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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009.

tu ciudad de cristal innumerable

Lo primero, un vecino pálido junto a la mujer, sin más, con las coplas de Manrique cantadas en sus pupilas, dejando el rostro de la resignación expuesto al viento cálido, cómo paño triste en la cuerda tendido… y cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte. No fue el primero del día puesto que otro señor, desahuciado y desterrado de todo propósito me vino a rugir en los oídos por ser el padre de una antigua tenista que intentó llevarme a la red con propósitos tan torpes como aquellos que nos desperezan en una edad entusiasta y ciega. Años y juncos salvajes eran los barrotes de la jaula, tan invisible entonces como real ahora. Los dos, el vecino y el padre aquel, visten oros falsos en la baraja y uno que, apenas juega, aparta, arroja y pide dos nuevas cartas con las que sino alegrar la fiesta, pasear un rato tranquilo.

La intención no era sino terminar las compras, esas que me invento y exijo porque mi feria, que sólo es del libro, se deja estrujar tan dulce y novedosa como silicona viciosa o fruto prohibido de un árbol reseco. Ahora, al decir esto, se me vienen a los ojos el cuerpo de una mujer policía nacional perfectamente esculpido. Era la primera vez que veía algo así a plena luz del día y en esta pequeña ciudad donde los diferentes cuerpos del orden más bien tuvieron tendencia hacia las redondeces con paso de elefante. La estriper, con su porra y pistola parece que ha sacado una plaza para gusto de sus padres y, es de suponer, compañeros de trabajo.

Puedo decir que la calle mayor, en su parte final, olía a descomposición, a tapa de rata almizclera con pimientos, lomo y chapata, todo ello a dos cincuenta, precio oficial de consumición también para aquellos bares que han decidido saltar ese pequeño obstáculo de instalar la caseta en la calle. Según iba remontando la calle hacia su inicio el aire se hacía más limpio, no así el pensamiento de alguien que acababa de dejar a las espaldas, cuadros y esculturas levantadas en lo que llaman expoaire. Este año la inauguración y bodas de plata estuvieron marcadas por la reivindicación de tres jóvenes semidesnudos que hicieron de sus cuerpos grandes obras al óleo encadenadas, junto a palomares, reumas, descalcificaciones y paisajes que al menos producen cierto consuelo cuando se observa un mundo demasiado cambiante y acelerado. De esta manera escandalosa ofrecían sacrificio ante la reincidente y alevosa selección que allí se representa según explicaban, año tras año, dejando fuera siempre, al menos a esos mosqueteros del pincel. La pintora Karla de Alba que me recordó a le escritora Alba de Luna, Onecha, Ruesga, Chema Manzano, Escobar, Toñi Vecilla, Ana Roda y otros tantos relacionados con Muriel copan los espacios habituales junto a esculturas y ciudadanos aparentemente tranquilos pese a la gripe que se avecina y un invierno que desamparará al más pintado.

Mi vecino es un cuadro, su mujer le hace compañía. La calle entera es un globo inflado con helio y aire. Si han paseado estos días ya saben quien tira del hilo, gitanas que apenas cobran por adornar el cielo con gatos y otros animales frente a las terrazas de los bares siempre a rebosar.

 

Jiro Taniguchi

01/09/2009 07:21 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

la sien late en el centro

Seguimos en fiestas aunque decidí cerrar las puertas a cal y canto como si se tratara de un cumpleaños al que no fui invitado o, mejor aún, como si no viniese conmigo. Dentro de las opiniones del común, en mitad del jolgorio y con la vista puesta en las dos orejas y el rabo que seguro alguien caza en la plaza, destaca aquella que subraya una solitaria tendencia hacia huir de la muchedumbre por no ser eso precisamente un panal de rica miel, aunque sí un enjambre revuelto y, dependiendo de la edad o el fingimiento, cansino o vulgar. No hay quien deje de decir en alguna ocasión, cuánto me cansa la gente o, sencillamente, a mí no me gusta la multitud. Y mientras esto dice, muestra, por ejemplo, la foto de un torero firmada con cariño o el recuerdo de un famoso que empezando de mimo callejero terminó de eso, mimo, en el senado.

Por tanto, decidí dar la espalda al mundo y enfilarme junto a mi sombra puntiaguda hacia las afueras de la ciudad por un camino de tierra y canto. De esta manera me convertí en la sombra huidiza de uno de esos hombres estatuas nacidos, pongamos el caso, en Rumania y que, aprovechando las cinco horas de sal en que su cuerpo se transforma para conseguir unas monedas, huye a un lugar donde respirar y olvidarse de todo. Pero por más que uno quiso no consiguió sino reconcentrarse en ciertas imágenes que sucedieron durante la mañana, algunas de las cuales supo quebrar o recortar como si fueran novillos ante el cuerpo de un atlético joven, dispuesto a saltar también con la garrocha de mis escrúpulos.

Dejo para otro día algunos apuntes sobre los globos convertidos en espadas gracias al arte de la globoflexia y las pistolas con pompas de jabón que, curiosamente se multiplican durante estas fechas señaladas, entre las manos de los niños. Supongo que no es momento de campañas bélicas o antibélicas y, por ello, con la bula del capricho y la necesidad, se abre paréntesis para que el trauma o el futuro incipiente no deforme desde tan pronto el carácter de los imberbes.

Ramana, mago holandés

02/09/2009 08:41 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El cielo se desata

¿Será así la vida de los seres humanos verdaderos? ¿Se pasarán todo el día ellos también intentando descubrir a su alrededor las señales de la impostura? ¿Aceptan ellos confiadamente su vida o sienten alguna vez la sospecha de que no sea una vida de verdad?

 

         “Memorias de un hombre de madera” Andrés Ibáñez

 

 

Alrededor de la plaza se han plantado rostros difíciles, de contorsionistas prejubilados que recuperaron el tono con la pensión y así, estiraron los huesos y músculos excepto los de la cara. Creo que algunos de ellos bien pudieran ser los que atraviesan, año tras año, la misma puerta grande con el culo de los héroes a sus hombros. Unos hombros perfumados que ya quisieran los pasos de  las vírgenes y santos que se airean por semana santa. También tenemos a gitanos, con y sin sombrero, hacendosos y ociosos caballeros que hablan por el móvil junto a un coche patrulla de la nacional estacionado frente a las taquillas. El cartel correspondiente de no hay entradas preside la evidencia y vaticina una reventa que alcanza dosis de leyenda, al menos, en este trozo de la piel de toro, tan exigente como sudada, blasfema y conformista. Por la tarde torea José Tomás y de él se han escrito tantos libros que bien pudieran acaparar toda una caseta de venta exclusiva junto a otros misterios, leyendas y mapas de constelaciones complicadas de interpretar. Pero en la plaza no hay otro puesto, ya de mañana, que aquel típico y repleto de  monteras, toros de peluche recién bajados del televisor, toreros plastificados pero de gran temple y unos capotes con los escudos del equipo de fútbol favorito en el centro dibujados. Estos capotes suponen un trasvase directo del peor de los sueños al centro de la fiesta, fusionando las dos querencias en una, acto de amor intenso del que muy pocos  quedarán perplejos a no ser por su escasa repercusión y venta.

Mis pasos, cercanos al templo donde el torero de Galapagar resucitará a los muertos más presentes (Manolete y Belmonte sólo son dos ejemplos) y a los vivos, ausentes en demasiadas ocasiones de vida, hacen que me guarde la herradura en el bolsillo de atrás. No sé si para huir de allí tras saludar al espejo y lanzarla al aire imitando el vuelo de la montera o para tentar a la suerte y hacerme, tras el desmayo fruto del golpe llovido desde lo alto, con la entrada del gitano que pide mil euros para la ocasión.

