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Cada soldado tiene muchas guerras, pero una sola casa
Vuelvo a estar en el mismo lugar, pero ¿soy el mismo? Mi cuerpo desempeña el papel de siempre, mi rostro pasa por ser mi rostro y adentro la oscuridad sigue pendiente de una instalación eléctrica que haga visitable las entrañas. Por mis venas pasan tranvías y trolebuses que cumplen puntualmente su recorrido sin distinción de horarios nocturnos o diurnos. La vida está en cualquier rincón y nunca duerme del todo.
¿En cuánto me he reconocido y en cuánto desconocido durante el viaje? No estoy seguro. Lo cierto es que el peso de las horas, los pasos y las miradas llenas de frío han cincelado mis pensamientos, probablemente siendo éstos los mismos aunque un poco más elaborados y, por tanto, alejándome del camino puesto que considero imprescindible la necesidad de simplificarlo todo. Cada uno de mis pensamientos lleva como firma la fuente de su inspiración. La piel les une y oculta dentro del rompecabezas de mi ser.
La fuga, lamentablemente, me ha devuelto a Ítaca sin que me haya dado tiempo a arrojar el miedo a Lestrigones y Cíclopes de los que mi pensamiento se alimenta por no ser éste demasiado alto y limpio.
Cuesta explicarse y más cuesta explicar a los demás las razones de los actos y las causas de las dudas que no son otras sino las de encontrar la paz donde nadie la busca, en el contenedor de la no discusión, de la reconciliación, del asombro y la comprensión. En demasiadas ocasiones soy incapaz de rebatir el pensamiento ajeno y mucho menos cuando éste se mezcla con un sentimiento verdadero y rebosante. Esto implicaría una dosis mayor de justificación que de explicación y eso no sólo no me gusta sino que me incapacita y secuestra la voluntad. La voluntad define la intención pero no el resultado. Si al final el resultado es el dolor o la pérdida poco importa si esa intención haya sido buena o mala. Lo que cuenta se encuentra al otro lado del hilo, en la bombilla que se enciende o apaga y que, en definitiva, ofrecerá el aprobado o el suspenso del examen.
Vila Matas cuando se le pregunta “Usted dice que no se conoce a sí mismo. ¿No nos buscamos por si acaso nos encontramos?”, responde: No sé quién soy. Eso es lo que en realidad digo. Como escritor he conseguido que mi vida sea la biografía de mi estilo. Pero no me conozco nada. Creo que es mejor así.

Perdida en este odioso harén ¿quién contempla mi belleza?
He visitado las profundidades de la intuición, las cuevas secretas que se esconden tras atravesar a nado el lago de la memoria.
Poco es lo que deseo y por supuesto, no aparece en los mapas de cualquier geografía descrita en los libros de texto. ¿Cómo decir que en la cima de mis ánimos tanto el excesivo calor o frío derrite las ideas? ¿Cómo explicar que las horas del día son cigarrillos que se fuman y que nos fuman a cambio, siempre a cambio del cobijo y la hospitalidad? En cualquier otro caso nadie nos fumaría los cigarros por docenas. He visitado aquel oeste en el que los rostros pálidos ofrecían agua de fuego y espejitos a cambio del oro guardado por los dioses de los indios en las montañas sagradas.

Recorrer espacios y cambiar las monedas en el banco de los sueños.
Cuando muera, nadie plantará un olivo sobre mi cabeza.
¿Cuándo dejaré de perder por los caminos reales los días que me han sido prestados para hacer un mejor uso de ellos?
A veces, cuando la noche me aprisiona,
suelo sentarme frente a una cabina
telefónica
y contemplo las bocas que hablan
por lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar,
yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas.
Félix Francisco Casanova
Soy la sombra que arrojan mis palabras
Debería seguir un orden para que se entendiera la fuga en todo su proceso. Si así no lo hiciera tal vez pudiera cambiar el sentido, aunque en la escuela me enseñaron que el orden los factores no altera el producto.
He atravesado tierras alfombradas con las hojas del otoño. He bebido de las fuentes de Babel litros y litros de cerveza y apenas he entendido nada salvo que las bicicletas no son sólo para el verano.
Hay lugares donde las bicicletas son camellos para atravesar los días y las noches y hasta los niños, recién destetados, pedalean junto a los padres que se abren paso con el claxon de una sonrisa. Entonces es imprescindible reducir la marcha, hacer la calle habitable al ritmo de esas jorobas y dejar a un lado aquellos lugares que por sólo un euro a la entrada te ponen el mismo sello que se exige en una reclamación, para que conste, para que se vea de lejos la marca del ganado que asume la oscuridad decorada con almas, luces y seres que abrevan junto a un escenario sin música en directo. Pues en la fuga y en el viaje cualquier decorado extraño, con o sin euro a la entrada, seduce al viajero no viajado para dejar una vez más la sensación de siempre, que el que sobra es uno mismo, pues ni siente ni entiende, a la sombra del sombrero que lleva el camarero.
Amor
La noche ha sido larga y llena de emoción
Pero amanece y me apetece estar juntos los dos.
Bares, qué lugares
Tan gratos para conversar
No hay como el calor del amor en un bar.
Amor
No he sabido encontrar el momento justo
Pues con el frío de la noche no estaba a gusto.
Mozo, ponga un trozo
De payonesa y un café
Que a la señorita la invita monsieur.
Y dos alondras nos observan sin gran interés
El camarero está leyendo el As con avidez.
Bares, qué lugares
Tan gratos para conversar
No hay como el calor del amor en un bar
Amor
Aunque a estas horas ya no estoy muy entero
Al fin llegó el momento de decirlo: te quiero.
Pollo, otro bollo
No me tenga que levantar
No hay como el calor del amor en un bar.
Jefe, no se queje
Y ponga otra copita más
No hay como el calor del amor en un bar.
El calor del amor en un bar
El calor del amor en un bar
Gabinete Caligari

Altar de Pérgamo (Detalle del friso oriental. Atenea separa al gigante Alcioneo de su madre, Gaya, quien está semienterrada en su dominio terrestre. Una niké se dispone a coronar a la diosa triunfante)
Volví. Nunca había partido
James Bond en cualquiera de sus viajes de Londres a Estambul echaría por su boca el humo de tres cajetillas de tabaco. Sin hacer más señales en el aire que las propias de esos cigarrillos encendidos pondría en calentamiento su corazón con unos buenos tragos de ouzo, ese aguardiente griego que resucita a un muerto. En cualquier caso no olvidaría acompañarse en todo momento por un par de drys Martini y al final pondría la calma en su estómago trajinándose en la cena media botellita de vino.
Una sombra otoñal del agente 007 me ha acompañado bajo la camisa, lo suficientemente envuelta entre humos como para impedir transpirar un recuerdo de Cavafis:
Nadie me ató. Me liberé de todo y me fui.
A placeres que, medio reales,
medio soñados, rondaban en mi alma,
me fui en la noche iluminada.
Y de los más fuertes vinos bebí, como
del que beben los héroes del placer.

Entramos en la sombra partida
Una ciudad con mil y un casinos para pasar todas las noches del cuento en una apuesta sin fin. Allí la vida es posible dentro de una ruleta que gira atosigada por la mano del crupier y la mirada, toda sombra, del perdedor. No muy lejos las estrellas son cifras y números de ganancias sobre una tierra imaginaria de salvación. Las claves para llegar son más fáciles de lo que se pudiera imaginar. Sólo hace falta dejar caer la postal con sus farolas de goma y sus carrozas convertidas en calabazas. Sólo hace falta resguardarse de los aullidos más turísticos, bucear bajo mares que saben a sopas de ajo y atravesar la Silesia donde un borracho te mirará estático, como si fueras ese número par y rojo que nunca se pondrá de su lado.

Szymon Gdowicz
Como cenizas, como mares poblándose
Subir a lo más alto de una ciudad para sentir nada, excepto el cansancio y el brío hecho polilla en el sobaco. Mirar la cúpula de una sinagoga, descansar junto a las fotos de los judíos barbudos que murieron no hace tanto con el talmud entre los dientes y comprar a la salida una caja de cerillas que ponga jewish. Son ellos los que me aceptan con su silencio, esos muertos de la estrella de David que no distingo de cualquier otro, muñecos o mariquitas de papel recortadas para un museo etnográfico, cielo en la tierra.
Y mi cuerpo es una marioneta sin teatro que se aleja de ese cementerio de imágenes con sus plegarias dobladas en papelitos y los ramos de piedras que ya no se ven. Los hilos que me mueven son las decisiones que no tomo en un lugar que no es el mío.
En la cúpula han dibujado miles de estrellas y la voluntad de obrar según la ley que no está escrita.

