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No he vivido más que tú, sino sólo lo bastante para pensar de lejos
He entrado en la cafetería a una hora anormal para mi costumbre y no por ello variaban tanto los clientes. Uno enorme, parecido a un oso domesticado por un tártaro, se encontraba de patas sobre el mostrador, ocultando los periódicos bajo sus garras para que nadie le quitase el placer. Todo un profesional porque apenas se notaban uno deabajo del otro. Un cliente supongo, sin prisa ni apuro de ninguna clase. Enseguida le mostré mi perfil peor afeitado y con un gesto de poca paciencia entre los dientes conseguí la lectura perseguida y la tibieza de un perdón mascullado entre sus fauces típicas de corral y no de bosque. Más tranquilo me inicié en su lectura empezando por aquellas de cultura, aniversarios y óbitos que me hacen sonreír por ser yo y no otros el que está mirando desde este lado de la laguna.
Al poco entró la vulgaridad expresando perfectamente en su lenguaje el lugar de donde viene y a dónde va. Con él iba una chica a la que en un tiempo quise mirar bien, vieja conocida que en su día me sorteó fácilmente con el sencillo quiebro de no dar ideas a quien se supone no las tiene, como tampoco por aquel entonces coche, moto o gasolina en el mechero. Miré en ella un posible camino desperdiciado puesto que si antaño pudimos habernos iniciado en la senda de lo común será que yo no atisbaba tal vulgaridad o que la mía, por aquel entonces, se ponía a su altura y que desde entonces, evidentemente, elegimos mapas completamente distintos para nuestras geografías. Queriéndolo y sin querer vamos conformando las distancias y acercamientos hasta el punto que muy pocas de las personas con las que compartí casilla, tiempo y lugar se me parecen unidos en afinidades y sentimentalismos filosóficos, locos o morales. No por ello me hago ogro del todo, ganas me quedan, y sigo preguntándome por el momento, mutación o visión desde la que empecé a abotonarme maneras e inquietudes tan diferentes a las de no hace tanto.
A veces el periódico es lo único que no leo mientras me tomo el café en la cafetería.

Lin Yilin
El viento se lleva los sombreros
Sigo obstinado en esta manera de pasar el tiempo frente a la pantalla y sin revólver alguno con el que imitar ese pequeño gesto tan de escritor frente a su abismo. Prosigo la marcha y mientras camino me reseca el vampiro de las letras, vocal a vocal, consonante a consonante. Apenas tengo algo que contar.
Paquete o Pacorro se marcha a Jaca. La sensación, nada más real, de ser cuatro los gatos que ramoneamos por estos parajes se hace evidente cuando alguien anuncia su partida o decide empezar de cero con su pareja a cinco kilómetros del país vecino. El cambio sin crisis no es cambio y ahora estamos en plena crisis, no digo nada más pero se me hace extraño dejar de verle para siempre jamás. Tampoco es que le viera mucho pero ahora, definitivamente, nada. Otro más a engrosar el adiós, un rostro que me hacía el paisaje de siempre conocido y que, en consecuencia, de repente se me quedará más huérfano, apéndice de una sombra que precederá unos paseos solitarios sin nadie alrededor. Junto a él otro conocido vive más estresado que nunca, ya en el paro, todo son quehaceres, cursos y cuidados pues el embarazo de la pareja sigue su curso. Conozco dos parejas en el mismo caso: paro = subida índice natalidad. Es curioso este proceder y me pregunto si esos hijos sabrán un día que sus padres tuvieron amigos o vida antes de que ellos nacieran, interesante querido Watson, pocas veces pensamos en ello.

Poussin "Invierno-Diluvio"
Bajo la peluca de una encina
He terminado el repaso y ahora debo coger fuerzas ojeando al último premio nacional de poesía, grato y sorprendente sin duda por tratarse de alguien periférico cien por cien. He tenido la suerte de verle recitar en un par de ocasiones y ninguna de ellas sin desperdicio, pareciendo que tanto versos como recitales son una manera de entender y explicar la vida. Por eso, hace mucho tiempo, cuando vi en un estante el libro premiado ahora, pasó de inmediato al carro de la futura compra hasta el día de hoy en que vuelve a la memoria con el peso de lo premiado y la revalorización bursátil que pudieran alcanzar sus versos, cero.
Con estas vicisitudes me encontraba cuando la llegada del 112 al portal rompió cualquier métrica o estimación sobre el recorrido vital de un poeta. Una parejilla de pipiolos entregaba un bebé al médico de la ambulancia. Ella se llevaba las manos a la cabeza, él sostenía un pañuelo blanco en la boca y el policía municipal motorizado rápidamente comenzó a pedir datos. Desde la ventana se gana perspectiva pero se pierde oído por lo que los lloros y lamentos se esfumaron bajo la gorra del muchacho, lugar donde acogería alguna que otra idea o corrimiento mental ya que su aspecto de comemundos, llegado este momento, no daba para más ¿Pero qué demonios habría pasado para que no llevaran a la criatura a un hospital y dieran el aviso de la urgencia? Pensemos mal o, mejor dicho, que guarden sus motivos para el día del juicio final donde su Dios, tal vez se les presente con una gorra en la mano y un bate de béisbol en la otra, explicándoles en griego antiguo algunas cosas condenadas a ser incompletas para siempre jamás en su cabeza.
Nada más ajeno a esta pareja que la polémica por la falta de tilde en la nueva campaña de promoción de Castilla y León o la ausencia de LA en el nombre grabado sobre el barco que navegará por el Canal de Castilla. El Marqués de la Ensenada se ha quedado sin el LA porque no tiene delito la cuestión ni hace daño a nadie que no sea lingüista, historiador o radical de lo que sea, puesto que a veces tan sólo queda eso, radicalizar la razón, cada uno la suya y así vamos por donde vamos dentro o fuera del canal.
Tal vez todos, niño, tilde y artículo viajen, en estos momentos, dentro de la misma ambulancia que, finalmente y tras una tediosa espera, arrancó con el sonido de la sirena abriéndose paso en el asfalto. De momento dejo los versos de Juan Carlos Mestre fuera, sin medicalizar ni necesidad de otro tratamiento que el del premio nacional recientemente otorgado.

Grabado de Juan Carlos Mestre
El tiempo ha tropezado y caído al suelo
Es el día de las citas con los amigos aunque no son todos los que están, abstemios, vegetarianos, monjes y comedidos pastores de hogaño que bailan el chachachá dando la espalda a la cordura. El tiempo es apacible, veraniego incluso y eso no impide que la celda se cierre para que no entre en vez de sol y aire algunas ideas invitadas sin necesidad de vino, decreto o penitencia de ningún tipo.
Es fantástico conocer a gente en pleno cambio o crisis, carne en ebullición que necesita unas costillas de talla superior para que el corazón no les reviente por dentro. Gentes que viven paralizados, envueltos en esencia pura y con los ojos bien abiertos. Puedo decir que si, tras más de veinte años de oficios, un cura en Chihuahua abandona la congregación para iniciar por sí mismo un proyecto humanitario, estamos ante un espectáculo que supera con creces cualquier propuesta que nos traiga el Circo del Sol, Dagoll Dagon y la maquinaria oficial de un país ante la inauguración de los juegos olímpicos. Cambio, crisis y supongo que algo de inconsciencia germinada por el autismo del grupo y esa idea de aventurarse en la acción además del rezo. Soy la calle le hablarán en breve las sombras, soy la calle y así dialogará como si fuera un aspirante a Teresa de Calcuta o Vicente Ferrer ¿tuvieron algo de esto los personajes que cito, inconsciencia y cordura? En el caso que menciono el cambio o crisis conlleva un proyecto y esto es el postre que supera la vulgaridad del que ha caído en un estado de shock por cuestiones laborales o sentimentales las más de las veces y casi siempre con los hechos consumados del despido o la separación. Aún en estos casos, alejado ya el desánimo, la pereza y la depresión más desoladora, las personas o se derrumban y viven esa patología acomodándose a la caries de su cerebro o hierven por dentro con la idea de no bajarse jamás del pony salvaje que les ha tocado en suerte montar. Eso es otro tema. Ahora lo que me interesan son las personas que no caben dentro de sí porque ya no son lo que eran (con o sin fe religiosa pero sobre todo profana). Me fascinan sus conversaciones, miradas, la efusiva manera de representar cada escena y el riego de su sangre cayéndome sobre la piel mientras mi cuerpo gime y grita de placer.