Luego no fueron herraduras, piedras o tomates lo que sobrevoló tímida y de forma rasante el cielo oscuro. Alguien, henchido de placer, infló un condón y con el simple toquecillo del índice de su diestra el globito inició su despegue sobre los espectadores del concierto. Propulsado a base de toquecitos dactilados, se elevaba una y otra vez, esperando que el público más entregado abriese simultáneamente la boca para poder trasvasar lo que llevaba dentro, aire o semilla fría, agitada antes y después del uso. El botellón sin embargo fue cómplice de la multitud pastoreada por dos nacionales perezosos y distraídos en la cola del rebaño. Ya no eran botellas sueltas las que corrían de mano en mano, sino bolsas enteras formando pequeñas montañas, hitos para no perderse y caravanas de jóvenes exploradores que se internaban, vaso en mano y puño en aire, boquitas pintadas, bonitas de cara.

03/09/2009 07:15 prision Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Para nosotros el dolor es tierno

Es como si hubiera llegado un camión volquete lleno de rutina. Ahí, justo al lado y el que se gira para mirar queda contaminado, aturdido y, por supuesto, estornudando hasta que alguien le dice chico ¿pero qué te pasa? Entonces miro y no es la sombra que sobresale sino la figura de un dios menor que responde con la mirada, arriba y abajo, al este y al oeste, porque ni el horóscopo del periódico, lo único real y plausible tras las esquelas, grandes o pequeñas, me favorece. Creo que no debería iniciar un negocio, mucho menos ahora, tras el epílogo de fiestas que estamos viviendo y al que pronto me uniré en su cola de ratón con un loco vacceo que pasea, hoy al menos, sin calcetines ni calzoncillos. No vayan a pensar mal de mis amigos pues los pantalones les lleva bien puestos, ajustándole sus partes en el punto adecuado, aquel que le estira la sonrisa tonta y que rima con fritos en la sartén. No busquen asonancias ni consonancias, que al buen entendedor, palma de oro en Venecia le bastaría y si no es mucho pedir y el capote de un ciego pudiera valer, ofrezco la faena a Claire Denis, directora ésta maldita en este país, como tantos otros a los que silencian o admiran cinéfilos que hablan y escriben, por tanto, de un cine que por no proyectado en nuestras salas es llamado invisible.

De aquellos calzoncillos también invisibles, pero visibles gracias a las palabras que el amigo se encargó de pronunciar, pasé a imaginármeles en anchura y largura, color, materia, textura y circunstancias por las que decidió abandonarles en casa, como si fueran bandera por la que ya no merecía la pena luchar. Y en esas continué mientras me hablaba, visionando las dos campanas robadas en la localidad burgalesa de Villamorica. Fue, según las crónicas, en un día incierto que bien pudiera estar entre el 21 y el 24 de Agosto, cuando echaron en falta un sonido huérfano en el aire que acompañaba el crotorar de la cigüeña, triste por quedarse sin esas aldabas de doscientos kilos bajo su nido. Éste amigo, si no tuviesen ningún valor, bien pudiera ser el ladrón con su entrepierna picante y pesada en la que resultaría imposible añadir un paño más bajo el pantalón. De ahí sus palabras, desatinos y disimulos que resuenan aún en mi cabeza como sonidos de campanas a las que les falta la razón, ese badajo, tantas veces inútil, con el que a veces chocamos sin que nos ampare ni dé solución.

Claire Denis

En el concierto los sonidos llegaban raquíticos, las voces animaban lo justo y el público fumaba. Todo era una gran nube tóxica nuclear sobre la tierra. Un hongo incensario que ayudaba en el balanceo de las ideas, mayormente remojadas con calimochos. Paz hermanos, mucha paz y rostros limpios de polvo y paja. Atrás, los policías formaban parte de la traca final. Su número, con respecto al otro día, se había multiplicado por cuatro. Hablaban entre ellos, decían que Alan Wilson falleció un 3 de Septiembre de 1970. El mismo año que se llevó a Janis Joplin y Jimy Hendrix.

 

 

“… Admiraré a Ruiz de Hita en su valentía de pantalones cortos, en su osadía ibera, y en su osadía romana, y en su osadía árabe, en su atreverse a leer al margen de lecciones y de castigos, en su elegir un prestigio propio frente al prestigio común, y de él voy a aprender que un lector es un héroe solitario, y que hay más democracia y más libertad en el individuo que lee, que en la multitud que atiende…”

 

                   “Los príncipes valientes” Javier Pérez Andújar

 

04/09/2009 06:59 prision Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

La noche se afianza

En Gaspar Arroyo, calle de infausto recuerdo desde donde se pueden ver y oír unos fuegos artificiales más alegres que aquellos con los que amanecieron una triste mañana, tras la explosión de gas:

 

Voy a hacer felices a los púberes y jóvenes que presiden la comisión del botellón. Tengo el remedio, la medicina que eliminará esas acampadas libres y ruidosas que parecen un desorden y sin Dios. Y digo esto porque ya les he visto así, contentos como potrillos o pollitos alrededor de la bombilla, leyendo en las líneas de sus manos la justa vida de cualquier ser humano que aún no ha despegado ni cogido el aire suficiente para alcanzar con la mirada el campo desolado. Una superficie esa a la que no alcanzan a imaginar por estar un poco más allá de la tapia desde donde afortunadamente viven presos y mártires del cachi de calimocho. En el garito donde les encontré arremolinados la otra noche, el tiempo olía a velas y mortuorio, yacía detenido. Sus miradas, doy fe aunque no se precisaban marcas de clavos ni manos en el costado, eran tan limpias como las de hace decenios, se estiraban en el aire y acompañaban a la música de su piel rozándose entre susurros, palabras y el precio troglodítico de las monedas cayendo al cajón, como gotas de rocío. Todo iba despacio y así los cubitos y el gesto de la señora robado al ataúd que la espera muy pronto, como a todos nosotros se pudiera decir si la próxima carta a levantar nos sorprendiese con un final arrebatador y contundente. La labor de su ayudante, algo más joven. aunque de cualquier manera sobrepasando con creces la edad de una jubilación forzosa y juiciosa, era un tanto enigmática. Tal vez sacara hielos de un lugar secreto y contara ovejas a un tiempo puesto que nada más parecía querer con el resto del mundo lobuno y licántropo. Concentrado, sacaba polvillo de oro, minúsculas medidas que ayudaban a componer los vasos de plástico pedidos sin medida para poder llenar las jorobas de los sedientos en lo que habría de ser la larga marcha de la noche.

Kees Van Dongen

06/09/2009 18:04 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Ya la memoria es triste

Hacía mucho que el gusto del aire no azotaba mi cabeza, reseca en este tiempo y sin miedo porque el aserrín que lleva dentro se pudiera desordenar y acabara como el nido que vi esta mañana bajo el avellano, tirado en el suelo, despojado de su patria y sentido. Es tiempo de arrancar las malas hierbas, limpiar buena parte de los huertos y dejar espacio para las escarolas, imposibles de comer, con o sin ajo, por aquel que habiendo perdido las muelas no piense en otras de titanio o, a su entender, de cartón piedra y sin embargo suficientes para ir tirando en lo que le resta de vida. En el pueblo la gente es así y rara es el ave que, sin embargo, no deje de permanecer al acecho u ofrezca consejos sobre la mejor manera de eliminar en su labrantío un trecho arbustivo con el que la PAC, además de recortar su ayuda por la extensión no cultivada, estimula para una tala misteriosa y nocturna hecha con herbicida total. El viento no ayuda en la conversación y allí todo el mundo se conoce, incluso el peregrino barbudo que llega al trote, mostrando las piernas junto a las de la mujer que en su mirada tiene algo de barba también, en este caso hollín o cierta suciedad de la que intenta desprenderse a lo largo del Camino. Los dos pues, unidos y decorados como en una postal, pasan de largo, tal vez imaginando que la vida en el campo sigue siendo posible o al menos, más respirable que la oculta en las ciudades. El del pueblo no deja de verles como turistas, vagos que se deciden a mover el esqueleto buscando un tesoro imposible, como si les diera por manchar un lienzo a lo Miró o experimentar en los caminos de herradura nuevas fórmulas que sólo valen para el asfalto. Y es que aún no he visto a un agricultor o ganadero que quisiera cambiar un hipotético viaje a Benidorm por otro a Santiago. Éste último a más de uno le recordaría sin duda tantos otros que llegó a hacer en penumbras, por ejemplo, para entresacar remolachas donde Cristo dio las tres voces, dejándose por ello las energías en el camino.