Entrar en el espejo que camina hacia nosotros, donde se encuentran las espaldas...
Sin poder detenerme he caminado por un túnel donde las paredes eran libros incrustados por la historia que nadie quiso leer. Allí se encontraban todas las vicisitudes que no se pudieron narrar porque los ojos ni eran libres ni estaban dispuestos. Ojos hundidos, traiciones rocambolescas, los significados de los mitos y leyendas, rincones donde las otras verdades colgaban siempre húmedas, pues las lágrimas de los inocentes nunca habían de faltar en ese lugar impuro.
Mis pasos se revolucionaron dejando atrás las grietas que se escondían tras esos libros, donde las sombras de los apestados se relajan y esperan su momento.
Las agujas de todos los relojes me apuntaban y pinchaban en la espalda para que no cesara en mi empeño, ni ofreciese la oportunidad de convertirme en una nueva estatua de sal.
Sólo descansé en un lugar maldito que acogió en su seno una de las escenas terribles que el hombre causó al hombre. Ofrecí mi mano al viento y era como todos los vientos limpiando las líneas de la vida.
Ah, si mi vudú fuese de verdad y la piedra que recogí apareciera atada al cuello de los soberbios en un sueño perturbador.

La pobreza asciende a los edificios aptos para la proclamación del suicidio...
¿Quién puso las campanas en lo alto del precipicio? Lo difícil es mantenerse, cuentan, escalar hasta la cima y no trastornarse con la música; lo más, cruzarse de brazos. Pero cuando se sube o te suben, se comprueba que no hay campana sino besos que resuenan espléndidos en el firmamento. Tal vez siempre haya sido así, pero el cuerpo me dice que deberé huir antes de las primeras lluvias, como una monja que no entiende pero reza, con el rabo entre las piernas.

Anglada Camarasa "La Sibila"
Los ojos me dolían de esperar
No conviene subirse al autobús si lo que se pretende, consciente o inconscientemente, es traspasar la línea y no seguirla. Una línea más fina y pura que la desarrollada por Degas en sus bailarinas, oscuras como la noche en bronce y fuego. Lo difícil, ya se ha dicho en numerosas ocasiones, es la primera vez. Luego, la costumbre o el propio pálpito de seguir estando vivo, hará todo lo demás. Tras las cortinas descorridas surgirá la nueva función y al poco ya no nos sorprenderá cómo los caballeros siguen levantándose para ceder su taburete a las damas o que las rosas perfumadas muestren el tono bello de la sangre en las esquinas. Lo oculto se convertirá en lo visible y sin quererlo estaremos en el mismo ballet donde un muchacho adivinará la carta elegida por un módico precio ¿el nueve de picas? Si esto fuera un folletín romántico podría ser el as de corazones. Puede que incluso los maniquís más soberbios cobren la vida que les falta en el escaparate de cualquier oficina y decidan bailar en un antro con su música en indirecto y dos mojitos al precio de uno. Donna Summer, el Billie Jean de Michael Jackson… como si el tiempo no pasara y los cuerpos envueltos en el aroma de la hierbabuena y el tabaco realmente no fueran los propios.
Degas sólo mostró una escultura en vida. Su pequeña bailarina de 14 años escoltada con los dos pasteles de unos criminales, resultó todo un escándalo para la época. Fue el principio y el fin. Lo que no significó que dejara de hacer bailarinas, caballos y otras esculturas en su taller.
Cuando se descubre la otra vida tras la línea poco importa lo que hasta entonces se haya creído o prometido. Es bello comprobar cómo los pactos con lo prohibido se abrazan junto al resto de verdades ocultas. Resulta hasta relajado pasear por el jardín reconvertido en paraíso y charlar bajo las palmeras, majestuosas papeleras exclusivas para los reyes magos. El humo ya no es humo sino niebla mítica y densa que oculta los decretos y los vértices de las leyes. El humo no es para los bomberos y el flash de una cámara mostrará al homo mas lúcido soplando las velas que adornan todas las mesas. Y el incienso esculpirá otra figura en la noche, la de dos madres lesbianas junto a su hijo que no deja de mirar el lomo de un hipopótamo llegando a la orilla.

Meifren i Roig "Paisaje nocturno"
...Y dramáticas sombras, revestidas/con el prestigo de la prostitución,/ a mi lado venían de un infierno/ grasiento y sofocante como un cuarto de máquinas.
Me han regalado una colonia que huele a hoguera y al abuelito con las manos sobre el fuego. De esta manera el nieto aprende cómo se calientan y ponen los deditos cerca, muy cerca de la llama. Nada más destapar el frasquito me viene el humo a la cara. Entonces necesito cambiarme de esquina y en cada parpadeo comienzo a sintonizar pequeñas historias alrededor de ese fuego primitivo. Lo mejor para asar un chorizo es envolverlo entre las capas de un saco de cemento. Esta fórmula no se enseña en ninguna escuela de restauración, aunque en un momento dado y en buena compañía, podría valer para formar el pico de una estrella michelín. Las palabras pueden servir para avivar el fuego y un montoncito de arena para restar las llamas del rescoldo. No sé muy bien por qué pero al poco el aire se llena con las sombras cansadas del martirologio romano. Van y vienen animadas por el rabo de un perro que no para de ladrar. Tal vez sea otra señal para que nada se mueva sin el permiso de un buen samaritano, una contraseña para que ni el fantasma del abuelo pueda lanzar, sin previo aviso y al cogote, uno de los videos colocados en la estantería.
Aspiro la colonia, me abro a este mundo a través de los pulmones al rojo vivo y no puedo sino quitarme la chaqueta, arrojar algunas tiras de mi piel a ese fuego entre ladrido y ladrido y alimentar las pavesas con pequeñas imágenes, tal vez provocadoras antes de posarse sobre los zapatos. En este instante el ambiente anuncia la llegada de un vuelo seductor que sirve para desinfectar el aire y las ideas amontonadas en la memoria. Procedente de algún culo solitario me aterrizan en la boca los últimos restos de una bellotita nacida en Chefchaouen. Son efectos de las compañías de bajo coste que llegan hasta esta prisión como si fueran un libro de viajes nacido en el siglo XVIII, de mano en mano aterrizando ante mis ojos, en perfecto estado de conversación. Una sombra de entre las llamas hablaba: un par de tiritos de los buenos y es tuyo.

Rusiñol "Gran baile"
...Y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia.
Hacer solitarios es una práctica con la que algunos limpian de polvo y paja la salita más habitada de su cerebro. Como si bajaran por una escalera de caracol ya no pueden parar hasta descubrir que fueron dos, tres o hasta cuatro las horas empleadas en ese descenso que consigue poner la mente en blanco, sin presentes ni pretéritos. Cada partida se convierte en un barrote invisible al que cantar una canción de amor y celda. Cada barrote, un peldaño en la escalera, puede que un dogma en el saber a punto de deshacerse con el calor del pensamiento a pleno rendimiento. Como si en ocasiones la celda entera fuera de chocolate o plastilina y el cuerpo, la mente tan en blanco dentro de una momia que sufrió el sortilegio de hacer solitarios entre los días de la semana.
En reverso de las cartas con las que juegan se puede leer aquello de no juzgues y no serás juzgado, porque en la misma medida que juzgues serás juzgado (Mateo 7: 1,2)

Cafe Gijón
ya no me sirves, zapato negro, en el cual he vivido como un pie
No hay mejor escuela de idiomas que un circo en ruta. Conversar con tigres y leones, la mujer pantera y el hombre elefante. Los cinco años de escuela en uno, historia, geografía, matemáticas y un sueldo para no salir de la pista. Ese es el título que lo acredita como políglota y licenciado ajeno al plan de Bolonia.
Dentro de aquel espectáculo todos los corazones palpitan en el mismo idioma ante el domador que no cesa de marcar el paso, un día en un lugar, montar, desmontar la carpa y acabar derrotado, domesticado junto a las focas que se consuelan lanzándose cajetillas de tabaco a la boca. Inglis pitinglis, spanish souflé, franchute, diky (yiqui) es gracias en checo, dziekuje en polaco, danke en alemán, grazie en italiano, efgaristo ευγαριστώ…
Ante sus balbuceos el tendero le dijo, aquí tiene señor del circo. Y le acercó la bolsa con los tomates, tome cójalos, son gratis, para que conozca el corazón de este pueblo, danke, grazie, gracias, diky... Mientras, el domador no cesará de imponer un ritmo agotador en toda la gira.
¿Cuál es su nacionalidad ? Soy borracho, respondía Bogart en Casablanca. O sea, ciudadano del mundo.