Gustave Courbet "El orígen del mundo"
Así, por obra del azar, soy y miro
De repente me he puesto a pensar en las amigas monjas que no eran amigas sólo conocidas en los tiempos pretéritos y perfectos. En realidad el tema salió a propósito de algo y la habitación se llenó de monjas guapas y bellas, algún que otro cura, sacerdote o misionero joven, todos jóvenes y mientras yo estaba asomando la nariz a una barra por primera vez alguien susurró al oído, se ha metido monja, se ha metido monja toda esa belleza, flor de edelweiss y entonces otro misterio se asomó hasta mis labios humedecidos en cerveza. Con el tiempo su rostro desapareció entre la nieve, como un molde relleno de tiempo dentro del tiempo hasta que alguien me dijo un día que su hermano era esquizofrénico y el padre no sé cuántos, puede que beodo. Esto del padre tal vez sea cosa mía, de un sueño donde quise meter más mierda para que de esta manera la belleza de su rostro angelical subiese unos metros más allá de donde ya estaba. Porque era un auténtico bellezón, con la sonrisa al dente y los ojos limpios de polvo y paja. Así el otro día la llamada de Dios comenzó a tener su razón de no ser y las carnes que se cubrieron con el hábito se llenaron de luz y evitaron una decisión dejándose en manos de un destino lo suficientemente fuerte como para acogerla en un seno tranquilo. Y mientras yo estaba elucubrando sobre las pelusas amamantadas por el tiempo retenido en mi habitación, allí, sujetando el culo de la cerveza con la mano, conectando mi oreja al cable que transmitía la llamada divina, la realidad iba por otro camino.
Puede que demasiadas cosas hayan surgido así, sin enterarme realmente de lo que pasaba aunque me entretuviese rozando los cables transmisores de información por el cielo, la tierra y bajo el agua. Intentando conciliar la paz a mi alrededor para llenarme de vacío y derivaciones tangenciales a no ser que la literatura fuese una llamada directa y solapada que acaricia un celibato tan falso como la realidad que me rodea.
“- ¡Más! ¡Jódeme hasta destrozarme! ¡Fóllame hasta matarme! –gritó-. ¡El clítoris! ¡Arráncame el clítoris! – gritó, y el chillido sonó como el chirrido del hielo al resquebrajarse, y yo ya sólo sentía que me recorría la nada y me hacía estallar las arterias.”
“La calma” Attila Bartis

Alfonso Albacete
¡Qué anemia y apatía la de los otros sentimientos!
He comenzado por distinguir una tribu de una banda mientras el tiempo caía por donde siempre, colador, cloaca, entre las alas de una mariposa transformada en paloma gracias al eructo de un adolescente camino del instituto. Las bandas suelen ser reducidas en cuando al número de individuos y están agrupados en familias nucleares. Su unidad es mecánica, esto es, según costumbres y tradición. La tribu es un puente entre las bandas y los sistemas centralizados, la autoridad está repartida entre varios grupos reducidos, etc. O sea, me he iniciado en el curso de cada año y ahora no estoy seguro donde incluir a mi familia, en la tribu o en la banda. Esto es algo que intentaré definir gracias a las próximas lecturas.
¿Dóndehasestadohijomío?
No se atreva a preguntármelo nunca más, madre.
Y tú no te atrevas a traerme a tus putas. ¡No necesito ningún público!
“La calma” Atilla Bartis
Mientras estaba cabizbajo en una biblioteca prácticamente vacía los detectores me facilitaron nuevos datos. Está de tres meses y el misterio sobre los motivos, intenciones y pretensiones se pierden en una nebulosa llena de mocos. ¿Ha sido tal vez voluntaria la cosa? Secreto profesional. ¿Pero de quién hablo? De otra persona evidentemente, una más en el montón de los yanomamo, tribu salvaje donde las haya pero que no concibe estas nuevas formas de procreación porque desestabilizan la estructura y el orden. Power to the people es la canción. Tokyo sex destruction.

Courbet "Mujer con un loro"
Morir lo imprescindible, sin pasarse de la raya
Todo empezó con un café y mucho ruido. El ambiente en el centro de la ciudad así lo presentaba y, de inmediato, alguien saludó a una señora por su nombre. Ella, a buen ritmo, devolvió el saludo con una sonrisa apurada e incrustada entre las baldas de la escalera que le colgaba del hombro. Suficiente para elevar aún más el tono del lugar edulcorado con olores a café, cigarrillos y un caramelo de chocolate en la boca más grande, a punto de achicarse ante el inmediato encuentro con la tenaza de su dentista. Con aquel caramelo dando vueltas entre sus dientes pensaba al menos eliminar el hedor de los dos primeros cigarrillos de la mañana. Para los pensamientos y su alquimia aún no se ha inventado nada que mejore la representación por él ofrecida, fruto tal vez del pavor ante el que se enfrentaba. Algunas noticias locales, el precio del trigo y la repetida escenificación de la mano que se hizo con la cajetilla de tabaco el otro día, aprovechando un intervalo de relajación y distracción en la misma barra, ocuparon los siguientes minutos.
Por la tarde me he columpiado dentro de una pompa de chicle y no ha estallado aunque pienso en lo que dará de sí mañana al levantarme. Un plan, el de mañana, con el que me acaricio el calzador de las ideas sobre el poder, para que cundan y llenan el calcetín de mi cerebro. El poder, palabra tan contundente que pudiera hacer explotar la pompa en la que digo haber vivido durante unas horas, ya roídas para siempre por el tiempo: El modo de acceder al poder y ejercerlo. El territorio, las identidades que se aferran a él y los espacios que se delimitan. Las representaciones y prácticas que conforman la esfera de lo público. ¿Cómo se ejerce el poder? No existe el poder más que en la escena, etc.
Con estas maneras me entronizo en una cotidianidad anodina y nada virtual como si fuera a vivir mil dos cientos años.
“Todo cuanto sé de la libertad lo aprendí aquella vez que me despedí de la señora Berényi y me dirigí a la plaza Kálvin. Siempre y cuando no entendamos por libertad la euforia de los pilotos que realizan una incursión aérea, ni el derecho de voto, ni el hecho de poder juzgar y decidir según nuestras normas morales y de que nuestra decisión coincida, además, con nuestros deseos y sentimientos más íntimos. Siempre y cuando libertad no signifique el papel blanco con la tinta negra. Siempre y cuando no sean cuatro cuerdas tensadas o diez mil tubos de órgano. Siempre y cuando no sea la cueva del ermitaño ni el instante en que se detiene el despertador de Dios salido de un almacén de la utillería y en que algo hace estallar la jaula de las costillas. En una palabra, conviene imaginar la libertad como un estado en que ya nada nos ata al mundo que nos rodea. Carecemos de deseos, de impulsos, de temores. Podríamos decir que carecemos tanto de objetivos como de falta de objetivos y no nos preocupa que este vacío ya ni siguiera nos moleste. La libertad es un estado extraño sin rasgos particulares sobre todo. No tiene nada que ver con la indiferencia, pues ésta es ineludiblemente cínica, ni tiene nada que ver con el estado en que todo da igual, pues tras él acechan, a pesar de todo, la vergüenza o la esperanza. Que todo ya dé igual es aún bastante humano. Para expresarlo de otro modo: la libertad no es un estado adecuado para el hombre.”
“La calma” Attila Bartis

Stephen Balkenhol
Porque no hay comienzo que continuación no sea
Es época de premios nobel y en Palencia, este verano, abrieron una librería con ese nombre. Dudo mucho que guarden dentro alguno de esos autores nobel, sustancia que no podrían incorporar para no dañar la imagen frívola que ya se han ganado, a no ser que el premio esté recién fallado y se confirme en el altar de este año, bien a Amos Oz, bien a Herta Muller. Las apuestas, cuando escribo esto, siguen abiertas y no hay que confundir el clímax (apogeo de la tensión dramática) con el final o reajuste.

Herta Muller
Sigo con los estudios sobre el poder y la autoridad, pasando por alto conceptos, reflexiones o rasgos embotellados y preparados para el momento de mi cocción personal. De momento los lugares de donde proceden, me llena los ojos de ignorancia y fantasía. Si me preguntaran ¿eres feliz así? Podría decir que lo soy a ratos (con esta respuesta no sólo digo nada sino que plagio versos) y continuar con una pequeña explicación sobre la película de donde he recogido tal pregunta. Jean Rouch (continuador del espíritu de Flagherty y Vertov) y Edgar Morín (sociólogo y filósofo) proponen y plantean en “Crónica de un verano” (Chronique d'un été 1961) el debate sobre la realidad y la interpretación cinematográfica en el llamado cine directo. Para el rodaje de la película necesitaron mostrar las cámaras portátiles y solicitar la opinión sobre lo filmado a los propios protagonistas. De esta manera se incluyen las reflexiones que provoca en ellos la filmación, haciendo de este feedback o retroalimentación, por tanto, otra fórmula contenida en la propia película. No tan ajeno a estos intereses y visiones, divagando entre horas, he pensado que ante las desgracias ajenas lo mejor que se pudiera hacer es relajarse para mostrar una obesidad y confortabilidad de la que se carece. Filmar ante sus narices una escena de café, copa y puro que choque contra una adversidad fruto de tanta actividad innecesaria. Esta manera cínica de presentarse públicamente se me ha ocurrido mientras me hablaban de personas desmejoradas a las que les crecen los enanos cuando en realidad ya lo tenían todo hecho y jubilado en esta vida. Ellos precisamente debieran ponerse en mi papel aunque, por supuesto, no yo en el suyo. Evidentemente cambiaría parte del guión y nunca, nunca realizaría la pregunta del millón ¿eres feliz? Cezanne "Los jugadores de cartas"

