima audiencia, aunque el programa la tenga escasa, y el escándalo no procedía, por supuesto, de la palabra coño, sino de la palabra poesía. Va a ser difícil que nadie supere esa definición. Las probabilidades de que algo así trascienda a épocas futuras serán bien escasas, pero mereceríamos que ese poeta alcanzara la inmortalidad que busca con tanto ahínco desde hace treinta años, con el fin de que la posteridad se compadeciera de nosotros, comprendiendo en qué condiciones ha tenido uno que escribir sus libros, y en qué medio. O sea, el paisaje y el paisanaje. Lo decía el siempre exquisito JRJ: ¡Qué melonar!
“Troppo vero”, Andrés Trapiello (Pg. 274-275)

Ramón Gaya "El sueño de Jacob"
Los padres de la novia y sus tíos se encargan de preparar el rancho del domingo. Dos calderetas de corzo y ciervo hasta reventar. No se espera un regimiento pero ayer estuvieron sentadas muchas personas en las mesas del convite y el cálculo, evidentemente estratosférico, sobredimensiona la cantidad y el avituallamiento. Tenía muy claro que para mí esta parte sobraba y por eso acabé pelando cebollas, pimientos, ajos y zanahorias. Una vez hecho el sofrito vi cómo volcaban los kilos de carne ya troceada previamente por las mujeres a espaldas de los gatos. La decisión de quedarme estaba tomada. El maestro de ceremonias es el hermano mayor de la madre de la novia, patriarca sucesor y cabeza de familia, muertos ya el padre y la madre, o sea, los abuelos.
La familia del novio no existe y cuando paseaba por el banquete lo hacía con sigilo o eso me pareció. La familia del novio no quiere saber nada del ciervo troceado como tampoco lo quiso saber de la enramada. Los padres del novio finalmente acudirán a morder al corzo ya reducido y en su jugo, y lo harán también con un sigilo gris desde el que se me alcanza una fina película de desconfianza que les ha hecho estar donde están (ellos sabrán dónde). Sus figuras tienen más de sombras que de cuerpos pero esto sólo son apreciaciones de uno que también tiene mucho de sombra por cuanto tan pronto dice que se marcha como todo lo contrario. Y me pregunto, el día de mañana, ellos, los novios, hermanos y primos, ¿harán lo mismo con sus hijos? ¿Guisarán, concentrarán y hermanarán a la familia? ¿Prepararán las cazuelas, cortarán la cebolla y echarán el laurel para que venga quien quiera venir?
Mientras tanto el río se ha llenado de ansiosos pescadores de cangrejos en busca de tojos y escondrijos a la sombra. Hoy se abría la veda y no muy lejos estaba parado un coche de la guardia civil. Mi tío lo explica, te paran con el habitual alto (la cabeza de cada uno se encarga de completar la frase habitual con el alto… a la guardia civil). Seguidamente hacen algunas preguntas del tipo de dónde viene o a dónde va y, dando igual la respuesta, que si voy a casa de mi abuelita o huyendo del lobo, te mandan parar el motor y abrir el maletero. Es infalible el sistema pues los cangrejos se mueven, hacen ruido, roncan y te delatan. Si no tienen las medidas o has superado el cupo te empluman y además de ir a pescar podrás contar que hiciste el fin de semana. Y entonces el interlocutor sedentario que se ha pasado el fin de semana haciendo crucigramas en el bar o rezongando con la parienta dará por bien empleado el tiempo que hasta no hace tanto creía haber perdido.

Ramón Gaya "Cerezos en flor"
Nosotros hacia allá
Es habitual que durante el verano los veranos incluyan relatos de escritores y cuentos dispuestos para el gran público que por fin tiene tiempo para aburrirse o para ponerse a secar al sol. Nadie a mi alrededor jamás ha comentado algo al respecto. Parecen invisibles incluyo para uno que en ocasiones les elige para envolver el bocadillo del almuerzo. Este año, en el Norte de Castilla, además de los cuentos se está publicando el periplo del periodista Íñigo Gómez en el transiberiano. Las anécdotas son más bien pocas y los datos históricos, esos que están en los libros, muchos. Aún así la cosa del viaje es la que nos tira, esa y la de los cangrejos en su salsa. Las meriendas y los malos consejos. No es necesario sacar ningún billete para abrazar a alguien y menos para lanzar un puñetazo a un imbécil. Eso es lo que ha hecho un hermano con el fin de ajustar unas cuentas in ajustables. Lo malo de este ojo por ojo que se produce al aplicar nuevamente la ley del Talión es que desde ese momento comienza a planear una extraña sensación, como de viaje a ninguna parte, de transiberiano imaginario al país de la venganza. No obstante uno cree que cuando alguien decide dar el siguiente paso siempre deberá medir las consecuencias de la ganancia y si aquel al que se le piden cuentas no está deseando entregarlas todas, incluidas las de una vida por la que ya hace tiempo se supo derrotado.

El cuerpo es doloroso
Algunos viajeros han vuelto al oasis. Aquí son ellos mismos y allí, donde estuvieron, niños con ansia de vida. Sus vidas respetables y ordinarias se inyectan de aventura en la misma proporción que su billetera adelgaza. Es inevitable supongo.
Se debe hace cada cosa a su tiempo siendo cierto que las edades evidencian y proyectan lo que uno puede llegar a ser. Se debe hacer cada cosa a su tiempo, me han dicho. Por ejemplo un joven debe recorrer mundo y una excelente manera es hacerlo gracias al inter rail. En cambio un señor de cuarenta o cincuenta años, o sea, algo más que maduro, debería disponer de su billete de avión y de la habitación en un hotel del centro. Un joven debe aspirar a salir del cascarón mientras que sus sueños carecerían de fronteras y prejuicios. Un señor maduro debería ser un conservador que sólo desea vivir tranquilamente en la ciudad donde es conocido y hasta querido. Pero las cosas no son así. Resulta que en más casos de los que pensamos las tornas están cambiadas y los jóvenes parecen maduros y viceversa.
Es fácil pasear al cuerpo, invitarle y ayudarle a recitar como un papagayo lecciones mal aprendidas, independientemente de la edad. Pero el espíritu es quien finalmente nos relata e incorpora sus viajes en el cuerpo, esos con los que crecemos y nos sentimos más vivos. Y el espíritu viaja en inter rail lo mismo que en avión.

El eco toma la palabra sin ser llamado
Al hilo de este diario me encuentro con unas pequeñas reflexiones sobre los hogares. Aquello que define y perdura, lo que dicen de alguien y lo que mienten. Según nos cuenta parece ser que “casi todo el mundo acaba viviendo en la casa que se ajusta a su personalidad”. Esto no ocurre en otros aspectos “La mayor parte de los críticos de arte visten de una manera gris, en absoluto acorde con las obras sofisticadas de las que suelen tener que ocuparse; muchos poetas que dicen amar la belleza se rodean de cosas feas y la mayoría de ellos se casan con mujeres alejadas del ideal de bella que por lo general ponderan en sus poemas.” Tras esto me paro en mi casa, siempre en proyecto y en eterna postergación de definir cada rincón. Y como uno ya ni piensa en el tipo de muebles que mejor se ajustarían, lo ve todo invadido de libros, torres a las que ningún avión se atreve a derribar por el momento.
Siguiendo con este tema:
“Antonio Machado vivió en una casa machadiana, es decir, en la habitación de una pensión, sin muebles propios, con todo lo que tenía metido en una maleta. Se ha repetido mucho que Machado murió, como en el célebre verso de su autorretrato, ligero de equipaje, y no; Machado murió ligero de equipaje porque vivió toda su vida sin propiedades, de prestado, en pensiones, en la casa de su hermano y de su madre, y al final de la guerra, en casas requisadas.” Más adelante sigue diciendo:
La gente que visita hoy esta última (refiriéndose a la de Machado en la calle Los Desamparados) se llevará una idea muy equivocada de lo que fue la vida de ese hombre allí, en aquel sombrío, húmedo e insalubre callejón segoviano. Han dedicado lo que era toda una casa de huéspedes a la memoria del poeta, y la han llenado de recuerdos de época, como un pequeño parque temático del 98.

Se puede visitar la casa donde vivió Antonio Machado durante su estancia en Segovia.
En esta antigua pensión se puede apreciar el ambiente que respiraba el poeta durante sus años en la ciudad. Es de destacar la librería de la Casa Museo donde se pueden encontrar, entre otros libros, más de 800 títulos de la obra del poeta sevillano.
De la página: http://www.leticiateguiaporsegovia.com/museos.html
De nuevo la mentira, el turismo contra el que cada día habría más que decir y prohibir. Prohibir al menos hasta que uno no se haya visitado asimismo un mínimo indispensable y aterrador (excepto si no se excede de los 20). Luego sí, luego salir fuera pero no a visitar parques temáticos. Luego a encontrarse, perderse o a ilustrarse como si fuera otro el artista que nos pinta lo blanco del pelo o las arrugas en el museo de nuestra memoria.