Dario de Regollos "Las redes"
Es a ti a quien buscan los cuchillos
Últimamente, al poco de levantarme y tras enjuagarme la boca con el vómito del sol que entra por el pasillo me noto la piel más reseca que nunca. Madera vieja supongo, con nariz de Pinocho, vetas, nudos y cintura de bailarina trastornada por el vicio de la manteca y la grasa que refleja su espejo en el gimnasio. Mis ojos, espejo del alma estancada, se hacen de reptil, sinuosos y estrechos. No quieren abrirse y a través de sus rendijas se atisban lechos más resecos que la piel, paisajes desérticos, cánticos y rezos que sólo yo conozco porque no son sino versos arrancados de sus ramas. Estoy ahí, en medio de los Ik de Uganda, entre sus montañas, con los Agni de Costa de Marfil echando agua hirviendo a las plantas de cacao
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Joaquín Mir
Lo que me gusta es el pistón en movimiento
Simplificando muchísimo esta parte del mundo se divide en tres. Los que están bien, económicamente holgados o con posibles para llegar a fin de mes por muy alta que sea su cumbre. Podríamos meter ahí también a los amparados por la providencia, educados y leídos pero sin un céntimo. Resumiendo, están dentro del sistema, unos arriba, otros abajo.
Luego tenemos los que viven de lo anti y de la sombra. El mercado no les quiere ni ellos a él. Trapichean, respiran bajo el agua o viven a salto de mata, hoy reparto publicidad, mañana vendo un trozo más de mi alma por un puñado de lentejas argentinas.
Y por último los que sobreviven desayunando nada. Sopas de nada, asando manteca, con un cuchillo entre los dientes, el que les tiene, o una flor de pasión tan marchita que más bien parece el cenicero donde se aplastan los cigarros.
Las discusiones que se producen entre ellos no sobrepasan los límites de sus territorios. Un maltrato, un insulto, la decadencia en general no se mira igual se pertenezca al grupo o no. Los frentes de ataque furibundo son el otro, la viga en el ojo ajeno.
El de arriba dispara a los de abajo y viceversa. El sistema es malo, la gentuza es mala y el pobre se come al pobre, vuelta y vuelta bajo el espetón del puente o en un callejón oscuro hecho de cenizas.

Joaquín Mir
Con mi hambre de lobo renuncio a mi cuerpo de oveja
Saludar a los compañeros de celda como si pertenecieran a obras recién pintadas, plagios de sus ancestros, óleos, aguadas, collage. Recorrer la jornada, de sala en sala diciendo oh, oh, está bien, aunque ninguno me diga nada.
Entonces me apartaré en mitad del grupo y cuando abran la boca o pregunten responderé que no voy a comprar el catálogo de la exposición, ejemplifica la influencia del fauvismo, tendencia surgida en el postimpresionismo y alguna otra cosilla sin importancia.
Me encogeré de hombros y sonará la primera lección del microcosmos sobre un piano dentro de una furgoneta. Mis dedos, en los bolsillos, perseguirán las teclas que rebotarán y saltarán con los baches, las curvas y las miradas.
“…Él escribía por ráfagas e impulsos, sin premeditación, en papelillos sueltos a veces, muy despacio, palabra por palabra, letra por letra –años más tarde, Dolly Onetti me confirmaría que era exactamente así, y tomando a sorbitos, mientras trabajaba, copitas de vino tinto rebajado con agua-, en periodos de gran concentración separados por largos paréntesis de esterilidad. Y allí pronunció aquella frase, que repetiría después muchas veces: que yo tenía relaciones matrimoniales con la literatura, y él, adúlteras…”
“El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti” Mario Vargas Llosa

Onetti
Sobre el paisaje más ilustre he paseado el recuerdo con vuestro paso de pantera
La amistad es frágil. La familia, por no decir la salud y el amor. Cuánto más frágil sea un objeto mejor representa el sentido y la intención de este discurrir que en ocasiones, simula uno de esos saltimbanquis de plástico que suben y bajan por la escalerilla de madera.
Un acercamiento real y verdadero conlleva intensidad, también momentos y vibraciones estelares. Sentir, sentirse, sentirlo. Y rozar la piel que responde al estímulo. Además la lluvia, la época, el momento, puede ejercer de bálsamo o yelmo, bautizo o azote en mitad de la escalera (había saltimbanquis colorados, verdes, azules y amarillos, también escaleras de plástico a las que había que dar la vuelta justo antes de que bajase el muñeco y se desmoñase en el suelo).
Solos nuevamente, transcurrido un tiempo, recuperada la calma por vía intravenosa y de una manera consciente o inconsciente, nuestro cerebro y corazón pueden aunarse para levantar a dos manos el peso del vínculo que como un fósforo pareció desgastarse sobre las barbas del firmamento.
La vida es frágil.

Ramón Casas
Un vampiro soy medio loco estoy
Bebo literatura a media tarde. Se me hincha la tripita con prosas ajenas, bien mascaditas en potito o biberón, cuentos de Baroja, autores que pasaron por las estaciones de cualquier vida, incluso puede que la mía. Además, es bonito oír a alguien que también se alimenta con esos manjares paliativos, escuchar las voces que lleva dentro, los viajes que un día inició, sólo y exclusivamente por el dictado de la literatura. Por ejemplo visitar Mondoñedo, el pueblo natal de Don Álvaro Cunqueiro, preguntar por la casa que le vio nacer y escuchar las andanzas de un quinto ya perdido en aquella soledad. Aquí es y esa es la casa, respondió el anciano y por el gusto de vestir al pueblo ante el visitante, con toda su literatura, se le olvida recoger a la nieta en el colegio. "Un, don, din, Un vampiro soy Retahílas infantiles, de la Revista de folclore. Fundación Joaquín Díaz (Autor: Ignacio de Santos y Claudia Sanz). Título del artículo: Retahílas de echar a suerte. Y explican: Las retahílas de echar a suertes son un ritual que antecede al juego;.una especie de juego que lo precede y anuncia. A través de ellas se eligen los jugadores que han de constituir los equipos o se designa a aquellos sobre los que recae una función especial, frente al resto. Como quiera que, normalmente, se utilizan por los niños, la base literaria se adapta a una psicología caprichosa y en cierto modo irracional. Su contenido, muchas veces, escapa de lo que podría llamarse un discurso lógico para perderse en balbuceos fantásticos, ligados entre sí, solamente por el ritmo. En este sentido son un alarde de creación sin ningún tipo de lastre o cortapisa que pueda condicionar su desarrollo, porque encuentran salida o escape por los vericuetos más insospechados.
de la viri, viri, nancia,
un cañón
se pasea por la Francia.
-Niña, ven aquí.
-Yo no quiero ir.
-Un, don, din, que te toca a ti.
medio loco estoy
que por las mañanas
estudiante soy,
y por las noches
con Radio Nacional
me convierto en ser normal.
La sangre caudal
es mi mayor ilusión,
cuando voy al cementerio
para hacer la digestión;
de vuelta a casa
en mi viejo ataúd
que deja a las tumbas sin luz.
Las retahílas tienen un basamento literario y musical.

