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God and Gun
Cuando alguien ofrece algo no sólo no debe pedir nada a cambio. Ni un triste cigarrillo ni una palmada en la espalda. No sólo eso sino que debe continuar en el agasajo haciendo un potlach con sus ofrecimientos, originar una montaña de presentes materiales e inmateriales. De esta manera se hace real el consejo más sabio de que todo lo que no se da se pierde. Cuando un conocido o, evidentemente un amigo, para penetrar en el negativo de las fronteras sinuosas e invisibles te facilita un pasaporte más falso que el beso de un ministro, debe añadir sin dudarlo la mano, el pie y las uñas con mierda o sin ella. No me alcanza el entendimiento para comprender el motivo por el que, tras el favor, sugiere u ordena la necesidad de una cañita brava o mansa, mínimo emolumento, para contrarrestar semejante regalo. Océanos insalvables le separan de mí pues considero que su intelecto ni siquiera funciona o si lo hace es tartamudeando y mimetizando al sistema más capitalista y brutal. Me temo que esas personas no puedan llegar a entender que una madre de la vida por su hijo, pues supondrían que algo habría de perverso en esa idea que se les sale de toda lógica. La lógica brutal y siniestra del que siempre tiene que sacar algo a cambio. Al que me responda que el mundo funciona así le sugiero que no se despegue de la tele, de los programas de violencia de género que llaman o de los partidos de fútbol y que por favor, no me hagan visitas a la prisión. Que se vayan a tomar el vermuth a un lugar donde se acomode su espíritu como en casa, por ejemplo a la cafetería de un tanatorio. Allí que se pidan una de callos transgénicos, pues su estómago soportará eso y más. En mi caso, evidentemente, contrarresto con el cigarrillo solicitado ya sin poder corresponder con lo que mi buen corazón disponga. A mi pesar parto lejos de ese puerto para que no se me reconozca y mi rostro, difuminado en la distancia, sea nada para él. Al ofrecerme así y no sentir la brisa del cariño, también se me obliga a la partida, para siempre, hasta nunca y para siempre. Algo se instala en mi pecho, un puñal de hielo, una cúspide nevada en lo que antes fueron verdes pastos. La bolsa o la vida decía el bandido antiguamente. El último cambio, la muerte.

Sánchez Ferlosio dixit: Odio a España desde siempre.
Supongo que no puede ser de otra manera.
En el espacio entero del estar
Mi vida en televisión, consumida por la cultura fast food, banal y reducida al esperpento obsceno de un videojuego cualquiera. Mi vida caótica dentro de una celda, capaz de escandalizar al compañero o al mismísimo alcaide por la búsqueda de una trascendencia sin norte, ni brújula, ni otro horizonte que el atravesado en la juventud. Mi vida, en definitiva, sometida al revelado antiguo de una fotografía que se manipula para parecer más real y así, transmitir la dosis perfecta de contenido y espectáculo cotidiano.

Lilian Vieira (Zuco 103) - Trascendencia desenterrada y electrónica, funk, bosanova -
Tres, dos, uno Booooouunnnnnnnnnn. El despegue, porque de repente estaba sentado incómodo sobre la bala de un cañón, que era una burbuja o un sillón para fakires y presos en el centro del salón. La opción de cerrar los ojos, como si fueran latillas de sardinas en lágrimas, para dejarme llevar, requiere unos güisquis dobles de los que saben a lava o a un pasado glorioso que nunca existió. Abstemio completamente, por tanto, con dos lunas llenas bajo las cejas, zambullí mis sentidos y sentimientos en el sonido del encantador. Me convertí en la serpiente que aplaudía, hipnotizado ante un rostro que desbordaba vida y salud. La música tiene el efecto de una inyección vital. La sangre se desborda y aunque nos obliguen a no desencajarnos de los asientos, la mirada no puede ocultar el baile que se lleva dentro. Creo que cuanto más nos acercamos a la destrucción, en el fondo, más ganas de fiesta tiene uno. Cuanto más perfumada está la celda con el azufre del averno, cuando los sueños sólo son medusas y golpes en el ring, puede ocurrir lo que digo. Que el cuerpo se mueva sin permiso ni razón y que en sus movimientos interiores despeje el polvo, la tristeza y las pocas ganas de vivir que nos ha dado el día al salir de entre las fauces de la noche. (En casos muy graves también puede ocurrir lo contrario y que no haya música ni grúa que levante la mente de su cuerpo pesado per saecula saeculorum) Me basta con esta pequeña dosis para saber que puedo aguantar hasta mañana recibiendo las horas sin pensar en el desplome de mi corazón, asunto que seguro me afectaría cien veces más que la peor caía del dow jones en el mercado negro de Nueva York.
En algún pliegue de ti estaba
En dos años y medio sólo una persona consultó la Cosmografía y la Geografía de Ptolomeo en la biblioteca nacional. César Gómez Rivero, a imitación de Jesucristo que dividió la historia en dos partes, hizo lo propio y a cuchilla partió el mundo en dos. Oscar Wilde escribió que un mapamundi en el que no figure el país llamado Utopía no merece ser mirado y este César clavó con una flecha tal observación en el aire enrarecido y embalsamado por los años sin visitas. Bajo su regazo se ayudó del Tratado de ballestería y montería, de Martínez Espinar. Según cuentan, mientras oficiaba sus mutilaciones hoja por hoja, diente por diente, cual fuego fatuo en su cabeza, se le iluminaron la mismas flechas parricidas con las que Andrés Rabadán, el asesino de la ballesta, vació el haz y cargó con su yugo.