Rebecca Dautremer
Estimadas sirenas así debió suceder
Se ha celebrado el cónclave de la logia “Los hijos de la humanidad”. En realidad íbamos a visitar al amigo enfermo del síndrome “niño Torres”. Ese que rompe y rasga las piernas a los cinco minutos de entrar en juego. Él también estaba jugando al fútbol con su hija cuando notó algo extraño que le impedía seguir. Ahora un vendaje adhesivo oculta su muslo y los pelillos que le harán gritar cuando desnuden nuevamente la herida, invisible a simple vista.
El enfermo casi imaginario, rodríguez y dj nada frustrado, nos sedujo con un repertorio sólo por él conocido. Pretendía así curarse y que nosotros enfermásemos o viceversa, sirviéndose de unos grupos y canciones sólo por él conocidos.
Tal vez gracias a esos temas y cedés, una vez más, hemos arreglado el mundo y de eso se trataba.

Satoshi Kitamura
y sembrando de cera su camino
“Cuando telefoneé a su hijo, me confirmó que a las cinco horas le desconectaron. En ese “desconectaron” está lo más terrible, como si su padre fuese uno de esos astronautas a los que se les rompe el cordón que les mantiene unidos a la nave y a la vida, y le ven alejarse lentamente, como un muñeco hinchado, con los brazos y las piernas en aspa, condenado a dar vueltas eternamente por el espacio…
… El revés, la fatalidad, es un vínculo más fuerte que otros. Nos hace iguales a todos los hombres, mucho más que la muerte. La maldición evidente, más que la probable o improbable salvación.”
Pg. 429-430 “Troppo vero”, Andrés Trapiello

Francesco Clemente
Portrait of Andy Hall
and Christine Hall
67" by 92"
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2004-2005
Perturbaciones del sueño y del equilibrio
Debería servirme de iniciales o letras sin sentido para referirme a las personas con las que tropiezo y convivo. De esta manera salvaría en buena parte su intimidad y, de paso, quedarían más libres mis pasiones y confusiones ante el papel. El familiar A., empezaría diciendo, llama sollozando a un amigo explicándole un drama de tejados y polstergate. Tras varios minutos de monólogo asfixiante le explica lo que pasa. Se ha comprado una casa y sabe que alguien entra. Al parecer yo la he recomendado que acuda a su persona para que le instale una especie de búnker o sistema de seguridad soviético. Al poco mi amigo L. me llama para preguntarme si en la boda donde estuve con mi familiar me mamé mucho puesto que yo no le había contado nada del caso habiendo hablado entre nosotros justo el día antes. Un tanto sorprendido le respondí haciendo una apología de la abstinencia y sobriedad, con vasos de agua para el calor incluidos. Supongo que el familiar está pasando una mala racha y que su cabeza se ha derretido le dije. Al poco es el familiar quien me llama para decirme que ha llamado a L. porque han roto varias tejas del tejado y los chiguitos que juegan al fútbol lanzan la pelota dentro de su patio y tal y cual. En ningún momento me dice que le ha llamado de parte mía. La historia es un rollo que lo mismo serviría para adormecerme que para iniciar un combate de boxeo. El tema me llena de calor y como aquel chiste del borracho que decía ser procurador porque le gustaba llevarse bien con la gente, me olvido del tema precisamente para eso, para ser procurador. La familia tiene algo de borracha en ese sentido, si uno se toma al pie de la letra los gestos y frases tendría cadáveres suficientes para abonar el jardín durante toda una vida. No obstante, cuando me pregunten, volveré a decir lo de siempre, la familia bien, gracias.
Estas líneas de escucharse con algo de música me gustaría que fuese con el “Honky Tonky train blues” tocado por digamos que Oscar Peterson y Keith Emerson.

Delphine Durand
Con censura eclesiástica para niñas mayores 7 años
Me gustaría introducirme dentro de un libro y no salir de él hasta que una buena parte de mi vida diera un giro de 90 grados. Pero esas son costumbres de avestruces algo ilustradas y cobardes que viven opinando sobre los movimientos de los astros y las abstracciones. Me gustaría dibujar como lo hace Rebecca Dautremer y transformar el mundo en un libro donde ya no haría falta ni siquiera pasar página y mucho menos alcanzar otro clímax que el del éxtasis por no hacer nada más que tomar un café sin prisa a media tarde.

En ocasiones pienso que un nuevo gel de baño de Marsella puede servir para algo. Eso y que un tebeo de 1945 me inspire pensamientos inocuos o superiores. Algo así como que con las historietas de allí dentro se alimenten plantas exóticas y acaso nuevas cuestiones trascendentales que sólo yo pueda entender.

Viendo algunas fotografías de Agustí Centelles he recordado una frase de ayer. La mujer de X ponía en entredicho el nivel, digamos que intelectual, de los guardias civiles. Esto lo hacía delante de un señor mayor, guardia civil jubilado que apenas entendió algo de lo que estaba diciendo pues su discurso era largo y categórico. A ella le faltó el puño sobre la mesa y la cámara de televisión. Son maneras de decir las cosas y hacerse notar. Las fotografías de Centelles mostraban imágenes con soldados, civiles y guardias civiles. Eso fue lo que me trajo a la memoria la frase desafortunada. De ahí consideré la cantidad de pensamientos que alguien puede llegar a pronunciar en el lugar y momento menos adecuado. Recordé otra anécdota parecida. Un grupo de personas habían acudido a comer a casa de unos conocidos en Barcelona. La mujer de uno de los invitados, con la primera copa de vino aún en el gaznate, comenzó a despotricar contra Cataluña y los catalanes. Todo el mundo se abochornó y no hubo nadie que se atreviera a coger el guante. Cada uno puso una excusa y al final los postres abotargaron el ambiente aunque no la sensación de vergüenza de todos los presentes.
Ante estos casos se pueden hacer dos cosas, ignorar la afrenta actuando con inteligencia, o sea, pidiendo más pan o agua o cambiando de tema. Y también entrando al trapo, cual toro herido en lo más hondo de la inteligencia, o sea, colocándose en el nivel del bocazas.
Los que así actúan, sin conocimiento o a lo tolón como vulgarmente se dice, se desestiman por sí mismos. O se les coloca en su sitio con muy pocas y ajustadas filigranas del verbo o se les deja ya para siempre a un lado de la mesa, junto a los huesos de aceituna y las espinas que no consiguieron pinchar a nadie más que a los niños ingenuos y felices que siguen chupándose el dedo.

Agustí Centelles
Confiados en el infinito
Vamos a ir a Madrid. Al menos es el segundo año consecutivo que nos pierde la misma intención. Ver algunas obras de teatro y algo más. Ese algo más serán exposiciones, librerías, sudores, encuentros y desencuentros. En un fin de semana la cosa no da para mucho, a lo sumo y si uno se estira conseguirá ir al rastro el domingo por la mañana con la intención de comprar un legajo barato, un tebeo medio roto y algún libro desechado por cualquier coleccionista. Con esas piezas compondré por unos instantes mi mundo de fantasías. No aspiro a tropezarme con una pieza de inusitado interés pero si lo hiciera seguramente que ni me enteraría.
Uno repite esta costumbre y lo hace como si quisiera instaurar una norma, un ritual de obligado cumplimiento. Cada año, durante el verano pegajoso e insoportable de Madrid, caminará con los amigos como si aquello realmente fuera un oasis en mitad del agosto. Este año se suman novatos. Uno de ellos, habitante de Saturno, ha hecho cálculos monetarios sobre lo que el fin de semana puede suponer. Cobra su pequeña pensión y vive, como puede, y ese como puede es sin duda mejor que nunca y evidentemente en ese nunca habría que incluir un pasado proteico y un futuro nada halagüeño. Al escribir esto pienso en la soledad del corredor de fondo. Y junto al título de esa novela mi cabeza añade el de “Matar a un ruiseñor”. La conexión es fácil, sus autores son conocidos por esas obras y en el caso de Harper Lee “Matar a un ruiseñor” ésta fue su única novela publicada. Este sábado, en el Babelia, aparecía un reportaje a doble página sobre la obra con una gran fotografía en blanco y negro de Gregory Peck y la novelista, realizada en 1962, en el set de Universal Pictures, durante el rodaje de la película. La portada del Babelia la ocupa una parte de un famoso cuadro de Goya. Se presenta el suplemento cultural con el título siguiente: Novela e historia, escrito en mayúsculas y debajo, en minúsculas añade, una relación difícil. La imagen cortada es suficiente para identificar el cuadro, “La carga de los mamelucos”. Curiosamente ese cuadro, junto con “Los fusilamientos de la Moncloa”, vienen comentados en la pequeña (tamaño de octavilla) revista “EL PROMOTOR” cuyo subtítulo reza, “de la devoción a la Sagrada familia”, en su número de Julio-Agosto. Para algunos esta publicación, así entresacada en estas líneas, parecerá haber sido desenterrada por mi magín gracias a la wija que practico conmigo mismo. Quiero alejar las dudas y aclarar que sí, se trata de la misma publicación devota, ahora más antigua que nunca, con la que nuestras abuelas se abanicaban mejillas y esperanzas junto al brasero. Ahora sé que se edita en Palencia y que tiene más de cien años de vida. Pero más curioso aún me parece la coincidencia entre las imágenes, el cuadro de Goya en una y en otra, cada cual con su discurso y el subtítulo del suplemento que bien pudiera valer para obtener una explicación: una relación difícil.