Respeto su derecho al bisbiseo
A veces soy Moka, otras un triste explorador perdido en el espacio:
Siempre hay alguien que, supuestamente, vive mejor y evidentemente también hay quien sobrevive peor, mucho peor porque el que no se consuela, ya lo dice el refrán. Moka fue el rey de los bubis, habitantes de la isla de Bioko. Vivía aislado en un valle de difícil acceso y su liderazgo no estaba legitimado en la riqueza sino en el espíritu. El misterio de su existencia fue construido gracias, entre otras cosas, a su invisibilidad. Nunca había visto el mar ni podía probar la sal y pronto se propagó la leyenda de que moriría con sólo ver el jeto de un europeo, misionero, tratante o conquistador. Frazer, en su obra “La rama dorada” cuenta lo siguiente: “en el cráter extinguido de un volcán, encerrado por todos lados de laderas frondosas, se encuentran las desperdigadas chozas y campos de ñame de Riabba, capital del rey nativo de Fernando Poo. Este misterioso ser vive en lo más recóndito del cráter, acompañado por un harén de cuarenta mujeres y va cubierto, se dice, con monedas de plata…” Buena parte de su perdición la tuvieron las patatas, o sea, el estómago agradecido. Los tubérculos fueron su caballo de Troya en manos de tiernos y pacíficos misioneros. Pero eso es otra historia que se me escapa pues como ya he dicho, a veces soy Moka dentro de un volcán, pero también un explorador al que le gustaría conocer a Moka, ese ser legendario ataviado con plumas y piel de mono, ensortijado de pies a cabeza y con el cuerpo embadurnado de rojo violeta. Un explorador resabiado y escéptico que sólo se sirve así mismo mientras busca cualquier tesoro de bajo interés colonial, las fuentes de un río o una antigua ciudad perdida por todos olvidada.

Disruptivo, va: que produce ruptura brusca. Descarga disruptiva; tensión disruptiva.

Willy Ronis
Me llega la luz de un sol ciego
Leo el ángulo oscuro, el artículo de J. M. de Prada para el ABC el sábado 10 de Octubre:
“… Del grado de adhesión a las ideologías de Foxá queda constancia en una entrevista que le hizo Ruano: Todas las revoluciones han tenido como lema una trilogía: libertad, igualdad, fraternidad lo fue de la Revolución francesa; en mis años mozos yo me adherí a la trilogía falangista que hablaba de Patria, pan y justicia. Ahora, instalado en mi madurez, proclamo otra: café, copa y puro”.
Esta última es sin duda una excelente proclama a la que es difícil no sumarse y voltear los humos con palabras bien pausadas para que digan en el café lo que no nos hemos atrevido a decir en su lugar correspondiente. El motivo por el que Foxá ha sido titular estos días es bien sabido, la prohibición del acto con el que se pretendía homenajear literariamente el 50 aniversario de su muerte por temor a que aquello se convirtiera en una apología del franquismo. Los promotores del acto, autores y premios nacionales son bien conocidos y ello me lleva a pensar qué hubiera sido si un pellizco de mi ser hubiera intentado semejante acto u otro más o menos patafísico de exaltación y paroxismo sin duda trivial. Luego está lo de la publicidad que el tema ha traído, nunca mayor y en semejante cantidad que hasta se ha hecho un espacio en la tremebunda selva de catástrofes y tensiones. Cuestiones accidentales a fin de cuentas que nos hacen ver donde estamos sin entender poco más o menos que nada porque llevada la situación un poco más al norte y sin salir de la península y, en mi caso, de la televisión ¿no nos cuentan que se ha necesitado la firma y estampa de tal o cual juez para prohibir una manifestación o concentración?
De todo esto sólo me quedan las ganas de leer algún artículo de Foxá, por extensión de González Ruano y metiéndonos un poco más allá, llegar hasta Larra pasando por Mariano de Cavia, que por cierto estudio en los jesuitas de Carrión de los Condes.

Tenemos todas las líneas ocupadas
- Aunque con los curas me pasa lo mismo que con los médicos. Cuando no queda más remedio que ir a verlos, es porque todo se ha ido al carajo.
“La calma” Attila Bartis
Los buscadores de setas acechan tras la esquina de los sueños. Allí donde me agazapo para dejarme arrastrar por la corriente del sueño. ¿A dónde me llevará? Hasta la cama de una madre que espera la llegada de su hijo para despedirse de este mundo. El hijo ha venido desde la Melanesia con los recuerdos alrededor de su cuello apretándole la nuez. Nada más llegar recibe la bendición de saberse tranquilo con unas palabras de despedida: ya estás aquí, ya puedo encontrarme con la familia. Esto es tan real como el sueño o esas otras esquinas, márgenes y pliegues donde suelen tocar la lira cálidamente las moscas sabiendo que allí es imposible recibir el golpe pleno de un manotazo.
Sé que los últimos limpiadores de zapatos han muerto recientemente y que sus frotamientos siguen pareciendo música celestial entre las patas de las moscas supervivientes del verano. Sé que los buscadores de setas tienen sus lugares favoritos entre los bosques y que otros son aún más “zorros” porque se levantan con el alba y sin necesidad de un candil, desuellan los senderos que han sido regados por los campesinos. Todos ellos recogen las migajas de los sueños al amanecer, aquellas que se caen justo con los primeros parpadeos de los perezosos. Gotas de rocío, caballos blancos y jinetes atraviesan la niebla mientras pitan las cafeteras en las cocinas del mundo y Dios se frota las manos despidiendo un fuerte olor a pájaros sueltos y cables llenos de comunicación ininteligible.

Félicien Rops - Pornócrates -
El cuchillo, en la comida sólo se usará para cortar la carne con ayuda del tenedor, comiéndola con éste y conforme se vaya cortando.
Tom Sharpe sólo sabe hablar bien de la sanidad española. Gracias a ella sigue vivo y eso también ayuda a que su estancia en Llafranc (Gerona) vaya ya para 20 años. Así que pasen otros 81 años, tantos como los que me depare la espera en un camino donde los galgos vagan solitarios e inútiles ya para cualquier caza. Mientras tanto levanto mi estado soberano con la idea de alejar fuera la idea de toda persona vagabunda, nombre enmarcado o gesto inútil que se haya instalado con el velcro de un contacto querido, aunque algo pasado ya, en mi cabeza. Sé que su recuerdo sólo sirve para retorcer calcetines sucios y maneras que no van a ninguna parte sino a la mansión de las pequeñas obsesiones que se levantan con el ocio.

Lubov Tchernicheva and Vaslav Nijinsky - Nijinsky dans le rôle du Faune (1912)
Photographie d'Adolphe de Meyer (1868-1946) - Paris, musée d'Orsay
Hace 5.500 años, en los valles del Eufrates y Tigres (Irak) surgieron los primeros estados, Uruk y Ur, con más de 40.000 ciudadanos. Unos buenos lugares para perderse y ojear papiros con la vista perdida hacia el futuro. Dos libros como dos galgos recuperados recientemente para la perrera, que es la biblioteca donde vivo, me acompañan a un lado de la mesa: “Compendio de la historia de la civilización” por Magdalena S. Fuentes. Tomo I Edad Antigua, Madrid 1911 y “Tratado práctico de etiqueta y distinción social”, de J. Sánchez Moreno. Nada aportan a mis estudios actuales salvo el de la distracción y compañía. En el segundo libro citado encontré varias hojitas pequeñas del calendario de 1969, del 18, 19 y 20 de Septiembre. Seguramente su dueño, durante esos días u otros muy cercanos, estaría ojeando el libro de marras y de ahí que dejara las marcas entre unas páginas concretas o sencillamente al azar, como cuando señalizamos el sitio exacto donde paramos la lectura del momento. Por aquella época yo más que andar berreaba fundido en el espacio de la incertidumbre, entre arrullos y atenciones. Me atrevería a decir que mentalmente me encontraba más cerca de Uruk y Ur que de donde estoy ahora y, casi con toda seguridad, en estos momentos también estaré más cerca de esas ciudades que del lugar donde se encuentre aquel dueño y lector del tratado de etiqueta.
Ayllu
Parece ser que estos días de puente sirven para que la gente vuelva a su tierra sin otro turrón a la vista que el que pueda resultar de una sencilla discusión de tráfico como consecuencia de saltarse un ceda travestido en stop. Señales éstas que propician el despiste, sobre todo cuando tras la meada que un perro dejó hace varios años, ahora surge escuálido el aviso con el que se debe regular el tráfico incluso en días de asueto y relajación. Mientras esto pasaba porque medio mundo volvía para decorar la ciudad como si aquí no se hubiera ido nunca nadie, los que habitualmente estamos huimos a la cueva para celebrar nuestro ayllu particular.

