Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2008.
Que duerme solo al encontrar oyente
El Maras publica a diario la enfermedad de su padre. Tiene un tumor tiene un tumor, no se cansa de repetir. Su voz se ha convertido en un eco molesto de seis patas y dos alas que se posa en cualquier conversación, entendiendo que tal estado le exculpa de lo que dice y hace. La enfermedad le sirve de salvoconducto para atravesar las fronteras de la lógica y a caballo impide que la hierba salga, lo que nos recuerda a un Atila de colegio que se ha bajado de la montura para ir a cagar tras los arbustos. De esta manera se encontrará, a no tardar, con quien le imponga el sello correspondiente en la boca, pasaporte con el que inflama los ánimos y la indiferencia.
Aunque en un primer momento el Maras me reblandeció, pronto, aquel sentimiento, produjo el efecto contrario. De repente alguien que ha hecho de su capa un sayo pretende conmover o compartir unos segundos de pena loca con quien le de la gana.
Sin darle mayor importancia, atado de pies y manos me da por pensar en las fechas de caducidad de cada una de mis partes envasadas al vacío. Daba por hecho que padres, hermanos y demás familias, llegado el momento, desaparecían con todo el equipaje sin dejar ni rastro, pero mis huesos, el colon, el estómago, el corazón, los ojos, etc. Puede que la fecha sea única para el cuerpo entero, así lo pensamos mientras los años completan un código de barras tatuado en el encéfalo. Cada cuerpo es un continente que tiende a la desmembración y pronto llega el día en que nosotros, engreídos soberanos, luchamos desesperadamente por cada gramo, tejido o función abolida sin permiso ni contemplación.

Robert Kirkman
nosce te ipsum - conócete a ti mismo
“No puedes permitir que los grandes te impongan su intolerancia, del mismo modo que no puedes permitir que los pequeños se conviertan en un nosotros y te impongan su ética. No aceptaría la tiranía del nosotros, la cháchara del nosotros y todo lo que el nosotros quiere volcarte encima. Jamás se doblegaría ante la tiranía del nosotros que se muere por absorberte, el nosotros coactivo, inclusivo, histórico, ineludiblemente moral con su insidioso E pluribus unum. Ni el ellos de Woolworth´s ni el nosotros de Howard, sino el puro yo con toda su agilidad. El conocimiento de sí mismo: ese era el puñetazo en la boca del estómago. La singuralidad. La lucha apasionada por la singularidad. El animal singular. La deslizante relación con todo. No estática sino deslizante. Conocimiento de sí mismo, pero oculto. ¿Qué es más potente que eso?”
“La mancha humana” Philip Roth

"La lectora de la carta en la ventana abierta" Jan Vermeer van Delft
Sin el dolor no podemos conocernos, sin los trances, las pérdidas, las huidas y los abandonos. Aquí reside mucha gente que ha visto cómo desaparecía todo a su alrededor y otros que siempre habitaron un desierto y que, por tanto, no supieron de otra vida que no fuera la de una soledad hiriente y demoledora. Éstos se conocen mejor, están más ilustrados y conocen las rutas que llevan a sus abismos sin necesidad de hipótesis o discursos aburridos, puede que tiernos para jovencitas. Prefiero a estos habitantes que son lo que parecen, solitarios y feroces en los que confío, evidentemente, tanto como en los otros o en mí. Nada.
Lavada está mi sombra en virtud de su asombro
Les hay que aterrizan precedidos por la alfombra roja del apellido. El padre ha ejercido su profesión hodierna y fruto de la costumbre acaba donde la familia es alguien entre los ceros a la izquierda. En estos casos se descartan esas influencias que tan bien engrasan los goznes de las administraciones locales y autonómicas. El que así llega lo hace por su entrega, la torpeza heredada y de la que el Dr. Jekill tiene pendiente un análisis genético, o los hábitos que hicieron de su casa una rotonda con dirección única. Aquí, padre e hijo, tras los insultos respectivos, entrechocan sus bolsas escrotales y liman, a falta de románticas barras de hierro, asperezas y augurios primaverales. Rápidamente le es dicho lo que no tiene que hacer, con quien no tiene que cruzar la mirada y el resto de prohibiciones que transgredirían las religiones que aquí se practican. El ritual tal vez sea más antiguo que el del peregrinaje a la Ghriba y su misterio entra por la puerta más grande de la razón.
P.D. La Ghriba es una sinagoga de la isla tunecina de Djerba donde las mujeres judías y musulmanas veneran, al inicio de cada verano, la tumba de una santa judía (todo en femenino, está bien escrito).

Sinagoga de Ghriba
Yo imploro al miedo, a la locura, al delincuente corazón...
Su dolor es una fuga que se expande fuera del cuadro, como bailando sobre piedras de fuego. Dibuja serpientes, humo. No entra en conversación ni viste ropas de gala, al contrario, todos sus pantalones tienen una talla de gigantes y cabezudos, sus camisetas apenas tienen nada que ocultar. Finge, finge y finge preguntas, explicaciones sedimentarias en el aire, partículas descontroladas en pequeñas dosis.
El dolor pace en una explotación con dos millones ochocientas mil cabezas de ganado. Cuesta creerlo pero los cuernos de los caracoles apuntan a las estrellas, dos millones ochocientas mil conexiones estelares.
Los ciclistas son caracoles que se meten asteroides.
Pero cómo no será el dolor si hasta los gitanos se vuelven inseguros y ponen barrotes en las ventanas. Finge, finge y en el circo, antes de la primera función, un cartero ya ha entregado a Giselle, la fiera domadora de topos carnívoros, las facturas del ayuntamiento.

Fragmento de un bajorrelieve de un trirreme griego
La reina bebió las cenizas del rey todavía tibias
EN ESTE LUGAR. AÑO 2222. DESDE UN AUTOBÚS AUTOMÁTICO CON TURISTAS TAMBIÉN AUTOMÁTICOS. UNA VOZ EXPLICA:
El documento por el que se taló el monte de Venus, un facsimil medieval, se exhibe en las mazmorras, a la sazón habilitadas como sala de exposiciones en el Castillo Negro. Se podrán ver igualmente una colección de cordones umbilicales conservados en alcohol. Cada cordón estaba destinado originariamente a ser enterrado bajo los cimientos del nuevo hogar.
Asimismo se exhibe una reproducción de un diente de oro que perteneció al prefecto de Judea, Poncio Pilato y los apuntes al natural del precedente de la famosa batalla de las Termópilas, año 480 a.C.

Inscripción donde aparece el nombre de Poncio Pilato
Arpa de cuerdas rotas
El autor: S%#@
Sinuoso, Oscilante, Balanceante, Deslizante ¡¡¡Abre los Ojos y Exclama!!!! Mi Fragor. Lo vi. Estaba allí. Solo y Desolador como un embrión. Caliente- Frío-Frío- Caliente. Infinito. Cual Desierto

“En el corazón de un escritor hay siempre una astilla de hielo”
Graham Greene
Un monje afable junta sus manos mortecinas
Creo que me equivoqué. Al catedrático de la noche no le salvó la fe, o acaso sí, a posteriori. Lo que digo es que no le acompañó en su viaje por la laguna Estigia, no fue su remo ni farol abriéndole paso entre las tinieblas. En esas horas, rodeado de gatos pardos, cristales y colmillos ensangrentados alguien descorchó la botella con el mensaje. ¿Quien no ha querido cambiar radicalmente de camino al constatar que sabe lo que no quiere?
La fe mueve montañas de cartas y alguna que otra camisa más limpia, a juego con una corbata de esperanza.
Los grajos nugatorios traen copos de noche al día y él, cuando regresaba al amanecer con los sueños dobladitos en el bolsillo, oía su canto. Esa música le hacía un epílogo adecuado a la jornada con sus idas y venidas. Sus picos cargados de nueces (robados en un polvorín de nogales), y de oro el tiempo negro en las alas. Las panaderías estaban abiertas, compraba un pastelito y con el pan debajo del brazo hacía el chiste al recién nacido, aunque todo pareciera normal y la gracia no fuera tal. Cada mañana, al contemplar los trazos de esos pájaros, sus vuelos y desvelos, cerraba los labios con crema-llera esperando la llegada de San Gabriel y el remo de su varita perfumada de azucena.
Así las catedrales de niebla se recuperan y restauran, haciendo de ellas sencillas casitas habitadas de esperanza.
LLERA: Cantizal. Terreno donde hay muchos cantos y guijarros.
La exposición de Pollock la emocionó tanto que, mientras iba de una espléndida pintura a otra, experimentaba hasta cierto punto esa bulliciosa y turgente sensación del apetito carnal. Cuando el teléfono móvil de una mujer sonó de repente mientras el caos del cuadro titulado Número 1ª, 1948 ocupaba con ímpetu el espacio que previamente aquel día (previamente aquel año) no había sido más que su cuerpo, tal fue su enojo que se volvió y exclamó: ¡Quisiera estrangularla, señora!”
“La mancha humana” Philip Roth

1 A, 1948 J. Pollock
Alguna vez reía mi demonio
A Renato la luna llena le inyecta una alegría loca que le eriza el cabello justamente a los quince días de la radiación. Este ciclo y carácter despista un poco pero también hace que los efectos sean más controlados y sus bailes, que se identifican con los de cualquier futbolista que ha metido un gol, en el fondo causan un furor escrotal rebosante de vicio entre los funcionarios.
Ayer, sin ir más lejos, escondió la porra al Makeijan y los alicates al litri. Se colocó en el centro del universo y con los brazos en cruz absorbió consejos y miradas. Se estaba transformando en alguien. Llevaba un tiempo con ardor de estómago y exigía un médico para poder comenzar las cuentas de su rosario cargado de penas y problemas. Los consejos se sucedían, las palabras de los mandos traían consecuencias imprevistas, lo primero es el diálogo. Su movimiento produjo un jaque lleno de gusto y es que el estirar unos ruegos como lonchas de queso fundido en la boca, fácilmente inflan el castillo de aire de cualquier personalidad. Este buen hacer tiene su parte terapéutica y en el fondo no deja de ser la otra cara de la misma moneda, el aceite que engrasa y despierta el orden que siempre reluce por su apariencia.
El final no tiene importancia, como en todo juego lo importante no es el resultado y una vez encontraron en el retrete los objetos se olvidaron de él. Al poco se oyó ese tiro de gas con el que inflan los globos en la feria. En lo alto estaba Renato, sonriendo, seguía con los brazos de genio cruzados, atado por un fino hilo de cordura a la tierra.
“Cumplidos diez años de cárcel por un crímen que no cometí y del cual, pese a todo, nunca me defendí, muerto para la vida y para los sueños: no pudiendo ya esperar nada y no deseando cosa alguna – me dispongo finalmente a hacer mi confesión: es decir, a demostrar mi inocencia.”
“La confesión de Lúcio”, Mario de Sá-Carneiro

Marc Marsso
Gélidos vientos lloran en lo oscuro
Tú haces la realidad y ella te construye para los demás. La óptica de los que te acompañan moldea a ese caballero o siervo loco que vacila, ofusca, amenaza y se siente gobernador de la ínsula Barataria. La prisión no tiene más utilidad que la mística encontrada por cada superviviente, el regocijo del pobre sin familia y la beatificación de los actos impuros en el altar del patio.
El Huracán o el Ciclón, además de ser algunos de los fenómenos con los que la naturaleza gira en grandes círculos y se ventila las casas por dentro y por fuera, también es una vestimenta con la que suelen vestirse toreros, boxeadores o vecinos conflictivos. Con tal sobrenombre se corren, golpean, asolan sus páramos y reflejan al exterior el paisaje que llevan o quisieran llevar dentro.
Fuera de su plaza, del barrio, de la ciudad, pierden la identidad y al dormir entre rejas se les recuerda que, digan lo que digan sobre el astro sol, aquí no es ninguna estrella sino a lo sumo una lámpara halógena que, curiosamente, no necesita filamentos de wolframio.