"Cosmografía" Ptolomeo
Escarbad en las cenizas del crepúsculo
No comprendo muy bien el término compasión. Suena tan a polilla y bolitas de alcanfor, a santos y vírgenes, a perdón celestial. Me doy cuenta que es más fácil tener compasión por un perrito o un gatito que por una persona. Si alguien se encuentra a un chucho magullado, triste o cojo, ni siquiera pregunta, le ofrece un chusco de pan, una lata de agujas llena de agua e incluso la posibilidad de una nueva oportunidad en la perrera municipal. Todo ello sin preguntarle por el pasado, desentendiéndose de sus acciones, pensamientos y actitudes para con los demás. Sin importarle si ha sido un candidato al nobel alternativo de la fundación Right Livelihood Award o un perro asesino de niños.
Pero con el prójimo no se puede actuar tan ingenua y temerariamente. Si es un humano el que se encuentra en un estado lastimoso, nos da por pensar que algo habrá hecho para estar como está o que, en todo caso, hará de su cabeza maltrecha chistera mágica y sacará un rifle de asalto ak 47 con el que convertirá nuestro cuerpo en un colador chino y plegable.
Esta tendencia se acentúa gracias a las etiquetas con las conseguimos paliar los efectos de la misantropía. Cada compañero de fatigas lleva la suya y al leer su letrero ya sabemos a qué atenernos. De esta manera el odio, la indiferencia y la desconfianza se asumen sin tener que procesar el conocimiento que nos pueda dar una sorprendente acción generosa, frase resultona, etc. El que es gilipollas lo es, resolviendo un sudokus, investigando en sus propios genes o cantando el ne me quitte pas de Jacques Brel. Y a ese, ni agua. Aunque su jornada haya sido nefasta, camine magullado, triste o cojo.

Matthias Weischer "Living room"
Se fue en el viento, volvió en el aire
Me dejo llevar por la improvisación, los arreglos, el caos y el orden. Ellos empezaron in media res, o sea, decíamos ayer…y mi cuerpo estaba frío, necesitado de un solo de trompeta o un redoble de tambor.
La única manera de planear sobre la risa y el llanto de los días es dejarse llevar por la buena música, que en realidad no hace sino despertar los versos mas interiorizados o incluso desconocidos que guardamos dentro.
Por eso me agarré a los primeros compases sin mucha dificultad y con los ojos cerrados caminé sobre las aguas, ya no tan tranquilas. Resultó que estaba haciendo surf en una sartén antiadherente.
Mi cuerpo seguía frío y la sala se convirtió en el estómago de un ogro que no quería despertarse de la siesta porque su sueño era mucho mejor que cualquier realidad intrusa.
Pero el trompetista y el batería entrechocaron los platos de la batería, okei, okei, okei, el saxofón subió muy arriba, brincando salvaje sobre todos los dogmas y pájaros, el contrabajo se reía rascando las notas, arrugando el folio con la partitura, haciendo hum hum hum, con la boca hum hum hummmm. A la izquierda estaba Dios al piano, sigiloso, en sus cosas, mascullando el sabor que hay en una escalada de acordes y desacuerdos sobre un caos tan planificado. Movía la cabeza pensando que cualquier proceso de cambio en términos acumulativos no significa que lo venga después tiene que ser necesariamente mejor que lo anterior. BOoooooooom,mmmm. Anestesia. Aplausos. Apariencia. Agnosticismo. Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Tarzán. Y uno, y uno y dos, y un dos tres…

Ay inocencia, cuánto nos hemos arrastrado juntos/ en todos los prostíbulos del alma,...
“Si se ve la película tal y como es ahora, con la forma que tiene, sólo puede venir de cosas como el cansancio y el asco. No de una búsqueda. Ni de una ruptura, en el sentido de una película que uno haría diciéndose “Tengo una idea, voy a hacer una película con esta forma, en este medio”. Probablemente venga de un tiempo anterior al cine, de otra cosa que no es el cine. No viene de la infancia sino seguramente de la adolescencia, es decir, del cuarto. Es banal, poéticamente banal, todo adolescente comprende el deseo de encerrarse un poco, de rumiar sus ideas, de no hablar, inventar, soñar, tomar drogas. La poesía, Pessoa, Rimbaud, el rock, las complicidades, los sueños de cambiar las cosas o de no cambiar nada en absoluto. De todo lo que constituye la habitación de un adolescente. Seguramente viene de ahí, de lo que yo no conseguía decir…”
Conversaciones con Pedro Costa

Pedro Costa
Me esfuerzo en descifrar un pájaro
Una partitura para infinito y la orquesta, siempre contenida, sienta sus etéreas voluntades sobre unas sillas de tijera. Al fondo una gran batería reluce e impresiona por el poder oculto que guardan sus bombos y platillos. Asusta el terremoto que se ve venir al primer redoble, señal con la que las fuerzas tectónicas del subsuelo, expectantes, comenzarán a digerir la tierra cansada produciendo fracturas, movimientos y estrías en las rocas.
Sabiendo que no todo es lo que parece la batería permanecerá muy atrás, casi oculta entre el resto de instrumentos, escoltada por la guitarra y el bajo eléctricos, apuntes occidentales y casi accidentales para un continente africano que reivindica su proximidad con el universo. África es la madre del mundo y los músicos, que se han vestido de gala y parsimonia para reivindicar aquel parto, caminan por el escenario como si pisaran sobre las huellas primigenias de Laetoli, al sur de Olduvai.
El pepitón granado de aquel fruto musical era una kora ostentosa de 21 cuerdas. El arpa africana acompañada en esta ocasión de un balafón y un ngoni. En el escenario la orquesta africana de Toumani Diabate.
Toumani, al cerrar los ojos y dejar que los dedos delatasen su pensamiento, nos contó algunas historias de su vida. Todo el mundo se hizo escritor y pintor, sus cabezas comenzaron a escribir historias por rutas perdidas, valles llenos de calaveras que respondían al ser o no ser. Otros pintaban muy adentro sus óleos con historias deshabitadas, figuras maltrechas, cantantes que eran bibliotecas de color verde, sombras y los restos que iba dejando la melodía atravesada por un cojo vestido de príncipe.
Esa kora es la corona que todos los descendientes del linaje han recibido desde siempre. La herencia ha sido limpia de polvo y paja, sin notarías y mefíticos abogados que subyuguen las materias dejadas por los muertos más afortunados. Como un anillo principesco o un secreto transmitido al hijo, bajo el influjo de las estrellas. Sin otro valor que el de una mística pagana, capaz de ensamblar un escuadrón de almas perdidas y diversas que abrevan en un recinto, antes de continuar su viaje a ninguna parte.