Pudiera parecer que me he alejado de mis primeras disquisiciones, esas que hablaban de ir a Madrid y algo de eso hay, pero sólo un poco puesto que ese habitante de Saturno que quiere acompañarnos tiene bastante de ruiseñor y así me lo ha hecho entender esta tarde. Él lo único que desea es comprarse un muñeco, un soldado republicano a escala no sé cuantos y escuchar esto, al otro lado del teléfono, enternece. Es cierto, lo he pensado y que alguien sea tan sincero lo convierte tan en niño como en ruiseñor al que uno quiere matar negándole el viaje para ver la tienda donde le espera un ejército entero de infantes y marines en formación.
Ahora soy yo el que termina de fundir todo en mi cabeza, la carga de los mamelucos y los soldados de la tienda, las publicaciones anacrónicas que aguantan el paso del tiempo, el rastro, las relaciones difíciles y las amistades.

Pero la razón no da fruto
Estaba ligeramente somnoliento pero el timbre y sobre todo el murmullo al otro lado de la puerta me animaron a caminar como Lázaro y responder a la llamada. Lo que me ofrecían se resume en una receta mágica para acabar con el sufrimiento. Supuse que el fin del mundo andaba muy cerca y que las dos mujeres, heraldos del Apocalipsis, habían dejado sus caballos atados a la verja del portal. Me entregaron la receta pasada a máquina y en color y con una sonrisa se despidieron.
El día tampoco había sido para tanto aunque mi cabeza elucubraba con ciertas cuestiones, entre página y página del “Troppo vero”, de Trapiello. Estaba uno con el pensamiento organizando viajes, comidas de confraternidad o un simposio sobre la resurrección de los justos siempre con la suficiente antelación. Esto puede provocar quebraderos de cabeza en muchos sentidos al buscar un lugar adecuado, contar con las personas apropiadas o queridas sin olvidarse de nadie o viceversa, etc. Una manera de atajar los impedimentos más habituales es zanjar el asunto en el mismo instante y decidir hacerlo como si realmente el fin del mundo fuera a llegar, con o sin folleto de los testigos de Jehová. Eso es lo que hoy ha pasado con un viaje del IMSERSO al que me había apuntado con la suficiente antelación pero, al parecer, sin la correspondiente reserva de plaza. Las cosas no tienen más importancia que las que uno quiere dar y así me digo que debería castigar con mi ausencia a aquellos que obraron “buenamente” de esta manera. El viaje, si se le puede llamar así, ni estaba pagado ni supone ninguna catástrofe puesto que en cualquier momento se puede repetir, aunque dudo mucho que con la misma compañía. Esto me decía y más cosas porque si hace unos días me entusiasmé con la posibilidad de viajar a San Francisco mientras escuchaba el hilo de voz con el que una amiga conectaba las impresiones de su viaje a ese lugar con mi rostro, hoy me ha dicho que precisamente esa es la ciudad del programa “Españoles por el mundo”. La he respondido que no veo mucho la tele pero que ya que se ha acordado nuevamente de mí y de mis suspiros mientras la oía contar lo que fue su viaje, de una manera tan ronca y sin voz, intentaré hacer una excepción en eso de encender la caja tonta ¿hay alguien que todavía la llame así? Mi entusiasmo por ese viaje tiene mucho de niño, de piruletas y de otro juguete porque ese que está tras el escaparate también le quiero para mí. He recordado una frase del diario trapiellesco: la materia ni se crea ni se destruye sino que sólo cambia de dueño, como decía Quintana… (Pg. 526). Estas cosas se venían a la mente mientras esperaba al perito en el taller. Tuve la suerte de que mi padre me acompañara con su presencia y parloteo pues gracias a él se deshizo un pequeño entuerto que me hubiese obligado a volver otro día. Decir las cosas con simpatía o incluso con algo de pesadez es una manera correcta de comunicarse y trasladar las inquietudes al otro lado. No importan las razones pues ya se sabe que cada uno tiene las suyas y en nada vamos a cambiar las de los demás. La pericia está en la forma como se dicen, los gestos y la riqueza con que se adornan las palabras, independientemente del país habitado por la razón.

Barceló
malogrando llantos y suicidios
Estaba medio en bolas, tirado, contando las grietas del techo como si fueran ovejas adormecedores y nuevamente sonó el timbre. Esta vez acerté, la chica del círculo de lectores me traía “El mar de las Sirtes”, de Julien Gracq. ¿Cambiaré esta lectura por la de “La muerte de Virgilio”? Quise recibirla con el mismo atuendo con el que ayer atendí a las testigas de Jehová y entonces me dije que uno no será de verdad libre hasta que no tenga ningún reparo en abrir la puerta tal como me encontraba o en bolas, topless o haciendo el pino. Sicalíptica era una palabra que no venía a cuento como tampoco el que ella me informara de sus próximas vacaciones en Asturias. Y tal vez dijo Asturias para compensar y multiplicar los lugares a los que va puesto que en una de sus anteriores visitas dijo algo de Gijón y así, como se supone que nadie escucha a nadie la cosa podría tener un sentido parecido al de las aguas de ese río donde nadie se baña dos veces. Al decir esto debería tener en cuenta el lema de Z, sagacísimo según cuenta Trapiello en su diario (Pg. 704), cuyo lema siempre ha sido este: “Humano no es medirse con los demás, sino ocuparse de las cosas”. Con esta frase debería valer para el resto de la semana, para los amigos, la familia, los compañeros de andamio y los de la calle, esos que un día me romperán la órbita del ojo por aparcar en doble fila o invitarán a una caña por haberme colado en la presentación de un folletín titulado “Casa de oro”. Así se titula el cuento que narra Gustavo Martín Garzo en el Norte de Castilla estos días. Cuanta una pequeña historia de familia y en ella no faltan los tintes ñoños, amables y evidentes que tanto caracterizan a su escritura. Estoy seguro de que al menos tendrá los mismos lectores que la revista “El promotor” y eso, en cuanto al número, ya es algo a tener en cuenta, sobre todo si da para vivir. Esto que acabo de escribir me viene de una manía que estoy adquiriendo mientras leo el “Troppo vero” de Trapiello. También leo en ese mismo diario:
WALTER Benjamin dice que en la novela el lector no puede sino calentar su vida helada al calor de otras muertes. No se podría explicar mejor.

Y por no seguir con Trapiello cojo un recorte de prensa del pasado lunes en “El Diario Palentino y sigo con las lecturas como si formaran parte de aquel diario. La noticia dice así:
Un cómic pretende alejar a los jóvenes del terrorismo.
Indonesia intenta apartar a sus jóvenes del terrorismo con un cómic que narra la vida de uno de los integristas que participaron en los atentados de Bali en 2002 y ahora cumple cadena perpetua tras arrepentirse. Ketika Nurani Bicara (Cuando habla la conciencia) saldrá a la venta en septiembre.

Carlos Pacheco, invitado en A Coruña
Esta noticia no necesita más comentarios, se explica sola. Y también la manera en que se nos muestra tanto al país (Indonesia) como al comic. Me imagino la misma noticia pero referida a este país nuestro de cada día. Leeríamos algo así: España intenta apartar a sus jóvenes del terrorismo con un cómic… ¿España? Diríamos mientras leemos así la noticia que los países de segunda o de tercera tienen estas cosas. En cambio nosotros montamos salones del cómic como el que ahora se celebra en La Coruña sin ningún ánimo evangelizador. Este año junto a los autores invitados en el salón (el año pasado estuvo, entre otros, la británica Posy Simmonds) el reclamo es una exposición sobre Will Eisner y otra sobre las ciudades sumergidas en el mundo del tebeo. Y en estas sigo, contando las grietas del techo, una dos tres, etc.