La octogenaria Agnes Varda vuelve a la Mostra de Venecia fuera de concurso con su documental “Les plages d´Agnès”.
Manoel de Oliveira, también presente y definido como el más joven realizador de la muestra (En diciembre cumple los 100), ha presentado su corto “Do visível ao invisible”
O viajeros del cielo profundo
Hay días en que los rostros a mi alrededor sólo transmiten la hartura más cotidiana en el pergamino de su piel reseca. No lo dicen, se mueven como si estuvieran agachando el lomo bajo asfixiantes invernaderos de productos tóxicos y bacterias alucinógenas. Saben que la vida consiste en eso, sus bodegones se presentan ante un cielo de tormenta al fondo, con algo de bollería industrial en el horizonte más inmediato y unas gotas de mercurio para comprobar el grado de calentamiento del organismo. Estas lágrimas de mercurio, ya se sabe, lo mismo sirven para hacer un barómetro, que envenenan y corrompen las membranas del organismo.
Entonces, si la pesadez de la atmósfera no me puede, invoco a las estrellas, les cojo a todos de la mano y mentalmente les uno en un gran corro como si la orquesta de la verbena concluyese tocando Paquito el Chocolatero. Son cosas de la energía, los chacras y los contactos. Sin darnos cuenta, por el mero hecho de sonreír, transmitimos ondas más intensas que las antenas de telefonía y nuestros hígados, estómagos, páncreas y pulmones vuelven a funcionar en mitad de un sueño agradable.

Premio especial del jurado en Venecia para Teza, del etiope Haile Gerima
Postergar la parte imaginaria que, tambien ella, es susceptible de acción
Anoche conté un sueño a Sir Andrews. Me lo agradeció con unos buenos ronquidos.
Una duquesa de cuento convertida en puta de encuentros imposibles allá en Singapur. Estaba en el hotel Raffles reviviendo tiempos y viajes con las líneas de la mano abiertas de par en par en mitad de un mar rojo. Me había cortado con la cuchilla de afeitar y el primer borbotón me dejó hipnotizado. Un zumbido me alejó de la vida y no sé durante cuanto tiempo estuve tumbado, inconsciente. Adornaban aquellas paredes cuernos de elefante, pieles de hipopótamo, alfombras atigradas, una lámpara robada en la cueva de Lacaux, el pálpito de un erizo dentro de una cajita de marfil. Desperté con el ruido de varias docenas de manzanas cayéndose al suelo por culpa de un vendaval. Me hallaba en un sillón de la cafetería, elegante, aunque para mí, que seguía mirando el discurrir de esas manzanas en la tierra, no decía apenas nada. Las sonrisas de los camareros señoriales, del tamaño de una pepita de melocotón, bajaban impolutas hasta adentrarse en el culo de una pantera negra y duquesa de los siete mares. Estaba sentada frente a mí, solitaria, posaba la taza del café sobre la mesa y aprovechó mis primeros parpadeos para humedecerse el índice de su mano izquierda en la boca. Luego vino un camarero de afilados bigotes con un gran batido a rebosar de espuma. Nunca había probado aquel sabor, tan refrescante y con un punto amargo al final del sorbo que parecía un cebo imposible de abandonar. Le tomé de dos tragos y cuando quise comprobar la dirección de aquel dedo que me había enturbiado nuevamente el pensamiento ella no estaba. En su lugar el camarero retiró el vaso que parecía cubierto por una capa de lascivia y me dejó un sobrecito. Dentro estaba la respuesta, habitación Conrad 119.

Vivir, límite inmenso
“…Atrévete a abandonarte a tu vitalidad y será como si estuvieras en manos de un criminal empedernido. Iré a América y seré la autora de mi vida – dice ella -, me construiré a mí misma fuera de los condicionamientos ortodoxos de mi familia, lucharé contra los condicionamientos, llevaré hasta el límite la subjetividad apasionada, extraeré lo mejor del individualismo…, y en cambio acaba en un drama que escapa a su control. Acaba como la autora de nada. Existe el impulso de dominar esto y aquello, y lo dominado es uno mismo.”
“La mancha humana” Philip Roth

Muro homenaje a las víctimas de Vietnam en Washington D.C.

Di lo que el fuego duda en decir
Fumar es macabro por decreto. No volveré a repetir las condenas y defensas que con tanta inquina han servido de muletas para torearnos en los últimos años.
Existen, no obstante, lugares, celdas y celdillas donde el humo continúa dando señales de resistencia, como si las manadas de búfalos aún trotasen tatuadas en los torsos de la libertad. Esos lugares sacrosantos se convierten en reductos de pluralidad política en países dictatoriales. Allí se juntan mohicanos y jefes indios que aunque colgaron sus penachos aún conservan los títulos y las firmas sagradas de las tierras que vendieron por un plato de lentejas. Con aquel incienso fumigando el presente tan aséptico, las miradas conciben mejor los chistes, se intercambian más plácidamente las pipas y se resuelven las agendas con las que el mundo sigue siendo el mundo, con todos sus defectos, pero también con todos los derechos.

¿Quién descubrió el Polo Norte? ¿Peary? En la foto Matthew Henson
Destino cruelmente irónico
Las escarolas están como carros, las lechugas se suben, los tomates son semáforos que cambian de color. Madre me traducía las palabras de padre. Están bien, todos están bien menos yo que trillo y apaleo garbanzos en la imaginación de padre, la última era del pueblo.
-¿Cómo están las cosas allá, en Colama?
-En qué…en Celama?
-Allá, en pueblo…
-El hijo del Nines se ha casado, mal favor han hecho a la niña postiza, ni arrimaos.
Dicen en las solanas que el Nines fue un rico provisional. Si ahora le pones con el culo pa bajo no caerá ni una perra por más que tires de la corbata como si fuera la cadena del váter de Dios. El Nines reencarnó las parábolas de la Biblia y convirtió en era sus tierras sin necesidad de consejos ni lecturas. Vivió la vida y con el badajo de oro tocó campanas de iglesias y catedrales. No distinguió falda ni movimiento con tal de que no se le apolillara tan buen instrumento ni le entrase reuma en aquella oscuridad. Tampoco miró con quien en el juego pues la delgada línea ahora es una autopista por la que pasea más libre que nunca, siempre un pie a cada lado. Hace ya mucho de esto. Un día dio la vuelta al contador de la luz para que no corriese, y desde entonces, aunque vacío, nunca le faltó ni suerte ni calor.

- El doctor Charles Drew descubrió la manera de impedir que la sangre se coagule para poder almacenarla. Entonces sufrió un accidente de circulación y, como el hospital más cercano no podía aceptar personas de color, murió desangrado.
"La mancha humana" Philip Roth
El frágil menester de amistad
Herbie Hancock feat. Trijntje Oosterhuis - The Man I Love
“Lo insoportable no era la ridícula antipatía que él y Faunia habían provocado, lo insoportable era que, en el metro de la vida, había llegado a los últimos centímetros, y ya era hora de abandonar la brega, prescindir de la refutación, librarse de la escrupulosidad con la que había criado cuatro alegres hijos, persistido en el matrimonio combativo, influido en los colegas recalcitrantes y orientado a los estudiantes mediocres de Athena lo mejor que supo, gracias a una literatura que tenía dos milenios y medio de antigüedad. Había llegado la hora de ceder, de dejar que aquel sencillo deseo fuese su propia orientación, más allá de las acusaciones, más allá de la condena, más allá del juicio ajeno. Se dijo que antes de morir, debía aprender a vivir más allá de la jurisdicción de la culpa irritante, odiosa, estúpida que le achacaban los demás.”
"La mancha humana" Philip Roth
The man i love
Someday he’ll come along, the man I love,
And he’ll be big and strong, the man I love,
And when he comes my way, I’ll do my best to make him stay.
Un dia vendra, el hombre a quien querer
y va ser grande y fuerte, el hombre a quien querer
y cuando venga por mi camino haré todo para que se quede
He’ll look at me and smile, I’ll understand,
And in a little while, he’ll take my hand,
And though it seems absurd,
I know we both won’t say a word.
Me va a mirar y me va a sonreir, yo comprenderé
y dentro de un rato me va tomar la mano
y aunque parezca absurdo
Sé que ninguno de los dos va hablar
Maybe I shall meet him Sunday, maybe Monday, maybe not,
Still I’m sure to meet one day,
Maybe Tuesday will be my good news day!
Posiblemente me lo voy a encontrar el domingo, posiblemente el lunes
posiblemente no
pero estoy segura de encontrarle un dia
a lo me mejor el martes sera el dia de las buenas noticias
He’ll build a little home just meant for two,
From which I’ll never roam, who would? Would you?
And so all else above,
I’m waiting for the man I love.
El va a construir una casita solo para los dos
de la que nunca me marcharé, quien lo haría? Tu lo harías?
y asi estoy esperando al hombre a quien querer
Maybe I shall meet him Sunday, maybe Monday, maybe not,
Still I’m sure to meet one day,
Maybe Tuesday will be my good news day!
He’ll build a home just meant for two,
From which I’ll never roam, who would? Would you?
And so all else above,
I’m waiting for the man I love.
La intensidad es silenciosa
Un padre enseña a pescar a su hijo en el río o sobre un lago helado. Esto de la pesca bajo el hielo se me ha transmitido (puro plagio, calcado de Zuckerman y esa X, firma de analfabeto, en mitad de un folio como imagen de Les pescando en el centro del lago sin nadie más alrededor). Pureza. Paz. El padre explica las técnicas, los recovecos y su filosofía de vida en un entorno privilegiado. Forman parte de ese paisaje y de ese mundo paradisíaco con que el padre muestra al hijo el equilibrio perfecto y arcádico de una mañana en soledad. Pero no hay hijo porque es imaginario. Sólo existe en la cabeza del pescador. Esto y muchas otras cosas.
Me siento como un cazador sin balas. Elegía, el profesor deseo, etc, podrían ser los próximos títulos pero la biblioteca de la prisión está cerrada y no puedo encargar su compra. Debo esperar. Estoy hambriento. Mi ramadán (no olvidemos que se trata de una fiesta para conmemorar la revelación del mensaje del Corán y a la vez es un mes de perdón en el que no se deben tener malos pensamientos) consistiría en algo así. No leer nada desde que sale al sol hasta que se oculta, ni siquiera la mente de mis enemigos. Mi religión también hablaría de sacrificios.
Sólo estábamos despiertos, no hemos actuado
A las pocas personas que guardé cariño y pude acompañar al pie de la tumba levanté un altar de espuma en el mar de los días. Mis palabras se transformaron en la llamada de una caracola que aullaba para despertar recuerdos y verdades piadosas junto a su lecho. Junté mi carne a sus huesos como se juntan los seres queridos que se despiden para siempre tras una larga enfermedad. Con aquello que se vanagloriaban realicé hermosos ramos de virtudes, flores y sabios consejos. Ese era mi homenaje, henchir sus velas, conseguir que el último gramo de conciencia volase tranquilo hacia la otra orilla.