Presos de su destino
Una manera, aunque parezca increíble, de entresacar algunos euros es prestar determinados libros. Como si esto fuera un país autoritario y algunos autores-lobo aullasen más de lo permitido por la noche. Si pretendes a Bohumil Hrabal tanto, lo explico y alimento el ansia, aunque parezca increíble, me repito y pagan como si fuera sexo.

Una historia posible:
Un condenado a muerte también sirve para regar unos cuernos resecos por el fuego ya extinto. En realidad, ya se sabe, todos estamos condenados al mismo final, de una u otra manera. Puede ocurrir que una mujer, cansada de su vida, se encuentre a un famoso preso en el periódico y decida visitarle sin atender a razones, dejándose llevar por un instinto de supervivencia. En la prisión entablará una relación sin apenas palabras, decorando el vis a vis con los carteles de las películas que marcaron su vida. En el fondo esa mujer sabe que el condenado está ahí por haber hecho lo que su esposo hará con ella. Lo intuye, lo sueña con violencia. Cuando al preso le golpean en la celda es a ella a quien golpean en su habitación.
En ocasiones pienso en esa mujer. Su mente necesita abrir una vía para que penetre el aire o el agua. Y cuando esto ocurre, puede que nada de lo que suceda alrededor, quepa dentro de lo que se denomina razón.
¿Por qué sólo así somos hermanos?
Algunas tardes tan sólo leo comienzos de novelas. Bastan algunas líneas. Son suficientes para, tras cerrar los libros, hacer lo propio con los ojos y continuar, in itinere (y sin miedo a ese tipo de accidentes que así se denominan) hasta donde un ruido rasgue mi cortina de humo o caiga sobre mi indiferencia, reclamando algo de atención.
Hoy he cogido al azar tres libros de la biblioteca:
“Las colinas de Seeonee parecían un horno. Padre Lobo, que había pasado todo el día durmiendo, se despertó. Se rascó, bostezó y fue estirando una tras otra las patas. Quería desprenderse de todo el sopor y la rigidez que se había acumulado en ellas…”
Y mi cuerpo, al leer esto, reaccionó de la misma manera y la boca gritó ¡cinco minutos para el acicalamiento! ¡otros cinco para ir a la lavandería! Me rascaré contra la pared, apoyaré mis pensamientos, tabularé cada reflexión para que resulte una estadística curiosa cuanto menos en el mar de los sueños... y continué “Madre Loba estaba echada…”
“Faltaba sólo una semana para la Navidad y las alumnas del colegio Gaylands estaban sentadas alrededor de la mesa del desayuno, charlando y haciendo planes para las próximas vacaciones. Ana se sentó a la mesa y abrió el sobre de una carta que acababa de recibir…”
Qué curioso me resultó este nuevo amanecer en el libro que cogí junto al anterior. ¿Cuántos libros empezarán así, por la mañana? Las vidas al despertar como novelas abriéndose entre los dedos por la página uno. Cada día un novelón o un folletín. Pensé en los tiempos en que también hacía planes para las próximas vacaciones. Incluso abría cartas que me llegaban por esas fechas y no eran facturas ni requerimientos. Bueno, algo queda de todo aquello, pues en ocasiones me veo en la misma posición y sin abrir nada más que la boca observo a los compañeros que siguen charlando, sentados alrededor de la mesa.
El 10 de noviembre de 1985, al día siguiente de haber sido proclamado campeón del mundo, Rona Petrosián me dijo algo inesperado: “Garry, me das lástima”. Interiormente rechacé al momento estas palabras, sobre todo porque me las decía cuando yo estaba celebrando en Moscú con mis amigos mi victoria.
Esto ya es otra cosa, aquí no aparecen amaneceres ni se atisban otras aventuras que las de la cruda realidad. Eso sí, un tanto sorprendentes al felicitar con estas formas al nuevo campeón del mundo. ¿Y si alguien se dirigiera a mí con esas palabras tras ganar algo? un premio más o menos ridículo o grandioso, qué sentiría, cómo le respondería, qué pensaría. Garry Kasparov le preguntó ¿Por qué lástima de mí? Lástima, Garry, porque tu día más feliz queda ya atrás.
Los tres libros estaban juntos en un sin orden, ni Dios, ni polvo. Sus comienzos seguirán juntos en mi mente, como los acontecimientos erráticos de esta vida. Me puse a imaginar las posibilidades de que los contenidos de esos tres libros, “El libro de la selva”, “Otra aventura de los cinco”, “Desafío sin límites”, se hubieran volcado en un mismo recipiente de forma inconsciente. Qué producto mental habría salido al mezclarse todo, primero rápidamente en una semana de lecturas frenéticas, luego a la manera lenta de los años bisiestos. Elucubraba con las posibilidades y una mosca me interrumpió a tiempo.