Ignacio Sanz
¿Cómo será que no?
El capitalismo se regenera. Nadie puede con él, la industria, la bolsa, la crisis y… atención, jugada maestra.
Están de moda las inyecciones fuera de la sanidad. O sea, ante el fracaso del liberalismo papá estado debe amamantar en sus pechos a empresas y bancos.
Pero nos dicen que Superratón ha llegado.
Las corporaciones, los consejos de administración entrelazados con sus lazos directos e indirectos hacen un salto mortal y colocan a Barak Obama en la cúspide. El pueblo grita entusiasmado ¡razón histórica! (lo es) y el capitalismo reacciona con una de las pocas armas guardadas en la recámara. ¿O es que Obama va por libre y ha llegado donde ha llegado sin pedir permiso? Marioneta y arma. Las instituciones religiosas, la monarquía, todos, todos juegan o jugarán sus bazas.
Isidre Nonell
El hombre del tiempo ahorcado
Hubo revuelta en la prisión. Supongo que es necesario para regular el organismo, un golpe de efecto sincero y molesto que destape el pus y el pis en alguno. Cayeron lágrimas de cocodrilo, pantera y lunático en el mismo tarro. En el lugar que dejó mi ausencia la vida transcurrió con los efectos, ungüentos y venenos que la costumbre ha inoculado al lugar. Hassan sacó un pincho de entre las venas al dente y apuntó al diapasón de un joven corazón ya cainita y enfermo de malicia. Las ondas de aquel golpe hicieron un pequeño barullo y, de entre las olas, Renato tiró de la manta para que la audiencia se encariñase con la faena. Todos los vaqueros de las películas atravesaron la pantalla y comenzaron a soltar puños y piernas. Fue una pequeña refriega ante la que los funcionarios dejaron hacer. No puede ser de otra manera sino esperar al parte nada amistoso y silbar, lo más, mutis por el foro.
Las miradas no sé si matan pero algunas hieren y tocan la campana que da inicio al combate. Hassan en el fondo no aguantaba a ese Caín. Hiciera lo que hiciera, inflar un globo, mear con una sola mano, toser dos veces seguidas… cualquier cosa encendería la chispa sin quererlo queriendo.
Tras la tempestad, un tiempo para reivindicar los derechos más tiesos que nunca y la promesa de una nueva-vieja rutina que todo lo baña con su intención suicida. La de intentar hacer las cosas al gusto poco consciente de Hassan. Ni él mismo se aguantaría frente al espejo, no conseguiría llevar ninguna empresa a término aunque, inexplicablemente, sobrevive a sí mismo.
Lo único que sabe decir bien es yo lo flipo, yo lo flipo. Como tantos otros, bien es cierto.
Revuelta en el frenopático,
el hombre del tiempo ahorcado
por haber informado:
granizos, rayos, truenos
y viento huracanado.
La asamblea de majaras
se ha reunido.
La asamblea de majaras
ha decidido:
Mañana sol.
El hombre del tiempo
les plantó cara:
mañana hará el tiempo
que a mí me dé la gana.
Revuelta en el frenopático
el hombre del tiempo
ahorcado y
todo por haber jugado
al Telediario.
La asamblea de majaras
se ha reunido.
La asamblea de majaras
ha decidido:
mañana sol
y buen tiempo.
KORTATU

Zuloaga "La Oterito en su camerino"
...este vértigo de los años...
Amnesia global temporal. Ese ha sido el diagnóstico con el que han firmado el parte de Hassan. De repente, el dinosaurio y esos cuentos de Monterroso se esculpieron en el alborotado cabello, como abriéndose paso en una cabeza completamente vacía. No recordaba nada de lo que había hecho durante el día. Su cabeza se llenó de niebla cerrada, fue como si estuviera en mitad de un vaso de leche y de repente la galleta fue a él, ya que él no iba hacia la galleta, ha dicho.
Nada de lo que se le dijo tiene ahora importancia, no recuerda sus lágrimas, ni la pelea ni la promesa de buen chico que tampoco confundió al capellán, Ave Maria Purísima. Ahora, se estira en el camastro feliz como una lombriz.
Porque una vez te dije
“Hueles a violetas”
ya tengo cada año
que ir a traértelas.
¡Ay qué condena,
que ya no sé
si son ellas tú,
si eres tú ellas!
A.G.Calvo

René Magritte "El seductor"
Lo que hace problema a un problema es contener una contradicción real
Pudiera dividirse la jungla en dos mitades. Los que anhelan o viven en un feudo, torre de marfil con wifi o simplemente cuatro paredes insonorizadas al mundo y los que viven en la calle. Los unos tienen ascendencia o cierto anhelo acomodaticio, siendo el frigo su bandera y el diseño de interior su gran fracaso. Dentro de estos existiría una subclase de misántropos que ya no pueden más o sencillamente son demasiado viejos para otra cosa y que nada quieren saber de las subidas o bajadas de otra bolsa que no sea la suya de la basura.
El grupo de la calle, el que no tiene casa o sencillamente duerme en un cuchitril que le impide hacer otra cosa al despertarse, simboliza el peligro pero también la vida en todas sus dimensiones.
La fiesta se hace en la calle o así se reivindica por el político de turno. El comercio y el chateo de antes en mayor medida, lo que se decía alternar, no emborracharse, aunque el límite entre ambos conceptos, en numerosas ocasiones, no estaba muy claro. Se iba de bar en bar reivindicando la justicia y el sifón. Quienes así cumplían penitencia habían vivido en la calle y en el campo buena parte de su juventud. Eran puente entre las dos mitades que convivirían luego en la ciudad. Ellos vivieron dentro y fuera. Piezas nada ambiguas, explicitaban el maniqueísmo que vino después. He dicho VINO. Encarnaron el dualismo constante de la celebración, el monstruo que pariría sus dos mitades por separado y que hoy en día parecen llevar caminos irreconciliables.

En tu edad como un portón abierto
Convivir con las palabras desgastadas por el fósforo de los días. Las mismas bocas pronunciando las frases y expresiones habituales de cada ritual. Las preguntas no esperan respuestas, ni dan tiempo a pensarlas. Rápidamente forman un tren de mercancías, unas con otras llenan el posible vacío, el silencio tan difícil de digerir tras tantos días sin saber nada de nadie.
Al otro extremo de la mesa una momia resucitada asiente, mueve su cuello de Nefertiti y asoma a este mundo como si hubiese salido de una vaina extraterrestre. Añade coletillas sin importancia y a través de ellas abduce y vampiriza las pocas fuerzas que aletean en la atmósfera.
El comedor de la prisión es un puzzle que forma un paisaje con una fauna extraña. Mañana en el quiosco imaginario regalarán la primera pieza junto a su periódico, sin necesidad de cupón. Así el coleccionable de la vida y color. El último cupón, la esquela.

Cary Conover
La gente trata de ignorar que existen las flores del mal
Pero lo cierto es que se multiplican en campos de metal
Y el mundo cae sin remisión en un pozo infernal
Pues nadie quiere reconocer que esto es el final
¿Porqué se empeñan en destruir, todo lo bueno que queda aquí?
¿Porqué germinan en cualquier lugar, sin un control las flores del mal?
Hay que arrancar las flores del mal
Hay que arrancar las flores del mal
Hay que arrancar las flores del mal
Ya nadie lucha por el futuro, todo es provisional
El egoísmo se hace estandarte internacional
Ojo por ojo, diente por diente, es ley fundamental
Y así sin duda nos llevarán al juicio universal
¿Qué genios locos van a impedir que este siglo llegue a su fin?
¿Porqué germinan en cualquier lugar, sin un control las flores del mal?
Hay que arrancar las flores del mal
Hay que arrancar las flores del mal
Hay que arrancar las flores del mal
Barón Rojo “Las flores del mal”
...porque escribir es lo único que me da cordura...-Toni Morrison-
En Nueva Gales del Sur, cuenta Radcliffe-Brown (1881-1955), existe un sistema de totemismo sexual con el que hombres y mujeres se identifican. El tótem de los hombres es el murciélago y el de las mujeres un pájaro. Cuando la tensión entre ambos se hace patente por el motivo o motivos que fueran, las mujeres salen de la aldea y matan un murciélago, tótem de los hombres. Con la caza a cuestas cumplen el ritual y lo dejan tirado en la aldea para que sus opuestos se enteren. Movida esta ficha del juego, los hombres matan al pájaro, que representa el tótem de las mujeres y es cuando comienza una ensalada de insultos y hostias que dijéramos en esta prisión. Después, se restablece la paz y desaparece el mal rollo. Es la única manera para que no quede latente esa tensión entre dos personas o grupos. Hay que pelear y luego hacer las paces.
Este comportamiento entra dentro de una complementariedad y equilibro absoluto. Hasta no hace tanto, muchas de las peleas en las que me he visto metido o rodeado funcionaban en ese sentido, buscando la paz (primero consigo mismo, luego con el otro) y el trago compartido en la barra. Pero ahora nada hace prever que el buscador de peleas o guerras desee ningún tipo de equilibrio. Las únicas opciones son la reyerta (física o psíquica) hasta la extenuación o muerte, o en caso contrario, la amargura de comerse esa latencia junto con la sopa y los fideos, que de alguna manera son los barrotes de otra cárcel misteriosa flotando en el plato de un Polifemo cualquiera.
Lo que se llama la manera de ser de cada uno y la cultura es lo que define la actitud personal.
Muy pocos quieren entender el equilibrio que formamos seres y objetos. El individualismo se viste de egoísmo y no admite a nadie más en la mesa. La sensación de que todos no cabemos o de que serán pocos los elegidos, interpretando por libre las palabras de Mateo, ha emponzoñado el alma hasta no ver nada más que un murciélago estrangulado en cada señal de competencia o compañía.
Otros, nos hartamos de silencio y en la cueva del eremita, auténtica prisión para el que no la desee, respiramos el oxígeno del que esa latencia violenta se alimenta. Esperamos recoger los frutos de la pasividad e insuflar unas fuerzas que se deshacen con el contacto, fruto sin duda, del calentamiento global e individual de los que me rodean.