El aire sabe a otoño y a revisiones rutinarias con el médico. El huerto sabe a otoño, los montones de leña, pilas o haces están casi listos para ser pintados o fotografiados por los últimos veraneantes rezagados de un ejército en crisis, ovejas cojas al final del rebaño.

 

 

“La poética del objeto de Colombo es, en su oficio de buscar pistas, una poética del objeto encontrado y hasta del objet trouvé: la bombilla en un jardín, una toalla que falta, una brizna de césped pegada a una suela…

Colombo es el hombre que se queda pensando después de que las cosas han pasado, y luego anota algo, y en esto tiene Colombo más de escritor que de periodista. A Colombo no le impresiona el suceso, sino el actor. Se hace amigo, a menudo, del asesino, porque le gusta la gente, y porque cree que en todo el mundo hay una parte amistosa, un lado que conocer o que compartir. Colombo tiene del niño su soledad y su sacralización de la amistad. Pero Colombo, con su gabardina, que lleva abierta como un colegial su bata, es también un ángel de las leyes físicas… “

 

                   “Los Príncipes Valientes” Javier Pérez Andujar

Bridget Baker

06/09/2009 18:09 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Yo soy el Rey del Humo

Si me pidieran la opinión sobre el fin de semana curiosamente le situaría en una cúspide de reencuentro con la literatura y la palabra tras unas semanas de tránsito. Porque así han sido las novelas con las que me he medido el pulso y sorteado los escalones que el mundo me ha hecho subir para ir hacia abajo. Cuando digo mundo lo digo para no herir susceptibilidades ni desenterrar muertos, esqueletos vivos que bailan sin esperar su carnaval porque el secreto, cuando se desvela, es ese que muestra la vida con la dosis justa decepción. Entonces me acojo al salvavidas de “Los Príncipes Valientes” y salgo a flote con la sonrisa puesta y el miedo desvelado. El miedo por que alguien contase a mi manera esa parte de vida que es la infancia como lo fue la pubertad y luego la juventud, etapas todas a las que cualquier escritor, en un momento u otro, acude ineludiblemente para mostrar y demostrarse lo que lleva dentro.

En la solapa y contraportada no figura ningún premio y esto dice mucho de los que reciben tantos, año tras año, como si no existiera más vida alrededor y no quedara otra que reiterarse en la medalla al mérito de la escritura que suponen los galardones para los mismos dioses siempre, hechos de tinta y marcas registradas en las que se ha encontrado una cierta rentabilidad. Pero este es otro tema.

Decía que sin ser el aire tan puro como esperaba se me ha hecho fresco y grato gracias a una novela evocadora y poética. Mucho Umbral hay en ella pero más de ese autor, Pérez Andújar, al que me imagino en un brete para su próxima obra teniendo, tal vez, que salir de la intensidad de su propio yo y, por tanto, buscando por otros caminos la poesía adherida a su biografía.

 

“… pues la frase que ha pronunciado Ruiz de Hita la dijo antes el sacerdote Laocoonte delante del caballo de madera que le regalaron los griegos a los troyanos, y que significa “temo a los griegos aun trayendo regalos”. Al día siguiente, a modo de regalo instructivo, nos leerá nuestro maestro don Antonio el pasaje de la Eneida donde se encuentra esa frase, y luego nos explicará que para poder entender bien un tebeo será menester haber leído antes muchos libros.”

 

                   “Los Príncipes Valientes” Javier Pérez Andújar

07/09/2009 06:58 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Riesgos de una aventura sin leyendas ni ángeles

“… Llamaron a tres médicos, me atiborraron de sulfamidas y hasta dijeron que no importaba si perdía curso. Una tarde, el sudor, que había atravesado el colchón, comenzó a gotear. Perdí curso e importó. Pero nunca olvidaré aquellos días de fiebre y fiebre, que hacía todo bellísimo y distinto. Parecía que te conocía ya, te lo juro.”

 

         “El gran momento de Mary Tribune”  Juan García Hortelano

 

Recobrada la calma que precede a las vacaciones, o sea, siguiendo el curso, ora desolado, ora soleado, el lunes puso una pica frente a mi orgullo mesurado entre papeles de oficina y materias desordenadas.

Primero vino uno de esos amigos que superan toda excentricidad por vivir en un país donde las miguitas para orientarse hace ya tiempo que se convirtieron en pastillas de colores, responsables todas, entre otras cosas, de borrar el vago recuerdo sobre lo que era una erección. Para que el mismo concepto no desapareciera definitivamente de su cerebro le recomendé un pequeño repaso a la primera acepción del diccionario. Erección: Acción y efecto de levantar, levantarse, enderezarse o ponerse rígido algo. Su visita no era por placer sino con fundamento. Sobre su espalda cargaba una mochila con cien mil revistas de todo pelaje, muchas de ellas, de cuando el concepto, con o sin diccionario, flotaba vigorosamente en todo su esplendor. Tal vez esto no sea sino un paso previo hacia alguna parte, cuestión ésta, sobre la que no quise entrar ni salir, meter ni sacar palabra, frase o lo que fuese.

Una vez traspasados los papeles por parte de este amigo y sin darlo mayor importancia, cuál no fue mi sorpresa cuando otro muchacho, a propósito de una conversación sobre tiempos melancólicos, fotografías e imágenes retenidas, sopesó ante mi loa por el papel, otro trasvase de revistas, ésta vez culturales o vaya usted a saber. En cualquier caso papeles por los que sintió gran placer con su lectura y de los que aún le cuesta, pese al especio, desprenderse.

De estas peripecias, registradas casualmente ante el notario que me acompañaba, he llegado a una conclusión. La de transformar oficialmente mi presente en una protectora de papeles, mayormente  y a falta de testamentos o sentencias que mejoren mis posibles,  de revistas, amén de libros, escritos y cualquier extraño signo que sobre una superficie esté impresa.

Al regresar hacia casa, tirada sobre un esquinazo de sombra, los ojos brillantes de una cartonera famosa en la ciudad se cruzaron con los míos. Lo que digo es tan cierto como el aire pestífero con el que me he levantado algunas mañanas atroces de este verano. Sé que esto no es un flechazo, aunque bien pudiera serlo.

"El fotógrafo" Guibert

08/09/2009 06:45 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Miserable el momento si no es canto

Poquita cosa o mucha, según se mire. Mi intención de cogerme con chinchetas a la silla se ha quedado en eso, buena intención pero mala ejecución, como dicen los comentaristas del baloncesto cuando la sombra de la derrota llena el campo y maquilla con su decepción la triste mirada del espectador. Sí, también veo de vez en cuando eso que fue mi deporte de juventud. Hoy además se estrenaba el equipo local, con el reclamo de lo gratis en el pabellón y ante el inminente inicio de temporada en una categoría que llaman LEB Oro. Qué lejos me quedan esas pasiones, a veces sacadas a flote por algún partido de la selección.

Para estar en los dos escenarios, el de la tele en casa y en el pabellón, no era necesario el don de la ubicuidad pero sí el de las prisas y ese coleccionismo de momentos sucesivos, enganchados al reloj, que a la postre no lleva a ninguna parte puesto que el placer de una digestión tranquila es un arte que se sublima con la edad. Por tanto, firmé un armisticio de pérdidas y tras ojear la nueva librería que existe en la ciudad, decidí no decepcionarme más con prisas o sin ellas. Qué negocio tan vacuo y perecedero, qué lugar más sucio para los escasos libros que allí flotaban, como si fuesen pececillos en una pecera que ni se molestaban, ni se relacionaban entre ellos.

No sé si ese efecto producido hizo que finalmente me decidiera a comprar un cucurucho de sales de baño, sabor sandía, me aclaró la dependienta con unos ojos de vaca bien abiertos, mientras me envolvía para regalo un pequeño trozo de jabón de chicle creí entender. El caso es que olía al típico chicle de fresa y pompas ¿Habrá alguien que a falta de balneario pretenda jabonarse con ese sabor tan lejano y pegajoso?