Kwakiutl en canoas
Nada está en los libros. Las mentes de los que ni leen, ni hablan, ni conversan sobre cuestiones de cierta trascendencia tienen el mismo peso ideológico, filosófico, moral y democrático que los que se forman, leen o escuchan discursos o lecciones de álgebra y mística. Al final discutimos con los que tenemos alrededor, sean paredes, pigmeos o brontosauros y el espíritu se cansa porque cada cual ya no ve lo nuevo del pensamiento, sino la figura de siempre, con su misma ropa, ojos y pestañas repitiéndose como el ajo.
Sobrepasamos aquel orientalismo que en 1978 explicaba Edward Said, lleno de tópicos y prejuicios. La homogenización ya no sólo es para los de oriente o para los nacidos en cualquier país. No hace falta ir muy lejos para seguir sin ver las distintas caras y pensamientos del vecino que, a veces, cambia la sintonía de su emisora.
Mang, ese ciego con alas,
Suelta las bridas de la noche.
Rann es su amigo, en él cabalga.
Duermen las vacas sueños torpes.
Los corderos tiemblan, balan,
Y tras las puertas se esconden.
Somos dueños hasta el alba.
Queremos siempre ser libres,
Fuerza, pasión desatada.
Que abunde siempre la caza.
Será así, si en la Ley vives.
Capítulo I, Los hermanos de Mowgli “El libro de la selva” R.Kipling

Kwakiutl
Mediocridad emotiva de las sociedad opulentas
Si en estos tiempos alguien te regala una gigantea y, a pesar de su buen aspecto, resulta fofa, pasará lo siguiente:
Pensarás que te han engañado. Que ha sido una tomadura de pelo y encima estarás endeudado moralmente con el que te la ha regalado.
Pensarás que ni las giganteas están hechas como las de antes.
Pensarás que has perdido el tiempo sacando sus pipas y amontonándolas en la mesa, con la de cosas que tenías que hacer...
Pensarás que es mejor comprarlas en un quiosco y la próxima vez, aunque te la vuelvan a regalar, la arrojarás directamente al contenedor. Así ganarás unos minutos de tu preciada vida.
Pensarás que si te la han regalado por algo será. Te enfadarás en el peor de los casos, puede que llames por el móvil para contárselo a alguien. O incluso incluyas el desaguisado en un post.
Y, por supuesto, se lo dirás al benefactor en cuanto le veas. No le debes nada, al contrario, es él quien te debe unos preciosos minutos. Le dirás, ¿sabes una cosa? resultó fofa, te lo tenía que decir.
Antes del sueño pasará lo siguiente:
Darás unas vueltas a la almohada, como si estuvieras en un espetón asándote en el juicio de los injustos.
En vez de ovejas metafísicas acudirán metáforas pintadas por Van Gogh. Pensarás lo que representa la imagen hoy en día, la pipa entera, el continente y el contenido, la vaciedad, las prisas, la fugacidad, el enfoque tecnofetichista… Caminando hacia el sueño dejarás de mal decir todo lo que representa información, sin duda, la nueva religión que ahoga el deseo por saber.
Recordarás los tiempos en que una de las cosas más importantes de la tarde era comer las pipas de una gigantea, charlar o tan sólo mirar el cielo sin esperar respuestas porque sabías que estaban en tus manos, precisamente dentro de un libro que llevaba por título ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Ahora no sé si las pipas de los girasoles, con los que he decorado una pared de la celda, están llenos o vacíos. Sólo he dibujado las cáscaras, dando por hecho la inutilidad del fruto oculto aunque pintado.
De vez en cuando clavo la mirada en alguna concreta. Me dejo abducir por su cáscara, su brillo, por la forma de esa pipa que nunca probaré, aunque pudiera hacerlo si no fuera de pintura ni papel. De esa manera, sin catarla, siempre permanecería entera a mis sentidos.