Sófocles
Edipo: ¿Cuál es el rito de la purificación? ¿Cómo ha de hacerse?
Creonte: Por medio del destierro, o resarciendo la sangre vertida con otra sangre...
Sófocles, Edipo rey
Uña que escavas la muralla
El ruso nos ha llamado, el jueves a las once en el patio. La sugerencia llegaba a través del enano que acumula en su giba siglos de tradición y bufonadas de corte. Al enano se le conoce con el nombre de Protocolo puesto que a los planes del ruso les siguen las carreras del enano anunciando las malas, para algunos buenas, nuevas. O sea, siguen el protocolo establecido.
Sir Andrews, Renato, Hassan, Bartok y alguno que otro haremos comitiva estupefacta para escuchar sus propuestas, aunque las decisiones hayan sido tomadas con antelación. Algunas reglas están escritas con sangre pero otras bailan en el aire y cada uno sabe hasta donde puede alcanzar sin hacer mención de pinchos, vidrios o espadas de Damocles.
El Protocolo llegó cuando aún no había digerido los gritos con que me desayuné el día antes. Un niñato ordenaba sus traumas al aire pensando que esto era una guardería y que las nubes avalarían sus buenos estudios y doctorados. Mientras escribo esto pienso que tal vez le haya salvado la vida, mejor quiero decir, aplacé su momento final como se hace con una consulta o una certeza que no se quiere asumir. Me interpuse cuando en la atmósfera se olía el gas de alguna explosión y con unas dulces palabras llené su bañera mental de sales, flores, burbujas y un olé que escupió Renato a su entrepierna. Pero los gritos que se merecía se quedaron removiendo el estómago. De ahí no tardaron en asaltar las enzimas tridimensionales, recorrer venas y fluidos hasta quedarme un agotamiento del que, como digo, aún no me he recuperado. Con esta sutileza gané en eficacia ante un imbécil pues de inmediato se le tragó su celda aunque en mi interior algo se descompuso. Esos gritos se quedaron a vivir dentro, en un chalet adosado y aún no les he expulsado, vía anal, por ejemplo.
Sé que el ruso estuvo en Tasmania y que de sus minas de oro se hizo un anillo y dio otro aire a un paraíso de holdings con base en Luxemburgo. Además, para enderezar el cuello sin necesidad de collarín, se trajo como souvenir un aprendizaje completo del método Alexander. Con él ordeña su espíritu y es capaz de exportar garrafas de integridad sin apenas despeinarse. Trompetistas de jazz, rejoneadores, astronautas de la nasa y hasta nosotros somos los afortunados en paladear las cuajadas que salen de sus entrañas, libres de gritos y versos apolillados.
A fin de cuentas, nos dirá, Alexander ya lo dijo:
“no estás aquí para hacer unos ejercicios, o para aprender a hacer algo correctamente, sino para reconocer el estímulo que hace que te equivoques, y aprender a confrontarlo”

F.M. Alexander
...que todos tus intentos de huída sólo te conducirán de vuelta a tu origen...
“…Piensas como un prisionero. Es cierto, Coleman Brutus. Eres blanco como la nieve y piensas como un esclavo.”
“La mancha humana” Philip Roth

Esta tierra no es sino un voto del espíritu, un antisepulcro.
En las profundidades, asido a un fino hilo que me lanza el cadáver putrefacto de Elias Canetti, “Uno se aproxima a la verdad cuando se aleja de los hombres. La vida cotidiana es un entramado superficial de mentiras”. Dejo la mirada perdida en Hassan que se mueve como si tuviera que recoger un premio capital de provincias o del dolor. Todo su rostro es un ojo de gallo sediento de nitrógeno líquido. Le lanzo la madeja del pensamiento pero no encuentro ninguna respuesta. Sólo lo evidente construido por Canetti y que me rebota como un latigazo cervical. Reacciono tarde y mal pues compruebo cómo me he estrellado contra un muro sin motivo aparente, tan despacio. En este viaje, iba o venía especialmente concentrado y nadie me acompañaba. Independientemente de la compañía sigue siendo lo que denominan accidente in itinere.
![[Saul+Bellow.jpg]](http://2.bp.blogspot.com/_wmn8WjrdQfM/R89pHGJwOPI/AAAAAAAAAw8/32H87PQMOdk/s1600/Saul%2BBellow.jpg)
Saul Bellow
Aquel que canta la canción perdurable demasiado la siente, demasiado...
De una breve introducción a la música en la prisión. El taller musical.
Convertir a través de la canción lo intentó Bob Dylan. Eran tiempos en los que todo el mundo corría como si fueran a llegar tarde a su destino. Jimy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Grateful Dead, etc. Bruce Springsteen también había nacido para correr y Fela Kuti, con su harén de panteras negras, cantó bajo una lluvia de balas las torturas del gobierno.
Buddy Holly se cayó del avión. David Bowie paladeó su Starman frente a las máscaras y Lou Reed ensució las nubes con la belleza del Berlín.
Luego vinieron los punkis que, además, tenían fe en la nada pero no eran nihilistas y sólo con fe no se puede arreglar el mundo. Hacían rosarios con eructos, era su manera de rezar y sentirse ateos. De repente a los que sobrevivieron una nube tóxica de certeza les embruteció el pensamiento que era una habitación vacía, sin muebles ni ventanas. Un lugar como cualquier otro para empezar. Conectaron los aparatos electrónicos simultáneamente y se encendió toda la mediocridad programada genéticamente a través de generaciones.
Ahora no se busca la conversión sino la reconversión, que tan mala sombra da en épocas de crisis. Menos que nunca nada permanece y los versos de Pedro Casariego sirven a Bumbury para sembrar la polémica: “Un buen poema quizás sea el lado valiente de un cobarde..”
Si es plagio o no lo es que diriman los tribunales, dicen los hijos de esta época (¿las musicólogas harán su peritaje?) pues nadie quiere perder el tiempo en otros caminos, éticas o morales.
Realmente toda la vida es plagio y la vida que llevamos incluso puede que no sea la nuestra, sino la de otros que no somos nosotros.
“¡Pero no se vaya a pretender que soy yo! ¡Vamos! Todo es falso aquí. Cuando me hayan devuelto mi casa y mi vida, entonces encontraré mi verdadero rostro.”
“Rayuela” Cortázar
Esto conmueve el pecho del extraño. Oh, signos y estrellas.
He preguntado al señor Julián, entrañable camarada con el que comparto los silencios más cercanos a las siestas fáunicas de las tardes, por su salud y aquella idea del panóptico con el que un día nos desplazamos sin movernos un centímetro de la Modelo de Madrid a la de Carabanchel.
Sabía que a su hermano le faltaba un brazo y que no era nada cervantina tal ausencia. Aquel hermano, con rostro enfurecido desde las seis de la mañana, guardaba el pañuelo en el bolsillo del pantalón y la manga sobrante en el de la chaqueta. No había problema por lo que pudiera sacar de allí.
En parte mis pensamientos son como esa manga inútil, no mantienen nada debajo o al menos así me lo quieren hacer creer. O puede que todas mis ideas residan en el cuerpo de esa manga y que sólo existan para mí, en la imaginación. Un accidente, la guerra o ambos hechos no sólo habían segado el miembro sino también retratado un rostro duro y violento.
Si hablo de él debería hacerlo en pasado porque el señor Julián ha respondido a mi saludo con un se ha muerto esta mañana y ahora era algo más que el brazo. Como si la amputación hubiera vuelto a por el resto del cuerpo y el señor Julián dejándose envolver por la manga vacía ni si quiera me ha mirado.
El sábado mi padre cumple años y su hermano alcanzaría los noventa y uno. El señor Julián podría seguir felicitandole dando su mano al aire, como venía haciendo desde hace años, y recibiendo el saludo fantasma de la nada saliendo de la manga de Dios.
Nadie se ha conmovido por este fin de periplo y los últimos milímetros de la soledad se han desnudado ante sus ojos.