Richard Kern

Mientras caminaba me hizo gracia la seriedad con que una señora afirmaba que, tras el accidente sufrido por su hija, lo más importante para ella era obviamente eso, la dedicación y el tiempo que ahora sin duda sacaría debajo de las piedras para su cuidado. Pues sí, explicaba a una conocida, lo más importante ahora es ella y lo demás queda a un lado y tal y cual. Y me vuelve a hacer gracia mientras lo escribo, porque parece que ella valoró alguna posibilidad más hasta elegir lo que para mi no es sino un mísero deber y una evidente obligación que por no estar escrita ni decretada alcanza en su cumplimiento el justo valor. Y me río sin pensar en los trabajos o proyectos que pudiera apartar lejos debido a estas circunstancias. Y sigo riéndome por la gravedad e importancia con la que se reafirmaba frente al público, igual que me río con aquel paciente que, al ingresar en un hospital bajo el diagnóstico de gripe porcina, destapa su bandeja de comida y se encuentra con un gran filete de cerdo haciéndole un guiño entre las patatas y el resto de la guarnición.

 

Richard Kern

09/09/2009 07:14 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

donde ya no hay adiós, sino ancla dura

Todavía la ciudad vive en calma, plácidamente pasta en las terrazas y espera que el tiempo dicte una sentencia para cambiar de hábitos. Son los coletazos de un verano imposible que da la espalda a las crisis y el frente a una bella postal que nadie mandará. A lo sumo una rezagada (auf wiedersehen) se la llevará consigo como un último recuerdo, sensación de que aquí no se vive tan mal y que, por tanto, existe un lugar llamado terruño donde volver. Entre estas imágenes, mesas, sillas y compañías he estirado los pies muy dentro de esa postal sepia, donde el único alcohol mostrado era mi caña repleta de espuma y color. Allí sentado, con las alas encogidas y mientras alejaba frases sueltas que se venían a posar a mis pies (Montesquieu dijo: Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento), escribí lo siguiente.

La mejor manera de jugar contra un cabezota es poner de oponente a otro mucho mayor. Así, algo legañoso y abstraído, me entero de la fiesta con que viven suegras, yernos y otros latrocinios en la casa de cada cual. Nadie suele abrir los armarios donde duermen cadáveres descompuestos y ni mucho menos le da por leer públicamente la gaceta donde se escriben los secretos de su alcoba. Hoy no ha sido así.

En ocasiones tengo la sensación de vivir una irrealidad tal que cualquier trifulca, espantajo o estrafalaria propuesta definida en un hogar ajeno me causa una extrañeza muy normal. Tanto como decir que el próximo jefe de la empresa será el más inepto o que el cura de la parroquia es un campeón olímpico de saltos de esquí. Lo acepto con una sensación de vida que no me compete, como si ese fuese un camino adoquinado y asfaltado por el que pululan las circunstancias y los seres con el paraguas siempre abierto, llueva, nieve o haga calor. Sé que si pregunto obtendré respuestas adheridas a una no sé si fingida normalidad. Algunos utilizan metáforas valiéndose de juegos y deportes para decir, por ejemplo, que las reglas se están dictando en el momento y que la partida pudiera derivar por difíciles situaciones que fueran a dar a la mar salada. Lo curioso es que a veces ni se sabe a qué se juega y que por ello, cualquier resultado, puede tintarse de ideal o, al menos, dé lugar a admitir con cierta elegancia, que, si se compara con algo (un objeto volante podría valer de ejemplo), a uno no le va del todo mal. Cabezota contra cabezota, partidas en casa o como visitante, razón contra razón y realmente el resultado en la quiniela de cada cual.

Víctor Pimstein

10/09/2009 07:09 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Obsession Street

Vivo en una feria, en una noria de la que me quiero bajar. El ritmo, la altura y velocidad no es lo que me marea, más es la gente, el público que aplaude y ríe dentro de una más que simplona Obsessión Street. He acudido al teatro, sí, Obsessión Street, la obra, parece que entretiene de una manera muy superficial. Sus pequeños grandes toques sociales y caricaturescos bien se pudieran suprimir o dejar a un lado para que una buena trama policíaca, por ejemplo, nos llevase a las entrañas de la calle más oscura que vive dentro y fuera de uno mismo. Tiro de Blanca Varela: Luz alta. Bermellón súbito bajo el que te despiertas de pie, caminando a ninguna parte. Pies, absurdas criaturas sin ojos. No se parecen sino a otros pies. Y además estas manos y estos dientes, para mostrarlos estúpidamente sin haber aprendido nada de ellos. Y me callo porque el destino es quien expende billetes, con o sin obsesiones, te coloca encima de una bicicleta o dentro de un foro donde el vegetarianismo se funde con el pedal en carne viva o pelotas que se dice. He tomado un primer café con toda la anarquía junta, pensamientos que plantean una auténtica reconversión, de tal manera que la catedral pase a ser un servicio público más que bíblico. Puede que incluso se convirtiera en un local de ensayo y centro cívico social aunque a mí lo que más me seduce es la idea de transformarla en una verdadera y auténtica biblioteca de Babel o Alejandría. Un lugar donde el libro sea Dios.

Sin salir de obsession street ni querer reincidir en la misma pastilla de jabón del otro día, decidí completar unos regalos con aromas, perfumes y fragancias envueltos en bolsitas y fundas de terciopelo. Me imaginé que la dependienta pudiera pensar mal o bien por esta reiterada aparición y no sé si por ello aclaró que la falta de etiquetas se debía al poco tiempo que le dejó su hijo o su padre o alguien, en ningún caso su pareja o animal de compañía. Seguí imaginando que tenía prisa y así huí de aquel lugar, embriagado de una calma que en cierta manera me recordaba a un tipo flácido de administración y con la vista puesta en el siguiente café. Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La hermosa, la violenta flor del ridículo. Pétalo de carne y hueso. ¿Pétalos? ¿Flores? Preciosismo bienvestido, muertodehambre, vaderretro.                             

                  (Blanca Varela)

Munch

11/09/2009 07:02 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Desgaste arterial y gastos generales

“… Época aquella en que me levantaba sin fatiga y sin encontrar los billetes reducidos a monedas, por esa manía del ebrio de pagar en todo bar con billetes, basada en la ley del mínimo esfuerzo y que, con toda seguridad, denuncia la avaricia reprimida…”

 

         “El gran momento de Mary Tribune” Juan García Hortelano

 

 

 

Viajar, no para encontrarse a uno mismo ni visitar a un viejo amigo. Viajar, no para descubrir costumbres, tendencias o comprobar que el aire, a fin de cuentas, tiene las mismas propiedades y composiciones en cualquier lugar del planeta. Viajar, sencillamente para tomar un café con el periódico vuelto del revés, escalando columnas, fotografías y artículos como si fueran hechos probados, noticias del paleolítico o conversaciones que un taquígrafo tuvo el gusto de transcribir para alguien que no soy yo. Viajar para no escuchar ningún eco profundo o liviano, para perderse, adentrarse un poquito más en el jardín de los cerezos antes de que su dueño coloque el cartel se vende. Viajar hacia el silencio y dejar que penetre como si fuera una escoba en un portal a las siete de la mañana. Un buenos días, en ese caso, sería suficiente y elocuente. Una sonrisa mucho mejor y una media vuelta en la cama ofrecería, además de envidia un gran tirabuzón aéreo. Justo y necesario espectáculo tras las cañas de una noche donde se dejaron oír cadenas y bostezos apelmazados en viejas barras de bar, únicas brújulas estables para alguien que hace ya demasiado tiempo firmó un regreso que sabe a retirada (pudiera ser de Edimburgo o Berlín).

 

 

“Para ayudar al adormecimiento, busqué en el cuarto trastero un somnífero, que me mantuviese dormido hasta la hora de la cita con Tub. Pero, conforme avanzaba por el pasillo, en el aaaaaah… interminable de mi bostezo se incrustaron repetidos y cortos timbrazos, con una alegre premura y una insistencia de telegrafista del “Titanic”, que tendrían que haberme permitido adivinar quién manejaba desde la escalera el casero morse.”