Dan MacCarthy
Tres en uno para todos y todos para uno
La cosa va de tríos. Los ladrones y Jesucristo fueron inmolados en las cruces del Calvario y aquella anécdota dio pie a numerosos chistes sobre la taberna el Calvario. No, decían los legionarios romanos, no, allí no que te clavan mientras que con los dedos índice y corazón, más que señal de victoria exclamaban ¡por el culo te la hinco! Hasta hoy llegaron sus guiños ex umbris et imaginibus in veritatem (de las sombras y de las imágenes hacia la verdad). Total, para que los templos y los evangelios se derrumben gracias a las disputas de los herederos coptos, etiopes, hebreos, católicos, ortodoxos griegos y armenios que aún hoy no tienen claro las cuestiones del reparto.
La cosa va de tríos porque el nobel de física premia a Toshihide Maskawa, Makoto Kobayashi y Yoichiro Nambu. Juntos como hermanos, miembros de una iglesia, se encargan de explicar la imperfección del cosmos. Gracias a su asimetría la vida es posible y resumen que las minúsculas desviaciones subatómicas son las responsables originales de la imperfección del universo. También tienen para los filósofos y el común de los mortales. Aquel que durante sus días nublados siente el vacío más absoluto dentro de su alma. Para él dirán que el vacío en Física se refiere al estado con la mínima energía posible y por tanto, no es que no sea nada, ánimo hombre, cómprese tres perros, tres, y póngales los nombres de las tres familias de quarks, charm, bottom y up.
La cosa va de tríos porque el nobel de medicina recae en tres científicos, archiconocidos por la industria farmacéutica. Luc Montagnier, Harald Zur Hausen y Francoise Barré-Sinoussi, descubridores del virus VIH y HPV. Zur Hausen, contra las teorías dominantes de los 70, postuló que el virus del papiloma humano jugaba un rol en el desarrollo del llamado asesino silencioso de las mujeres o también cáncer del cuello de útero. Su obsesión consiguió abrirle camino y de la irrisoria posibilidad de otro científico loco pasó a formar parte de esta tríada mosqueteril, vacuna en ristre contra el temible asesino.
![[Boccioni_La+calle+entra+en+la+casa.jpg]](http://3.bp.blogspot.com/_4quqHrJuRMA/Ru-3cuonBuI/AAAAAAAACqI/M2ZQd-9_Gzo/s1600/Boccioni_La%2Bcalle%2Bentra%2Ben%2Bla%2Bcasa.jpg)
Boccioni "La calle entra en la casa"
La cosa va de tríos porque la fuga se prepara para tres y aunque nadie sepa muy bien su papel, el tiempo va dictando normas asimétricas que nos consuelan de las sombras y las rocas con patas que se mueven por los pasillos. No sabemos muy bien donde estamos o si el plan, apenas esbozado, puede cambiarse. Parece que se trata de eso, de saber sin saber con el fin de evitar tormentas, alarmas u otros controles que no sean de alcoholemia. Nuestra presumible presencia, más allá de lo permitido, será un pequeño misterio para el que nos pueda esperar o desesperar. Pasajes, pasaportes, algo de dinero, un diccionario de inglés, el atlas del mundo dibujado en un grano de arroz, una brújula que nos imante el camino de vuelta, tres abrigos y tres sombreros. Un viaje a través del parque temático que es Europa, abrillantada por el bienestar, los edificios y órdenes artísticos, sus crisis, marcas de productos y sobre todo sus prisas que nos resultarán ajenas. El día 31 de octubre debemos volver a la enfermería y este plazo exacto me hace sentir como un robot que comerá puerro y representará capón. Susto de los banquetes, polilla de los bodegones, cáncer de las ollas y convidados por fuerza continuaba explicándose Quevedo en el Buscón. Aquí también se hacen tríos consentidos por extrañas fuerzas interiores. Nadie juega ni desgasta su rol en igualdad de oportunidades. Se junta la experiencia con el sentimiento de protección y un tercero que aporta el amor del extraño, la tercera partícula que cierra el triángulo en la cama o fuera de ella. Prefiero los triángulos de cama a los que echan cemento y se inmiscuyen en las relaciones, formando una figura geométrica habitable y puede que perfecta. Pero el universo, está científicamente demostrado, no es perfecto. Una jarra de vino entre las flores./ No hay ningún camarada para beber conmigo,/ pero invito a la luna,/ y contando mi sombra, somos tres". LI PO
![[boccioni_visioni_simultanee.jpg]](http://2.bp.blogspot.com/_SSUbF_VYb9o/RuAg9dS2RlI/AAAAAAAAAOM/5jAuDL_6MCo/s1600/boccioni_visioni_simultanee.jpg)
Medusas
No quiero seguir con los tríos. Escribiré una carta a la Academia de Ciencias sueca. Me parece bien que continúen en esa tónica y que den el de química a Osamu Shimomura, Martín Chalfie y Roger Y. Tsien por el descubrimiento y desarrollo de la proteína verde fluorescente (GFP). Las medusas, tan prolíficas en las playas y sin depredadores que las devoren algo contribuyeron a ello. En concreto la Aequorea victoria, de donde se extrajo la proteína GFP.
Tres tristes tigres.

"Medusa" Caravaggio
La piedra cariada, el mármol corroído...
Va llegando la información a cuenta gotas. La trabajadora social, reina del grito, se enreda en sus cosas y presenta a los cómplices.
Uno de los enlaces en el exterior lleva una vida extraña. Es un importante estudioso y diligente conferenciante especializado en un tema capital, la alimentación de la capacidad de extrañamiento y la interacción social. Nadie sabe muy qué es eso. El último libro que publicó, en colaboración con otros autores, llevaba por título: “El único modo de encontrar la salida es perderse durante algún tiempo. El conocimiento progresivo”. Su pareja es un mecánico de maquinaria agrícola, indiferente por completo a esos y otros temas más espirituales. Una vez dijo que el cosmos es una gran maquinaria, para entender hay que saber. Él, por de pronto, no lee, no anda, no va al cine, no, no, no.
Por lo que me ha dicho Sir Andrews, Mutis Amantísimo, el enlace, no habla sino que sentencia y clava alfileres en el aire con sus pareceres. Sus ojos son los posos de dos tazas de café amargo, sin diálogo ni compasión (ha visto una fotografía). Su cabeza es una enciclopedia que en ocasiones se permite gestos a cambio de treinta monedas. Y ahora ofrece algo de queso a tres ratoncitos porque el mundo entero es una jaula y a él nadie le tiene que decir lo que cae en el lado del bien y del mal. El bien está en su bolsillo y se cuenta por euros. No hay más.
El éxito de su relación personal, dice Sir Andrews, se basa en el distanciamiento intelectual y el acercamiento entre los muelles de un colchón. Se trata de dos extraños a los que no les interesa absolutamente nada el uno del otro. Esa es la clave de su éxito.
Así, cuando nuestro sesudo Mutis, afirma en una presentación que Sir Andrews me ha pasado el otro día, que el miedo arruina la esperanza y que el riesgo de vivir está junto a nosotros ya que vivimos en un mundo sin fronteras, oigo lanzar su puño cerrado sobre la mesa. No hace falta imaginar mucho para ver a su lado el humo del puro que se fuma su mecánico mientras escucha, con los cascos puestos, el último partido de fútbol.
Mutis, parece que no quiere ningún eco alrededor, sería incapaz de vivir con alguien de su mismo peso intelectual porque no soporta la respuesta, ni la conversación, ni una luz que pueda hacerle sombras en las esquinas de su corazón.
Tal vez nos equivoquemos.

Laurence Miller
No sabía los límites impuestos
¿Nos hacemos más condescendientes o más intransigentes?
A medida que atravesamos las líneas de la mano nos vamos desdibujando y somos los otros que no soy yo. O tal vez nos fundimos en el universo sin más forma que la del espíritu huracanado hablándonos de los muertos. Con una pata apoyada en la pared contemplo los ramilletes de verdades que hay en cada proposición y su perfume hace de mi voluntad, resignación.
Cada sujeto es plural, diverso, multirracial, puente con lo invisible. En él se mezcla la mentira que le construye y los restos de la verdad naufragada hace ya tiempo en un barco con bandera de Belice, Panamá o Camboya. Aunque él quiera pensar que su bandera es otra.
El individuo, al despertarse, salta el abismo cada mañana y por ello necesita asearse, cubrirse de jabón y cremas la boca, la piel y al menos aquellas partes que se descubren al gran público por el módico precio de traicionarse a sí mismo un poquito más. Luego, se sube a las prisas y deja de ser.
Las líneas están hechas de ceniza, los barcos de papel. A bordo, somos los otros que no soy yo.