¿Pero qué es eso del ayllu? Respuesta: La unidad básica de estructura social andina que permitió dar continuidad a los diferentes gobiernos. El ayllu era autosuficiente, unificado por un territorio común y complejas interrelaciones de reciprocidad social y económica. Cada ayllu tenía su propio líder, cuidaba de sus propios enfermos y viejos, llevaba a cabo obras públicas, servicios de mantenimiento, etc. El ayllu sobrevivió cuatro siglos a los incas, a la colonización española, a diversas dictaduras y continúa existiendo en muchas zonas de Perú y Bolivia. Con el paso de los siglos muchos ayllus perdieron cohesión y solidez pero se mantuvieron unidos sobre todo gracias a las numerosas y prolíficas fiestas anuales. En nuestros ayllus sustituimos los alardes por cierta parsimonia, ideal para bailar como viejas serpientes que ya no quieren asomarse fuera de la cesta en fechas tan tumultuosas. Las palabras, entonces, abanderan causas perdidas y cada síntoma tatuado en el cuerpo es un barco varado con el que se resucitan nuevos fantasmas y canciones prehistóricas. Así celebramos o enterramos continuos flower power y, en cada vaso roto o arrojado accidentalmente en el mantel, nuestros ojos se visten como un ángel del infierno, en cueros, sobre la moto que nos introducirá en el pozo de la muerte. “El etiojazzz es una fusión de jazz y música tradicional etíope. La primera vez que experimenté con ella fue durante mi época de estudiante en el Trinity Collage de Londres, pero cuando realmente dediqué a ella fue en mi etapa en Nueva York. Aunque como estilo tardó en crearse, pues los dos tipos de música tenían que coexistir equilibradamente y ninguno de ellos dominar sobre el otro. El etiojazz fue diseñado para que el color y el sentimiento de la música de mi país permanecieran como una parte clave del sonido, teniendo en cuenta su variedad y riqueza cultural. Se basa en cinco tonos con diversas diferencias regionales. El norte es más asiático, con grandes comunidades japonesas, chinas e indias. Si vas a Harrar, al este, encontrarás una música marcada por los modos arábigos. En el sur tienen una gran influencia las músicas africanas. Me basé en todo ello y la paleta es siempre muy interesante. Mulatu Astatke – Rock de Lux 277/ Octubre 2009 Todas las fotografías de Nobuyoshi Araki 


Todo era extraño y por ello normal
Por más que me lluevan estadísticas sobre las muertes o enfermedades sigo sin atisbar un mínimo de verdad, sea esta invisible por el humo del cigarro o por los vahos del alcohol. Porque de siempre los disgustos estuvieron ahí, en la cúspide que rematan todas las causas y motivos amenazantes, con o sin remedio de por medio ¿Y quién nos vacuna contra los disgustos?
Entre esos pensamientos estaba, deshojando uno de los caminos posibles para la conversación, cuando el viejo con quien me proponía platicar, una especie de Nusrat Fateth Ali Khan palentino, me apuntó con su faria reconvertida en batuta e inició un cántico apropiado para entrar en éxtasis. Aquello parecía sufí lo menos. De esta manera y sin moverse un milímetro de su mesa fui llevado a terrenos donde la resignación alcanza cotas cotidianas y monótonas en manos de un matrimonio o en los brazos de la soledad. Y así, con estos menesteres huidizos, hacemos lo que podemos dando forma o consistencia a lo poco que nos dejan, sin pensar más allá o replantearnos el dicho que hemos aceptado a cambio de dejarnos vivir medianamente tranquilos: pertenezco al lugar donde estoy, sin importar quién soy. Luego, gracias a otra bocanada de humo, se me representó de frente el soldado de Napoleón que me regalaron por la mañana. Se hubiera podido sujetar sólo con las miradas que de reojo echaban los clientes, artistas del disimulo que bien pudieran estar entrenando para la próxima extravagancia con que se tropezaran al salir a la calle.
Con el último sorbo de café pude alejarme del embrujamiento al que era sometido. Pensé, en “La caza del león con arco”, una bellísima película con la que Jean Rouch me hipnotizó la otra noche. De pronto era un cazador Gow en el momento de untar con el veneno la punta de la flecha que abatiría al león. Lancé un rugido al camarero, me cobró y, sin saludar, volví sobre mis pasos.

como el estallido de una yema o de una vaina en la vegetación
Pom pom pom. Llaman a la puerta y es la realidad. Esa que te tira al suelo para hacer alfombra y pista de baile sobre la que taconearán unos dominicanos, jua, jua, jua. No son bailarines, sólo macarras que sacan polla y pecho porque de cada gesto hacen bandera resumiendo así la última teoría en política y economía. Pom pom pom ¡las mujeres y las sección rítmica primero! En ese orden.
Si quiero agarrarme a la última baldosa de esa pista debo soltar lastre y, por tanto, cualquier idea que no se corresponda con el eco que Tarzán dejó en la cama antes de morir. Gritar, también mostrarse león enfurecido o, en mi caso, oso panda sin panda con un sombrero de Napoleón azorado tras la batalla lejos de Austerlitz, cerca de Waterloo. Y si no me arranco ante esos pom pom pom es porque el instinto hibernó y la cabeza que todo lo piensa se ha convertido en una trituradora impresora de extrañas recetas, multifunción. Total, si el mundo ya ha empezado a escuchar los villancicos recién estrenados por Bob Dylan, a hacer sus carambolas que pasan, indefectiblemente, por sortear los agujeros y las corrientes que se llevan todo, incluso la vida cogida con imperdibles o al mismísimo carajo absorbido por una multinacional.
En otro momento, llamémoslo capítulo, Juan Aranzadi en “El escudo de Arquíloco”: Puede documentarse que, en comparación con otras regiones de España, la represión franquista fue en el País Vasco, durante el período anterior al nacimiento y actuación de ETA, a la vez cuantitativamente más extendida y cualitativamente más blanda y soportable, menos mortífera y cruel. Y ambas cosas por el mismo motivo: el hecho de que, a diferencia de lo ocurrido en el resto de Espa, entre los perdedores de la guerra civil se encontraran amplios sectores de la burguesía vasca y la inmensa mayoría del clero vizcaíno y guipuzcoano, nacionalistas uno y otros y relativamente tolerantes con los facciosos durante la contienda. Fueron las acciones de ETA y su deliberada provocación de la represión indiscriminada las que, al convertir en real lo que no lo era (la represión masiva y sañuda), permitieron que se presentara como explicación histórica del surgimiento de ETA lo que no es sino el más patético logro político y propagandístico obtenido por su violencia
Pom pom pom. Ya sé, ya sé, ya sé y es que uno nunca se acostumbra.

Andreas Siekmann
Un as tendrán bajo la manga
Huele a fin de semana, planes y desconsuelos. Perfume que oculta la podredumbre de la semana, esa de la que vivimos y con la que convivimos. Algunos, como Vandenbroucke, el ciclista belga del Mapei y Cofidis recientemente fallecido, descansan y tal vez, en su justa medida, también alimenten el símbolo de los dioses mortales que subieron a lo más alto sobre dos o cuatro ruedas gracias a unas vacaciones mal llevadas. Vandenbroucke estaba de vacaciones en Guinea ¿tal vez en la isla de los bubis? Dicen que su cuerpo apareció en la habitación de un hotel, también que había una mujer guineana ¿Cuántas personas no amanecen así, en un lugar lejano, tal vez acompañados por la soledad o la última de las amantes dentro de su laberinto?
Yo en cambio, durante mi tiempo de asueto, ni he ido a Guinea ni he dado una sola pedalada pero, eso sí, sigo aquí, acostumbrándome al perfume y al hedor.
Aunque debo decir que mi geografía sí ha sido pisoteada por bárbaros, alquimistas que transformaron los disgustos y problemas vividos interiormente, en alegría y animosidad de cara al exterior. Sé que la fuerza del grupo impide dar síntomas de flaqueza al exterior y, entonces, por ejemplo, se obligan a celebrar los desastres de sus hijos exagerando el nuevo martirio-lógico hasta el punto de creérselo y vendérmelo. ¿Cuál? ¿De qué hablo? ¿De un examen tal vez? No. Hablo de las máscaras, del fin de los tiempos, de una isla, la familia y todos los Vandenbroucke que se han levantado con pies de barro. Hablo del fin de semana.

Thomas Hirschhorn, Suffers from showing the wrong way, 2008, Arndt & Partner, Berlin/Zürich, AB|MB (Convention Center)
No hay campana en las sinagogas
He comido perro en una especie de fiesta. Me dieron a elegir, crudo o cocido y claro, sin mediar palabra me lancé a la oreja por aquello de verla algo más hecha que el morro y las carrilleras. Esto fue para adentrarme con un desayuno poderoso que me ayudase a soportar las estupideces del género humano, santo y seña de una violencia de géneros y ansiedades. Cada vez estoy más convencido de que la convivencia y roce con estos mamíferos a los que pertenezco altera el orden, las hormonas y células que mutan hacia lo maligno emponzoñadas por lo dicho, porque es consustancial a una sustancia demasiado humana. ¿Cómo no va a gritar Maradona eso de que la chupen y la sigan chupando tras haberse clasificado? Eso también es el fútbol y la vida en directo cuando llena el estadio, el bar y cualquier trabajo donde nada es lo que parece. Esa es la educación sin dimensiones añadidas, ni protocolos, asignaturas o talantes más o menos cívicos, religiosos o funerarios, me da igual. Lo que ocurre es que cuando a alguien se le pone un micrófono encima nadie espera una dentellada de ese calibre sino un poco de hipocresía y un mucho de corrección por si hay niños dirán, o pederastas que de repente comiencen a salivar. Pero repito, aunque no era un documental del Dockanema, celebrado este año en Maputo, nada más real y sincero on the record.