 

                   “El gran momento de Mary Tribune”  Juan García Hortelano

Kurt Schwitters

12/09/2009 08:51 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

la única compañía gentil, la que reúne tanta vida dispersa

Nada especial y sin embargo, cuando me han leído la sinopsis escrita para la película “El hombre de Londres”, de Bela Tarr, las sonrisas han caído sobre mi camiseta como cristales de copas rotas: “Maloin lleva una vida sencilla y sin esperanza; apenas advierte el mundo que le rodea y ha terminado por aceptar el lento e inevitable deterioro de su existencia y el estado de profunda soledad en que está sumido. Tras ser testigo de un asesinato su vida da un giro radical.” Excepto esto último lo demás se aproxima a determinados ángulos que expongo para la venta y el intercambio. Tras las risas y sonrisas toqueteé algunos recortes enviados por mi gabinete de prensa. Una costumbre ésta que de manera insistente y sin necesidad de otra suscripción que una buena amistad me llega con una puntualidad que yo diría inglesa. Cine y literatura copan las páginas sobre la mesa. Entre ellas, las consecuencias de una larga nota de rechazo a Charles Bukowski publicada por el diario El País. Algo sobre cine, teatro y lo dicho, mucha literatura en plan formación de novedades y suplementos. La vida nos ha reunido para intercambiar ratos que llamaría de dulce melancolía y entretenimiento. Unos sorbos de ron tras los problemas con los aparatos de tedeté y sucesivas canciones de bosa nova surgidas en el dial de la posada donde nos damos cita. A un lado habitan granjas virtuales, con sus animalitos y huertos, mundos tránsfugas en facebook y tuenti. De un Babelia, sobre el libro de Juan Goytisolo a Genet: Sartre escribió en Saint Genet que si el Marqués de Sade soñaba con extinguir el fuego del Etna con su esperma, la arrogante locura de Genet se proponía llegar mucho más lejos, hasta masturbar el universo. Eso es todo lo que hemos hablado de sexo. Y no es paja.

 

Martins de Barros

13/09/2009 00:34 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿Qué clara contraseña me ha abierto lo escondido?

Continúo haciendo malabares entre los papeles que ayer inundaron mi habitación. Noticias que dejaron de serlo o, en cualquier caso, información que nunca quiso suplir ningún afán de conocimiento (Franz Zappa dixit: Los críticos de rock son personas que no saben escribir, haciendo entrevistas a tipos que no saben hablar para gente que no sabe leer). También he encontrado algunas revistas de historia. En algunas culturales se hacía un pequeño repaso a la ambientación dibujada en los comics. Las aventuras y emociones dejaban en un segundo plano a los hechos históricos con sus fechas y valores, de tal manera que no podían soportar el más mínimo repaso congruente. El Príncipe Valiente, El Guerrero del Antifaz, El Capitán Trueno, El Jabato, etc. De entre los más patrios personajes me ha llamado la atención lo dicho, de forma muy escueta, sobre El Corsario de Hierro en el artículo firmado por el historiador Mikel Rodríguez Álvarez en la revista Historia (Año XXIX, nº 351 – Julio 2005): “El Corsario de Hierro, una rara avis, cuyos guiones de Víctor Mora y V. Alcázar, con persistentes referencias a Tomás Moro, Descartes y Locke, situaban sus andanzas entre los cosacos sublevados de Stenka Razin, los conflictos franco-ingleses en Canadá y el sitio de La Rochelle, con la crítica al poder despótico como hilo argumental. Una lectura actual, una reimpresión de la obra en fascículos o tomos de venta en quioscos, por tanto, debería analizar lo dicho en esas líneas a nivel filosófico e histórico. Ya no se trataría de una paja mental satisfecha por un estudiante desmemoriado o el resultado de un apasionado precursor del comic que cae en las cimas de lo difuso con sus explicaciones mal desarrolladas.

Lentamente compruebo en el calendario que el plazo para matricularme en Historia y Filosofía está abierto. Que el plazo para hacer viñetas está abierto, el de escribir relatos y sobre todo el de coger la taza de café por su única asa. Sin gran esfuerzo elevo la tacita, platillo volante tan identificado conmigo en estos momentos de divagación como el mal afeitado con que me presento día tras día (Siguiendo con Mary Tribune: “Para Tub una oficina era un monstruo de seis ojos y tres cejas. Y también para mí una oficina constituía el laberinto de la tristeza y la sordidez, salvo la mía, que segregaba aquella familiar humedad de caverna conocida, que tuvo el internado en mi adolescencia”), hasta alcanzar el sorbo y el despegue sobre una decisión que me impida perder, una vez más, en el bosque fantástico de las pasiones sin desatar, triste de mí.

 

“… Si los estados de ánimo fuesen susceptibles de congelación, como se afirma que se perpetuarán los cuerpos, habría elegido aquel instante, aquella placidez solar, para mi hibernación.”

 

         “El gran momento de Mary Tribune” J. Gª Hortelano

 

 

13/09/2009 13:55 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Hojas color de cresta de gallo

Tener que hacer algo. Siempre esa agujita pinzando incluso en las tardes de domingo. Aquellas que devuelven el color fúnebre de la espera porque a no tardar llegará el vicio y la costumbre de no dar más de sí que lo impuesto por la orden imperial de un fatídico lunes. A falta de suegras o niños que, cuando menos, adorarán al Dios del Botellón, leer puede ser una buena opción. Otra, escribir, colocar el disco con la película y simular que la sordera es mía ahora que la voz se fue junto al alma fotografiada del buen salvaje, bien atento al próximo manual publicado por un antropólogo social y cultural.

Pero lo que realmente hago es tomar nota y escuchar cómo viene la música, una vez comprobado que no existe tal sordera y sí un pequeño lío de cables aún por desentrañar. Las músicas son infinitas aunque, sobretodo en provincias, parezca que son cuatro los artistas que giran, graban y viven de los escenarios. Cuatro gatos multiplicados por cuatro en los bares que proliferan como setas descuidando, en la misma proporción, ese aspecto esencial. La ausencia de sonidos y canciones con un mínimo de gusto que hagan respirable un ambiente les identifica, en mi humilde entender, con un ateísmo musical-mortal del que los más atrevidos se intentan librar comerciando con tapas y sonrisas asonantes que menstruan al ritmo de las más bellas del lugar. Para todos ellos les dejo con la música de Umm Kalzum aliviando mis orejas. Me acaban de decir que si algo une a los árabes es Alá y esta señora.

Gabriele Basilico

14/09/2009 06:54 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Patientia

Vitam regit fortuna, non sapientia

La fortuna, no la sabiduría es la que gobierna la vida.

         (Marco Tulio Ciceron)

Gabriele Basilico

14/09/2009 07:08 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

con destello y ceniza

He vuelto a las salas para acompañar a un personaje huérfano y maldito de sí mismo. Errante, huido del mundo y en espera, tarde o temprano, de conseguir su fardo o montón de cartones para pasar la noche a la intemperie. Pero no nos engañemos, el marino de la película tiene oficio y botella a la que agarrarse aunque no raíz ni alguien con quien estar. Un hombre caído en barrena que dirían los del baloncesto si hoy, la selección, no hubiera vapuleado a una Lituania que de equipo sólo tenía el nombre.

Sobrevivir en esas condiciones tan oscuras hacen que su mirada no retenga dentro sino las sombras y los fundidos en negro que enlazan planos y narración. Haber nacido en un hábitat demasiado duro, geográfica y atmosféricamente, hace que el paisaje externo se filtre y vaya esculpiendo otro interior completamente mimetizado con lo que le rodea. De esto, los antropólogos, empezando por Boas, han escrito bastante. La angustia, la oscuridad y el deambular se trasladan al espectador en “Liverpool”, la película con que Lisandro Alonso ganó en el pasado festival de Gijón. Sentir, pensar, hundirse, comprender algo más sobre el sentido de la vida, sentir.