Kehinde Wiley
Con muertas figuras de héroes
Como preámbulo a los ciclos de cine invernales nos han traído a la prisión la primera parte del Che de Soderberg. Algo más de dos horas ha provocado un goteo continuo de paseos prostáticos por el pasillo de la sala. Pero esto son cosas de la edad y del sexo imaginario en algunos casos, porque en la revolución no hay tiempo para tales menesteres.
Las nuevas cámaras RED, Benicio del Toro, los diarios del Che, imágenes en blanco y negro de la época, rebeldes fumando puros con las barbas de la revolución sin remojar. Antes, eso sí, una dieta de adelgazamiento para que los actores pudieran brincar ligeros por Sierra Maestra. Pero la pérdida de carnes convirtió en volátil la psique de los protagonistas, nuevamente abandonada a la aventura y sin ningún recoveco ni complejidad. Sólo, que no es poco, el ansia por la libertad y, en el recuerdo, José Martí. Demasiado humanos, PURO entretenimiento.
No importa. Para Sir Andrews el problema se ha presentado cuando el Che saca una luger P-08, más conocida como parabellum (sivis pacem para bellum) modelo 1908 que no se corresponde con la funda. Ésta, sin lugar a dudas pertenece a una colt 45, modelo gobernment 1911.
A escasos centímetros su cartuchera dental brillaba en la celda. Desde la oscuridad sus rodillas crujían como viejos cargadores. Ya sabía el final: Dios creó a los hombres, Sam Colt los hizo iguales.
…Si me pedís un símbolo del mundo
En estos tiempos, vedlo: un ala rota.
Se labra mucho el oro, el alma apenas
Ved cómo sufro: vive el alma mía
Cual cierva en una cueva acorralada:
¡Oh, no está bien:
me vengaré, llorando!
“A los espacios” José Martí

Benicio del Toro
...abrid los escotillones para que vea bajo la luna/las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
Hemos acudido a la cita con el ruso como no podía ser de otra manera. La corrección consiste sobre todo en eso, no tener elección. El ruso fue el último en pasar por el arco de mis cejas. Enrosqué las manos frotantes y como en la canción de misa canté al interior:
Señor me has mirado a los ojos,
sonriendo ha dicho mi nombre
en la arena he dejado mi barca
junto a ti buscaré otro mar
Alexander fue un gran tipo, nos dijo serio y condescendiente. Su adjunto estiró los labios, parpadeó y caricaturizó la amabilidad que corresponde a una labor envuelta en papel de regalo. Influido por extraños designios y presagios el ruso se había transformado en el gran visir Iznogoud. Por temor a confirmar algunas de sus peores pesadillas, con presteza quiso reconocer la valía de aquel destacamento que formábamos los más olvidados y alejados de su mundo. Pronto demostró que ni él sabía exactamente lo que hacíamos en aquel lugar. Éramos presos, como todos, y le gustaría hacernos una prueba de estrés. Dijo esto y a continuación guardó silencio para que las miradas se cruzasen en una pista de autos de choque. Era su estrategia para poner en funcionamiento ese pesimismo capaz de hundirnos en el río de la realidad que no cesa. ¿Qué nos esperaba? Mencionó la palabra cariño, pero mi mente no pudo aprehender el sentido de la frase. Volvió a mencionar a Alexander.
Todo era más fácil. Quería comprobar el nivel de cortisol en saliva y sin mediar palabra el adjunto nos tomó las muestras pertinentes. Lo mismo le hubiésemos dejado coger muestras de semen o heces, todos conocemos los códigos y las reglas. Después, juntos en la distancia, como una gran familia, nos despidió con los tradicionales besos mafiosos en la mejilla.
Damien Hirst

como tú, piedra aventurera...
En la gran cazuela todos los humanos al rojo vivo. Los que roban un Goya o los que se hacen con la huella dactilar de José Cosme. A la vejez viruelas, sordera y chochez. También cultivar geranios, responsos, pagar los impuestos para sostener a los cacos que no se saben mantener.

"Tristes presentimientos de lo que va a acontecer", grabado de Goya perteneciente a los desastres de la guerra, recientemente robado en una galería de Bogotá

Miro "Clau 6"
Yo sólo quiero pintar los suelos de las calles, las paredes, los techos, las pieles de los que miran. Llenar el asfalto de tomates, lechugas, berzas y zanahorias. Para que rápidamente me lo roben todo, me lo pisen como si fuera la piedra de León Felipe, así es mi vida, piedra, como tú. Como tú, piedra pequeña…
Pinturas de guerra en las estaciones, de paz en las mezquitas, en el suelo dibujaré las vías de un tren muy lento, a vapor. Dentro irán mis antepasados.
Mi consuelo es poco en este hogar donde los sueños, parece mentira, siguen facturándose en color. De momento me limito, cuando la fiesta enciende mis vísceras, a proyectar en las paredes de la celda los jardines colgantes de Babilonia, parece mentira.
Elegy-Elegía-Everyman
“… ¿Cuánto tiempo puedes pasar contemplando el océano, aunque sea el océano que amas desde tu infancia? ¿Durante cuánto tiempo podía mirar el subir y bajar de la marea sin recordar, como le sucedería a cualquiera que se sumiera en una ensoñación ante el mar, que la vida le había sido dada, como a todo el mundo, al azar, de una manera fortuita, pero una sola vez y sin ninguna razón conocida o conocible? …”
“Elegía” Philip Roth

Hay una luz barrida por el viento
Ante el psiquiatra de la prisión.
-Empiece por el principio.
-Bien, creía que no había prisiones…
-No. Antes, mucho antes.
-Bien…:
Mis abuelos, durante el verano y en mitad de la tarde sacaban dos sillas de paja a la esquina donde empezaba su calle. La calle, no hace falta decirlo, era de tierra y las hormigas llevaban un aire de torero en plaza resultante de sus amoríos bajo las piedras. En la silla de la abuela nos estirábamos 101 nietos sin molestarnos lo más mínimo. Unos ya habíamos nacido, otros vivían en las estrellas y hacia ellas dirigía la mirada al caer la noche. Allí, a la sombra de un olmo, los abuelos veían la vida pasar. Ella de negro, con el pelo y los años recogidos en un moño plateado, podía ver lo que ocurría a kilómetros de distancia, quién estaba arando en ese preciso instante o lo granado de los trigos más allá de la raya. Esto no era nada pues cuando el abuelo aguzaba la vista y hacía bisera con su mano sobre las cejas alcanzaba lo imposible, tras las cortinas de sangre en el horizonte, veía a Dios en un tractor. Un día me dijo que podía ver a los brahmanes de la india consultando los oráculos.
Ahora ya no queda árbol, ni sombra ni tierra y los abuelos son poco más que pulgón en el árbol genealógico. Una lengua de cemento adecenta los pasos a los escasos vecinos que siguen mirando hacia donde ellos miraban, colocando las manos en la misma posición.
Un contenedor de basura de la mancomunidad ocupa aquella esquina en la que nadie se para a charlar mientras la vida, igualmente, sigue pasando sin que nadie la vea, tan deprisa, tan callando.

Kurt Wenner
Grande es la culpa del nacido
Sonreímos y cantamos. Bartok ha dejado el alcohol. Hacía varios días que no podía dormir y su cuerpo no aguantaba más. También ha suprimido el café y todo tipo de estimulantes que ayudaban a soportar los malos y buenos momentos.
No he abierto la boca, me he dedicado a mirar con los ojos de pez las gotas, el azúcar o las migas. Como en tantas ocasiones, nacían y desembocaban en lugares comunes, barnizados de saliva. Eso sí, he empezado a escribir en el mantel ocurrencias, versos que rimaban con momentos de la conversación.
Por ejemplo he escrito: es trágico el sueño de los niños que no recuerdan lo que soñaron. Pero no tiene porque ser tan pretencioso, por ejemplo, al hilo de alguien que dijo joder patán pásame un cigarrín, he escrito lector del Corán, saltador de trampolín.
Ni el paso del tiempo, como tema, parecía trascendental en la sobremesa. Muñecos que asumimos el destino y conocimos dramas horrendos escuchábamos el pálpito del corazón. Cada uno el suyo. No debe ser tan complicado comprender que mañana ya no estaremos aquí o que los sueños duermen con nosotros. Coleman Silk, Moses Herzog y tantos otros llevaron una vida asumida por la sociedad y por ellos mismos casi hasta el final. Pero eso tiene un precio, dejar de ser uno mismo tiene un precio. Lector del Corán, saltador de trampolín.

Julian Beever
me hace soñar crepúsculos lunares
“… Algunas personas muy respetadas de su generación están convirtiéndose en peligrosos lunáticos. Piénsese, por ejemplo, en el mariscal de Campo Haig. Ahogó a cientos de miles de hombres en los lodazales de Flandes. Lloyd George se vio forzado a aprobar esa barbaridad porque Haig era un líder importante y respetado. A gente así se le tiene que dejar hacer, simplemente. Lo paradójico es que a un hombre que utiliza la heroína puede caerle una condena de veinte años por lo que se hace a sí mismo… Ya entenderán lo que quiero decir…”
“Herzog” Saul Bellow

Julian Beever
Yefim Bronfman
“… Entonces aparece Bronfman. ¡Bronfman el brontosaurio! ¡El señor Fortissimo! Llega Bronfman para interpretar a Prokofiev con tal ritmo y alarde que noquea mi morbidez y la arroja fuera del cuadrilátero. Tiene un torso macizo, es una fuerza de la naturaleza camuflada en una sudadera, alguien que ha entrado en el Cobertizo Musical al salir de un circo donde es el forzudo y que se sienta ante el piano como si fuese un desafío ridículo a la fuerza gargantuesca con la que se recrea. Yefim Bronfman no parece tanto la persona que va a tocar el piano como el operario de mudanzas que va a llevárselo. Yo nunca había visto a nadie tocar el piano como lo hace este judío ruso sin afeitar, bajo y robusto, como un tonel. Cuando terminó, pensé que deberían tirar el piano, pues lo machaca, no le permite ocultar nada. Todo lo que contiene el instrumento sale afuera, y sale con las manos en alto. Y cuando lo ha hecho, cuando todo ha salido, hasta la última pulsación, el pianista se levanta y se va, dejando atrás nuestra redención. Tras un garboso ademán, se marcha de repente, y aunque se lleva contigo todo su fuego, una fuerza no inferior a la de Prometeo, ahora nuestras vidas parecen inextinguibles. Nadie se está muriendo, nadie..., ¡no si Bronfman tiene algo que decir al respecto!...”
“La mancha humana” Philip Roth
Rachmaninoff Piano Concerto No 3 part 3 - Yefim Bronfman
Un tiempo sin conciencia
Algo de ermitaño soy pero no lo soy, furibundo desertor de las costumbres heredadas. Levanto mi columna de estilita y me dejo estar entre los vivos. El paso del tiempo construye barrotes y del aire que iba pasando entre los hierros apenas queda el vaho y la halitosis del ogro que se come los días.
Respiro los pesares que construyen impresiones y abstracciones. Respiro ese hollín que resulta de sacudirse la badana el mismo ogro cuando eructa del empacho.
Sólo un beso me resucitará.
El señor Moses Herzog recomienda a su amigo y zoólogo Lucas Asphalter que se haga la prueba de la tuberculina porque intentó resucitar a su mono Roco, muerto por tuberculosis, con un beso en la boca. Mejor éxito tuvo Johannes que hace lo propio con su cuñada en Ordet, de Dreyer y en Luz Silenciosa, de Reygadas, la amante sufrida y culpable resucita a la esposa herida y doliente con el mismo método. No es el beso lo que resucita sino el amor por medio del beso, la mordida, que también puede matar. La amante ama, sufre y tras la muerte de aquella mujer casada que le arrebata su pasión, responde ofreciendo amor ilimitado.
Esto hace que la cumbre del amor se llene con el milagro y la renuncia. El reloj de la casa se ha puesto nuevamente a andar y el ogro vuelve a tener hambre.
…A donde iran los besos que guardamos, que no damos
donde se va ese abrazo si no llegas nunca a darlo
donde iran tantas cosas que juramos un verano
bailando con la orquesta prometimos no olvidarnos…
“A dónde irán los besos” Victor Manuel