cuando dos personas discuten de algo con encono, suelen estar discutiendo casi siempre otra cosa
He terminado “Troppo vero” y ahora entiendo alguna cosa más. Por ejemplo que tenga su cohorte de lectores esperando el siguiente tomo, año tras año. Ahora que he cerrado sus páginas me queda un cierto hedor a literatura impregnándome el alma. Lo de hedor viene por su sistema y estructura, por sus personajes, premios y editoriales. Me parece imposible publicar nada, acercarme a nadie relacionado con ello y respirar el tufillo que se respira. El otro día me dijeron que mis conceptos sobre la amistad son románticos y al decir esto querían decir que utópicos e imposibles. Uno quiere creer que en la proximidad no hay economía o al menos que esta cede espacio al sentimiento sin buscar un rápido intercambio con lo que sea. Uno quiere creer que en literatura, como en todo, existe alguna posibilidad para el imberbe que sólo quiere ver el lado romántico, ese que consiste en la búsqueda del saber y la belleza. Por eso vivo apesadumbrado, por eso y otras cosas que podrían solucionarse inventándome un viaje. En el “Diario Palentino” están publicando por capítulos uno de esos viajes solidarios que hace gente solidaria, una manera supongo de financiarse las vacaciones y las aventuras con algo de exhibición y un sentido diferente al del turismo masificado, aunque nada mas lejos de la realidad a tenor del texto y las fotografías. Raro es el capítulo donde no aparecen nuestros viajeros en el centro de la imagen, adornando sus palabras sacadas de cualquier guía o libro reducido de historia con otras de su propia experiencia del tipo: “… Más tarde, en la parada para la comida, y ya en Qazvin, Sergio se ha sentido tan cómodo y tan integrado en el ambiente que ha decidido hacer una glorieta por la vía corta, es decir, girando 180 grados hacia la izquierda en lugar de bordearla. Todo ello motivado por el conductor de delante, que ha hecho lo mismo. Pero parece que a un coche de la Policía no le ha parecido tan adecuado, por lo que unos metros más adelante nos ha parado para explicarnos en un perfecto Farsi, la irregularidad cometida. Al poner cara de tontitos, el policía se ha rendido y nos ha dejado continuar, momento que hemos aprovechado para enseñarle nuestro mapa con el índice puesto en el estaurante al que queríamos ir. Con una educación propia de un persa, ha dicho que le siguiéramos en su coche patrulla y al momento estábamos en la puerta de Hezerdsasan, famoso en Qazvin por su plato de arroz con cordero y pistacho. Delicioso.” Prefiero no seguir pues se entendería que hasta el mismísimo Ahmadineyad en persona pudiera declararnos la guerra cualquier día sin que la comunidad internacional pudiera hacer nada para disuadirle de tan justificada idea.
Me digo que estos viajeros muy bien podrían ganar cualquier premio periodístico puesto que ya disponen de su página en papel y que lo importante no es viajar o escribir bien sino que se te vea o hablen de ti o tomar la glorieta en sentido inverso y poner cara de póker hambriento y luego escribir la palabra delicioso.
Con esto se me quitan las ganas de hacer un viaje tan largo y por eso mañana iniciaré uno resumido hasta la capital del reino con una sensación vaga y no tan entusiasta como debería tener. Creo que son cosas de ese museo romántico que llevo dentro, donde aparecen ya algunas grietas que no consigue borrar la oscuridad y la humedad.
Tal vez ese celador que nos dejó ayer también conservaba un museo romántico seguramente en peor estado que el mío. Esa ha sido la noticia del día. Al principio decían que se había ahorcado, luego que le habían matado y después que se había cortado las venas. El caso es que estaba de vacaciones y ya se sabe lo que dicen los estudios, en estas épocas la vida íntima puede ser más dura que nunca. Al final juntaron un poco todo, se había intentado cortar las venas sin mucho entusiasmo y, como veía que no se moría, él mismo se apuñaló en el pecho, motivo por el que se suponía había sido asesinado. Esto son cosas que cuentan y como tales hay que tomarlas. El único hecho es que su museo romántico ha sido cerrado definitivamente y su esquela se confundirá con las del resto del periódico. Descanse en paz él y en guerra todos los que creemos en las utopías.

Malik Sidibé
“Era, en todo, un librero de viejo, y resulta imposible no creer que no sucumbiera muchas veces al sueño de los tesoros, ese sueño que nada suele tener que ver con los tesoros reales, porque los tesoros muy raramente se le muestran a nadie. La mayor parte de los libreros de viejo, como aquellos buscadores de oro solitarios que vagan por las viejas películas del Oeste, a lomos de una mula cargada de picos, palas y cedazos, ollas, damajuanas y trébedes, se mueren, como viejos misántropos, eremitas en su pobre delirio, sin haber encontrado jamás la buena veta. Porque el verdadero tesoro nunca ha sido encontrarlo, sino la ilusión de que un día aparecerá.” (Pg. 739 “Troppo vero”)
sembrar en la tierra la semilla de los principios
La villa y corte espera. Pienso que se está muy bien en casa o recogido en el pueblo. El otro día en el programa de la tele “Españoles por el mundo” salía un tipo en Silicon Valley que investigaba sobre ropa inteligente. Había unoz zapatos que emitían vibraciones y orientaban hacia la dirección deseada como si fueran un gepeese. Tal vez así me sería todo más fácil. Dejaría a la máquina inteligente que me moviera mientras sin levantar la mirada del libro que estuviese leyendo.
“Pasa el tiempo cada vez más veloz, sin lógica ninguna. Y el ruido del tiempo no es el silencio, como creía, sino un atronador vacío, un silencio sin paredes, sin vaina, como un fruto sin semilla y una semilla sin carcasa. Oh dioses, reza uno sin saber a quién, y sin saber nombrar por emor a incomodar o irritar a aquel Dios, al dios menudo de la infancia que se desangraba de nuestras pequeñas heridas (aquella “alma pequeñita” que teníamos se nos saliese por la yema del dedo donde se había clavado una espina), el dios Dios, que decía JR, del que nunca nos habíamos acordado hasta el momento de la plegaria, oh dios Dios, decimos, sé benévolo con nosotros y piadoso con nuestras vidas…”
Pg. 791-792 “Troppo vero”

Sí, la atmósfera es mi estilo
Como casi siempre que uno vuelve de Madrid retiene con cierta pena algunos de los libros que allí dejé sin comprar in extremis, por diversas razones. Esto hace tiempo que se convirtió en una norma y así, las piezas que no me traje pasan a formar parte del próximo tesoro que un día nuevamente habré de buscar. Este sistema forma lo que habitualmente se denomina la pescadilla que se muerde la cola. Algunas revistas de FMR, pequeñas novelas sin mayor importancia, las memorias de González Ruano, etc. Nunca es suficiente lo que compro y eso que mis brazos, en el viaje de vuelta, siempre pueden competir con los de cualquier musculado gimnasta de los de camiseta con tirantes. Entonces, los que me acompañan me dicen que estoy enfermo y yo no lo desmiento pues tengo algo de eso y me sobran las razones, tal vez de loco al que nadie quiere escuchar. ¿Cómo decir que en cada uno de mis viajes acabo comprando un libro de Julio Verne y que éstos en mi biblioteca enumeran muchas de mis visitas a Madrid? Ellos son el billete, la estampita y el papelito que se introduce dentro del libro que se está leyendo, en este caso mi biblioteca. Y allí se queda a vivir para siempre jamás, tal vez hasta que alguien acabe comprando ese mismo libro en un rastro o mercadillo, una vez ha pasado a ser difunto su propietario. En esta vez fue “Una ciudad flotante” y el hecho de que fuera esta obra la elegida de entre las que allí había tal vez estuvo relacionado dentro de mi subconsciente con la exposición sobre las ciudades sumergidas en el mundo del tebeo que se ha realizado en el salón del comic de la Coruña. Con estas pesquisas y aclaraciones podría continuar hasta el día del juicio final y esto no haría sino confirmar la locura en la que me hallo.
Y esa locura me viste de prisas absurdas, de platos vacíos y conceptos equívocos que sólo valen para mirar al cielo y esquivar las placas pegadas a algunos edificios. Luis Rosales escribió y pergeño “La casa encendida” en esta casa, rezaba más o menos en un cartel de mármol. “Y puede ser que estemos todavía unos dentro de otros,/ y puede ser que habitemos aquella casa de la infancia/ donde el latido del corazón tenía las mismas letras que la palabra hermano;/… En la otra casa encendia de cemento y ladrillo que pertenece a Caja Madrid los carteles invitan a pensar otros espacios, salas donde el torete comparte vicio con el vaquilla entre carteles, entrevistas, periódicos y fotografías que rememoran una generación perdida y quinqui.
Fuera de nuestros espacios cotidianos nos conocemos un poquito más, atribuimos hazañas a quien fuimos y visitamos algunas estancias que creemos más alejadas de nuestro ser y estar. Fumamos en pipa, bebemos tés y caminamos de libro en libro como si así las horas que pasan pudiesen cobrar un sentido especial. Algo que queda en nada cuando al otro lado del móvil suena la voz de un viejo amigo que, animado por su paternidad, resucita viejas creencias y sentimientos que nunca pasaron página.

"Arenas de Calais", Turner
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"Las espigadoras", Millet
El chacal autocrítico está aún por nacer
Pasa el verano y pasa la vida. Ayer me encontré con un conocido al que hacía siglos no veía. Guardaba su habitual carácter pusilánime y a su lado se encontraba una mujer de menor estatura y una silla con un niño. Marchó hace años a Toledo y allí empezó una nueva vida como la hubiera comenzado en cualquier otro lugar de la península. Hola qué tal bien bien y tú tengo a mi padre ingresado está mal y tal. Ahora su carácter se correspondía con la situación triste y paciente que siempre le ha caracterizado. Supongo que es una manera camaleónica de pasar por la vida, aquí o en Sebastopol. Ayer también ojeé una noticia del periódico del domingo. Se presentaba con una fotografía en color en la que un tipo con corbata y efectivos policiales y de socorro permanecían junto a un cuerpo oculto bajo las sábanas. Si fuera pintor me hubiese gustado pintar esa misma escena, los colores de los atuendos y la atmósfera de la fotografía. El rótulo incrustado en la parte inferior de la fotografía decía: “El forense reconoce el cadáver del hombre”. Más abajo el titular en negrita: Rescatan un cadáver del río Carrión. No quise escribir sobre ello ni tampoco relacionarlo con nada pero al seguir con mi paseo me llegó la notica. Parece ser que se trata del obispo carnavalero, recitador de coplas y letrillas jocosas en los entierros de las sardinas. El de este año entonces, habría sido su último entierro. Ese obispo tenía los mismos años que yo y todavía consigo ver su rostro al otro lado de la ventana, en el colegio castigado durante los recreos por no hacer los deberes, ausente de este mundo. Me digo que ha tardado algo más de cuarenta años en alcanzar su destino, ese que le separaba del ritmo y el fragor de los demás, al otro lado de la ventana. Su rostro no había cambiado tanto y sus pasos, al andar, eran enormes y tranquilos. Así le veía de vez en cuando por el barrio o apoyado en una columna mientras esperaba, me decía, un poco de inspiración para sus próximos versos carnavaleros. No le conocía oficio ni beneficio, tampoco malas artes, vicios ni otros dolores que los propios de cualquier debilidad. Si realmente es él finado ya no le veré más y su rostro pasará a ser el de otro fantasma al que no echaré en falta salvo en mis paseos solitarios por el barrio o tal vez, ni eso. El barrio cada día se me va haciendo más desconocido, la vida tiene algo de eso también, de desconocimiento y bruma, y el verano con estos pensamientos y melancolías también.