Maggie Tylor
Los cuerpos palidecen como olas
Para conseguir alcanzar un proyecto puede ser importante empeñar la palabra generosa o volcarla en un intento altruista con los demás. Hay quien recorre el camino de Santiago, asciende un 8000 o cruza a nado el canal de la Mancha para ponerse a prueba y conseguir lo que nadie ha conseguido. Poco importa que la hazaña a realizar tenga algún sentido o que nos resulte un tanto ridícula (hacer el camino con una cuchara entre los dientes y un huevo cocido encima…). Lo que importa es el esfuerzo y ser el primero o uno de los elegidos en conseguirlo. Para dar un sentido y una mayor trascendencia a la obra, el triunfo se ha de dedicar a alguien de la familia que tanto ha querido o a las víctimas de un espantoso accidente (de ahí lo de empeñar o volcar la palabra). Esta promesa germinará en su cerebro y le ayudará en los peores momentos. Cuando le falte el aire, le de un calambre o se acerque un tiburón, repetirá en el encerado de su cabeza, no puedo fallarles, no puedo fallarles y así hasta un millón de veces. De esta manera conseguirá envolverse de un escenario o un estadio lleno de gritos y ánimos que le servirán para superar el reto de su vida. Alcanzada la meta dejará un objeto contaminante en aquel ecosistema lejano, se hará una foto, rodará una película, dirá algunas palabras y a su regreso se le reconocerá con una medalla al mérito y un sentido homenaje. El tema de los reconocimientos puede encadenarse ad infinitum y no terminar nunca, pues con la película rodada se puede alcanzar algún premio en un festival de prestigio, hacer una exposición con las fotos tomadas, escribir un libro con las sensaciones y ganar el planeta... Normalmente no cuestionamos el mundo en que vivimos, sencillamente vivimos en él. Schutz y Luckmann
![[taylor2.jpg]](http://3.bp.blogspot.com/_mVChrdXm2Hc/RbPT6xGO_pI/AAAAAAAAAIM/T1POdirlTF0/s1600/taylor2.jpg)
Maggie Tylor
Y los durmientes desfilan como nubes
La cabeza de Yusuf es un gran basurero. Su vocabulario es aún más reducido que su mente, tabulada y ágil para las consignas de los brutos. Cuando el otro día me preguntó por lo que estaba leyendo, le respondí con lo siguiente: las sociedades humanas practican el juego sociocultural de modos diferentes, dentro de los límites que establecen sus tradiciones simbólicas y sus ecosistemas naturales.
Preferí esto a un verso. Sus ojos dijeron bien, bien, feliz al no añadir nada. Por eso, su cabeza, como la de tantos otros, es un gran basurero en donde los versos más bellos se confundirían con los piojos y las liendres sin que le dijesen nada. Su cabeza, hace ya mucho tiempo que dejó de ser habitable, bien, bien.

Maggie Tylor
Quiero vivir cuando el amor muere
Ante el desalmado que pregunta por la familia y amenaza con la llegada del fin de los días. Ante el perturbado, el atracador, el secuestrador.
Lo primero desarmarle, quitarle la poesía.

En cuanto una guerra estalla me vuelvo del otro lado
Diferencias entre el flower power y el mayo francés, la revuelta musical y el alzamiento ante la cinemateca. Ésta será la contraseña con el Mutis. Una rosa en el bolsillo de la chaqueta y entre las manos un periódico financiero con la fotografía del último nobel de literatura, Le Clézio, sobre una nota informativa de la agencia de apuestas británicas Ladbrokes´ Nordic.
Los dos voluntarios que nos suplantarán en la enfermería, procedentes de marruecos, ya están dispuestos para pasar unos días envueltos en lo que para ellos podría ser papel celofán.
Está prohibido ir a casa. Nadie nos puede reconocer. El mundo será nuestro hogar. Es un lujo, pero no fue deseado. Aspirar a lo máximo puede hacernos renunciar a la vida.

"Belle toujours" Manoel de Oliveira
Crece aquí el árbol de la hipótesis válida
La gran duda entre perder el tiempo o perderse en el tiempo. El tiempo que hace y el tiempo que pasa.
Nacemos en el seno de una familia con unas grietas más o menos suaves al tacto, por donde silva el aire que viene de lejos. Damos los primeros pasos en la favela, hacemos de la habitación una fortaleza y al poco la ciudad, el país y el mundo nos constriñen el pecho con sus dogmas. Lo normal es que el pensamiento florezca como la hierba en la pradera, sin demasiado orden y con los animales sueltos retozando en él. La pradera se va llenando con el lenguaje y los primeros amaneceres dan cuenta de la franja que guía los sueños. Como por ósmosis todo nos penetra y penetramos en todo.
Una vez hechos los reajustes, puestas las puertas al campo de la imaginación, el espíritu santo, sin salir de la televisión, aterriza sobre nosotros para infundirnos la necesidad de ser alguien. Sobre todo alguien para los otros. De esta manera, nos dice, reforzaremos el músculo esquelético, cardíaco y visceral.
Ser alguien en el mejor de los casos. Para una ciudad, un estado, para el mundo. No basta con ser uno mismo, aunque el psiquiatra diga que sí. Enseguida nos abandonamos en el océano de la insuficiencia y la ansiedad porque no cabe alternativa, o estas a la última o no estás.
Cambiamos de casa, barrio, ciudad, país y al final nos sentimos, nuevamente y en el mejor de los casos, de la favela. Hemos intentado cabalgar a lomos del mundo y resulta que yacemos en la orilla del camino viendo un recorrido en dirección contraria. No hace falta mirarnos al espejo de bronce para comprobar cómo cada vez tenemos menos que ver con el mundo que nos rodea. Desalojados de nosotros mismos ya sólo nos queda abotonarnos la piel de elefante con unos caparazones de tortuga milenaria.
Arquíloco (Siglo VII a.C) me ayuda en la comprensión, establece un puente de sentido y es guía en la reflexión.
Un habitante de Sais ostenta hoy el brillante escudo
que abandoné a pesar mío junto a un florecido arbusto.
Pero salvé la vida. ¿Qué me interesa ese escudo?
Peor para él. Uno mejor me consigo.