"Liverpool" Lisandro Alonso

Con la mente en un paisaje helado me llega la señal de un telegrafista que, en las sombras, mantiene vivo ese oficio dando señales de guerra y hundimientos. Jim Carroll, poeta y punk que entraría dentro de la movida americana de los setenta, junto a otros  tan oídos como Andy Warhol, Patti Smith, Larry Rivers y Robert Mapplethorpe, ha fallecido a los sesenta años. Si comparamos sólo y exclusivamente su rostro de entonces con el de ahora, sin atender a las trayectorias o recorridos vitales, podríamos pensar, de cierta manera, en el personaje de Liverpool.

Jim Carroll

“El tipo, con copa de coñac en la mano derecha y cigarrillo en la izquierda, dedicaba el homenaje de su mirada embabecida a las dos parejas de muslos. Por si había oído mal o no debía haber oído el ditirámbico juicio, callé. El tipo, que apestaba a lavandas y lucía un soberbio chaleco de cuadros multicolores, se apoyó en la barra, se pasó una mano –la del cigarrillo- por el rostro y, al fin, me miró, con la naturalidad que sólo un bachillerato en común o una guerra en la misma trinchera autorizan.

-Pero que muy muy muy hermosa – remachó.

-Sí, señor, no se puede negar.

-No se puede negar –descansó primero la espalda y luego los codos en la barra-. Hay cosas que no se pueden negar, tiene usted razón.

-¿Cuál le gusta más?

Con el gesto de un mayoral eligiendo res, su vaso señaló a la zagalona.”

 

         “El gran momento de Mary Tribune” J.Gª.H.

 

 

15/09/2009 06:54 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

En tu voz, más poblada que tu cuerpo,

La secta por la que iba a ser abducido voluntariamente esta tarde no resultó ser tan horrible como esperaba. Supongo que todos pusimos un poco de nuestra parte para que la cosa, al final, resultara agradable. Además creo que el esfuerzo, en ningún caso, fue muy doloroso o forzado por las circunstancias. Es curioso que en ocasiones resulte al revés. Te reúnes, acudes a una cena sin más pretensión que compartir un pincho y unos buenos golpes de vino y la cosa trasciende hasta que alguien sacude el polvo de los años sobre la mesa, sin ninguna necesidad. La terapia ha prescindido prácticamente del vino pero, por el contrario, se ha practicado lo que algunos llaman equinoterapia. Hemos cabalgado y no he tenido ninguna sensación para recordar en un futuro o relatar a no ser la más grata de todas las posibles y es que no me he caído. El placer y la bilirrubina han subido en la bolsa de mi existencia. Tanto como han bajado en las de una amiga, reconvertida en el espíritu de la golosina por razones evidentes. ¿Sólo la ví yo adentrarse en la oscuridad mientras el resto de los mortales sonreían y la deseaban ser feliz como una lombriz? No he hablado prácticamente nada con ella salvo algunas palabras de compromiso que fueron correspondidas con otras, tan pusilánimes como su sonrisa espectral. Cuando dejé los ojos posarse sobre su espalda, mientras caminaba, sentí la presencia muy cercana de Edgar Alan Poe. En ocasiones, las sectas sólo están dentro de nosotros, ideas, pensamientos, sueños...

Jack Mircala

16/09/2009 06:56 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Es el tiempo, es el miedo los que más nos enseñan nuestra miseria y nuestra riqueza

Las asignaturas de los eternos estudiantes van cayendo de su árbol. Claridad y dicha. Aplaudo frente a unas botas de trekking que me miran tras el cristal del escaparate.

 

Me han hablado de personas que recorren continuamente el Camino. Cuando llegan a Santiago hacen el camino inverso y así continuamente. ¿Por qué cambiar de vida si ahí han encontrado la suya o al menos unos ideales que se acercan al mundo con el que siempre soñaron? Se han hecho con un sitio físico y terrenal en un lugar de tránsito y ellos son los sacerdotes peregrinos de una nueva congregación. No quieren volver a lo que fueron sus vidas.

Robert Harding Pittman

16/09/2009 07:15 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Aguarda que la marea fluya

Mientras las ruinas crecen alrededor uno sigue con lo suyo, ajeno a los timbales y lamentos que presentan caídas, tan humanas e indecorosas como naturales y propias de un ser humano. Ayer, mientras sonaban las trompetas anunciando las plagas sobre la tierra y el mar, elevaba mi copa siete veces, una por cada plaga y con el firme deseo de que nadie sufriese más. Curiosa esta manera mía de estar con ellos, asiendo la copa por su cuello, mirando el flujo de ese mar sanguinolento que sólo se derrama dentro de mi oscuridad.

Aunque parezca complicado he mirado entre los árboles el bosque y he visto a personas cercanas sufriendo cabizbajos los achaques de la existencia. Algunos esperan que el último golpe sea el último para poder rearmarse y conocer exactamente el lugar desde donde mirar el fondo que no se ve o, por el contrario, iniciar el nuevo camino con el bautismo que da la sangre renovada y más escéptica que nunca. En ese juego de la oca los dados me situaron ayer físicamente en una posada donde diferentes viajeros, extraños y conocidos, descansaban y festejaban el cumpleaños de un paje real. No había caballeros ni otras empresas a sus espaldas que las más rutinarias y serviles costumbres ejercidas a la sombra del poder. Sin embargo, por lo que a mí respecta y más allá de lugares comunes, sociales, políticos o religiosos de actualidad, pronto encontré en el baloncesto de hace décadas un hilo conductor con varios de ellos. Por los nombres que me dieron reconocí edades y tardes de verano pronunciando palabras fascinantes. Corte de UCLA, Kikanovic, Delibasic, rusos con bigotes y otros jugadores algo posteriores, Arturo Seara por ejemplo y entonces el contertulio se levantó de la mesa rompiendo eso que llaman protocolos y pivotó sobre su pierna derecha, hizo un giro de ciento ochenta grados y sólo con la mirada entendimos perfectamente lo que iba a pasar puesto que el trago de vino sustituiría ahora a la canasta fácil y elegante. No cené mucho, las palabras sustituían a la carne y, por unos instantes, me dejé arrastrar suavemente en la celebración.

Ester Partegás

17/09/2009 07:17 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Servitium et manumissio

He llenado la agenda de horas, citas y lugares para que la sensación de pesadez continúe sobre las espaldas. Abro la ventana y miro el cielo. Está enladrillado, los pájaros nocturnos planean con los cascos a reventar, another brick in the world ¿quién lo desenladrillará?

Ayer me explicaron algunas cosas sobre Materno Cinegio y los propietarios de las villas bajoimperiales, motor de la economía hispanorromana. Son los que están pero no están todos los que son. Formas y modos de economía con un pequeño ejército, siervos, esclavos, colonos y, colocando una lupa sobre mi estado de ánimo, unas fastuosas termas donde sumergirse y relajarse, sin esperar a mañana. Así he decidido quedarme, al menos mentalmente, un ratito más en ese habitáculo tan acogedor junto al resto de los sueños allí amasados en la parte llamada tepidarium. No tardaré en pasar a los baños calientes del caldarium y casi con toda seguridad me salte los fríos del frigidarium para continuar obedeciendo las horas de esa agenda que sin mucho motivo he ido llenando. Me doy cuenta que esta terma de carácter privado sobre la que querido descansar siempre está llena de siervos conocidos y entonces el relajo tiene un carácter de tabernae al que me estoy mal acostumbrando. No importa, atravieso el cielo con la mirada y respiro a través de los ladrillos.

Mosaico de la Olmeda

18/09/2009 08:34 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Tropezando con mi rostro distinto de cada día

PARK STREET

Ama a quien quieras con el corazón,
pero ámame, a mí solo, con tu cuerpo.

Nadie ama solamente un corazón:
un corazón no sirve sin un cuerpo.