Toni Morrison apoyó a Barack Obama, quien a su vez tiene a "La canción de Salomon" entre sus novelas favoritas. Toni Morrison acaba de publicar "A Mercy".
¡Ay, pobreza que sangras!
Carta que nunca enviaré, aunque siguiendo los pasos de Moses Herzog, escribo para deleite de psiquiatras y milicianos del aburrimiento. Si tuviera algún retoño, antes de acostarle hoy en la cuna, le cambiaría el cuento por lo que sigue (la criatura sólo entendería mi sonrisa angelical y las cosquillas que le haría en la planta de los pies):
Estimada furcia,
Su llamada al alcaide el pasado día 14 de Noviembre ha conseguido remover la mierda que con la yema de un solo dedo intentaba sujetar bien adentro, antes de que cayera en bomba sobre la taza. Sin echarle imaginación y rogando a los santos para que me concedan un deseo, sólo pido que la cañería de mi váter comunique con el desagüe que va a dar a su coño y de esta manera disfrute de un orgasmo mientras intenta soñar, como cada fin de semana, con Calderón de la Mierda y su este vida es una Barca.
Sus maneras y formas, de las que intuyo una piel irritada y unos pezones peludos ajustándose tras la máscara del teléfono, no me dejaron apenas pensar lo que decía. Tan sólo quería descansar en paz.
Me he sentido como un conejillo cayendo en el lazo, sin saber muy bien donde ponía la patita, presa del pánico, con las orejas casi dentro de la chistera. Si hubiera sido al revés yo estaría, a no tardar, frente a un jurado, acusado por el acoso y una violencia de género, supongo también de número. Sus deseos se cumplieron prácticamente y por ello espero que se me concedan los míos, que ahora continuaré pidiendo. De esta manera usted disfrutará de algún que otro tumor, tantos como mentiras explicó con el fin de cumplir su objetivo demoníaco. Si fuera generoso esos tumores les reduciría a dos, igual que los mandamientos, uno para cada pecho y en el centro, la cruz de nuestro Señor.
P.D. Debo volver al silencio, ahora que mi espíritu, tras la carta, vuelve a encontrar cierta calma infantil. No. Es cierto. No deseo mal a nadie.
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"Dante y Virgilio en el infierno" Bouguereau
Cuerpos provisionales recorrían la casa
Pintar los rostros de aquellas mujeres que por algún motivo se metieron durante unos instantes dentro de mi cabeza. Acuñar sus formas justo en el momento que atravesaban la piel y sin importar el tiempo que allí se quedaron alojadas. Pudo ser una tarde tan sólo mientras esperaba el autobús o conversaba sobre la peor cerveza del mundo cayendo en tromba sobre la Guayana francesa.
Dibujar a las elegidas con un bolígrafo en sus gestos cotidianos, enjuagándose los dientes o arrancándose las legañas con que los sueños sellaron su realidad.
Luego, viajar hasta el presente para pintarlas de nuevo, ahora con sus rostros fatigados. Y entre los dos retratos imaginar el puente que hubiera sido yo. Perseguirlas por los laberintos y alcanzarlas para comprobar lo que hubiera hecho la vida con nosotros.

John Singer Sargent
El mundo llama del otro lado de mi puerta
Nuestro visitante, hombre viajado en letras y lugares de la memoria, leyó su impronta, casi hasta adormecernos con su prosa llena de postales y geografías literarias. Comenzó la charla con Esquilo, antihéroe por antonomasia, para dar un salto hasta el Hamlet de Shakespeare sin apenas agua que llevarse hasta sus labios. Dostoiveski y su Crimen y castigo, Tolstoi con su Ana Karenina, Galdós, sus personajes y Fortunata y Jacinta, Dickens con su casa habitada, en busca del tiempo perdido de Proust, el proceso de Kafka, el Rilke que a lazo atrapó antes de la ovación y unos cuantos que se me olvidan. Mientras así nos relataba lo que ha formado sin duda el cemento y la arena de sus ideas, se me suicidó el bolígrafo y el cuaderno que presto saltó en su ayuda. Desarmado y sin ganas de plagiar aquel itinerario de los objetos, giré la cabeza por accidente y mi mirada quedó atrapada en el abrigo del visitante orador. Estaba colocado en la silla que tenía delante, un poco hacia la derecha. No era un abrigo que pudiera guardar del frío a tenor su aparente ligereza, aunque su grisácea condición le mimetizaría perfectamente con el estado de ánimo que en el día de hoy, no quiso cambiarse de pareja, una vez me sacó a bailar. Ese abrigo descansaba de las charlas, ajeno a los ensayos de Montaigne que lanzaba nuestro autor como si fueran matasuegras y las sentencias, genuinas guirnaldas para colgar del alma. Los bolsillos poco debían contener, tal vez alguna cita y las huellas dactilares con las que se ayudó para perpetrar sus obras esculpidas y bellas. Puede que también se adornaran con alguna cita y restos de uñas y eso me hizo afinar la mirada. Efectivamente allí estaba, es el libro que escribimos quien realmente nos escribe, decía él, Montaigne y la nota que arañaba mis sentidos.

El hombre es mudo, es la imagen la que habla
Si eres como un niño con su bufanda llena de enfado y sientes el ahogo de la camisa de fuerza con que te sujetan los pensamientos, sólo puedes mirar al suelo e imitar la gota de lluvia que ha traspasado el techo con cierto pesar salado.
Si las palabras han irritado la paciencia del corazón ajeno dentro del bosque, mas extiende entre las manos su nido para vivirle, sólo puedes abrir el cofrecillo de los objetos inolvidables y gritar sésamo ábrete, que mi cabeza se despluma con las dudas.
Eso puede ser todo un acontecimiento, oír nuevamente el sonido del mar en la concha que te llevas al oído.
Si eres como un niño que aún sigue viendo en esas plumas la nieve del invierno cayendo, mientras su mente se vierte en el pensamiento de todo un ejército sin formar, sobre la banqueta de la cocina, con los flancos abiertos acercando un aroma a lavanda.
Si eres como un niño, te dicen, ahora ya sabes que por ti, la batalla no espera.

Nikola Tesla
Estrella prisionera prendida en el hielo del instante
En mi sueño seguramente hayan tenido que ver las fieras que se le presentaron a Dante en su camino. “A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haber apartado del camino recto”, decía. Allí estaban una pantera, un león y una loba que a la postre se me convirtieron en nocturnos seres, habitantes de los cementerios de imágenes. Ellas me acusaron, con cierta razón supongo, de ser el que era y ante mis quejidos, suspiros y profundos gemidos, me señalaron el lugar donde habitan las tristes almas que ni fueron rebeldes ni fieles a Dios, calcando aquel viaje dantesco.
En mi sueño la razón dormía en una caseta de perro. De esta manera, atada con penosas cadenas, evitaba que en las noches de luna llena se uniera a la manada que reclamaba su compañía.
Lujuria, soberbia y avaricia simbolizaban las fieras de Virgilio, nada que ver con las que a mí me deleitaban.

Gustave Dore "Divina Comedia"
Oh, mis caminos y su cadencia
Un llavero con cara de bruja y unos versos para romper el hielo de la copa. Luego, explicar, como si estuviera leyendo un artículo en el periódico, la cosa esa del paso de los años. Aclarar que dividir la vida en estratos o decenios donde se cumplen etapas y objetivos es algo que redunda en la simpleza de los que no viven ni han vivido sino en la inopia o en la cúspide de la necedad. Reconocer que la corriente de los días impresiona por una espuma fugaz mientras nos arrastra hacia la catarata Victoria o Derrota, tampoco es decir mucho. La condición del tiempo se mide de diferentes maneras, o no se mide. Los indios hopi no expresaban el pasado, presente y futuro, se valían de lo causal y lo manifiesto. Otros dicen que se está aquí o allí, dentro-fuera, y en eso consiste el tiempo y el espacio, un dentro-fuera radical y sublime. Además, abrir las puertas de la vacilación también nos puede hacer entender que es más opresivo un espacio excesivo que reducido. Si nos consuela o desconsuela esta conclusión, dependerá también del sabor dejado por ese hielo que a la postre rematará el último trago, cara de bruja y unos versos dando la vuelta al hielo en 80 mundos, como si ya no estuviera leyendo un artículo, sólo, sin tiempo…