El sueño quiere el cumplimiento del deseo
El libro de los Muertos es un gran best seller fabricado por los vivos en una cosecha necrófila realizada con premeditación y nocturnidad.
Los textos que le componen acompañaban a los sarcófagos egipcios con la sana intención de crear lectores entre las momias, algo que se dejó de hacer y que influyó, sin duda, en las estadísticas de la época.
En el hechizo 23 se puede leer el ritual “apertura de boca” con el que la momia volvería a la vida tras la muerte. Una historia que empezó con Horus reanimando a su padre Osiris.
El amor es la relación si piedad. Nada lo satisface. No puede esperar paz alguna… Y nada nuevo nos descubre Pascal Quignard, tan sólo alimenta el desasosiego de la verdad. Ese amor resucita a un muerto y utiliza, entre otras armas, la apertura de boca. Horus con cabeza de halcón se abalanza sobre la momia de Osiris, rey de los muertos.
Las normas y tradiciones impiden que momias y zombis bailen libremente al son de Michael Jackson. En el cielo, afortunadamente, sobrevuelan los halcones, muchos de ellos peregrinos.
Y ya sabemos que es fácil seguir durmiendo en los sarcófagos sin abrir los ojos, aunque el vampiro del tiempo, sin compasión, nos deleite con su cantata y próxima fuga final.

D.F. Wallace
“…La ausencia de puerta en el despacho de Mami significa que es indiferente estar dentro o fuera para poder escuchar lo que allí se está cocinando. Después de haber vivido tan sola en su infancia, ella tiene poco sentido de la intimidad o de los límites espaciales. Lateral Alice Moore viste una especie de combinación surrealista de Lycra Spandex negra y de vaporoso tul verde. Los auriculares portátiles y etéreo que porta –mientras teclea lo que parecen ser las respuestas en macro para las más de ochenta invitaciones del torneo WhataBurger de la semana próxima- son de un azul pastel.. Su mecanografía está claramente en consonancia con el compás de una canción. Sus labios y los hoyuelos de sus mejillas son del vago azul verdoso de la cianosis.”
“La broma infinita” David Foster Wallace.
P.D. Cianosis: coloración azul y alguna vez negruzca o lívida de la piel, debida a trastornos circulatorios.
Sus libros recibirán el impulso proporcional al hecho de su ahorcamiento el pasado viernes 12 de Septiembre.
¡Ojalá pueda Ptah abrir mi boca! ¡Ojalá pueda el dios de mi ciudad desatar las vendillas que me cubren el rostro!...
Del sortilegio 23
Vi el reverso del aire
Evidentemente no todo beso resucita ni todo resucitado lo es por ósculo santo. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo (Romanos 16.16). Judas también besó y el ruso lleva tal costumbre en su mirada perversa de astracán. Por eso, en el fondo de este mundo que nos tocado en suerte sobrevivir, sus obras no dejan de ser astracanadas que triunfan dentro y fuera de la prisión. Como la de tantos soberanos o poderosos.
La sensación de estar muerto surge cuando se despierta, al igual que la de estar dormido. En mi caso es una intermitencia, un pálpito que se declara ahora sí ahora no, confirmando lo que todo médico sabe: se ausculta mejor en silencio o diciendo treinta y tres. Sólo soy a ratos dijo el poeta y se retumba en el fonendoscopio del facultativo, sólo soy a ratos...
La muerte es la ausencia y la presencia en los demás que pronto desaparecerán. La inmortalidad, al igual que la fama, es un accidente.
El brazo del hermano del señor Julián sólo estaba presente en los ojos imposibles de las memorias más antiguas. El último pulso, con brazo o sin brazo, siempre se pierde. A pesar de eso, plagio a Vila Matas y digo que soy optimista, aunque todo acaba mal.
Los inuit dan al primer nacido el nombre del difunto predecesor. De esta manera el nombre nunca desaparece, que es una manera de estar eternamente, renovado, ilusionado y calentado globalmente. Su beso siempre es con la nariz.

Jorge Oteiza "Construcción vacía"
Sea como fuere siempre viajábamos por parajes nuestros
Siguiendo con mis intermitencias y respiraciones no puedo sino abrir la boca al yo soy otro que dijera Rimbaud. Se trata de unos primeros auxilios con la belleza huyendo de mis rodillas… y la encontré amarga también, tanto como en una temporada en el infierno.
Esta mañana, de repente, sufrimos los efectos de una fumigación invisible. Ha sido como una gripe extendiéndose telepáticamente. Una cabeza lo transmitía a otra y los que estábamos en el comedor nos sentimos abrumados por el vacío, el sueño y la desgana. Queríamos salir de allí. Los ojos estaban tristes y nadie se salvaba de esa sensación dolorida que embadurnaba la atmósfera. Evidentemente este no es un lugar para levantar el ánimo, aunque en ocasiones, hacemos solitarios que invitan a la fuga o construimos castillos en el aire.
Yo no hago castillos sino cabañas.
Wittgenstein construyó la suya en Noruega (Esto no le impediría alistarse con el ejército austriaco, caer prisionero y continuar con sus reflexiones). Thoreau se trasladó a otra en Walden Pond y Heidegger se puso manos a la obra para levantar la propia y respirar en comunión con los dictados de la naturaleza. Todas ellas se caracterizaban por la austeridad y su atmósfera monástica. Ellos rechazaban cualquier comodidad superflua para encontrarse con su pensamiento, alimentarle y dejarle crecer lo más libre posible como parte del orden en el cosmos.
Gaston Bachelard apuntó que la cabaña no puede recibir ninguna riqueza del mundo y que tenía la felicidad intensa de pobreza.
”Sabes lo que has de hacer para vivir feliz, ¿por qué no lo haces? Porque eres irrazonable. Una vida mala es una vida irrazonable. Lo que importa es no enfadarse.”
Ludwig Wittgenstein

Cabaña de Heidegger
Toma este vals con la boca cerrada
Al Ducatti le levantan las pesadillas muy al alba, al alba, al alba…los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas...compuso Aute en el setenta y cinco.
En la última, su amigo Lauro había sido trasladado al campo de concentración de Miranda de Ebro. Un fatídico lugar que en diez años condimentó una empanada de terror, tifus, tuberculosis, disentería, hambre y frío.
El Ducatti había juntado en el sueño pasado y presente fabricando una nueva realidad, soñada.

El domingo tuvo lugar un motín en el penal de La Mesa, en Tijuana. La foto corresponde al de ayer miércoles 17-9-2008, segunda revuelta en 72 horas.
Fotografía del informador.com.mx
Pero me llamo hombre
Resumen de las andanzas: Vivo en mitad de un examen de matemáticas, soy un número que se mueve y se borra en el cuaderno de un colegial. El niño mezcla las cosas y me confunde pues estoy donde no debería, resultado de no sé qué operaciones. No puedo dar abasto. Por todos los lados expiran los pájaros y las langostas se abren de pinzas para alcanzar un trozo de cielo. Así están los márgenes dibujados junto con algún que otro tachón. Es cómodo y frustrante alojarse en la izquierda del cero, perno el niño no me concede el deseo.
Las cabezas de los que enseñan, programadas por el espanto y la desolación que se esconde tras las bambalinas, explotan e irradian su energía más negativa a su hora exacta. Alrededor apenas nada puede satisfacer tanta mente magullada.
Hay gente que actúa como si los sentimientos se hubieran caído de este mundo en los albores de la humanidad, junto con los dientes de leche y las primeras babas inocentes. El fuerte cada vez es más fuerte y el débil coloca farolas, asfalta y adecenta su paso hacia el otro lado del espejo.
¡´=´¡
Escribo repetidas veces los versos en la pizarra sangrienta. Es un excelente castigo copiar mil veces:
Dormía como mojada de amores
Amaba como anegada de sueños
Mas nunca despertó.
Anónimo castellano (S. XIV)