Lo impensable se puede pensar
Todas las noches intento expulsar el veneno de los días. El que se acumula como cera en los oídos, el que deja su poso para los eclipses de luna. El que exhalo y viaja con el semen para que la piedra sea fértil.

Milan Kundera
La revista checa Respekt anunció en portada la delación de Milan Kundera a un disidente, Miroslav Dvoracek, en 1950. Por primera vez desde 1985 Kundera concedió una entrevista, declarando que se sentía sobrepasado por algo de lo que nada sabía.
Reposo y movimiento
Existen flotadores que nos pueden salvar la vida, tienen la forma de islas y parecen deshabitadas. Existen flotadores que nos ahogarían un poquito más si el brazo, en el intento, se agarrara a ellos como si fueran la carne del pecado al borde de la cama. La culpa de nuestro hundimiento, en todo caso, no estaría en estos salvavidas que salieron defectuosos, ni en el bunker bombardeado en plena batalla. En cambio, podemos conservar algo de cordura si hay alguien a nuestro alrededor que en la batalla, sin esperar a mañana, piensa en nosotros.
La guerra es la vida y ya nadie grita haz el amor. Se da por hecho que polvo somos y en polvo nos convertiremos, aunque cada uno tenga una traducción particular de la liturgia y el amor se quede en el polvo, memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris.
Un solo tecleo de Dios (aunque no exista) en su ordenador portátil, basta para que todas las fisuras del mundo se abran a nuestro paso y dejen vía libre a un ramillete de líneas discontinuas que, abandonando la carretera, busquen nuestro empalamiento en una mañana de locura. Pudiera ser que las líneas discontinuas fuesen marcadores analíticos o resultados de alguna prueba ininteligible que nos habla nuevamente del polvo o del amor. Del polvo al que se entregará y nos entregaremos sin pasión o del amor al saber que el ser querido ha pasado el siguiente control.
De esta manera y en este mundo que se quiere sin fronteras, se sella hasta la próxima un pasaporte que recuerda el paso por una vida fronteriza.

Soy español sin ganas
He visto a pocas personas en el lugar adecuado, más bien al contrario, están donde y como pueden. Las vicisitudes de la vida, si es que hay lugar a ellas o ya nos son dadas como genes por el lugar y la casa de nacimiento, te llevan, te traen y a lomos de un caracol o escarbando el oro de una mina abandonada acabas haciendo de tu capa un sayo o una cueva donde ocultar la verdadera religión, la prohibida, la del ser y no tener. Ser humano es ser furtivo prácticamente hoy en día. Cada uno representa su papel, de padre, madre, preso, funcionario y allá donde desarrolla la obra no podrá hacer ni ser más que eso, Cyrano de Berguerac en pleno duelo o el mismísimo emperador Maximiliano pasado por la bayoneta y retratado por Manet, a la manera que hizo Goya en sus fusilamientos.
Frente a esos papeles o monigotes de feria no queremos reconocernos y actuamos sin piedad una docena de veces por segundo, sin ton ni son, sin orquesta (tan escasas hoy en día) ni otra banda que la de las arpas hambrientas rugiendo dentro de la gran barriga africana.
Mark Tansey
En las cataratas de Reichenbach

Mark Tansey, Derrida queries De Man, 1990 (Derrida cuestiona a Paul de Man)
Derrida, filósofo post-estructuralista que propuso el concepto de deconstrucción

Sidney Paget, 1893 ilustración para The Final Problem, de Conan Doyle
No conozco a los hombres. Años llevo de buscarles y huirles sin remedio
Dejándome en un paréntesis, una especie de no lugar donde mi mente sólo está de paso. Un no lugar harto conocido por el clima como de cuadro colgado al que nadie mira, de clave o punto de fuga que pasa inadvertido. Dejándome en ese estado días como el de hoy alcanzo el punto exacto de eficacia y vacío. Dos aceitunas unidas por el mismo palillo, ¿qué quiere tomar el niño? ¿otro mosto con más aceitunas? ¿una montaña de aceitunas rellenas de lengua?
(Espacio publicitario de la campaña ningún niño sin saber mamar: El niño se ha hecho mayor y sigue estando de acuerdo con que la lactancia materna es un gran remedio, pero a todas las edades. El niño ha salido consecuente).
No soy consciente del momento en que atravesé la cortina de niebla para aparecer en este lugar. Y como si hubiera suplantado a mi doble de las antípodas hice las cosas tal como deseaban, los saludos, las alabanzas, los comentarios sobre la temperatura, lo beneficioso que sería gozar de unos informes impolutos, las consecuencias del buen comportamiento. Les gustaba todo lo que me parecía trivial y sin embargo necesario para edulcorar la institución (otro mosto con dos aceitunas). Una sencilla prueba de adn identificaría la procedencia del marfil y los furtivos estarían localizados, susurró mi doble. No entendía el significado y resultó que había dicho las palabras correctas. Entonces, de repente, se me pasó una pregunta por la cabeza, si yo estaba allí, suplantando a otro ¿dónde estaría mi yo, el bueno, el verdadero? Apoyé la frente en mis manos, estaba sentado en la arena del parque, dibujando un cuadrado con el palo de un arbusto y a su lado alguien decía, por mi y por todos mis compañeros.