II Premio nacional del comic
pero lo más triste es recordar los gestos del día siguiente
Un solo codazo enrabietado para abrir el apetito. Es la manera de explicar al mundo que ya está harto, porque el soltador de codos ha puesto cara de fauno enrabietado ante los repetidos golpecillos que recibe. Parece decir os odio a muerte y su imagen habla por sí misma. Si fuera niño o púber ese gesto me parecería normal. Una de esas tardes calurosas de cancha y fiebre en el barrio, la pelota que tras golpear el aro una y otra vez sale llorando hasta las manos del contrario y la coz del espanto impulsada por el jugador que no sabe perder mientras sus pupilas, llenas de mar rojo, se abren de par en par. Pero ahora todos somos adultos y el patio que nos acoge, aunque encierre una canasta idéntica a la de aquellos años, en nada se parece a la madera desconchada que sostenía el aro oxidado, sin red, siempre sin red. No debo recordar que en cada bote de balón se esconde un momento del pasado y como tal, rebota en mi memoria para traerme figuras lejanas y difusas que nada sabían de tiempos o formas circunstanciales. En meter la canasta residía el objetivo de una tarde entera, sin que en el cielo se presentasen las nubes de un pasado o un futuro consciente (Puede ser que, siguiendo esa lógica, sólo aquello de lo no seamos conscientes nos pertenece). Por eso la imagen de ese rostro venido de Atapuerca ha quedado retratada con el sabor de una vieja fotografía, que por ser tan actual y vieja, me parece bochornosa. En ese gesto se le ha caído todo el camuflaje y como si fuera uno de esos soldados de la primera guerra mundial disfrazado de árbol, ha quedado al descubierto. Tan sólo queda que alguien le descerraje un tiro en la cabeza y el árbitro diga, vale la canasta y un tiro adicional.

entretejer entre las manos un corazón tardío
Después de un tiempo en que los barrotes ya no se discuten, ni la sombra que proyectan estrechándome en un rincón, ha venido a visitarme un auténtico corredor de fondo, en el sentido más literal. Las suelas de sus zapatas dan fe del recorrido. Todas ellas, de vida efímera, descienden de aquellas botas de siete leguas con las que el ogro se paseaba por el bosque mientras aún conservaba a sus hijas lejos de su estómago. Su figura de malta, polen y jalea real se acerca a la de ese Don Quijote que ensamblaba molinos como si fueran banderillas de aceitunas y pepinillos en la barra del bar. De existir alguna banderilla en su vida ácrata y ordenada será una de esas que digo, aunque no es persona que respire farias ni puros en otro lugar que en los suyos de labor. Desde hace no mucho le aparecen vallas y obstáculos que no hacen sino mejorar sus tiempos y marcas de aficionado. Las últimas empalizadas levantan alto, tanto como molinos y él, aunque no haya leído al Quijote, ya conoce algunas de las sentencias con las que Sancho sembraba el campo y es que tras la cruz está el diablo.

El concepto de cultura en el concepto de hombre
…Pero pensar que la esencia de lo humano se encuentra en aquellos rasgos de la cultura humana que son universales y no en aquellos que son distintivos de este o aquel pueblo, es un prejuicio que no estamos necesariamente obligados a compartir…
…La cultura es una serie de mecanismos de control (planes, recetas, fórmulas, reglas, instrucciones -programas-) que gobiernan la conducta, no esquemas concretos de conducta (costumbres, tradiciones…). Con ella se establecen los mecanismos por cuya acción la amplitud y la indeterminación de las facultades inherentes al hombre quedan reducidas a la estrechez y al carácter específico de sus realizaciones efectivas. Todos comenzamos con un equipamiento natural para vivir un millar de clases de vida pero en última instancia sólo acabamos viviendo una. Si no estuviera dirigida por estructuras culturales la conducta del hombre sería virtualmente ingobernable, un puro caos de actos sin finalidad y de estallidos de emociones, de suerte que su experiencia sería virtualmente amorfa.
Llegar a ser humano es llegar a ser un individuo y llegamos a ser individuos guiados por esquemas culturales, por sistemas de significación históricamente creados en virtud de los cuales formamos, ordenamos, sustentamos y dirigimos nuestras vidas. Y los esquemas culturales no son generales sino específicos.
Debemos descender a los detalles, pasar por alto equívocos rótulos, hacer a un lado los tipos metafísicos y las vacuas similitudes para captar firmemente el carácter esencial de, no sólo las diversas culturas, sino las diversas clases de individuos que viven en el seno de cada cultura, si pretendemos encontrar la humanidad cara a cara.
Clifford Geertz

Significados flotantes
Se acercan las fatídicas y felices fechas del consumo y reencuentro. Los pensamientos se me representan como si fueran anuncios y las bombillas de las grandes ideas me iluminan la noche y los sueños de una manera frívola y tonta. Es la hora de cambiar de bozal o microchip porque en la caída de este imperio, antes morir que perder la vida. En las charlas que ocupan el tiempo de esta prisión las cosas tampoco son tan distintas, aunque muchos tengan el corazón en Tánger, la cabeza en el Congo y la vida entre estos muros, también relucen sus coronas de hojalata como si fueran dignos empastes en el país de los ciegos. Nadie está dispuesto a perder un centímetro cuadrado de su razón maciza y hormigonada. Nadie cambiará la manera de entender su lucha en la jungla de asfalto por más promesas y encantos navideños se quieran colgar del árbol. Sus rostros, no sé por qué, me resultan como esos retratos que hacían los daguerrotipistas ambulantes extranjeros a mediados del siglo XIX en nuestro país. Rostros de una época, llenos de trascendencia y pose, llamando, sin ellos saberlo, a las puertas de lo desconocido.
Algunos de esos daguerrotipos cuelgan de mi cabeza en estos momentos ayudados de frases que, sin motivo, sirven de gancho y compañía allá dentro. Una de ellas, la pronunciada por el capo supremo de la Cosa Nostra, Bernardo Provenzano, cuando fue detenido por la policía, puede servir de ejemplo: “Vosotros no sabéis”

Anónimo. Jabel Hogg realizando un retrato con una cámara de daguerrotipo. Daguerrotipo, 1843 (Col. Bokelberg. Hamburgo)
En el bosque

Combatiente del frente kurdo PKK en el norte de Irak.
Fotografía ganadora en el apartado “Gente”, dentro de la categoría New Stories. Autor Philippe Dudoit, para Time
La vida retrocede un grado
Esta semana he conocido a dos presos de la historia. He besado sus labios y como si mi cuerpo se hubiera bañado en ajo, he repetido sus nombres frente a las pocas moscas que aún se acercan hasta aquí. Si tuviera un perro le llamaría así, por la mañana Eratóstenes y por la tarde Nikola Tesla. Si tuviera una tortuga o pudiera cambiar de nombre a un equipo de fútbol también lo haría, públicamente. El Eratóstenes FC contra el Racing Nikola Tesla. Curiosamente son estas relaciones necrófilas las que con su aceite de asombro me preparan para sobrevivir al sacrificio de los días, con sus espantos y repeticiones. Bien, digo, yo no soy ni la mitad de inteligente y a veces me lamento de mi suerte llena de pan y legumbre. Bien, repito, intercambiando palabras y repensando los conceptos que me sirven de apoyo.
Uno de ellos, como ya de dicho, fue Eratóstenes, astrónomo, geógrafo, matemático, poeta y filósofo. Con él he vuelto a las bibliotecas que acogen lo mejor de mis sueños. Incluso en estos lugares concibo el sexo más satisfactorio. Allí se abren no sólo libros sino piernas y mujeres húmedas de conocimiento. Eratóstenes dirigió la biblioteca de Alejandría y en el siglo III antes de Cristo ya anunció que la tierra era redonda. Su idea y demostración es fascinante. En Asuán existía un pozo profundo en el que durante el solsticio de verano los rayos de sol caían sin producir sombra. En Alejandría no, colocó una vara en el suelo y observó su sombra. De ahí comenzó a demostrar lo dicho. Eratóstenes al final de sus días, ciego, se mató, voluntariamente, de hambre.
La historia, sus contemporáneos, enterraron aquella tremebunda idea y Colón no hizo sino retomar en su cabeza el hilo ya planteado. El curso de los días, el vértigo, las circunstancias, los poderes ocultos, concluyen y la historia, también, pudo ser de otra manera. En la actualidad no hemos cambiado tanto.