Axel Hütte
Prepara tu esqueleto para el aire
El capellán me aburre, es como si cogiera un micrófono e imitara a Marvin Gaye. Empieza a moverse con arrobamiento, suda y ofrece el sermón:
Todos los rostros populares se me hacen impopulares, da igual el gremio al que pertenezcan. El mérito de que un rostro no aparezca en ningún medio es algo de por sí loable y meritorio. La foto roba la esencia, sí, tenían razón aquellos salvajes, la fotografía robaba el alma o la voluntad que pasa a ser de los otros, periodistas o público en general.
El poder de la imagen no tiene límites, gracias a ella es más fácil soportar la mentira, manipular, identificar al culpable pillado in fraganti. Ante la imagen nadie puede dudar. Por eso sellamos nuestra presencia en cada excursión con la foto de marras. Los aburridos son los que más fotos disparan porque no saben estar sin hacer nada y les angustia no poder demostrar que ellos estuvieron donde dicen que han estado. Saben que nada les va a quedar dentro tras el viaje, excepto ese imagen con la cumbre o la estatua a sus espaldas.
El lujo y la verdad, de residir en mayores proporciones, lo hacen en el anonimato. La imagen que se nos presenta sólo secciona y distorsiona, el titular entinta y ensucia el cuerpo de la materia. El medio presenta sus ganchos que previamente han sido o están siendo sobados bajo un aire de coartadas estéticas, morbosas y libidinosas. No me creo ni los resultados de los partidos de fútbol que anuncian al final de la jornada. Esa es la clave para entender estos tiempos, nada es lo que parece porque además, todo se juzga en la balanza errática de lo dual, éxito-fracaso, bueno-malo, resultados óptimos-pésimos en un gráfico de colores, números y previsiones.
La verdad reside en lo desconocido, como los misterios o las cosas del amor y la muerte.
Bajo las opiniones que se hacen públicas se esconden las verdaderas razones imposibles de ofrecer por su complejidad o suciedad. El pensamiento del común, sin embargo, no está dispuesto a dar ningún plazo, necesita respuestas y justicias inmediatas. Su razón es una nube negra, enferma, necesitada de cariño y psiquiatras.
Incluso en la literatura, mirad, con los libros pasa lo mismo. La única referencia posible son los clásicos. Huid de lo actual, rentabilizaréis el tiempo ¿se dice así no? ¿Qué vais a encontrar? uno, dos escritores medianamente interesantes o que cuenten lo que vosotros ya sabéis y que por eso, necios narcisistas, os creáis más guapos y listos. ¿Estáis dispuestos a seguir su rastro porque consideráis que todo lo que hagan van a ser obras maestras? No seáis ilusos, otra mentira más. Cuántas más veces veáis su rostro en los medios más mentira ves. ¿No entendéis que el trabajo es incompatible con el espectáculo a no ser que seas alguien que viva de ello? Leed a los muertos. Leed en sus vísceras. Leed en lo fugitivo, lo efímero. Nada permanece, no juzguéis.
No somos sino aquello que miramos
En la prisión nos entran las noticias tarde. Entran y se quedan alojadas, como casi siempre, sin tener en cuenta el momento ni el lugar. Pensaba en la necesidad de la música para enmarcar los días y los pensamientos en la memoria. Ponía letras, bandas sonoras a determinados instantes, colocaba las canciones que compondrían el álbum de mi vida. Bartok hacia la pamema habitual arrastrando la alfombrilla sobre la que rezaba Hassan sin que éste se inmutase. El uno rezaba y el otro trillaba los rezos para divertirse. Sabes, me dijo Bartok, este verano murió Johnny Griffin, el saxofonista más rápido del mundo. Empezó en Harlem y terminó en un castillo de Poitiers, ni chozas ni cabañas de esas que dices tan utópicas y filosóficas. Peer Wyboris, el batería de Tete, también nos ha dejado. Ahí tienes, camino de Africa se quedó acompañando en la sombra al bueno del Tete. Siempre me ha hipnotizado la música de ese ciego. Mejor dicho, la música de todo ciego. Tete siguió los pasos de Art Tatum, otro ciego memorable. ¿Puedes distinguir la música compuesta por un ciego? Me preguntó y siguió sin esperar respuesta.
No supe que responder, tal vez en mi banda sonora el ciego sea yo.
![[art+tatum++12-15-2006+9-03-14+PM.jpg]](http://4.bp.blogspot.com/_Bmqw646nwsE/Reri-7awirI/AAAAAAAAAX0/NiZ_TJF1orM/s1600/art%2Btatum%2B%2B12-15-2006%2B9-03-14%2BPM.jpg)
Art Tatum

Tete Montoliu
La mutación es mi desasosiego
Van Morrison
A propósito del sermón capellanesco del post, J.C. Oates, en una entrevista que publicó ayer el ABCDe las letras dice:
…Hay elementos de invisibilidad en todos los escritores y artistas, hombres o mujeres. Cuanto más activamente visible es un escritor –como Hemingway, Mailer y en la actualidad Rushdie- es más difícil mantener un arte propio e íntegro. Annie Proulx se ha referido a su deseo de estar al margen de las cosas, no en el centro de los acontecimientos. Me siento de igual modo, y mucho más cómoda como observadora que como participante…
De su escritorio cuelga la siguiente cita de Henry James:
“Trabajamos en la oscuridad, hacemos lo posible: damos lo que podemos dar. Nuestras dudas son nuestra pasión y nuestra pasión es nuestro empeño. Lo demás es la locura del arte”
Un hombre gris avanza por la calle de niebla
Sir Andrews ha planteado la posibilidad de la fuga. No sabemos cómo es el mundo exterior y apenas conocemos algo del interior. Tampoco es que aspiremos a encontrar alguna respuesta que beatifique nuestras dudas ni sorprendernos más de lo necesario. Sabemos que las respuestas germinan en el bosque de luto existente bajo la epidermis.
Cabría la posibilidad de ausentarnos durante unos días sin que nadie se de cuenta, me ha susurrado. Durante estos días ha pisado el acelerador de la comunicación con la trabajadora social, que es cuñada de una amiga que conoce a la vecina de la auxiliar de enfermería y voluntaria de prisiones con la que se casó Andrés Rabadán, el asesino-parricida de la ballesta, marca Star FIRE II. De un flechazo el discípulo de Guillermo Tell reventó la cabeza a su padre, sobre la que no había manzana alguna, y le remató con un par a modo de banderillas para que no sufriese.
Podríamos visitar la enfermería con la aquiescencia de esta trabajadora que, además, subrayaría en el informe la dolencia cósmica (me duele España decía Unamuno) y la fobia social típica de un largo aislamiento. Allí, plagiaríamos al hombre invisible de James Whale. Cubiertos de vendas, no dejaríamos fisuras por donde pudiera penetrar el hálito de un matasanos. Ella, la propia trabajadora, se encargaría de encontrar dos voluntarios eventuales que hiciesen de enfermos por un módico precio. Las fechas serían muy concretas y dependerían de las vacaciones de varios funcionarios.
No se trata de una película. Nuestra gratísima trabajadora, bajo la influencia y el sopor de varias conversaciones con su cuñada en una terraza de verano y tras subrayar un par de libros de Paulo Coelho y otro de Jorge Bucay, aspira a una santidad irredenta que empequeñecería a la mismísima madre Teresa de Calcuta. No sé el nombre de esta mujer pero es conocida entre los mortales como la reina del grito, por vestir y aullar como Hazel Court, la actriz británica que protagonizó maravillosas películas de terror con Boris Karloff, Christopher Lee, Vicent Price o Roger Corman entre otros.
Se trataría de una fuga con billete de vuelta y esto, aunque puede fortalecer los huesos y la mente, me causa pesar, sin pensar en los riesgos.

Rodrigo Folgueira
Mata la luz, y a la cama
-Dijiste que tenías que aprender a administrar el dinero. Nadie se ha fiado nunca de ti. Bien, ahora tienes la confianza de alguien, y hay cheques in fondos. Acaban de llamar de la tienda de ropa Milly Crozier. Quinientos dólares en un traje de recién nacido. Pero ¿quién va a nacer, Luis XIV?
-Sí, ya sé, tu querida mamá os ponía sacos de harina.
-No te hace ninguna falta un obstetra de Park Avenue. Phoebe Gersbach dio a luz en el hospital de Pittsfield. ¿Cómo voy a llevarte a Nueva York desde aquí? Tardaremos tres horas y media.
-Nos iremos diez días antes.
-¿Y todo este trabajo?
-Puedes llevar a tu Hegel a la ciudad. Y tampoco es que hayas acabado de leer ningún libro desde hace meses. Todo esto no es más que un caos neurótico. Estos montones de notas. Es grotesco lo desorganizado que llegas a ser. No eres mejor que cualquier otro adicto, pero tú estás enfermo de abstracciones. Además, malditos sean Hegel y esta vieja casucha asquerosa. Necesita cuatro sirvientes, y tú quieres que yo me encargue de todo el trabajo…
“Herzog” Saul Bellow

Saul Bellow
En vano intento reencontrarme
…Cuando el pecho de un hombre se siente como una jaula de la que todos los pájaros oscuros han volado, es libre, es ligero. Pero anhela que vuelvan sus buitres. Quiere sus peleas de costumbre, sus tareas anónimas y huecas, su rabia, sus penas y sus pecados. En ese salón de lujo oriental, mientras hacía una búsqueda ateniéndose a principios –principios, quién lo diría- del placer que da la vida y resolvía para Moses E. Herzog el enigma del cuerpo (curándose del trastorno fatal de la mundanidad, que rechaza la felicidad mundana, esa plaga occidental, esa lepra mental), parecía haber encontrado su objetivo. Pero con frecuencia se sentaba malhumorado, deprimido, en el sillón Morris. ¡Maldita sea esa tristeza! Pero a ella le gustaba incluso eso. Me veía con los ojos del amor y decía: “Ah! T´es mélancolique, c´est très beau!”. Era posible que la culpabilidad y la tristeza me dieran un aspecto oriental. Una mirada enfadada, malhumorada, un labio superior largo. Para ella era beau. Y no es raro que pensase que a lo mejor yo era comunista. El mundo debería amar a los amantes, pero no a los teóricos. ¡Nunca a los teóricos!
“Herzog” Saul Bellow

Los espacios contiguos ¿cómo podré habitarlos?
…Cuando el pecho de un hombre se siente como una jaula de la que todos los pájaros oscuros han volado, es libre, es ligero. Pero anhela que vuelvan sus buitres… Era posible que la culpabilidad y la tristeza me dieran un aspecto oriental…
“Herzog” Saul Bellow
Hoy sólo he pensado en la fuga a través del acelerador de partículas pero se ha averiado, dicen, que por culpa de dos imanes y una conexión eléctrica. Tal como suena son cosas del colegio, primeros cursos con alambres, enchufes, una bombilla y patatas unidas por un cable. Las manos se me pusieron en la cabeza como si de esta manera pudiera recobrar la corriente perdida. Renato mantuvo la calma y sujetó mi mente con sus párpados de caballo ventilando la sala. Quedé a un lado, pensativo, con un cierto aspecto oriental, esperando que uno de mis buitres se posara a comer de mi pecho las chispas de aquella interferencia. Fue la llegada de un hondo pesar ante algo que salía mal, una premonición que aterrizaba sin motivo ninguno. Dando bandazos la mente consiguió seguir el vuelo a la velocidad de la luz, casi tan libre como el rinoceronte que se pierde imaginando su apareamiento y embestida a un hermoso hámster de angora.
Alrededor sucedían cosas y desde mi asiento saludaba en el trono de una máquina del tiempo. Veía a un jugador de Eritrea pidiendo asilo político en Angola con un telegrama del Real Madrid en las manos que, ojo avizor, hacía de su fichaje una imperiosa necesidad mundial. Pero acababa en el taller de alfabetización de la prisión. Las imágenes eran borrosas por la velocidad que me hacía sentir como un chino tirado en un fumadero de opio en el Shangai de principios del veinte, mascando el viaje de ida hacia ninguna parte. Renato me acompañó a la celda sin pronunciar una palabra.