Hyeronymus Bosch, Las Tentaciones de San Antonio, 1500
Era un lugar de una belleza absurda
Que si se tiró con una mochila llena de piedras, que si envió varias cartas a ciertas personas o incluso a la policía, que si tal o cual. Son algunas de las razones que argumentan por la calle con respecto al éxito del suicida en su empeño. Yo aunque cansado del mundo y las personas no llego hasta ese punto todavía. Paseo por el barrio y observo cómo la gente sigue sonriendo, los gitanos continúan en el banco hablando y gritando, las señoras con sus dentaduras postizas llenas de bolsas en los ojos y el sol en lo alto. Tampoco está Carmen la Cartones ya que, según cuentan, desde hace unos meses está reclusa en una residencia de ancianos. Esto quiere decir que tengo todos los papeles a mi alcance, sin competencia me hayo y también me canso, aunque no lo suficiente.
Me gustaría colocar a mis amigos dentro de un lienzo pintado por el Bosco. En estos momentos elegiría “Las tentaciones de San Antonio” que se encuentra en el Museo de Arte Antiguo de Lisboa. El Bosco fue siempre un pintor de provincias a tenor de su eterno sedentarismo y el aislamiento con el que compuso su obra. En ese cuadro del mueseo lisboeta o en cualquier otro del autor podría colocar a todos los que me rodean, las circunstancias y mi mundo de carne y hueso con su espíritu recubierto en piel de asno. Y al escribir piel de asno no me refiero al cuento de Perrault sino a los versos del poema “Monsieur Monod no sabe cantar”, de Blanca Varela:
querido mío
adoro todo lo que no es mío
tú por ejemplo
con tu piel de asno sobre el alma
y esas alas de cera que te regalé
y que jamás te atreviste a usar…
En el tríptico del Bosco, en el panel de la izquierda el santo es trasladado por un rebaño de demonios voladores. Ni San Antonio ni el pájaro abismal que pasea por el lago helado con un pergamino clavado en su pico necesitan alas. Uno, en cambio, cree que las tiene y están nuevas, unas alas de cera plegadas y sin usar que a veces pesan como piedras dentro de una mochila, en el fondo del mar.
Nunca había visto un detalle del Bosco reproducido a estas dimensiones, objeté, es una monstruosidad. Quizá, respondió el Pintor Copista, pero hay a quien le gusta. Mire, dije, disculpe mi curiosidad, pero no lo entiendo, ¿por qué hace algo así?, esto no tiene sentido. El Pintor Copista dejó el pincel y se limpió las manos con un trapo. Mi querido amigo, dijo, la vida es extraña y en la vida suceden cosas extrañas, además este cuadro es extraño y provoca cosas extrañas.
“Réquiem” Antonio Tabucchi
Buscadores de nidos entre juncales a las cuatro
Fulanito lleva un mes en Irlanda. Su modus vivendi es errático, romántico y tal vez hasta bohemio. No trabaja y vive del aire. En este caso el aire viene de las personas y especialmente de las mujeres aunque ellas no tienen la exclusiva. Va y viene, es modesto y jamás se le oirá hablar de sus relaciones que podrían contarse por centenas. Tiene un halo magnético, pausado y educado, una mística en la mirada que convence e hipnotiza a quien tiene en frente. Se mueve bajo el influjo de las estrellas y apenas necesita dinero. Consigue brindar en cenas exclusivas donde la entrada es restringida, dormir en casa de un gobernante mientras se sacude el polvo del viaje y enterarse del fallo de un concurso literario o cinematográfico días antes de que se anuncie públicamente. Su presencia y un aire misterioso le bastan para que el mundo se le abra a sus pies, en la Hispania bárbara o en la India. No tiene reloj ni calendario, sus alimentos no son de este mundo.
Y en esas estábamos dejando que los rayos del sol se filtrasen entre nuestras manos, pensando en que nosotros sí que labrábamos un futuro de cotizaciones y levantábamos sin quererlo un país que no nos gusta salvo para tomar cañas y pescar cangrejos a la orilla de un río lleno de mosquitos. Y decíamos que hay pensiones no contributivas para los místicos y los no místicos, cursos, estampas y lecturas con las que apuramos el placer de las tardes de verano.
“Uno lee determinada edición, un ejemplar en concreto, reconoce una pequeña rasgadura en la página 72 y una mancha circular de café en la esquina derecha de la contracubierta. La regla epistemológica para la lectura, establecida en el siglo II, de que el texto más reciente reemplaza el anterior, puesto que se supone que lo contiene, se cumple muy pocas veces en mi caso.”
“Una historia de la lectura” Alberto Manguel

Por la matina
La mañana empezó con cierto ajetreo. El embrague roto de un coche (Afortunadamente no es el mío). La llamada de un amigo dolorido por su hernia uffffffffffffff, dijo al otro lado del teléfono. El padre de otro amigo sin pegar ojo, en espera del juicio sumarísimo en un quirófano. Todo esto antes de las ocho y media y con las legañas aún pegadas a los ojos. Qué sé yo, decidí cambiar de tercio y ojear el blog moleskine literario. No eran las diez de la mañana pero ya tenía suficiente:
El trono de J.D. Salinger, del blog: http://ivanthays.com.
El WC de JD
El pobre J.D. Salinger, tan cuidadoso de su vida privada, aquel que no quería que le saquen ni una foto, ¿qué diría ahora de saber que están subastando su W.C.?
“No pierdan la oportunidad de ser propietarios de un pedazo de historia”, recomienda en el popular portal el negocio, llamado “The Vault of Forsyth”, que asegura haber comprado el objeto en la antigua casa en New Hampshire del escritor fallecido el pasado enero a los 91 años.
Según la descripción en eBay, este inodoro de 1962 fue “propiedad personal y usado durante muchos años” por el autor de “El guardián entre el centeno”, que durante décadas guardó celosamente su vida privada y se negaba a conceder entrevistas.
Para incentivar la compra, el vendedor también señala que la viuda del escritor “heredó todos sus manuscritos con la idea de publicarlos. Quién sabe cuántas de esas historias se concibieron y pasaron al papel mientras Salinger estaba sentado en su trono”. Como prueba de la autenticidad de la pieza, presenta una carta de la actual propietaria de la antigua casa del escritor en que se da fe del origen del inodoro.Desde el fallecimiento de Salinger el pasado 28 de enero, han aparecido cartas y otros documentos que han rasgado el velo de misterio que rodeó buena parte de su vida, aunque el objeto puesto hoy a la venta es por ahora el más curioso.
http://cgi.ebay.com/J-D-Salinger-PERSONALLY-OWNED-USED-Toilet-Commode-/370416967312
| Price: |
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Biblia pauperum
Mi tío cogió tres luciérnagas y las metió en el corral para sus nietas. A la mañana siguiente regó la hierba del corral y nunca más se supo de aquellos gusanitos de luz. Las nietas dieron con el problema. Las luciérnagas se mojaron y costiparon por lo que no podían dar más luz.
Ayer, durante la noche, volvimos a ver algunas de ellas. Uno no las veía desde hacía siglos y ya pensaba que, como con tantos otros bichos, habían dejado de existir y pertenecían al mundo lejano de la infancia. Eran tres las nietas, trillizas, y tres las luciérnagas.

Emil Filla "Un lector de Dostoievski"
Hoy he comido otra pancetaza veraniega. Podría enumerarlas fácilmente y desconfiar de la báscula y el calendario para iniciar un periodo de desintoxicación. Hay poca voluntad pero yo digo que lo puedo dejar cuando quiera igual que otros, cuando vienen al campo, se visten de soldados con sus chaquetas, pantalones, gorras, emblemas y cinturones perfectamente encajados sobre su cintura. El barrio está mal, la calle y el mundo. Puestos a considerarlo esos atuendos informan de lo que tenemos en frente. Una guerra consigo mismo y contra el mundo. La panceta, el chorizo y la morcilla entre las brasas nos retrotraen a una campaña bélica. Al descanso tras el ataque, en el momento en que los soldados reponen fuerzas. Para seguir el juego habría que nombrar a un jefe que se parecería a Brad Pitt. En esto estaríamos de acuerdo todos los amigos, incluidos los que visten así cuando vienen al campo. Nada que ver con los domingueros en chandal o en bermudas que rezan alrededor de las paellas y otros aquelarres permitidos en domingo.
Me digo que es bonito vivir plácidamente momentos de paz como el del otro día aunque yo eché de menos a alguien vestido de capellán, tal vez otro soldado, alguien que nos hubiera leído unos versículos que empezaran diciendo: hermanos, estamos aquí reunidos… y que hubiera consagrado la panceta en el hombre de Cristo o de Petrarca y que nos la hubiese ofrecido de su mano mientras esperábamos dispuestos en fila india. Luego nos habríamos sentado alrededor de una mesa sin tener en cuenta el resto de batallas o gigantes contra los que a no tardar nos enfrentaremos, tal como hicimos, alzando las copas, menstruales y de bohemia, a la luz de la luna.