         Fonollosa

 

 

Sin plantearme grandes preguntas porque ya sé de antemano las respuestas, esas que no existen, he empuñado un puñal vacceo como si fuera el último objeto que fuera a tener entre mis manos antes de morir. He situado mi historia dentro de las páginas que un erudito recompondrá e interpretará  sin entender nada o, dicho de otra manera, señalando fechas, épocas, corrientes y disyuntivas mayúsculas que obviarán los pensamientos acarreados en el vivir cotidiano. Tenía el pulso tranquilo y al abrir los ojos por última vez me he enfrentado con una gran mirada, la del dios Océano y sus Nereidas salidos del mosaico que les daba acogida en las termas de la Villa Possidica de Dueñas. Las algas que forman su barba y cabello eran mis entramadas disquisiciones, relaciones que mantengo muy dentro de mí y a las que en ocasiones me gustaría lanzar tan lejos como un quiraballista su flecha. Por un momento parecía que estuviese esquivando sensaciones, pasiones y minutos dejados sobre mi cabeza en una lluvia estéril. Tardé un tiempo en reaccionar, el justo para no perder el hilo de algún otro pensamiento que me llevaba a considerar el timón de la vida y la cornucopia de la fortuna demasiado ajeno, tanto como el significado de lo que allí estaba pasando. Yo mismo podía ser la flecha maldita que, en su recorrido, atravesaría hasta seis soldados lo menos, seis rituales, pasos, problemas o eventualidades y a veces, la corriente que entraba por la ventana, no era sino el mismísimo aire recortado por mi cuerpo en la terrible proyección, resultado de soltar la cuerda tensada del arma, hecha con tendones de animales (Asesinado por el cielo./ Entre las formas que van hacia la sierpe/ y las formas que buscan el cristal,/ dejaré crecer mis cabellos –Gª Lorca). También soy mi propia ciudad y el asedio al que la sometemos, ellos y yo, responde al recorrido que un día inicié sin ser consciente de ello. La táctica empleada es la conocida como longinqua oppugnatio y consiste en un asedio de larga duración donde se combinan aspectos del repentina oppugnatio o asalto y la obsidio u obssessio, que no es sino bloquear la ciudad para evitar la entrada de víveres y refuerzos. El que lo desee puede cambiar el nombre de los términos o incluso, en un conato de buen ánimo, vestirse de púrpura los sueños o tapizar con ese color el cuarto mientras para ello se tenga ánimo e ilusión. Aún así, de vez en cuando y a través de un oscuro túnel, consiguen llegar alimentos que nunca pudieron saber mejor: “Apenas llegaron de Elefantina los Ictiófagos…” (Heródoto, Historia: Libro III)

Ciudad del hombre  y no de Dios ahora sé que las esquinas también fueron inventadas por los romanos.

 

WATER STREET

El mundo nos resulta ajeno, inhóspito.
Debiera ser destruido por completo.
Construir un mundo nuevo sin sus ruinas.

Y estrenar una vida diferente.

Pero al pasar el tiempo el nuevo mundo
tampoco hallarán propio nuevos hombres..
También ellos querrán un mundo nuevo.

Mejor fuera destruirlo y no hacer otro.

         Fonollosa

 

Mosaico "Océano y las Nereidas"

19/09/2009 08:35 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

En mundos amueblados con deslustrada loza sanitaria

Las circunstancias, en ocasiones, son las que pisan las baldosas sobre las que nos movemos solitarios, por más entrelazados que aparezcamos con esos nudos de Salomón que tan bien se pueden ver en capiteles y baldosas de templos y mansiones antiguas. La unión hace la fuerza pero también sirve para ahorcamientos y estrangulamientos aunque al mirar este nudo y con estos pensamientos en la cabeza ya nos estemos alejando del origen atribuido por la historia y la leyenda. Salomón, por encargo divino, ideó este nudo mientras sujetaba tres de las grandes rocas que amenazaban con destruir su pueblo.

Medio traspuesto, era mi mirada la que pisaba esa baldosa recordando las huellas y sandalias que un día alguien abandonó con sus prisas, lentamente o perforando con el luto la tristeza de quien conocía pronto el final, no sólo de una vida sino de una época en la que le había tocado en suerte vivir. ¿Qué diría la historia de aquellos tiempos? ¿Qué puedo leer sobre ese mundo? ¿Qué me cuenta el guía del museo? Dice que a los dueños del palacio les gustaba la caza porque el mosaico conservado contiene escenas que lo describen, leones, antílopes africanos, un gran jabalí y además figura Aquiles, el del talón, por lo que añadirá una pequeña historia que le ocurrió en la isla de Skyros. Pero al decir talón he vuelto a bajar la mirada a mis pies porque sigo viendo el nudo que me sube a la garganta, no por nada, sino por un atraganto de caramelo que me incita a escupirle sobre las baldosas ¡herejía! Y crisis porque ha vuelto un bárbaro para destruir nuevamente el mundo tardorromano de la edad antigua.

Nuestra vida particular se compone de baldosas que son días y momentos en transición constante, siendo en la mayoría de ocasiones procesos lentos y no revoluciones o incendios que dan forma sublime y epitáfica a la página que pasamos. Luego está nuestra memoria y las anécdotas con las que enlazamos nuestra biografía, llena de notas, saltos y creencias que se cayeron o subieron al altar de nuestro sacrificio. Es fácil que se encuentre bajo ese altar cristiano una lápida a Júpiter o incluso que si miramos detenidamente el sarcófago acogedor y frío colocado junto a nosotros, no sepamos distinguir realmente el culto, pagano o cristiano, para el que está construido, como realmente ocurre en pequeños detalles de grandes templos.

P.D Quiero recordar la historia de dos mártires y santas, Justa y Rufina.

Una vez al año se celebraba una fiesta pagana en honor a Venus. Para ello y siguiendo la costumbre, tal como se hace actualmente en algunos lugares de nuestra tierra, se iba en procesión con la diosa a cuestas y, de puerta en puerta, se pedía limosna. Las santas además de no echar un real decidieron hacer añicos la estatua de la divinidad delante de todos. Fueron llevadas al potro, al martirio después y a la canonización finalmente.

Esta idea, llevada a la actualidad (y no sólo con tintes terroristas), me transmite un cierto desasosiego.

 

 

20/09/2009 10:55 prision Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Cuando saben los dientes a madera

Todas las gripes o catarros vinieron de visita y aún no se han ido:

 

He vivido en un mar febril y macrobiótico donde los camareros, siempre cordiales, amasaban con sus lenguas los platos recomendados por el chef. He vivido en medio de una tos impertinente, un quejido pálido y las sombras escrupulosas de escurridizos escritores, muchos de ellos, enfermos en vida y verso. He caminado hacia la metamorfosis y, envuelto en un abrigo de piel, me he dejado llevar dentro y fuera de los escenarios. Así he llenado la maleta con ausencias y presencias teniendo el ánimo de no hacer nada, hecho éste, fundamental para sublimar una buena meditación o, en definitiva, para encontrar la pieza que falta en el método con que ejercemos la razón en  esta vida.

He vivido camuflado en lo alto de una carpa sin escribir una sola línea, sin sentir demasiado vértigo excepto cuando miraba a la trapecista que oscilaba bajo mis piernas mientras ella se enroscaba en el vacío gracias a la fuerza de sus tobillos hinchados por el agotamiento.

Muy abajo he oído los aplausos de un jefe que se permitía ceder a la razón a cambio de un sorbo de gin-tonic. Su mirada, impresa en gelatina de plata, tragaba los minutos de la sala y, antes de que nadie pudiera decir nada, eran escupidos como si fueran dardos sobre los globos oculares de los espectadores.

Diana Bóveda

25/09/2009 17:04 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Ombligo sin fondo

Sigue la tos en el palacio de las corrientes de aire que se supone mi cuerpo. Tampoco va a más y las lecturas, recetadas bajo la prescripción de una necesidad imperiosa, se suceden en inusitada cascada. Son novelas y viñetas alternándose en función del sudor, las compras y meditaciones que el tiempo me hace sentir.