Mark Tansey
Paulus Potter
Tentación del bien
¿Qué hacer con las llagas que alumbran los recuerdos? Con esas carnes que destapan un odio echado a dormir junto a la princesa del cuento, pinchada por la aguja de coser y la del heroinómano que primero fue príncipe y expendedor de besos a tornillo. Qué hacer cuando despierta el fantasma y se estira dentro de la sábana porque ha crecido tanto… y vuelve a aparecer la persona que saboteó la niñez o la pubertad con el enroque pernicioso de un adulto hablando de la desconfianza y la brutalidad. Y ya entonces se oía un arrastrar de cadenas por los adoquines, lejos de cualquier sombra, enquistadas también en un pasado efervescente e inconcluso.
Tal vez un codazo entre los dientes aligere el peso o desate el nudo del estómago. Tal vez Yusuf no necesite otra terapia.

Grigori M. Shegal
Vivimos a merced de lo que de nosotros ignorábamos
Sir Andrews ya está en la enfermería, pero no sólo por cuestiones de interpretación. Apenas puede abrir la boca, para gusto de unos y placer de otros. Un problema en la articulación temporomandibular le impide, además de hablar, saciar el hambre y la sed de salvación. Vive como un pajarillo herido, vendado en el nido de la enfermería tras caerle encima de sus sueños una de esas vigas que alguien se llevó de la Mezquita de Córdoba, entre el abrigo y el carro, mucho antes de la última guerra in-civil. El caso es que cayó en el patio igual que el soldado retratado por Robert Capa durante la guerra y, sin tanta polémica con el posible montaje, Sir Andrews fue trasladado, lleno de sangre y con la nariz rota. La reina del grito ha contribuido a que su rostro permanezca oculto, en un aislamiento preventivo. Nadie sabe muy bien lo que pasó pero los análisis han resultado peores de lo esperado. Casi no tiene sangre. El domingo seré yo el que se caiga sin necesidad de sueños ni golpes en la napia, por la napia, todo por la napia.
Todo por la napia
Érase un hombre a una nariz pegado
Y, pegado a la nariz un talego enrollado
Eran unas fosas nasales gigantescas
Como túnel grande sobre caretera
Era el trabajo de aspirador
Al que aspiraba al que hizo oposición
Era era era era que se era
Era su nariz su pecado y su condena
Todo por napia
Snif snif todo por la nariz
Era Medellín su tierra prometida
Era el polvo blanco su maná y su alegría
No era un camello sino una caravana
La que le pasaba la materia colombiana
Era que amaba a Toni Montana
Y, era el pegamento y las colas industriales
Sus otras pasiones sus efectos personales
Todo por la napia
Snif snif todo por la nariz
Era que oía a su madre que decía
Perico, no te excites y Perico se reía
Era el placer para su pituitaria
Todo lo que entraba fuera línea o fuera raya
Era que despacio y poco a poco su tabique
Se había desgastado se había ido a pique
Y era que escuchaba el consejo del vecino
Haz como yo y ponte uno de platino
Todo por la napia
Snif snif todo por la nariz
“En beneficio de todos” Siniestro Total

"Suicidio" George Grosz
Ha apoyado la frente en el cristal
He empezado a sentirme mal. Mañana será otro médico el encargado de auscultar los latidos de este pobre corazón, pues el titular se marcha de vacaciones a la biosfera profunda. La enfermera, amiga de la reina del grito, almidonará y dirigirá nuestros malestares. Todo está en funcionamiento, la maquinaria, la mentira, la fuga. Nunca ha habido huida tan gelatinosa y estéril pues la vuelta está firmada bajo un efecto boomerang.
Hasta los marcadores tumorales están muy por encima de lo permitido, dentro de una trayectoria espacial curva. Junto a ellos, en el espacio sideral, una escuadrilla de naves terrícolas lucha contra el enemigo procedente de Marte. Ellos son su propio enemigo que en un pasado reciente avanzaron en el espacio y, sin saber, lo que hicieron fue retroceder en el tiempo hasta encontrarse frente a sí mismos.
El estómago es una nave llena de marcianos congelados. Dentro se mueven millones de antenas que se recargan con la energía que da la mentira de los días. Todos ellos amasan la fuerza suficiente para continuar, ocupan las tres cuartas partes del estómago en esta función y nos quitan las ganas de comer.
Los marcianos no piensan, disparan con rayos láser, abducen y llenan de algas la mirada. Es imposible alcanzar a ver todo lo que somos a menos que consigamos escapar de nosotros mismos para incluirnos en un nuevo fascículo coleccionable. Nuestros días son coleccionables y al final, de regalo, hay un cartel del gran Houdini cuando iba y venía haciendo de su oficio asombro de propios y extraños.

"Paisaje apocalíptico" Meidner
hallo hospitalidad en un relámpago
“ Sherlock Holmes cogió la botella del ángulo de la repisa de la chimenea, y su jeringuilla hipodérmica de su pulcro estuche de tafilete. Insertó con sus dedos largos, blancos ynerviosos, la delicada aguja, y se remangó la manga izquierda de la camisa. Por uninstante sus ojos se posaron pensativos en el musculoso antebrazo y en la muñeca,cubiertos ambos de puntitos y marcas de los innumerables pinchazos. Finalmente,hundió en la carne la punta afilada, presionó hacia abajo el delicado émbolo y se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en el sillón forrado de terciopelo y exhalando un profundo suspiro de satisfacción.” “El signo de los cuatro” A. Conan Doyle

Thiago Rocha