Welcome to Mali
Los que estaban en el cuarto círculo formaban dos filas y se lanzaban enormes pesos con todo el esfuerzo de su pecho, gritando fuertemente, nos cuenta Dante. Dábanse grandes golpes, después se volvía cada cual hacia atrás, exclamando: ¿Por qué guardas? ¿Por qué derrochas? De esta suerte iban girando por aquel tétrico círculo.
En esta prisión blindada parece que las cosas no cambian mucho, pero sólo hace falta mirarse al espejo o ver a los nuevos, cada vez más jóvenes, adentrándose en el ministerio que aquí se ejerce, para comprobar en nuestra piel el daguerrotipo de lo que fuimos. Las esencias siguen siendo las mismas, todo el mundo come y caga, por más que las prótesis tecnológicas se instalen o vacilen en el cuerpo de cada cual. Y a grandes golpes repiten ¿Por qué guardas? ¿Por qué derrochas? Preguntas que viniendo del infierno siempre estuvieron presentes en las ruinas de mi cielo. Supongo que la crisis, para los de fuera, también opina.
Luego, atravesando ese mismo círculo hasta la otra orilla, no lejos de un hirviente manantial que vierte sus aguas a un arroyo y éste a la laguna Estigia, estaban algunas almas encenagadas, completamente desnudas y de irritado semblante. Se golpeaban, nos dice Dante, no sólo con las manos sino con la cabeza, el pecho, los pies, arrancándose la carne a pedazos con los dientes. Eran las almas que habían sido dominadas por la ira. Debajo, una raza condenada suspiraba y la hacía hervir en la superficie, metidos en el lodo.
Sé que para muchos el trabajo continúa cada lunes en un nuevo círculo fangoso. Estos afortunados se golpearán el pecho, y en un santiamén, serán dominados por la ira y las palabras saldrán de sus bocas, como si formaran gárgaras.
Quedémonos mejor en el segundo círculo, si así lo dispone Minos ciñéndose la cola al cuerpo, tantas veces como círculos dictamine su número. A los que el amor expulsó de la tierra aquí viven privados de descanso, eternamente aireados.
Mientras esto escribo un aire no tan negro me recuerda que Amadou and Mariam, eternamente ciegos, han sacado un nuevo disco, "Welcome to Mali".
Doré, Minos, juez implacable
El aire es una paloma que, apoyada sobre su nido, calienta a sus hijuelos.
Se puede plantear una idea, proyectar una película o incluso leer en voz alta una novela. Cada uno dirá lo que le sugieren sus rasgos, pinceladas o líneas y la obra, completamente libre, dejará de pertenecer al autor. Por este camino, tan evidente, puede suceder incluso que aquella cuestión originaria pierda el contenido, su sentido y la expresión que en su día floreció en un oscuro y polvoriento loft, ubicado en un callejón sin salida. Llegados a este punto se hablará de todo menos de lo que es (tal vez no importe, o sí. El camino de la manipulación, siempre latente en la atmósfera, puede estar ahí, o no), algo así como hablar de una persona describiendo a otra, justamente la que nos convence, la que queremos ver o nos dicen que hay que ver, muy cuidada ella sobre fondo gris. Y sacamos ideas, virtudes o defectos, conversamos, arrancamos por nuevos-viejos caminos filosóficos, alfombrados con las hojas del otoño. Lanzamos, más allá de nuestra sombra, unas críticas originales sin demasiada trascendencia, pero infladas de gases, más o menos constructivas o destructivas, más o menos peculiares.
Y lo digo yo, que también he servido al emperador de Abisinia.

B. Hrabal
nunca vendré por piedad, sí por placer
Todos tenemos nuestras necesidades y Renato el que más. Tuertos, ciegos, sordos y mancos, con la copa de un coñac Lepanto en el techo, todos, todos brindamos por los triunfos, en las letrinas o entre las sábanas amarillentas que recibieron el maná una noche de ensueño, pues ya se sabe que no sólo de pan vive el hombre.
Un juez sentenció que nos debían tres vis a vis del año 2007 y dos del presente, aún por disfrutar, Dios mediante, antes del 31 de Diciembre. Parece que son retrasos, algo así como incumplimiento de horarios hacia sus validos por parte de la administración. La cosa de por sí ya tendría su absurdo y si Larra levantara la cabeza, le daría tal pasmo que volvería a meterse la bala de su pistola en la cabeza. Eso significaría que habríamos pasado del vuelva usted mañana, a mañana soy yo el que vuelve sin previo aviso, motu propio, todo sea por la administración.
Les hubo muy listos y ya disfrutaron del pastel. Nada más conocer la noticia cursaron la solicitud y una paloma mensajera trajo a otra paloma del otro lado del Atlántico, con sus piernas aleteando, desplegadas, abiertas de par en par. Entre ellos, muchos casados, que al verse con esa posibilidad extra en su cabeza decidieron, por una vez, cambiar de pareja y dar gracias a la providencia, a la virgen y a la no virgen entrada en carnes, en años y en la habitación. La ley exige fidelidad, o sea, que la pareja sea de verdad y no "como si" pero el escepticismo nos lleva de apariencia en apariencia, en la intuición placentera de actuar como si, leíamos en prensa a propósito de Levi Strauss.
Los conductos para posibilitar la vida se limpian con el paso de problemas, grumos y dilemas, de tal manera que al final resulte un torrente continuo que no impida precisamente eso, vivir aunque al fondo se oigan las gárgaras que hace el ogro social.
También les hubo muy ahorrativos (yo entre ellos) que preferían darse un banquete de carne cruda durante una semana llovida del cielo. Soltar toda la animalidad hasta reventar, pensar que el kilo de carne sube por Navidad y que 20 euros por cinco son 100 de lechazo puro, pastores a la Belén, a la Belén o a por la que sea.
Pero el gozo en un pozo. Otro juez, aún más gordo que el anterior, ha sentenciado que todo ha sido un error y que nada de lo dicho vale (todos los presos del mundo tienen los mismos derechos, sea cual sea la cárcel en este país). Al final de año las cuentas tienen que cuadrar y para ello, habrá que reajustar la cartelera, de tal modo que los polvos sean los mismos de siempre y el amor una mierda. El resultado del mejunje puede ser interesante pues les hay que deben y quienes ya han espolvoreado lo prometido a la mujer para esas fechas tan entrañables. Así, hubo quien gastó los cinco de matute con el cálculo de que aún tenía tres más pendientes. Con la nueva cuenta de la vieja, resulta que su mujer tendrá que envainarse las explicaciones y hacérselo con Melchor, Gaspar y Baltasar, tres eran tres las hijas de Elena y ninguna era buena, rubia, castaña y morena…
Las peleas se multiplicarán pues nadie quiere renunciar a nada, el que ya cumplió con la patria de su cuerpo, que le quiten lo bailao (pudiera ser a cuenta de lo correspondiente al año venidero, algo que pondría aún peor las cosas, pues aunque parezca difícil de creer, hay quienes racionalizan el gusto y el placer por el mero hecho de sentirse vivos buena parte del año y no están dispuestos a un ayuno mayor del que ya admitido) y el que no, que se conforme mirando a Lourdes, parecen sugerir. Evidentemente, una cosa es una cosa y otra la mitad, o lo que vulgarmente se dice, jodemos todos o la puta al río.
Una vez cenando en Ngong, le dije:
-He visto que se han publicado las memorias de la Bella Otero. ¿Aparece usted en ellas?
-Sí –dijo-, aparezco. Con otro nombre, pero soy yo.
“Memorias de África”, Isak Dinesen

Bunia, Congo - prision -
Hierves en la erección, dama amarilla,
El lío se pone a dos patas como si quisiera tirar al menos el sombrero del jinete al suelo, que muerda el polvo parecen decir los compañeros unidos ante el regalo de reyes que nos han dado, inventándose un problema con el que nadie había contado. Que muerda el polvo, aunque su mano derecha no suelte el pretal y la izquierda en lo alto diga nunca jamás, nunca jamás. El que nos gobierna, o ese señor más gordo que cuelga su sombra en la misma percha donde coloca el alcaide su abrigo, no quiere dejar contar los polvos por libre y que su gobierno sea un torrente de eyaculatios a discreción. Ora restan los vis a vis, ora suman en el balance de las injurias y a veces, podría dar la sensación de que la cuestión, a no tardar, generase un conflicto internacional con sus cascos azules paseándose por los pasillos.
El caballo o la yegua salvaje se ha desbocado y golpea con sus pezuñas la tierra, a la vez que sufre las espuelas, las palmas y los silbidos de los propios participantes. Nadie sabe lo que darán de sí los ocho segundos en el rodeo del río revuelto. Puede que nada y que se cierre el espectáculo con un poco de música country para amortiguar los juicios de los que tienen, pueden y conocen. También da la sensación de que cuanta más rabia exhale y patee la yegua, dentro o fuera del cajón, más brillante habrá de estar el cinturón dorado del vaquero, hermano gemelo del sol.
Ay, gritan algunos, si al menos las injusticias fueran igual para todos. Y por ello, repiten lo de ayer, o jodemos todos…o nos jodemos todos, camisa limpia, vaqueros ajustados, ocho segundos con el caballo de patas.