“Codex Seraphinianus“, de Luigi Serafini
Pero no todo el mundo es capaz de leer con el cielo por techo
“.. Para Colette, Los miserables, con sus calles y sus bosques, sus huidas por oscuras cloacas o entre barricadas, era el libro perfecto para la quietud del dormitorio. El poeta W. H. Auden pensaba algo similar. En su opinión, el libro tiene que estar, de algún modo, reñido con el lugar en que se lo lee. No puedo leer los relatos pastorales de Jefferies en las colinas de Wiltshire –se lamentaba- ni hojear limericks en el salón de un club inglés. Tal vez sea cierto; es posible que sea un poco redundante explorar en la página un mundi similar al que nos rodea en el momento de la lectura. Pienso en André Gide leyendo a Boileau mientras navegaba por el Congo, y el contrapunto entre la vegetación exuberante, caótica, y el verso riguroso, tallado, del siglo XVII parece perfecto.
Pero, como Colette descubrió, así como ciertos libros exigen un contraste entre su contenido y el entorno, algunos parecen exigir posiciones particulares para leer, posturas del lector que, a su vez, requieren lugares apropiados para esas posturas…”
“Una historia de la lectura” Capítulo: Lectura privada – Alberto Manguel
La mochila del suicida era un chaleco, eso sí, relleno de piedras. Las cartas enviadas fueron tres, a los amigos, a la asociación de vecinos y a su casa. Alrededor del cuello se ató una botella de agua con una cuerda para que, al flotar, indicara el sitio exacto donde encontrar su cadáver. Momentos antes del salto dio aviso a los bomberos.
Hace calor. Las lecturas ocupan un lugar importante en cualquier estación del año. Estoy pensando en las palabras de Auden y Colette, ciertos libros exigen un contraste entre su contenido y el entorno. Tal vez tengan razón. Los libros de aventuras leídos en un rincón de la casa así lo demostrarían. El verano se acaba. La diputación de Valladolid anuncia su primer concurso de novela. He terminado una novela. ¿Debo mirar más lejos? En las jornadas que la Sociedad Vasco Navarra de Psiquiatría ha celebrado en Vitoria se han presentado unas conclusiones sobre los prejuicios sociales hacia los enfermos mentales en los comics de Tintín. No hace mucho estuvieron a punto de prohibir la venta del álbum “Tintín en el Congo” por racista. Hablo con X, pregunto por su padre al que acaban de operar. A él le molesta verdaderamente otra cosa, el estado de una tía ingresada recientemente. Tiene un único hijo y se ha descubierto como un bárbaro, apenas ha hecho acto de presencia. La enfermedad puede ser angustiosa, doliente, abrasiva y mortal. Pero en todos los casos se plantea o sugiere con un mínimo de dignidad. Si un enfermo aparece abandonado, deshidratado, desnutrido y en un estado lamentable, la enfermedad en sí pasa a un segundo plano. La posible muerte, en estos casos, se vive de diferente manera. En el caso de abandono tiene un mucho de liberación. Su tía se encuentra en estas condiciones y la sangre le hierve.

Hace calor. En el partido preparatorio de baloncesto entre Serbia y Grecia se produjo una tangana importante. Finalmente el partido tuvo que ser suspendido. En el video se ve al super pivot negro de Grecia Schortsianitis bastante caliente. Es uno de los luchadores más imponentes que se mueve en la cancha. Un buen amigo para acompañarse y saldar cuentas en ciertos momentos. Por ejemplo para adelantar una cita de consulta en la seguridad social o pedir un poco de orden al conductor que se ha saltado un paso de cebra.

Biblioteca
“En el siglo X, por ejemplo,en Persia, el gran visir al-Sahib ibn Abbad Abd al-Qasim, con el fin de no separarse de su colección de diecisiete mil volúmenes durante sus viajes, se los hacía transportar por una caravana de cuatrocientos camellos adiestrados para caminar en orden alfabético.”
Pg. 347 – “Una historia de la lectura” Alberto Manguel

Biblioteca del monasterio de Strahov (Praga)

La relación de los libros con sus lectores es distinta de cualquier otra entre objetos y usuarios
El familiar de un amigo fue operado de cáncer de próstata. Herbie Mann falleció por un cáncer de próstata en Julio de 2003. El otro día, cuando me tropecé con el amigo sonaba una canción de Herbie Mann en el ipod. A pesar de que me disculpé de inmediato sé que él no entendió realmente la amplitud de mis palabras. Para él se trataba de bajar o apagar la música, para mí era algo más, acababa de acercar hasta sus narices una mala sombra que no venía a cuento.
Momentos antes había leído en “Una historia de la lectura”, lo siguiente:
Utilizar pasajes de libros escogidos al azar para predecir nuestro futuro cuenta con uan larga tradición en Occidente y, mucho antes de Constantino, Virgilio ya era la fuente preferida para la adivinación pagana en Roma; copias de sus poemas se conservaban, para consultarlos, en varios de los templos dedicados a la diosa Fortuna. La primera referencia a esa costumbre, conocida como sortes virgilianae, aparece en la Vida de Adriano de Elio Esparciano, donde se dice que el joven Adriano, interesado en saber lo que el emperador Trajano pensaba de él, consultó al azar la Eneida de Virgilio y encontró los versos en los que Eneas ve “al rey romano cuyas leyes renovarán Roma”. Adriano se quedó satisfecho; y ocurrió, efectivamente, que Trajno lo adoptó como hijo y Adriano se convirtió en el nuevo emperador de Roma. Al fomentar una nueva versión de las sortes virgilianae, Constantino seguía la tendencia de su tiempo. A finales del siglo XI, el prestigio que se adjudicaba a oráculos y adivinos se había trasladado a la palabra escrita, la de Virgilio pero también la de la Bibilia, y se había desarrollado euna forma de adivinación conocida como “cleromancia evangélica”. Cuatrocientos años más tarde, el arte de la adivinación, proscrita en la época de los profetas como “una abominación a los ojos del Señor”, se había vuelto tan popular que en el año 829 el Concilio de París tuvo que condenarla oficialmente, aunque sin éxito.
Queremos interpretar el porvenir con cualquier señal. Nos autosugestionamos fácilmente.

Termina el día hablando con trazos gruesos sobre el amor. El amor es egoista siempre y en grados. La única manera de encontrar un amor puro es fuera de contexto, por ejemplo, en una estación de la Antártida, sin condicionantes sociales, económicos y culturales.
Una amiga encuentra la verdadera vocación alrededor de los oficios y vicisitudes con los que se gana la vida pues tiene tendencias de casamentera. Es un viejo oficio pero ¿y el amor? Tal vez debiéramos volver a Virgilio y a las sortes Virgiliae. Sobre la mesa sigue el libro de Herman Broch “La muerte de Virgilio”. El amor también sigue sobre la mesa. El amor y las apuestas. Hemos apostado contra los kilos que un amigo debe perder de aquí a Navidad. La franja que decidirá al ganador está en cinco kilos. Bajo los sobacos de estos amigos desaparecen dos libros más, “El mundo según Gurb” y “Celtiberia show”. Todos estos títulos nos describen y son parte de la fiesta con la que hemos empezado la semana.

Hermann Broch
Maneras de vivir
Hoy es un día en que los amigos nos alegran varios minutos y es entonces que uno no pide nada más al mundo. Se me echan encima las ganas de un gran viaje. Un viaje de años donde eche de menos a todo el mundo. Mi amiga J. ha regresado de Bolivia. Me ha hablado de los micro y sus alocados conductores. Los micro son pequeños autobuses cochambrosos que van de un sitio a otro llevando puntualmente y a la velocidad del sonido a sus viajeros. Los conductores están vigilados por gepeese y cualquier retraso está penado económicamente. Es curioso ver cómo las empresas, a pesar del aspecto antediluviano de sus medios, controlan con las últimas tecnologías el rendimiento de sus trabajadores.
Cualquier viaje contado por un viajero abren las ganas con fuerzas renovadas al deseo de partir. Nos pasamos meses y meses despertando de un eterno bostezo en el que los hábitos son sudokus anodinos. Alberto Manguel dice que encontró en Canada el lugar ideal para ser lector. Hay que viajar para sacar de uno mismo todo lo que está dentro, en su máxima expresión, incluso eso de ser lector.
Siempre me gustaron las aventuras narradas por el viajero que ha regresado. Las cenas y fiestas siempre se me imaginaron así, recibiendo y agasajando al recién llegado, de alguna manera hombre sin patria o con el mundo como nación. Pero resulta que yo también puedo ser uno de ellos, un viajero que además de estar en paises imaginarios vuelve para contar al mundo lo que ha visto y escrito. En el viaje se desprende la costra, algún que otro miedo y parte del lastre que no nos deja volar demasiado alto. Una mordedura de perro ha dejado un buen agujero en la pierna de un ciudadano humilde. Entonces se coje miel pura, sin azúcar, y se rellena con ella el agujero que ha dejado el mordisco. Al cabo de unos días la herida aparecerá prácticamente curada. Una cosa es verlo y otra contarlo. Visitar lugares perdidos donde un hippie regenta una pensión sin mucho lustre, rodeado de jovencitos fumadores y músicos perrofláuticos. Dibujar el mapa de nuestras regiones y tal vez regresar para contarlo porque ¿quién nos dice que allá, en algún lugar desconocido, no encontraremos el imán que nos impida alejarnos más de nosotros mismos?
Evoco ahora lo que no he olvidado
Dicen los libreros que el número de ventas ha bajado. La crisis y las tecnologías tienen la culpa. En los estantes sobresalen un buen número de ediciones de bolsillo. Lo uno lleva a lo otro.
En la feria del libro que está a punto de inaugurarse la Junta de Castilla y León no tiene caseta. Si estas ferias tienen basante de decadencia y Cuentacuentos no hace falta pensar mucho para adivinar lo que nos espera. Es una pena puesto que uno había echado un ojo al boletín informativo que la Junta ha publicado sobre el cultivo de la patata, todo un best seller que junto a los libros más pequeños del mundo harían las delicias de cualquier lector heterodoxo. A la vista de esta ausencia y en señal de protesta había pensado hacerme el harakiri, siguiendo la estela del vecino que el pasado sábado, hacia las cinco de la tarde, se dio asimismo un descabello a lo Mishima, aunque sin éxito. Tengo aún sobre la mesa “El pabellón de oro” del autor japonés y me dan ganas de recortar la noticia del periódico para valerme de ella como marca páginas en la próxima lectura del libro. Sería una manera de actualizar y revitalizar lo poético y prosaico de este vivir en provincias.