Caio Reisewitz
Il faut cultiver notre jardin
He llamado al gato y sólo su negrura ha venido a comer de mi mano. Probablemente, dice mi padre, ya no esté porque se haya pasado al corral del vecino. Un lugar peligroso porque hay perros y perras en huelga de celo. La curiosidad mató al gato y eso no fue obstáculo para que mi siesta fuese peor o el sueño más nutritivo que nunca, buscando formas e intentando ubicar “Mi vida mal dibujada”, el último comic de Gipi, en mi consola cerebral. Con las páginas pasándome y agitando la cabeza, en esa postura de yoga perfecto, fui asimilando definitivamente el camino que tanto había buscado, un lugar donde las viñetas alcanzan los planos subconscientes y conscientes del presente, pasado y futuro, material necesario para construir el jardín que todo ser humano debe cultivar (Nos dice y cierra Voltaire su Cándido con estas palabras: Il faut cultiver notre jardin, aunque en la traducción heredada –Colección grandes genios de la literatura universal, volumen 31- la palabra jardín se ha transformado en huerta y de esta manera asumo la cercanía con la que mi padre, con gato o sin él, ha desarrollado concepto tan volteriano). Esa huerta o jardín me arrastró, sin saber cómo ni por qué (sólo hablaré en presencia de mi abogado o psicoanalista), hasta Kashgar de la misma manera que Gipi nos lleva con sus piratas (únicas páginas a color, como no podían ser de otro modo) en busca de aquel tesoro que todo el mundo sabe, intuye o canta cuando lo pierde.
La ruta de la seda comenzaba en Antioquia (norte de Siria), cruzaba Rai (cerca de Teherán), atravesaba Meru y Balj (Bactras) y llegaba a Kashgar. En Kashgar se bifurcaba y tomaba la dirección norte hacia Kucha y Karashahr o iba al sur por el desierto de Taklamakan (sur del Gobi) a Yarkand y Khotan. Los dos recorridos se volvían a juntar en Tunhwang para internarse en China. Y entre quedarme allí tumbado con el sonido de los comerciantes llenando las calles sin dejar de mirar al sur o elevarme a los altares de una tarde solitaria, paseando por los caminos otoñales que llevan al norte, volví sobre mis pasos, esquivando puerros, berzas y escarolas, suspirando profundamente, como si acabara de regresar tras un largo viaje.

Mercado de Kasghar

Gipi
Spanish Stroll
Hey mister Jim, puedo ver de que manera has venido
con un dedo en tus cejas
y la mano izquierda en la cadera
pensando en que eres un asesino de mujeres
pensando en que eres muy hábil
muy bien
el hermano Johnny se cogió un avión y se metió en él
ahora es una cuchilla en el aire
y tiene una pistola en su bolsillo
dicen que el tío se ha vuelto loco en la costa oeste
"señor" no hay duda sobre eso
bien, muy bien
hermana Sue, dime nena qué vamos a hacer
ella dijo coge un par de velas
y luego enciéndelas
haz un barco de papel, enciéndelo y échalo a la mar
échalo a la mar ahora
Hey Rosita, ¿dónde vas con mi carro Rosita?
tu sabes que te quiero
pero usted me quita todo
ya me robaste mi televisión y mi radio
ahora quiere llevar mi carro
no me haga esto Rosita
ven aquí
hey, quédate aquí al lado Rosita
paseo español
paseo español
mira aquí
hey Johnny, si el Johnny de la décima calle
hemos estado buscándote tío
todos me han dicho que te has mudado a una zona residencial
quieres ir a dar un paseo
yo iré solo a visitarte
¿por que?
sí, ¿no esta bien?
sí, ahora Tito Puente, ahora
¿estas preparado?
sí, y por supuesto no podemos dejar fuera a Ray Baretto
¿estás preparado? ¿estás preparado? ¿estás preparado?
Sencillamente existo, amigo mío
Toda mi composición mental de eremita iluso y valiente se cae a pedazos porque resulta que en el mundo éstos sólo fueron extraños iluminados en conexión con el más allá. Por tanto, tampoco estaban muy aislados en el centro de su autopista hacia el cielo, poblada de alas y vientos huracanados. Ni ellos evitaron ese fluir con el que se han cosido las grietas y arterias de este mundo. Caravanas, expediciones y rutas comerciales se han abierto paso entre lugares recónditos, poniendo siempre en conexión culturas y artes en constante mutación.
Ha empezado el frío y sólo por este motivo cuelgo en el trastero la canoa hecha con corteza de abedul o al menos eso fue lo que me dijo el indio hurón cuando me la vendió, antes de que se ahorcara en recuerdo de sus ancestros, aquellos que remontaban el río hasta llegar a Montreal. Durante unos segundos me escondo tras ella, como si así pudiera evitar el aliento con que la mañana me recuerda la presencia cercana del hombre de las nieves, a un paso de mis bostezos.
Desde Escandinavia llegaban a la antigua Roma pieles además de marfil marino, ámbar y esclavos a cambio de oro, plata y tesoros. Desde Laponia a Noruega, Dinamarca e Inglaterra, pieles de marta, reno, oso y nutria. Los rusos no paraban en los siglos IX y X. Millones de sombreros hechos con la piel del castor norteamericano cubrieron las cabezas de buena parte del mundo, hola qué tal está usted señorita, buenos días monsieur y el sombrero así subía y bajaba tal como hacía el precio y la caza llevada a cabo, entre otros, por los abenakis, hurones e iroqueses. Tráfico de esclavos, ideas, poderes e información, la vida siempre ha consistido en eso e internet es la última prueba de ello.
Es complicado permanecer mínimamente quieto durante unos instantes, los que dura una vida por ejemplo. Todo cambia, nada permanece.

Marcos López
Las estrellas (nueces) para quien las trabaja
Se han acabado las nueces, tal como pasó con los castores aunque éstas, al menos, lo mas probable es que regresen en el próximo otoño. Este año los nogales han empezado a estirarse y así, las nueces llenaron algún que otro saco. De esto se enteró hasta el mismísimo espíritu del capitán Cook quien, creyendo haber fondeado una vez más en la senda de Nootka (isla de Vancouver), adquirió por sacos mis nueces tal y como hizo en 1778 con las pieles de nutria marina para venderlas en China por 120 dólares. Negocio claro y seguro que propició, al cabo de unos pocos años, una peste de barcos anclados en los puertos del litoral noroeste de América del Norte.
Pero yo no soy ningún vendedor y el pudor, vicio de una vida regalada, me subsume dentro de otras mercancías nacidas durante la siesta de la tarde, té, sedas, telas, ruibarbo, aceite de olachen, arándanos, cucharas de cuerno, aceite de foca, venado seco, jades, cortezas de cedro, etc.
Se fueron las nueces como se van las noticias y los premios hasta las contraportadas de los libros que no son otras para estos frutos que el próximo sulfato de cobre, los tres riegos de verano y algo de abono para la próxima cosecha. No obstante el vacío que me han dejado le he llenado con un saco de pemmican (40 kilos aproximadamente), o sea, carne de bisonte rebanada, secada al sol o sobre el fuego, machacada con un mazo, mezclada con grasa, tuétano y pasta hecha con una variedad de cerezas astringentes.