La violencia puede tener un componente ritual
Renato salta a la comba invisible que forma con su sonrisa y regatea cualquier estorbo sin salir de la baldosa. El Maras y Yusuf dicen que no pueden más, que su cruz pesa demasiado y que a nadie le importa lo que soporten bajo el peso de su ley. Renato no deja de saltar mientras escucha y en la comida explica a Bartok lo importante que sería una terapia donde la burla estuviese prohibida. Luego Bartok habla con el ruso y pide un poco de sexo para el Maras, para que se calle y en el siguiente vis a vis relaje su cruz dentro de la oscura humedad de una batidora garantizada por esa marca soviética, que igualmente, devuelve su dinero si no queda satisfecho. Así se arreglan las cosas para ir tirando, porque hay cosas que no tienen arreglo.
lg.jpg)
J. C. Oates
Cómplice de sí mismo, el que se mira inculpa a quien lo observa
Hay pensamientos, obras, hazañas que pasan por ser supuestamente inteligentes. Los actos o ideas perpetrados vienen envueltos por una jaula con barrotes de cristal de bohemia, ocupando el centro un limón que canta por soleares. El autor y su breviario ideológico caben en el envoltorio de un sugus o en una lágrima que cae en la arena, pasando entonces de soleares a la rumba bailada por Manolo Escobar, y en la arena cayó tu lágrima. Se trata de generalizar los grandes males que acechan el bienestar o las pestes que supuran el sur de su cintura. El discurso, la novela, el cuadro lleva un color africano pasado por la sartén, rociado con el vaporizador de las noticias más espantosas que hacen de combustible y remueven las conciencias más honorables. Dan la sensación de ir a la última en un tren de alta velocidad. Este medio les lleva de vuelta a la vez que supone su condecoración como caballeros del imperio.
Critican al sistema del rendimiento, la información sin formación, hablan de la incomunicación, de un mundo en el que sólo se premia el éxito. Continúan apesadumbrados con las familias desestructuradas bailando tangos por el cosmos y el problema de los hijos que, además de no distinguir la rumba de una soleá, no tienen culpa de nada. Ven, en resumen, el espejo de una nueva y oscura edad media con su tanga de seda y filigrana y un lacito de terciopelo en el lateral.
Verles, olerles, pensarles supone atender y sonreír a ese jovencito que masca chicle y lleva las orejas ocultas tras el mp3 subido, en el día del entierro de su padre.

"En el cuarto de Vanda" Pedro Costa
El cándido cordero del holocausto
En la cocina he estado hablando con Jonás, campeón de dardos y usos múltiples. Hay algo en él que no me gusta. Tal vez sea esas entradas en el pelo, pistas de aterrizaje por donde despegará una locura que aflora en sus ojos enfermos de triunfo. Exporta una sensación de mundo y seguridad que han sido trajinadas en la película de su vida. Este telefilme viene acompañado por experiencias tipo Vicky Cristina Barcelona, la película de Woody Allen, peripatética y apta sólo para menores de 18.
Jonás sólo muestra seguridad, certeza y control. Su boca es un capote que nunca dice lo que siente ni explica SU experiencia íntima en algún aspecto. Nunca se ha sentido protagonista fatal, traicionado o víctima de sí mismo. Se expresa como una roca sin fisuras y tiene opinión sobrada para todo lo importante. También le encanta saludar y aprovecha el brillo de esas entradas capilares para deslizar el propio eco, pues las respuestas que recibe saben a eso, ahora ya un tanto envaradas y ortopédicas.
Y es en lo profundo de sus ojos donde nace mi desconfianza, donde colea lo inestable y espantoso, donde atisbo el pálpito de la piedra de su locura.

Scarlett Johansson
El leve perejil que adorna un día al vencedor adolescente
Si en el colegio me pidiesen que volviera a imaginar mi futuro dentro de veinte años ya no esperaría a congraciar al profesor y a la clase. No volvería a dejar mis datos en el paro como astronauta en una provincia con vistas al mar de Castilla. Tampoco diría como aquellos brutos, que se dedicarían a vacunar a las vírgenes cansadas de ser lo que eran. Diría, puestos a ser libres al menos imaginando, que entonces cogería un subfusil Thompson junto con el casco de un soldado de la primera guerra mundial y dispararía contra aquel futuro que me esperaba ansioso y partidario del más fuerte.

Silencio y soledad nutren la hierba
¡Con qué facilidad estalla la tormenta! Y el que más tiene que callar es el que más gorjea, pájaro rematadamente loco y pertrecho de gorgoritos que huelen a pólvora mojada. En las prisiones de este país, como en sus plazas y calles, también se vanaglorian de la ignorancia y cara a la pared dibujan un sol de gracia para cantar su canción, cara al sol con la camisa de once varas ¡por meticón! Es una manera de hablar y construir una frase de mercancías ¡tan llena de comunicación! por los raíles de este cuaderno. Y el capellán había dicho: Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
Todos se han llevado las manos a la cabeza mientras en el centro hervía con zanahorias, patatas y capas de cebolla, un preso con hábitos de misionero, espantado y relleno con la hartura más infinita.
El faraón no supo interpretar su sueño con las siete espigas primero, luego siete vacas de buen ver y las otras siete anoréxicas perdidas hasta que José, el primogénito de Manases, le explicó que tras los siete años de hartura llegarían otros tantos de hambruna. Por eso es conveniente almacenar el grano.
Tras la hartura, en el Génesis ya está escrito, el pueblo pedirá pan y de todos los países acudirán a comprar el grano de nuestro profeta que no se cansa de clamar en el desierto.
Al final, en la olla, mientras se le cocían los pellejos y algún que otro moratón, se sentó con el agua al cuello y esperó que se le crujieran las entrañas. Por su ano salió un telescopio, puso otro ojo en él para ver donde alcanzaba tal instrumento y atisbó, al otro lado, el rostro de Galileo componiendo su herejía.

Toumani Diabaté
Árboles sin colores y pájaros callados
En la tele:
Luego están esos padres con todos los síndromes ocultos en las vaginas y penes. Esos progenitores que monstruosamente elevan a los altares de la moda y el sacrificio a sus propios hijos para que sepan lo que es el horripilante mundo de la apariencia en el que juegan sus egos y manías. Los niños, vestidos a la última, pasean igualmente en las pasarelas emulando el hipo y la ponzoña que envuelve esa industria, símbolo de un presente distópico y hostil.
De esta manera les sustraen el tiempo que podrían dedicar a comer las manzanas con Blancanieves o ayudar al cazador que quiere abrir la barriga del lobo feroz.
De esta manera los niños dejan de ser niños para ser entes precisos que asumen la tiranía de la belleza. Mientras, los padres, pederastas pasivos y ladrones de paraísos, con sus ánimos y aplausos intensifican la eyaculación de los espectadores.
El residuo que sólo nos deja lo que ha sido llama
Mientras dura la batalla y los gases lacrimógenos hacen que el sudor se instale en las paredes de las habitaciones y del cuerpo, es imposible conocer los efectos o desperfectos que comenzarán a poblar el nuevo mundo de simulada paz. Una tormenta de sinrazones ha disparado los minutos como balas en mitad de un bosque surgido de entre la niebla. La razón esgrimida para la lucha no era la verdadera. Podría haber servido cualquier otra, incluso la polémica sobre el nacimiento del castellano ¿San Millán de la Cogolla o Valle de Valderredible, en el sur de Cantabria?
Cada cual arrastra una mochila donde mete, día tras día, las sinrazones y el lujo sencillo de querer vivir. Como no hay tesoro sin dragón que lo guarde, he leído en algún lugar, de vez en cuando explota el azufre que carga la atmósfera y de esta manera, tan sencilla, se consigue que todo siga igual. Eso sí, con los ánimos recién salidos de la sauna.
A los daños que surgirán tras el fuego cruzado, relevantes e irrelevantes, no les faltará el abono necesario antes de que ojal desprenda sus misiles anticarro de corto alcance. Los cuerpos y las mentes no serán las mismas pero en el aire se volverá a oír el canto de las urracas y el zureo de las palomas. Y a la fuga eventual planteada por Sir Andrews le sumo, de momento, una más solitaria e interior.
Maria Joao Pires
Objetos de la noche, sombras en el pensamiento.
Los superhéroes se reconvierten en otros superhéroes. No digo los que ya dejaron este mundo con sus luchas morunas, tarzanescas, popeyunas y lunáticas, borceguíes en fila, saltos de rana laralí, laralá, pitipín pitipón, gritos y exabruptos del tipo rezambomba. Pedrín, el de Roberto Alcázar, se lleva la palma ibérica en estos menesteres. En una de las innumerables viñetas que pueblan mi arcana y harapienta memoria Pedrín derriba al bandido que perseguía a caballo. En el salto y antes de morder ambos el polvo el bandido se queja ¿estás loco? ¡nos vamos a estrellar! Y el gran Pedrín le responde en el bocadillo de al lado, ¡haberte detenido, tío berzas! (Las huellas del fugitivo. Primer episodio. Comienza la historia con este brevísimo preámbulo: Roberto Alcázar y Pedrín, siguiendo las huellas del bandido “Rob el Duro” llegan a cierto pueblo del oeste americano donde se entrevistan con el “sheriff”). No hace falta más explicación. Esos superhéroes, al igual que el público al que iba dirigido, hace mucho que dejaron de existir. Los supervivientes (hablo del protagonista y del público lector, no en vano “el Víbora” llevaba el subtítulo de comix para supervivientes), los galácticos y poderosos héroes, americanos en su mayoría que han llegado a trancas y barrancas hasta nuestros días, tampoco son los mismos. Ellos, los ciudadanos y la ciudad. Los tiempos están cambiando (Es fundamental el acierto –muy americano- con el que resolvieron el guión de Spiderman tras el atentado del 11-S, ¿dónde estaba Spiderman en ese momento?).
En el artículo que tan pasmosamente se ha introducido en la grieta informativa Marcello Serra disecciona el Dark Knight Returns (DKR) de Frank Miller. El título del artículo: Los hijos del Caballero Oscuro. Mutaciones sensoriales en el Batman de Frank Miller. Bruce Wayne, nos cuenta, de cincuenta y cinco años, bebedor, retirado hace diez… evidentemente ya no responde a esa impoluta presencia a la que nos habían acostumbrado. Hay excepciones, eso sí, Superman sigue siendo el de siempre, y simboliza aquella revolución industrial fordista (“…más rápido que un proyectil, más potente que una locomotora…”). Ahora, reafirma M. Serra, la televisión especialmente y el resto de medios subrayan el número de estímulos por segundo con el que nos bombardean (la intensificación de la vida nerviosa, citando a Simmel). Gotham es la ciudad y el caos y Batman se vale de los mismos medios de sus contemporáneos para batirse con éxito. Todo esto y más (“no se vayan todavía aún hay más” informaba Super ratón en la tele de blanco y negro cuando parecía que habían concluido sus episodios de la tarde) se explica en el artículo sesudo que, para sorpresa de propios y extraños, aparece en la revista de occidente del mes de Septiembre.
Esta aparición puede significar el brote de una excepción o sencillamente confirmar, eso sí, que los tiempos para el análisis del pensamiento se abren sin pudor alguno hacia este medio. Las viñetas, que tanto se han denostado, ahora viven una etapa de reconocimiento (coincidiendo con una fructífera imaginación), moda espantosa y por paradójico que parezca, gran pobreza (nadie compra tebeos o comics).
Supongo que incluso en este penal, los tiempos, oscuros como la capa de Batman, están cambiando.