J. ha regresado de su viaje y por sus venas corren proyectos y energías. Tantas como ha visto en otras personas. Desea incorporar en su cuerpo y mente lo que le ha gustado de ellas, saberes, conocimientos e inquietudes. Lecciones de historia y geografía, reflexiones antropológicas, autores, datos que le harán crecer como persona, en el ser. Pocas veces en nuestra vida diaria nos dejamos seducir tanto con las personas que tenemos alrededor como cuando realizamos un viaje y nos sorprenden sus cantos de sirena. ¿Qué huella dejaríamos en otros si nosotros fuésemos los viajeros? ¿Qué conocimientos, sensaciones o reflexiones? ¿A qué cambios impulsaríamos al extraño con nuestra presencia y actitud?

Si tuviera poder y medios iniciaría un nuevo reality show. Los treinta y tres mineros atrapados a 700 metros en el yacimiento minero de cobre San José, próximo a Copiapó, a 800 kilómetros al norte de Santiago, serían los protagonistas. No se trata de vulnerar o traspasar más líneas que las que ya se han traspasado. La operación iniciada para su rescate vendría apoyada con publicidad, empresas y una audiencia en vilo que no sabría apagar la televisión hasta el final de la emisión. Si finalmente resulta un final feliz y con una mínima parte de los beneficios se reenvolsaría a las víctimas y sus familias, multiplicando por mil la felicidad tras el sufrimiento. Mercedes Milá, Javier Vázquez, Patricia y los que hicieran falta, micrófono en ristre, encabezarían la cruzada. Escribo en serio.

Parece que los urinarios están de moda en el mundo de las subastas. Si el otro día era el de J.D. Salinger ahora es el de John Lennon el que se subasta. Señoras y señores esos tronos han visto culos muy importantes y eso se paga.

http://www.efeeme.com/66684/subastan-el-vater-de-lennon/
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/08/23/cultura/1282549199.html
Así va, de hora en hora, la ronda de la vida
Acudo al café puntual y persistentemente. Mi cansancio, en muchos casos, no es motivo suficiente para faltar a la cita conmigo mismo. Hoy tenía delante a G. Su rostro transmitía agotamiento existencial. Apuraba la caña y el pincho sobre la barra. Mientras me acompañaba con el café reconoció no haber dado pie con bola en sus predicciones matemáticas para el congreso que acaba de finalizar. Durante estos días se ha celebrado en la ciudad india de Hyderabad el congreso matemático donde, entre otras cosas, se han entregado cuatro medallas Fields. Copio y pego sin entender nada: Los ganadores son Cédric Villani, de Francia (por sus pruebas de amortiguación de Landau no lineal, y la convergencia al equilibrio de la ecuación de Boltzmann); Stanislav Smirnov, de Rusia (al aportar la "prueba de la invariante conforme de percolación y el modelo de Ising en planos en la física estadística); Ngo Bau Chau, de Vietnam (por haber probado el "lema fundamental" en la teoría de las formas automórficas mediante "la introducción de nuevos métodos álgebro-geométricos) y Elon Lindestrauss, de Israel (por sus resultados en la medición de la rigidez de la teoría ergódica, y sus aplicaciones para la teoría de números).
El agotamiento, como se puede suponer, me aisló definitivamente del mundo. Antes de despedirnos pagó la ronda y el mechero que el otro día se agenció sin permiso. Así se lo hizo saber el camarero y al oírlo me supo todo a pesadumbre y melancolía puesto que sentía a G. abrumado por la partida y las circunstancias que sitían su cada vez más descacharrado espíritu. Él parte y yo me quedo tumbado en el sofá. Uno de los motivos por los que apenas he viajado ha sido mi planteamiento inicial. Tengo un espíritu aventurero y en mi posible partida preveo un largo camino lleno de aventuras y cambios de vida. Los amigos, cuando marchaban un fin de semana o algunos días aprovechando ofertas o fiestas, no se planteaban lo que yo me planteaba con mis preguntas ¿Y a la vuelta qué? ¿Otra vez lo mismo? Son tan pocos los días de ausencia……y tan grande el viaje que me proporcionaban los libros… Yo siempre he querido vivirme y transformarme, conocer islas y países, participar en lo cotidiano y ajeno y ofrecerme incluso como un inmigrante que va en busca de sí mismo por un precio irrisorio. Esto explicaría cómo para mí Santander es un lugar tan lejano como Pekín; Galicia y Asturias como Melburne y el lema sobre apicultura celebrado en Cobos de Cerrato “Si quieres dar gusto al paladar, la miel de Cobos de Cerrato tendrás que probar”, una prosa muy difícil de entender.
Leía el largo linaje del libro que estaba leyendo, puesto que los libros que leemos son también los libros que otros han leído. No me refiero al placer indirecto de tener entre las manos un volumen que alguna vez perteneció a otro lector, evocado como un fantasma por medio del murmullo de unas pocas palabras garabateadas al marge, de una firma en la solapa, de una hoja seca utilizada como señalador, de una delatora mancha de vino. Me refiero a que todo libro ha sido engendrado por una larga sucesión de otros libros cuyas portadas quizá no veamos nunca y cuyos autores tal vez jamás conozcamos pero cuyo eco se encuentra en el que tenemos en las manos.
“Una historia de la lectura” Alberto Manguel

Tennyson
Otra vez soy el tiempo que me queda
Me gustaría asistir a un curso especial para montar broncas. Así desgastaría al personal y en una segunda fase, mandaría uno de mis lacayos a pedir en la ventanilla o tras la barra lo fuera menester. Es un momento clave el de después de la batalla y ahí debería residir la clave. Se trata de una estrategia como aquella en la que el fuego sobre una la muralla en la parte norte servía para distraer del verdadero ataque por el sur. Voy tomando notas y me digo que tal vez pudiera ser yo el maestro que impartiera el curso, sustituyendo el powerd point por algunas reliquias de Santa Teresa a uno y otro lado de mi atril. Ya me pensaré si escojo el pie derecho o una parte de la mandíbula superior que descansan en Roma, la mano izquierda que está en Lisboa y que nada tiene que ver con la derecha que tanto acompañó a Franco en sus días y noches, el brazo izquierdo o el corazón que descansan en Alba de Tormes… Por no hablar de las nueve llaves que cierran su sepulcro y de la próxima guerra que deberíamos declarar al país vecino para rescatar esa mano izquierda tal como Marruecos insiste con su Ceuta y Melilla. Y es que nadie puede dejarse vivir en paz porque o nos pasamos el día declarando guerras o, por el contrario, anunciamos a bombo y platillo hermanamientos como el de Atapuerca con la comunicad masai de Olairobi. Una zona histórica que pasó a denominarse cuna de la humanidad, “en el entorno del Ngorongoro y Olduvai”.
Que sirva este no-pensamiento como chupinazo, el pregón con el que no declaro fiesta alguna aunque los peñistas griten lo contrario y el alcalde comunique la buena nueva: que todas las chicas que se llamen Nerea podrán acudir gratis al concierto que oficiará el grupo Maldita Nerea en el pabellón… "Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación. Y esta explicación que os debo, os la voy a dar. Que como alcalde vuestro que soy os la debo. Y esta explicación que os debo... os la voy a dar” (“Bienvenido Mr. Marshall”)