Habitantes de Nootka
y ella se inclina para besarme bajo la lluvia
La lluvia cumplió el pronóstico o viceversa, el orden del producto o un lío resumiendo porque caían gotas de tamaño escupitajo lanzado por un esclavo del campo azucarero. Llevaba una bolsa a un lado en vez del rifle o pipa, la zamarra o zurrón que dicen en casa toda llena de papeles inservibles, algunas teorías sobre la economía y una convicción histórica sobre el tema, algo marxista puede ser, con iva incluido total, 0, 60. Ya digo que la lluvia me caía y aún la siento por dentro, de ahí que las ideas estén algo húmedas, formando pelota de carne con ajillo. Algunos negreros, en pleno auge de su actividad (siglo XVIII), se arruinaron, por ello la vida de cada cual, en ocasiones, nada tiene que ver con los tiempos caracterizados y definidos por la historia.
Ah, siempre me hubiera gustado pertenecer a un cuerpo de jenízaros o en su defecto servir como perro fiel, todo cueros y aullidos, a una loba que hiciera caso omiso de la advertencia pegada en el cristal de la puerta, esa que prohíbe la entrada a perros y grandes masturbadores. Ella me arrastraría con la correa hasta su mesa y yo, en vez de ladridos, recitaría versos cada cuarto de hora, soy el que camina sobre las aguas de la imaginación. Soy la baratura de los celos fértiles y las pestañas del jabón que se acaba. Soy la cuchara de zinc bajo las alpargatas del lóbulo. Soy la idea corrompida por los alcoholes débiles, etc. ¡Camarero una sopa en mi mosca! Viejo truco porque ella habría sacado la mosca de su caja de cerillas para colocarla igual que una banderilla, más o menos a la mitad del plato o ruedo y olé.
Al final, ya liberado, manumitido o finiquitado, entre gota y gota, cayó un libro a mis pies, algo que debía desde hacía semanas. Venía con la sonrisa de la vendedora adjunta y entonces no me quedó más que ofrecer mis servicios, o sea, la espalda porque excepto a la lluvia, al resto sí puedo ofrecerle esa parte donde los cuchillos sustituyeron a los granos hace tiempo, uno por uno todos aguijoneados y pinchos morunos. El libro comienza así: “La niebla cubría la tierra. La luz de los faros de los automóviles reverberaba sobre la línea de alta tensión que bordeaba la carretera.” Pero ella, tras mencionar el nombre de Dan Brown en vano para los siguiente pedidos, supo que no la miraba desde hacía tiempo e intuyó que eso no me gustaba. ¿Cuál? Pregunté. Las palabras nórdicas tampoco respondió, claro añadí. Larra, romántico, político y suicida ponía en otra hoja, mesa redonda, entrada libre hasta completar aforo, goteras incluidas, las mías de una en una.
P.D. Los versos de Juan Carlos Mestre “La casa roja”
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Berenice Abbot
Ofrece astucia a las uvas
Hace una noche clara y tranquila, está la luna que da luz,
los invitados van llegando y van llenando toda la casa
de colores y de perfumes.
Hete aquí a Blancanieves, Pulgarcito, los Tres Cerditos
el perro Snoopy y su secretario Emilio, y Simbad,
Ali babá y Gullivert.
Oh, bienvenidos, pasad, pasad, de las tristezas haremos humo
mi casa es vuestra casa, si es que hay casas de alguien.
Hola Jaimito, y doña Urraca, y Carpanta y Barbazul,
Frankenstein y el Hombre Lobo, el conde Drácula y Tarzán,
la mona Chita y Peter Pan,
la señorita Marieta del ojo vivo viene con un soldado,
los Reyes de Oriente, Papa Noel, el pato Donald y Pascual,
la Pepa Maca y Superman.
Buenas noches señor King Kong, señor Asterix y Taxi-Key,
Roberto Alcázar y Pedrín, el Hombre del Saco y Patufet,
Señor Charlot, señor Obélix,
Pinocho viene con la Moños cogida del brazo,
está la mujer que vende globos, la familia Ulises
y el Capitán Trueno en patinete.
Y a las doce han llegado la hada buena y la Cenicienta,
Tom y Jerry, la bruja Calixta, Bambi y Moby Dick
y la emperatriz Sissí,
y Mortadelo y Filmeón, y Guillermo Brown y Guillermo Tell,
la Caperucita roja, el Lobo Feroz y el ’Caganer’
Cocoliso y Popeye.
Oh, bienvenidos, pasad, pasad, ahora ya no falta nadie,
o quizás sí, ya me doy cuenta que sólo faltas tú,
también puedes venir si quieres, te esperamos, hay sitio para todos
el tiempo no cuenta, ni el espacio, cualquier noche puede salir el sol.
He visto al hombre duro nuevamente frente a la barra del bar. Ahora, sin embargo, sonreía mientras sacaba el comodín de la crisis para participar en la conversación. Otras hubo pero como le dije, totalmente ajenas, tal vez porque las antenas, por aquel entonces, las tenía dirigidas hacia algún planeta desconocido. Venía de ver morir a la Hipatia de Amenabar en una película que figurará perfectamente incrustada en este mundo perdido. El hombre duro ha traspasado otras líneas y ahora, de tú a tú, me ha mirado fijamente, algo que no hizo cuando yo, en ese mismo lugar y desde un rincón, explicaba los problemas que con el sarampión y la viruela sufrieron los habitantes del nuevo mundo. ¿Cuál sería hoy ese mundo?
Alguien ha dicho hoy ¿pero cómo se nos ha quedado soltero ese muchacho? (¡Ni Dios, ni amo, ni partido, ni marido!) Como si el estado actual fuese una meta de piedra a la que hubiese llegado por el laberinto de las barras gastadas filosóficamente y, por tanto, con alta graduación de inutilidad. No soy el hombre duro pero hoy él ha sonreído. Yo estaba enfrente apurando la cerveza, no voy a decir la vida, aunque la cosa también tuviera algo de ese sentimiento fugitivo.

Maiño "Recuperación de la Bahía de Brasil"
Los ruidos del cielo no dejaban oír los suspiros de la Tierra
Vicisitudes y tribulaciones de un individuo muy dividuo. Toma un café y divaga para luego, al poco, estrenar una nueva librería “Entre líneas” y es que la industria del libro parece un negocio boyante en esta ciudad o, al menos, un santo grial para ingenuos y aficionados que poco o nada saben de figuras y metáforas. Tal vez sean efectos colaterales del difunto Stig Larsson.
Cuando entro me embarga la sensación de que todo el mundo menos yo publica y gana premios literarios. No hay nadie que no escriba o medite sobre la próxima edición de sus memorias, un relato enigmático o un microrrelato sobre Hipatia. Ese puede ser el motivo de que mis palabras vivan en el mundo subterráneo que he creado. Ahí dentro me persiguen sombras, historias clínicas desaparecidas, minutos arrancados del reloj y obsesiones colocadas como si fueran cerillas en la caja fúnebre más húmeda del planeta. Un lugar donde viven fracturas, manchas sospechosas y alguna que otra imagen nebulosa que parece lo que no es.

La imagen de mi vida es la que dejé en el espejo cuando un día, al mirarme, no me reconocí. Ello no fue problema para que la silueta quedase allí incrustada y, desde entonces, los que me rodean siguen un rastro peculiar que coincide, a la hora somnolienta del susurro, en el mismo personaje construido con más paciencia que ciencia. Esto ocurre porque, en cierta manera, también hay algo de ellos en mí, en lo que me suponen o desean. En mi aparente tranquilidad sin debates ni suegras locas que pierden los rulos en mitad del grito. En la espalda que doy a los puñales vivos de las parejas. Esos que se lanzan sin vendas ni pudores porque ya la vida se ha convertido en una herida abismal, larga, profunda, insalvable.
Una nueva librería se ha abierto en la ciudad, sin música, ni fondo ni forma.

Fotografías de Berenice Abbott
La primera complejidad de la nostalgia es el absurdo
Me he multiplicado como los panes y peces para aparecer en todas las cestas con la misma identidad, hombre agotado pero conciliador, acumulador de suspiros y pensamientos que huelen a berenjenas cocidas. Por ello asumí el mando de la distribución e hice que el cocido llegara a todas las bocas. Cacilla en mano volqué la sopa evocadora en cada plato, luego la berza y los garbanzos para acabar atrapando con las tenazas un golpe de chorizo, morcilla, costilla, relleno y el tocino al que muchos supieron esquivar echándose mano a la cintura, como diciendo comed y bebed vosotros de él porque este es mi cuerpo y sangre, o vaya usted a saber. Un cocido perfecto debe ser algo así, con las vigas de madera en el techo, la vieja artesa reconvertida en mesa al igual que el trillo, la puerta y la rueda si me apuran. La tarta puede faltar pero no así la santa trilogía en la que todos creen, café, copa y puro a la que añadiría una buena pasta de pueblo y unos rayos de sol melancólicos penetrando por la ventana. Con este entorno y una compañía no demasiado mala se puede aprobar el mensaje del último sínodo o inventarse una nueva propuesta para que todo siga igual. Es bonito poder recibir estos presentes pero sobre todo el gusto y oficio para ofrecerles, el tiempo, esfuerzo, calidez y animosidad con los que alguien abre su casa como si fuera un corazón herido, cazador solitario que encontró su lugar en el mundo.

Esta fotografía idílica no evita ni contiene los estados endemoniados con los que algunos aprovecharán para levantar muertos o hachas de guerra, sin importarles el momento o la aparente tregua semanal. Son los traumatizados fabricando ese polvo que llena los estantes, son los pobres de espíritu que nunca supieron desentumecerse los dedos dentro de un verso, somos, en ocasiones, todos. Fotografías de Erwin Olaf
Su propina es mi sueldo
He leído la entrevista a Herta Müller en el ABCD de hoy, “La utopía es propensa a los totalitarismos”. En ella cuenta, entre otras cosas, cómo durante tres años acudía a una fábrica donde los trabajadores enfermaban y morían en el mejor de los casos, alcanzando la jubilación. Un lugar de trabajo donde nunca se alcanzaban los objetivos. Ante esto pienso que el momento y lugar en donde estamos al menos deja que, con grandes mentiras, se firme una paz ilusa y falsa, pero una paz a fin de cuentas, confirmando que un año más los objetivos sí han sido alcanzados y mejorados con creces. Todo el mundo sabe que no es así, que en cualquier rincón se compran y tiñen datos, entradas para un cine que confirme una no tan mala situación del sector. Entonces comparo y como no encuentro nada mejor pido otra cerveza para continuar con la entrevista y así llegar a su última parte, aquella que da título al artículo.