Diligencias previas
En mi primera parada en esta fonda conocí a un viejo conductor de postas. No le fue nada mal, aunque no se le puede comparar con su hijo, diletante, marxista, alpinista y vividor. Mañana contaré su historia.
Diligencias: su establecimiento en España data de 1816, en que se formó una compañía en Barcelona, pero hasta 1819 no llegó a establecerse en Madrid, Diligencias generales. Desde entonces y por mucho tiempo fue un privilegio casi exclusivo, pues aunque se formó otra con el nombre de Caleseros, no pudo obtener ventajas.
…Y…en 1840… la Carsi Ferrer, cuyo nombre varió sucesivamente en el de Diligencias peninsulares y Postas peninsulares hasta que en abril de 1847 se unió a la de Diligencias generales bajo el nombre de Diligencias postas generales que hoy conserva. Norte y Mediodía de España, creada después, puede decirse que reúnen el servicio general del reino, pues aunque hay otras muchas ya en Madrid, ya en diferentes capitales, se imitan a un número de carreras especiales. En estado próspero todas ellas…
Mellado “Guía del viagero de España” 19-5-1858

La diligencia Guadalajara – Sacedón en el empalme de El Berral (24-6-1909) de jaimonides.blogspot.es/
Peonías y adormideras, paraísos taciturnos
Me dicen que ponga esto para zanjar el tema porque no da mucho más de sí. Que pregunte al viento si alguien puede devolver el placer que sintió para equilibrar la balanza de los satisfechos con los insatisfechos. Si alguien echó el polvo y le cuenta en su debe, habrá de pagarlo con no retomar la costumbre durante un tiempo, hasta que el número se vista de otro color que no sea el rojo. Si hubo quien se quedó babeando y soñando con lo que le esperaba, mejor será que se olvide, porque en su cuenta las cosas están como siempre han estado, muy justas a fin de año. Nos hacen las cábalas de esta manera, sin más, los que vivieron y los que no, unos en a la derecha, otros a la izquierda, todos juntos en el reino de Dios y en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo amén.

Juan Marsé -Premio Cervantes 2008-
Yo soy el espacio donde estoy
Historia abreviada de aquel que fue diletante, vividor, alpinista y marxista.
Hace mucho, mucho tiempo existía un servicio militar, de cumplimiento obligado para todo varón. Digamos que estamos en una de esas formaciones castrenses, con cientos de ojos abiertos de par en par en mitad del patio del cuartel. Los chivos o recién llegados están un tanto ocultos pues sus cuerpos bailan dentro de unos trajes para gigantes y cabezudos. En unos asoman las manitas de niño, en otros la puntera de una botas, en otros las orejas de burro, etc. Esta formación, sobrada de tela y talla se transforma, con los primeros permisos, en un impoluto y ajustado desfile de moda militar. Así están todos menos un soldado que, el pobre, aguanta embalsamado en sus diez tallas más, disfrutando de sus vísceras sin ningún aprieto y al son que marcan palpitos, toses y estornudos.
Pero el cabo de unos meses todo cambia. Este muchacho, con el traje más limpio y medido del batallón, aparece sonriente tras los cristales oscuros de un coche de alquiler. Haciendo estilo de conquistador, no deja de fumar en sus ratos libres y, sin empacho, invita a quien lo desee, de su buen tabaco fresco y picado. Además, mientras sonríe y convida, espera a que le repartan una de las dos sacas del correo, pues él sólo recibe tanta correspondencia como el resto del regimiento. Su rostro comienza a madurar y la piel, sin lugar a la duda, reluce y renace cada mañana igual que si fuera un astro sobre los barracones, cunas de tanta vida por vivir. No hace falta ser muy observador para intuir, junto a su coche, los restos de buen sexo, unas gotas de whisky y mucha diversión.
Debo decir que era el mayor de diez hermanos y por tanto, el responsable de enviar una gratificante ayuda cada mes a su familia. Aquí os mando para que lo sepáis administrar, terminaba diciendo en alguna de sus misivas que pude leer.
Atónitos estamos y llenos de misterio. Diré, además, que lee mucho, sobre todo periódicos aunque sin demasiado entusiasmo.
Así comienza la historia que tal vez mañana o pasado finalizaré. Ahora, como antiguamente se leía en la última de las hojas, corto y pego el CONTINUARÁ.

Juan Goytisolo - Premio Nacional de las Letras 2008-
La pulga forzuda arrastra una locomotora
Mi estómago parece la bodega de un trasatlántico de lujo en mitad de la noche, con las lucecitas del salón brillando, insultando a las estrellas con su burda imitación, iluminando el océano, entrañas biliares de una ballena a la deriva aunque, ésta vez en calma. Digámoslo así y bajo las lámparas que cubren el salón de ese barquito, chiquitito para lo que es el mundo.
Bajo las luces un montón de amigos, extraños y conocidos se debaten entre lo frío y las camisas por fuera, llenas de arrugas, rellenas de carne que al peso, dejaría mucho que desear. Al espejito mágico: ¿cuál pesa más un kilo de paja o de carne? Depende, si la paja está en el ojo ajeno sin duda pesará más que la carne propia con su hierro de lentejas y chorizo. La carne y su pecado haciendo historia bajo esas camisas ha decidido abrirse paso (barriguita barriguita ante el espejo ¿Quién es el que tiene la barriguita más hermosa?) hacia el horno crematorio que conseguirá el milagro de calentar el cuerpo nuevamente, punto y final, cenizas y polvo enamorado de la vida.
Pasan los años y contra el viento y marea se sigue escuchando un concierto de música en vivo. La música de los vivos en un salón lleno de espejos para celebrar, racimo a racimo, los años con las sonrisas de los que van bien, peor o mejor.
En la popa se oyen los motores del barco y el susurro del agua trae la voz del almirante que hace tiempo abandonó a nado toda compañía porque quería ser un Robinson sin pelos en la lengua. Juntos, en el trasatlántico nuevamente, con los camarotes a reventar de sandeces, vituperios, cariño, también amor en cápsulas, egoísmos y maletas sin hacer hasta que los hermanos Marx den la señal.
Un fin de semana de 1932, un joven de doce años entró a una atracción de un circo itinerante. Allí, un tal Mr. Eléctrico tocó la punta de la nariz del joven, una descarga recorrió su cuerpo, y el mago le ordenó: “Vive para siempre”. El joven salió de allí, comenzó a escribir, y ya no se detuvo nunca. Su nombre era Ray Bradbury…
Rodrigo Fresán, en el suplemento cultural del ABC (29-11-2008)

"Circo" Marc Chagall
La fuerza que aprieta por el revés esas argollas de circo está atornillada en los cielos, en el revés de los cielos.
Ayer nos pusieron croquetas perfectas en tamaño, democráticamente idénticas y como tales, de mano en mano, de boca en boca, acabarán, cambiando apenas de color, saliendo por mi churrera aposentada sobre la taza. Hubo más comida que nunca para que algunos, comprobando la razón que ofrece su experiencia, inviten a rotos y descosidos a esta prisión bajo fianza. Se trajeron empanadas, lasañas salidas por primera a la luz en esta cárcel de espanto y unos vol au vent rellenos de nuestras frases más célebres, del tipo hace mucho que no voy al Prado y es que la cabra siempre tira al Monte. Junto a las sentencias, los hojaldres llevaban revueltos especiales de la casa y otros insultos para congoleños y ruandeses que en sus propias personas forman los tropezones y reducciones en la sartén que es su tierra esquilmada.
Las ideas se desempolvaron y suicidaron entre los vinos, llegando a alcanzar un éxtasis o una hipnosis que, como siempre, deforma la realidad. Es casi imposible que sin quererlo alguien se duela de una muela y no vea sino llamas en el ejemplo tópico de una limpiadora que sube y baja escaleras, ajena al infierno que describió Dante en su Divina Comedia pero cercana al suyo propio, que es el de todos. No es menester molestar ni tonsurarse la cabeza para que las diferencias formen una cadena con los brazos entrelazados por los vasos, sempiterno sortilegio que evita la conversión en piedra ante la posible mirada de las Gárgolas encerradas en cada interior.
Todos hacen por estar y aunque en alguna ocasión no hubo fiscal que apoyara la causa, sino un enano campeón de saltos de altura enroscándose el dedo sobre la sien, es bonito mantener el pacto, incluso frente a nosotros mismos que en ocasiones creemos colmada la medida.

Vuelve El Jabato de la mano de Luis Antonio Ródenas y José Revilla. Ediciones B (13,95 euros)