De la obra "Arte", texto de Yasmina Reza
Vengo de muchos libros y de muchos apremios que la imaginación dejó inconclusos
La inauguración de la feria sigue los mismos pasos. Acudo a la caseta que, de momento, monta la editorial Menoscuarto y compro un par de ejemplares. Ese es el momento culminante. Este año tocaron “El viaje de un nihilista” de Julio Baquero y “Recuerdos ligeros”, de Paul Léautaud, traducido por el propio Julio Baquero. Los libros de esta editorial son los únicos que me sirven de colección porque en la mayoría de los casos pasan por mi mesilla con más pena que gloria. Aún así me rindo a sus ediciones y, de vez en cuando, a las lecturas. Año tras año, frente a la caseta de la feria, se me viene el mismo pensamiento, comprar todos los ejemplares semanalmente como si fueran ejemplares coleccionables de quiosco.
Acaba el verano y junto a mi insulso y repetido deseo de coleccionar estos libros ojeo el periódico. Las editoriales vienen a la carga. David Monteagudo sacará un segundo libro en Acantilado (pensado cuando trabajaba en la fábrica… dice en el Babelia de hoy, o sea, que ha pasado a mejor vida o al menos, alejado de esa fábrica que le arropaba en sus entrevistas) y con él un largo etcétera de autores que me dispone al aburrimiento. La única opción manejable ante el basto mar de autores y obras que tenemos encima es visitar a los clásicos. Un buen ejemplo con el que me tropecé el otro día en una librería fue “Las confesiones” de San Agustín. Con esto y algunos obituarios bastaría. Esa sería otra opción, homenajear a los que nos dejan visitando el cogollo de su obra, eligiendo, seleccionando lo representativo, más allá de modas y ventas. De seguir este critero para la semana de ferias me arroparía en un rincón, sobre la cama o bajo un árbol con Raimon Panikkar. Alcanzar el estado pasional con el que tantas veces le hemos visto platicar sus ideas y filosofía sería un lujo y un destino justo. Sirva este video de ejemplo y envidia.

Estás soñando despierto
El único acto festivo al que me rendí con plenitud fue el de subirme al monte. Lo demás se llenó de multitudes y, por lo tanto, de aturdimiento y cierta desgana. Moverme entre la masa, saludar y apreciar el arte de un graffitero en la calle mayor le quita a uno las fuerzas y le hace sentir que lleva de fiestas un mes entero, de la plaza a la verbena y de la verbena a la caseta/castillo de los horrores.

Chris Stewart
Ayer, entre la aglomeración, atracaron dos personas nuevas en el grupo que celebraba un cumpleaños. Nuestra amiga X, en una de sus extravagantes y económicas actitudes, se trajo a dos desconocidos a la fiesta. Uno de ellos, mostró cierta cordura y desapareció al verse rodeado de extraños. El otro, hizo de su capa un sayo y se adaptó como si hubiera llegado al local de la peña o la embajada, invitado como estaba por su amiga X. Ese individuo aprovechando la desidia con la que fácilmente envuelve la fiesta a las primeras de cambio, lejos de sumirse en la desgana del grupo, pasó a dirigir sus pasos, informando y aclarando las dudas que nadie tenía sobre las tapas y pinchos que ofrecían en las casetas. Mientras nos explicaba sus razones celebramos el cumpleaños, de manera tranquila y plácida, en la mesa de una taberna. Allí entregamos el presente “Tres maneras de volcar un barco”, de Christ Stewart y al poco, deambulamos como una caravana de borrachos, recorriendo el centro histórico de la ciudad, pensando en que lo que se podía volcar de verdad era otra cosa, por ejemplo un vaso de vino en la camisa de nuestro Friki recién adoptado (aunque la culpa no fuera de él). La imagen en el pasear se me parecía a la de los galeotes con los que se tropezó Don Quijote y con esta idea me evadía y esperaba pudiera llegar la liberación. Pero junto a la libertad se nos robó el queso de cabra en la única caseta a la que al final fuimos llevados, ayudados también por el viento y las corrientes de agua que debían correr bajo las alcantarillas. La tapa estaba hecha con un filete de bicho, cebolla caramelizada y ese queso de cabra con el que dejamos a la imaginación volar y, por segunda vez en el día, subir al monte, que es donde siempre tira la cabra.

En muchos casos la enfermedad empeora y un número notable de lectores famosos se volvieron ciegos con el paso del tiempo, desde Homero y Milton hasta James Thurber y Jorge Luis Borges. Borges, que empezó a perder la vista poco después de cumplir los treinta años y a quien en 1955, cuando ya no veía, nombraron director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, comentaba acerca del peculiar destino de un lector al que le falla la vista y al que un día se le concede el reino de lis libros:
Nadie rebaje a lágrimas o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.
Borges comparaba el destino de ese lector en el mundo borroso de “vagas cenias pálidas semejantes al olvido y al sueño” con el del rey Midas, condenado a morir de hambre y sed rodeado de comida y de bebida.
Pg. 514 “Una historia de la lectura”, Alberto Manguel
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Señores pasajeros, en nombre del comandante Dlippo, que, por cierto, se reincorpora hoy al servicio tras su reciente operación de cataratas, les damos la bienvenida a bordo del vuelo 404 con destino Madrid y les deseamos un feliz viaje
Taurinos y antitaurinos plantean sus diferencias en la calle. A ambos grupos les une la fiesta y el alcohol. Si hay algo tan horripilante como matar a un animal en una plaza es ver las fotos de los famosos tras el burladero. A mí particularmente me sienta mejor ver la sangre y muerte de cualquier animal que al conjunto de rostros e invitados que aparecen tras el burladero. En esas figuras veo todo lo peor que existe en el ser humano, hipocresía, desconfianza y actitudes mafiosas.
El domingo pasado publicaron el último capítulo de Íñigo Domínguez “Viaje Transiberiano”, en el Norte de Castilla. Culmina su obra con estas palabras:
Termina con una sensación que confirma cada vez. El mundo está lleno de gente amable y encantadora, sin malicia ninguna. También se da cuenta de que viaja por lo mismo que bebía Malcolm Lowry, porque ocurren cosas. Acaba cansado y vuelve muy espeso. Preocupado porque no sabe qué va a contar, salvo las tonterías que se le ocurren. Además le quedan días de jet-lag e insomnio, que para él son un tormento, pues pasa la noche en blanco mientras su cerebro le tortura repasando momentos de ridículo o en que ha sido un bocazas. Como, probablemente, muchas de estas líneas. Sueña con ser una marmota siberiana de cabeza negra, que duerme ocho meses. Con suerte, hasta el próximo verano.
Y leyendo a saltos este viaje pienso que uno, en el caso de ser el periodista, muy bien podría terminar diciendo lo mismo y esto me hace querer leer algunos capítulos que duermen sobre la mesa, en el baño y la mesita. Hojas de periódico que he leído a cachos entre el gusto por un viaje de ese tamaño y el disgusto al no atraparme su lectura.
El anhelo de un viaje así se acrecienta en mis sueños, sobre todo tras mi nuevo periplo sobre las olas y mareas de la fiesta. El ruido infla mi espíritu de gases y cervezas sin fuerza. Cuando me despedí de mi amigo H me recomendó, en todo caso, la relectura de una carta que aparece en “El laberinto de las aceitunas”, de Eduardo Mendoza. Eso fue lo que hize al llegar a casa, antes de que el pequeño desasosiego con que llegué acabara conmigo en la cama:
Repugnante albóndiga:
Desde que me fui de tu lado las cosas me han ido de mal en peor, pero ni un solo día he dejado de bendecir la hora en que te dejé. Mamarracho. El actorzuelo en cuyos brazos me arrojé desesperada era un canalla que me zurraba sin tregua y que me abandonó en cuento supo que me había quedado embarazada, a pesar de lo cual todavía venero su memoria, porque gracias a él te perdí de vista. Cucaracha. Deshonrada, preñada y sin un duro me dediqué a la prostitución en los retretes de un parador de camioneros hasta que nació mi hija, a la que abandoné en un canastillo a la puerta de una ermita. Me he quedado tuerta, se me han caído los dientes, soy alcohólica y morfinómana; he estado seis veces en la cárcel y cuatro en el hospital de infecciosos. Y todo por tu culpa. Escupidera, felpudo…

la orfandad de los días venideros
“En el famoso cuento de Hemingway Las nieves del Kilimanjaro, el protagonista, que se está muriendo, recuerda todas las historias que ya jamás podrá escritir. “Conocía por lo menos veinte buenas historias del mundo exterior y nunca había escrito ninguna. ¿Por qué? Menciona unas cuantas, pero la lista, por supuesto, resultaría interminable. Las estanterías con los libros que no hemos escrito, como las de los libros que no hemos leído, se extienden hasta la oscuridad del espacio más remoto de la biblioteca universal. Siempre estamos en el comienzo del comienzo de la letra A.
“Una historia de la lectura” Capt. El último pliego – Alberto Manguel
Las mañanas se pasan regalando palabras inútiles. Tal vez a alguien le valgan. Conozco a muchas personas que desean poner pies en polvorosa de una manera más o menos educada, nada de harakiris, vías de tren o rios llenos de basura.
Tan importante como hacer un plan es hacerlo en el lugar adecuado, por ejemplo frente a las dunas, un acantilado o en mitad del bosque. Otro sitio para replantearse las cosas podría estar en el Pavilhao Chines, ubicado en el Bairro Alto de Lisboa. Creo que allí sería fácil escribir el inicio de otras veinte historias aunque una numerosa afluencia de turistas podría hacerme cambiar de opinión muy fácilmente.