Oscar Domínguez "Los platillos volantes"
Chelsea
El hotel Chelsea está en la calle 23 de Nueva York, entre la octava y novena avenida. Allí tuvo lugar el encuentro entre Leonard Cohen y Janis Joplin. Mientras subían en el ascensor Cohen la preguntó si buscaba a alguien. Ella dijo que a Kris Kristofferson. Yo soy Kris Kristofferson, siguió Cohen y así dio comienzo una de las mamadas mejor cantadas en la historia.

“Chelsea Hotel” Leonard Cohen
Te recuerdo claramente en el Chelsea Hotel,
hablabas tan segura y tan dulcemente,
mamándome sobre una cama deshecha
mientras en la calle te esperaba la limusina.
Esas eran las razones y ésa fue Nueva York,
Nos movíamos por el dinero y la carne
Y a eso lo llamaban amor, los del oficio,
Probablemente, aún lo es para los que quedan.
Pero te fuiste, ¿verdad, nena?
Sólo le diste la espalda a la gente
Y te alejaste, ya nunca volvía oírte decir:
“Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito”,
mientras todos te bailaban alrededor.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Ya eras famosa, tu corazón era una leyenda.
Volviste a decirme que preferías hombres bien parecidos
Pero que por mí harías una excepción.
Y cerrando el puño por los que como nosotros
están oprimidos por los cánones de belleza,
te arreglaste un poco y dijiste: “No importa,
somos feos, pero tenemos la música”,
Y entonces te fuiste, ¿no es así, tía?
Simplemente, diste la espalda a la gente
y te alejaste, ya nunca volvía a oírte decir:
“Te necesito, no te necesito, te necesito, no te necesito”,
coreándote todos alrededor.
Y no pretendo sugerir que yo te amara mejor
No puedo llevar la cuenta de cada pájaro que cazaste.
Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea.
Eso es todo, no pienso en ti muy a menudo.
los dominios sensibles
Si me encontrase frente a Ariadna también le diría yo soy tu laberinto. Pero aquí no hay Ariadna ni otro laberinto que una calle llena de misterio y melancolía dispuesta a ser nuevamente pintada por De Chirico. En la calle hay sombras y pensamientos con los que hago composiciones aún más metafísicas que las del propio pintor sobre el lienzo. Sé que existe una obligación de dar, otra de recibir y una fundamental que consiste en devolver. Este programa básico ha sido el motor de muchas sociedades.
Un jefe debe ofrecer potlatch para mantener su autoridad y, de hecho, este cobra sentido cuando a quien se convida son personas de otra familia o clan.
La obligación de recibir implica la ausencia de miedo por tener que devolver dicho regalo, dando por hecho ese gancho que semejante presente conlleva para el receptor. Si excepcionalmente alguien rechaza el regalo (una determinada posición jerárquica y anteriores victorias así lo permiten) debe ofrecer uno mayor para demostrar que está por encima de semejante miseria.
Y entonces llegamos a la santa obligación de devolver, además con cierto interés añadido puesto que la dignidad así lo exige.
Algo de esto queda dentro de mí y así concibo las formas espirituales de los que me rodean. No soy ningún jefe ni mantengo esclavos que no hayan cumplido con sus deudas. Tampoco doy todo lo que debiera pero intento mantener la llamada de Dionisio encendida dentro de mi pecho mientras camino, así, por una calle donde asoman sombras enigmáticas y otras maneras de inquietar mi estado.

"Misterio y melancolía de una calle" De Chirico
LA ULTIMA CURDA
Letra de Cátulo Castillo
Música de Aníbal Carmelo Troilo
Año 1956
Lastima, bandoneón,
mi corazón...
tu ronca maldición maleva.
Tu lágrima de ron me lleva
hasta el hondo, bajo fondo,
donde el barro se subleva...
Ya sé... no me digas... Tenés razón!...
la vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz,
que es una curda
- nada más!-
mi confesión!...
Contame tu condena,
decime tu fracaso,
¿no ves la pena
que me ha herido?...
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo
del olvido...
Ya sé que me haces daño!...
Yo sé que te lastimo
llorando mi sermón de vino!...
Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en un licor que aturda
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón
al corazón!...
Un poco de recuerdo
y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la ultima curda...
Cerrame el ventanal,
que arrastra el sol
su lento caracol de sueño...
¿no ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol?
y vendrá la noche calzada de nevados imanes
Ahora que se acercan los Santos con sus muertos en tropel no hace falta recordar que habrán de venir los ramos, yesos y discusiones sobre quien hace qué y por qué siempre son los mismos quienes arrancan las malas hierbas o colocan otras de plástico para inri del buen gusto. Esto en el mejor de los casos puesto que los flujos ya no dejan vivir estos miramientos y sentimientos, postergando las posibles conversaciones o discusiones al diván del psiquiatra o al auto que sin venir a cuento se frena para despertarnos la ira o el colmo que agota un pésimo día.

Aquí tenéis mi juicio
De vez en cuando, a todos nos ocurre, que al salir o entrar por una puerta saludamos ofreciendo en bandeja la mejor de las sonrisas. Esto no sería nada extraño sino fuera que junto al estado de ánimo, frío o caliente, aquello podría sonar como un elefante en una cacharrería. Quiero decir que la sonrisa, de repente, se muestra natural y recién pescada en el río revuelto del instante. Entonces, en mi caso, un torrente de palabras sin sentido relacionan el presente con un pasado movido a ritmo de blues y soul acelerado, dejando a los presentes humedecidos bajo aquel musical simpático, de tonterías varias. Si me preguntasen qué sé hacer en esta vida, muy bien podría responder que eso, componer chistes sin gracia por sorpresa o recordar precisos instantes olvidados por todos los presentes, hasta ese instante diarreico, breve y mortal.

AES+F: Last Riot 2
Música: George McCrae -- Rock Your Baby
Arriendan cuarenta metros en el suburbio de las partículas elementales
La gente no quiere escuchar ni esperar un minuto más de lo necesario en la estación abandonada o frente a una barra tan triste como las cuentas que hace el camarero antes de acostarse. En cuanto se sienta en el banco o taburete exige el pitido de una locomotora, bebida o el oído que de crédito a sus susurros, gatos perdidos que dejaron de ser michines hace mucho tiempo. Reconducir alguno de sus hábitos, aprender a ver, leer, sentir o aclarar los sentidos supone tiempo y paciencia, a veces incluso cierta desesperación porque la nube puede haber comenzado a descargar una tormenta de infortunio y poca comprensión. Se trata de una labor individual que necesita del otro, de su palabra y su silencio, de un cierto dejarse y olvidar que un día también soñó con ser campeón de algo que sale en los periódicos.
Tengo la sensación de caminar por una pista de atletismo, ajeno a la lluvia y al resto de corredores que dan vueltas sucesivas y en ocasiones, saludan con prisa, siempre con prisa. Allí siempre hay tensiones, torbellinos y pasiones lógicamente alejadas de Iowa y su famoso taller literario. Citar a esta ciudad y taller no es sino una excusa donde agarrarme y recordar a algunos de los alumnos que por allí han pasado, John Cheever, Raymond Carver, John Irving y Philip Roth entre otros. Parece ser que hasta ellos, en su oficio, también quisieron escuchar y aprender en un momento dado.

Raymond Depardon
En Una Estación Del Metro Desventurados los que divisaron y se enamoraron de golpe y la perdieron para siempre entre la multitud Porque ellos serán condenados y a llorar con las canciones de amor Y quizás el amor no es más que eso: una mujer o un hombre que desciende de un carro y resplandece unos segundos Oscar Hahn Raymon Depardon
a una muchacha en el Metro
y la siguieron enloquecidos
a vagar sin rumbo por la estaciones
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
en cualquier estación del Metro
y se pierde en la noche sin nombre
media docena de melancólicos matones a sueldo de los simbolismos de la retórica
Soneto para empezar un amor
Ocurre que el olvido, antes de serlo,
fue grande amor, dorado cataclismo;
muchacha en el umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar? mejor es no saberlo.
Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?
Amar son cercanías de uno mismo.
Como siempre, rodando en el abismo,
se irá el amor, sin verlo ni beberlo.
Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;
cumpliendo años irás en mi memoria,
viviendo para ayer, como una brasa,
porque no llegará la sangre al río,
porque un día seremos sólo historia
y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.
MANUEL ALCÁNTARA

Soy el abismo honorífico ante la nieve defectuosa
Se acercan los muertos con su día de difuntos volteando el calendario y, sobre mi cabeza, un oscuro mantel lleno de cáscaras, sobras y restos que ciegan un presente medianamente optimista. Las tumbas ya están crujiendo, pidiendo su comida que no es otra sino la compañía de los que aún guardan lágrimas a falta de pan o un buen vino. En las floristerías los poemas y las rosas delicadas se agazapan tras los ramos fúnebres traídos de Portugal. Esto lo sé de buena tinta, negra, pero buena a fin de cuentas.
La información no ayuda pero sirve para desabotonar momentos de luto y entretenerse dando vueltas a tanta oscuridad. El azúcar en el café son palabras revueltas, silencios encasquillados y ecos dulces de alquitrán. No sé si influye pero me agarro al asa de la taza y sumerjo mi mirada dentro, junto a la cucharilla por donde trepa la silueta de Tarzán o el mismísimo Buck Rogers. Ellos nacieron un siete de enero de 1929, año de crisis (Gran depresión) del que celebramos actualmente su octogésimo aniversario cerrando empresas, casas y bocas (de estómago). Con sus viñetas se daría un paso de gigante en el mundo del comic pero hoy, ni siquiera ellos me acompañaron. Prefirieron quedarse allí, haciendo fiesta entre los posos que saben de futuro y olvido, recomponiéndose, esperando a Tintín y a Popeye, otros héroes que nacerían días después, tal que un 10 y 17 en esa misma hoja de calendario colgada en la pared.
Tuve que levantarme y aprovechar el manto de pesadumbre para atravesar las horas más frías de la tarde. Fueron pocas, debajo se abrían viñetas, pesares, brumas y aventuras que no son sino las de sobrevivirnos a nosotros mismos.