Estamos como rotos o quebrados
Esperó en la celda con otros dos hombres. Uno estaba borracho, dormido y con los calzoncillos manchados. El otro era un chico negro, tan joven que ni se afeitaba todavía. Llevaba un traje caro color pardo claro y zapatos marrones de piel de cocodrilo. Herzog lo saludó, pero chico prefirió no responder. Se quedó aislado con su propia desdicha y apartó la mirada. Moses sintió pena por él. Se apoyó en los barrotes, esperando. En el lado equivocado de los barrotes, lo sentía hasta en las mejillas. Y ahí estaban la taza del váter, el camastro de metal y las moscas en el techo. Éste, pensó Herzog, no era el ámbito natural de sus pecados. Sencillamente estaba de paso… “Herzog” Saul Bellow
Urtain
...y como los mendigos se nutren de miseria, nosotros nos nutrimos de remordimientos...
Qualis artifex pereo (Qué artista muere conmigo) Yo soy el cuchillo y la herida escribió Baudelaire en sus flores del mal y asumiendo ese verso es fácil constatar el hecho de que el cuchillo y la herida se buscan mutuamente. No hace falta buscar otro lugar para ejercer el duelo que el del mismo cuerpo presente, sobre dos, tres o cuatro patas. La mente allí incrustada se encargará de sufrir justo lo necesario o una gota más y de ese encuentro aflorará la llaga en vida o las huellas abandonadas entre el polvo de las noches. A un lado las sábanas y velas, entre la oscuridad y la humedad será muy fácil para el olfato seguir el rastro de la biografía. “…Caigo una y otra vez sobre las espinas de la vida, sangro, y ¿entonces? Vuelvo a caer sobre las espinas de la vida, sangro. ¿Y luego? Follo, me tomo unas breves vacaciones, pero muy poco después he caído sobre las mismas espinas y me regocijo en el dolor, o sufro con regocijo, ¿Quién sabe cuál es el orden? ¿Hay en mí algún bien que perdure? ¿Es que entre el nacimiento y la muerte no hay nada más que lo que pueda sacar de esta perversidad, un equilibrio favorable de emociones caóticas en el mejor de los casos? ¿Nada de libertad? ¿Sólo impulsos? ¿Y qué pasa con toda la bondad que tengo en mi corazón? ¿No significa nada? ¿Es tan sólo una broma? ¿Una falsa esperanza que hace que un hombre conciba la ilusión de que su vida vale para algo? Y por eso continúa con sus luchas. Pero esta bondad no es una farsa. Sé que no lo es. Lo juro.”… “Herzog” Saul Bellow

"Retrato de Charles Baudelaire" Gustave Courbet
No estabas tú, estaban tus despojos
…Había gritado a voz en cuello que abandonaría el caso y dejaría su defensa en manos de leguleyos de pacotilla que lo atarían por delante y por detrás, le sellarían la boca, le coserían los intestinos, le meterían un contador por la nariz y le cobrarían por respirar… “Herzog” Saul Bellow Intento aprender estas frases. Quiero repetírselas a alguien cuando me venga con sus cuentos y desdichas. Eh, eh, eh, esos leguleyos, ¿sabes? Esos leguleyos de cojones (podría sustituir así la palabra leguleyo para que penetrase mejor por los ojetes abiertos de par en par), eh, eh, te atarán por delante y por detrás (y mientras estuviera vocalizando la palabra detrás mi mente diría…es como te gusta más…letra de una vieja canción de Burning que se tatuó en mis noches de adolescente). Te sellarán la boca (y recordaré a mi amigo el cartero de Hamelín con millones de sobres y sellos pisándole los talones, sorteando a un pipiolo que le adelanta por la derecha, bajándose de la moto e incrustándole el paquete entre los labios mientras le susurra al oído, ahora muévete hacia la derecha que tengo otro paquetito para ti, es como te gusta más…). Eh, eh, eh te coserán los intestinos (y recordaré a mi madre en la mesa de quirófano y al médico explicando tras la operación todo ha salido bien, todo ha salido bien…es como te gusta más…). Eh, eh, eh, te meterán un contador por la naríz (y estaré pensando que cabe la posibilidad de darle la vuelta y evitar que corra, pues ya lo he dicho en otro post, hay algunos contadores que son fáciles de burlar y para eso no hace falta haber estudiado en el poblado…es como te gusta más…). Eh, eh, eh, y te cobrarán por respirar.

J.A. Cifuentes
Un canto. Quisiera un canto.
Entre mi presente y el futuro que no existe, Herzog me escribe y al doctor Waldemar Zozo y al mismísimo Dios un poco más adelante: “En sendas no holladas”, como expresó maravillosamente Walt Whitman, “Huyendo de la vida que se exhibe a sí misma…” Oh, ésa sí es una peste, la vida que se exhibe a sí misma, ¡una auténtica plaga! Llega un momento en que cualquier ridículo hijo de Adán desea elevarse ante el resto, con todas sus rarezas, contracciones nerviosas y tics, y exhibir la gloria de su fealdad que se adora a sí misma, sus dientes sonrientes, su nariz afilada, su razón descabelladamente retorcida, diciéndole a los demás ´-en un desbordamiento de narcisismo que él interpreta como benevolencia-: “He venido aquí para dar testimonio. He venido para ser vuestro modelo”. ¡Pobre fantasma atolondrado!... Estoy huyendo, en cualquier caso, como dice Whitman, de la vida que se exhibe a sí misma y “hablando con palabras aromáticas…” “Herzog” Saul Bellow

...Pasó por encima de notas y papeles, y se echó en su sofá Recamier.
"Herzog" Saul Bellow
Las palabras se pudren
"Stress" Justice
Un accidente también puede cambiar la vida, pero a mejor. Resulta que al ruso no se le palpó la madera desde el nacimiento. Campeón entre los torpes, de siempre le sacaron las habichuelas y arrimó el ascua a su sardina sólo por tradición. Cuando el iba los otros volvían. Su trabajo consistía en doblar el lomo malamente y conducir un camión de minas y rebeldes. De las casualidades hizo fe y abrazó la religión de Bob Denard en las Comores allá por los ochenta. Ese fue su ídolo de barro, el francés Bob Denard con el que aprendió a poner y deponer gobiernos. De él concluyó que la única patria es la infancia y que su futuro se fraguaría entre las sombras y los gobiernos más quebradizos. El ruso no fue nunca un bala precisamente, las circunstancias y el azar hicieron de él lo que es, un mercenario al servicio del dinero y las empresas que se lo ofrecen.
Su primer gran golpe, al lado de Rouget, tuvo lugar cuando en Costa de Marfil formó parte del ejército de mercenarios que apoyó al presidente Laurent Gabagbo. Allí alcanzó un puesto de confianza fruto, como digo, de la casualidad. Una mina en el camino acabó con la avanzadilla y él, dirigiéndose hacia la muerte y con la pierna hecha añicos consiguió la proeza de terminar con el jefe rebelde. Su cojera le cambió la vida pues su próximo destino hizo que abandonara definitivamente la primera línea del frente. Pasó a entrenar paramilitares en Colombia y al poco fue designado para un puesto directivo de la DynCorp Internacional en Sudáfrica.
Lo que aún no me explico ni me explica nadie es el resto de la trayectoria. Ya sabemos que igual que se sube se baja pero ¿por qué está aquí?
Caer fue sólo la ascensión a la hondo
Ayer nos visitó una eminencia de la igualdad. Me refiero a las cosas que llamándolas de género se refieren a los asuntos silvestres y domésticos de los sexos. En su sermón no incluyó a los habitantes de las fronteras, hermafroditas y mutantes que viven sin vivir en sí. Hoy hemos dejado atrás esa conciencia de plastilina que sirve, si sirve para algo, al rey y a la monarquía en su visita al estado del Nunca Jamás. Todo empieza hoy con un voy a cambiar yo mismo.
Hoy, por otro lado, Sir Andrews ha removido con su palo seco de martinis juveniles la idea de la fuga. También ha sacado el género y en esto es otra eminencia que ya quisiera el listo de ayer con sus masculinos y femeninos. Las fechas son una peineta en las nubes, una baraja donde el comodín es la incertidumbre de un favor que se hace hoy por ti, mañana será otro día. En la baraja duermen los contactos como si no fueran más que cartas decorando la manga del tahúr, camisa blanca y tal... Y el dinero hace montañas sin oxígeno y sin Mahoma porque Mahoma se quedó en el estómago del mundo al que llamó la montaña. Allí reside un lago lleno de peces y visados estancados.
La fuga ni si quiera me huele a nada trascendente. Al otro lado me espera el souvenir de una libertad provisional. Es un derecho. Hoy he leído que el ser diferente no es un derecho sino un hecho. Me basta con eso y con soñar esta noche que paseo por una calle donde dos jóvenes, en chándal, caminan y hablan de sus cosas. No necesitaría más fugas ni tocatas.
Le digo a Sir Andrews que cabría la posibilidad de dormir en una cueva para siempre, sin dolor. La muerte, quiero pensar, será algo así y cedería a la ciencia todo menos mis libros.
En mi cueva prohibiría reírse y las charlas intrascendentes del publicano.
Creo que no quiero fugarme, ni pensar en lo que quiero ser cuando no sea el que soy, ni pagar favores, ni pensar en reptiles o en mi rostro, insertado en el muñeco de un futbolín, dentro de cuarenta años.

Mauro Entrialgo