“Ombligo sin fondo” es un comic de Dash Shaw en la línea de Chris Ware, o sea, en busca de la trascendencia estilística y artística que los dibujantes pueden ofrecer en el medio de la historieta. Viñetas, escenas inconexas narrativamente pero enlazadas con algún pensamiento, túneles y miradas atentas, puestas sobre el microscopio para captar la atención y hacer balance del ritmo dentro de él mismo, sin bajarse. Abrir los nuevos caminos sin transitar y hacer sentir, transmitir principalmente lo inconsciente, lo impalpable, ir más allá de lo que sencillamente se puede expresar con lo evidente.

En la novela este ejercicio es más complicado al estar todo ya inventado aunque siempre puede haber alguien que nos sorprenda, si no con la forma, sí al menos con el fondo. Eso espero al menos con “La calma”, la novela de Attila Bartis que reposa bajo las aspirinas de la mesita. Basta. Alguien dijo eres un puta y eso es lo que pondremos en tu lápida. Roberto el puta. Tuve que responder ¿Por dónde queréis que empiece? Hay que hablar de lo básico, comer, beber y follar. Trabajar ya sabemos donde trabajas pero tu vida es un misterio del que nada conocemos. Bueno, no hay mucho que contar, ombligo sin fondo es un comic pero a casi nadie le interesa lo que sea eso, sin embargo el ser y el estar, vivir, qué pienso, qué siento, qué vida se intuye bajo la máscara. No, no se puede resumir diciendo que hay que ser feliz o hablar como si fuera un maestro light de la empanada mental, digamos un santón de la autoayuda sin hablar mal de nadie ni tan siquiera de uno mismo.

 

27/09/2009 17:34 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La luna está arriba, debajo

Casi no hay tos ¿dónde se fue? Supongo que a un lugar donde la ambientación apropiada desee acogerla con los brazos fríos y mustios. En breve recuperaré mi estado más o menos normal. Aquel que hierve en los conflictos puesto que todo en la vida es conflicto, siendo éste el motor de esta. Si planteásemos una novela, una película o incluso un buen cuadro, deberíamos mostrar el conflicto del personaje, la situación que perturba la paz del lugar y el color que da la fiebre del pensamiento.

Para hoy no debería apurarme sino hacer del día un momento de transición teniendo en cuenta el lugar de donde vengo, un Parnaso perfumado de hospital por donde se marchitan musas anémicas, escrofulosas, histéricas, febriles, delirantes... Todo empezó con unos mareos frente a un mar de libros arrojados en cajas de fruta sobre el suelo. Me sumergí hasta en tres ocasiones y el mareo que yo quise entender como una atípica bajada de tensión estaba anunciando lo que había de venir. Aún así no dejé de hacer cábalas sobre el precio de esa auténtica biblioteca del siglo XIX que yacía ante mis narices. De una manera razonable a tenor del precio que le ofrecería por el conjunto aunque ello significase, casi con toda seguridad, un auténtico insulto para el vendedor, evitaría su descomposición en unidades, craso delito que superaría con creces el de construir un pequeño zoo en el pueblo con otro tipo de ejemplares pululando libres por el corral (ocas, patos corredor indio, patos tarro canelo y tarro blanco, emues, faisanes, ñandú, etc.). Dilemas, fiebres, libros. Hoy empieza todo.

 

 

 Lo que más le irritaba es que las cosas podían haber sido distintas. Todo había dependido de una serie de casualidades. ¡Por ejemplo, cuando Brown estuvo a punto de subir a la cabina una noche y se detuvo en el último peldaño! ¡O cuando siguió a Maloin hasta su casa sin decidirse a hablar con él, cuando Maloin estaba dispuesto a devolverle la maleta!...

 

 

         “El hombre de Londres” Simenon

 

28/09/2009 09:01 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Deben alzar la frente en amigables gestos

He paseado como si fuera un guardagujas de los de antes, paso a paso con la brújula puesta sobre las mismas huellas de cada día y en consonancia con una rima asonante por vacaciones. Atrás ha dejado la jaula, garita esculpida entre el frío y el vaho solemne, las horas del oficio y los pensamientos que se amasan en ese oficio donde la espera del vigía pone en funcionamiento resortes unas veces apropiados, otras equivocados. Hago globos con el pensamiento. Es bonito saber que alguien con el que no compartes las formas y discursos con las que se ofrece generosamente al mundo se ha equivocado precisamente por las maneras disparatadas de reprender al compañero. Porque con la razón se hizo un escudo de voces de tal manera que cuando alguien preguntó por su nombre resucitó al fantasma del prejuicio y del sentido de inferioridad. Si pudiera alejarme de esas minucias que añaden grados a la fiebre de lo vulgar e indagar en lo oscuro de cualquier otro pensamiento sobre el ser arrojado a una existencia que le ha sido impuesta, citando a Heidegger y huyendo, gracias al espesor de esa cita que no es sino llave de filosofía o, quien sabe, de sueño. Sin embargo podría dar un toque filosófico a todo lo que me rodea mientras camino, un golpe literario o artístico en general y aquí sería conveniente definir el tono, la gracia y el estilo con el que decir lo que ya está dicho. También lo del estilo valdría para el uso diario, la convivencia y el saber estar en cada momento con o sin razón argumentando la queja, el estallido o la deshonesta proposición con que respondemos a diario a las circunstancias que nos sitúan en lo que somos.

David Armstrong

29/09/2009 08:25 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Aquí se alegan pruebas irrefutables

El plan era jugar a ser escritor y luego perder un rato caminando sin objetivo antes de cumplir con el recado (cualquiera podría valer) o visitar al tendero de la esquina como si se tratara de un vendedor teletransportado desde un zoco del Cairo hasta mis narices. Pero jugar a ser escritor que no publica implica aparentar nada, hacer nada y estar siempre disponible para una emergencia tibia y pálida como lo puede ser tener que comprar un televisor antes de que el plazo prescriba. El día 6 de Octubre comienza la nueva era de la comunicación y las tiendas viven agitadas sin tdt ya en el stock y con menos televisores de los deseados en los escaparates. Recibido.

En la tienda de toda la vida se mantiene el mismo señor Marcial, cubriendo el expediente del horario porque su jornada realmente empieza cuando cierra el negocio. Las antenas viven agitadas esperando sus ajustes, las casas, mientras le esperan, se constipan con sus ventanas abiertas y él, lo repite hasta la saciedad, ya no da más de sí petarda, no sea petarda iré cuando pueda. Los televisores son los que tiene, cuatro de ellos que sirven para lo de siempre. Además, explica, hay botones para conectar cables, ordenadores y entonces, sin pudor, les da la vuelta para que observe y valore si vale o no el artefacto porque para él un televisor está hecho para lo que está hecho y llevarse las infinitas opciones es como llevarse nada puesto en el abrigo, sólo el pensamiento y la poca tranquilidad que da la duda de no saber o haber elegido lo que menos necesitaba sino ahora, al menos dentro de un mes, cuando se me antoje manejar una nueva posibilidad hasta entonces desconocida.

 

“… La enredadera de las críticas elogiosas cubrió el monumento levantado en su honor, las pálidas amantes de una sola noche preguntaron por ella, y yo, en vez de responderles, me vestía y preguntaba dónde podía encontrar la estación de autobús mas cercana, porque no tenía ningún sentido contarles entre coito y coito que mi madre se encontraba bien, gracias, pero llevaba años sin salir siquiera a la galería.”

 

         “La calma” Attila Bartis

José Antonio Muñoz Rojas

Sólo eso: pisar, sentir la tierra...

Sólo eso: pisar, sentir la tierra
por la mañana con la fresca; que el rastrojo
cruja bajo tus pies cuando lo andas;
que tu perro te busque la caricia,
y el belfo de tu potro el verde tierno.
En la penumbra de la estancia luego,
quedarse quieto sin pensar, sintiendo
sólo el pasar del tiempo sin sentirlo.
La tarde, ya la promesa del jazmín cumplida,
no perderse un instante de su gozo.
Y en el corazón Rosa latiendo.
No fuera esto lo sumo. O demasiado.

         José Antonio Muñoz Rojas

 

 

 

30/09/2009 07:39 prision Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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