Si tus miradas
salen a vagar por las noches
las mariposas negras huyen despavoridas
tales son los terrores
que tu belleza disemina en sus alas.
“Paisaje ocular” Oscar Hahn

Roy Lichtenstein, BLAM
Canción: "Pop Art Blue" Zero 7 (Grupo de trip hop)
TRIP HOP - De la Wikipedia: El Trip Hop se originó en la década de los 1990, en Bristol, Inglaterra, en un momento en el cual el hip hop estadounidense estaba dominando la industria de la música europea. Los DJs británicos decidieron darle un toque local al fenómeno internacional, y transformaron al hip hop en un nuevo género, dándole inicio al trip hop. Los que crearon este nuevo estilo, desarrollaron al hip hop con un beat algo más tranquilo, downtempo. El hip hop de Bristol (predecesor de trip hop) es caracterizado por un énfasis en beats lentos y pesados, y un sonido que proviene del acid jazz, la música club y la electrónica.
Soy la sombra única de la realidad
Sin conocer ni preocuparse por mi estado anímico alguien me informa de un tipo que por un trozo de envoltorio salchichero recibió un mercedes para gusto y sorpresa. Cosas de premios o sorteos y con ello no sé si quería hundirme o lanzarme a la cima de la más absoluta e irrisoria satisfacción. No podemos conocer ni preocuparnos por todo aquello que nos rodea, seres animados o inanimados a los que ofrecemos gestos o trivialidades sin más envoltorio que el del buen tono y áurea, todo ello formando un manual que aconseja comer despacio y vivir relajadamente el resto de nuestras vidas.
Como si fuera esto el juego de la oca y hubiese vuelto a tirar tropecé en la casilla donde se ubicaba el club de la vitamina C. Allí existía una enorme barra donde lo único que se servían eran enormes jarras y bandejas con esas proteínas rejuvenecedoras y curalotodo. El camarero tenía en mente genes, cromosomas y milagros pendientes de reconocer. Mi mente parecía una patata deseando conectar las cuestiones salchicheras y vitamínicas pero una canción interrumpía continuamente la posible conexión. No tardé en reconocer su título, se trataba del I´m free que ya cantaba Mick Jagger en el año de mi nacimiento. Nuevamente estaba ahí. Curiosa paradoja que apenas me enternece.

Raymond Depardon
Las rosas de la realidad andan con los pies torcidos
Tal día como hoy se dio el chupinazo a la Gran depresión del 29. ¿Tendrá esto algo que ver con el revoltijo de células y neuronas que se han desatado alrededor? Me hubiera gustado ver a toda esa locura potencial dentro de una copa de gaseosa, muy cerca de un brindis abstracto y acelerado, consecuencia de una estúpida ansiedad ¿Se abriría la puerta de la razón a partir de ese momento? No, en realidad no quiero alteraciones o suponer conclusiones si no son consecuencia de fiestas o ceremonias consentidas.
Sin embargo con toda esa polvareda alrededor mi estado apenas ha sido alterado, oculto tras una crema corporal que huele a derrota y viñetas dignas del Gran Pulgarcito. Mis disquisiciones, antes de hundirse en lo más profundo del lago Titicaca, sirvieron de alimento, entre otros, a suches, carachis y bogas. Peces no muy gordos o al menos no tanto como esos otros que, mirándome de reojo, esta mañana se desollaban en gestos y cantos flamencos porque su cargo es deudor del efecto mariposa. Aquel que con su minúsculo aleteo provoca un cambio radical e impredecible, dejando su pulso en manos del comportamiento caótico que rige en la naturaleza. El jefe acata las órdenes que vienen desde lo alto, justo donde se mueve una veleta añorante de abrazos y Mariquelos castrados por el cabildo. Yo, en cambio, me acostumbro a las hélices que revuelven los días y tiendo en mis suspiros hacia unas convenciones folclóricas, transmitidas en estas fechas por los seres del subsuelo. Me llegan a través de una pantalla formada por coronas y ramos flameados de rosas, tal día como hoy.

Todos íbamos a ser reinas...
La posibilidad de ser un outsider a mi manera abre un abanico tangible a escasos centímetros de mis narices. Seré vendedor de nueces a falta de castañas o madera de alcornoque y entonces miraré los cielos con la esperanza de que la lluvia haga fértil el campo, pensando en los kilos y sacos con los que construiré la trinchera frente al mundo. Ese será el inicio puesto que luego enfermaré de conocimiento en mi sala biblioteca unidad de cuidados intensivos, o sea, abrazaré el Eclesiastés con conocimiento de causa porque en la mucha Sabiduría hay mucha Frustración, y quien añade conocimiento añade dolor.
No me he explicado pero la razón de estas líneas está en la multiplicación de oficios como si fueran panes de diversos tipos, fabiolas, barras o bollos que alimentarán mis días de profesor antropológico, escritor, musa y charlatán ¿hay quien dé más? Sí, ya lo sé, hombre de muchos oficios pobre seguro y maestro de nada.

"Descansando en la hierba" Francisco Iturrino
La madre de todas las batallas es una bala perdida
Sin quererlo ni pretenderlo elaboro la composición de una historia que, a pesar de todo, me resulta ajena y lejana. Un conocido, uno de esos con los comparto ligerezas y trivialidades por razón de oficio, rutina y pasado, me pregunta si conozco a alguien que alquile un piso. Lanza un globo sonda anodino y rutinario como si no tuviera importancia, una pregunta inocente, otra más que en pocos segundos entra y sale por el maravilloso conducto que une mis dos orejas, gracias al cual puedo ser un poco más feliz.
Hoy, cuando he ido a comprar la prensa y exigir que me incluyera el testamento del Dr. Mabuse, la segunda película sonora de Fritz Lang, tras M, el vampiro de Dusseldorf, por sólo un eurazo más, el comentario huido de mi cabeza el día antes volvió para recomponer un puzzle, repito, que me resulta completamente indiferente. Y en cierta manera me fascina precisamente por esa insustancialidad, ajena y sin embargo palpitante, llegada por diferentes conductos en un sordo y anodino retumbar. El quiosquero me preguntó precisamente por aquel conocido del que hablaba al principio y me dijo que había contratado a su primo para manejar un pequeño negocio. Fabiola, bollo candeal, picones, pan de mosto, pan verde, fabiola, pan candeal, de cuatro canteros, lechuguino, de pico, de cuadros, polea, barra rústica, pan de Campoo, de Orzales, de olea, de hornazo. No, no era una panadería sino que la historia empezaba a tener tanta miga como todas esas variedades de panes juntas.
Ocurre algunas veces que la información olvidada recobra puntos o cuestiones que creímos no haber registrado ni oído. El piso, de inmediato recordé, era para su primo aunque puede que de una manera eventual porque en realidad él es quien está preparando su salida si los acontecimientos se precipitan. Nuevo y viejo negocio, primo, casa, alquiler…
En unos minutos estaba repitiendo mi rutina matinal sorbiendo el café, haciendo ruido deliberadamente mientras dejaba hacer a la linfa y a una crítica enamoradiza de “Lugares donde se calma el dolor”, el nuevo libro de César Antonio Molina. Oh, oh, oh, la dimensión esencial del tiempo es la profundidad, no la duración, empezaban citando en el suplemento a María Zambrano. Quien hacía referencia al libro, José María Pozuelo Yvancos, continuaba con un universo de escritores desperdigados en lugares concretos, todos de la mano y entre las páginas que se presentan ante el lector, invitándole a un recorrido íntimo y abismal hacia el interior de esos literatos.
A pesar de ello y de este ensimismamiento al que me debo sólo durante unos instantes del sábado, la cuestión del alquiler se me aparecía intermitentemente, como si se tratase de un anuncio que entorpece la serie o película en televisión. Así somos y así es la extraña conexión entre mis dos orejas, aunque las historias que se componen allí dentro no tengan nada que ver conmigo ¿o sí?
En vez de despedirme del camarero con el ritual y monótono hasta luego, preferí sustituirlo con un carraspeo que pudiera traducirse en inglés, straight, no chaser, obteniendo por su parte la misma respuesta de siempre, el arqueamiento de sus cejas.
Straight, no chaser: composición de Thelonius Monk. Se trata de una frase hecha con la que se explica aquel trago de una bebida fuerte que se toma sin suavizar con otra más floja.

El testamento del Dr. Mabuse




